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7/17/2008

DESGOBIERNO PANISTA: POLÍTICAS NEOLIBERALES PRIANISTAS PROVOCAN KAOS ECÓNOMICO

Gobierno incapaz de revertir caos económico




Desempleo, incremento de la inflación, disminución de la inversión extranjera directa y caída de remesas: factores que encaminan a la economía mexicana a la recesión. El gobierno federal, incapaz de revertir el “caos económico” que se avecina, según especialistas

Érika Ramírez

La política económica que dirige Felipe Calderón es incapaz de controlar el aumento de la inflación, el desempleo, la elevación en los precios de los alimentos, la disminución de la inversión extranjera directa y la caída de remesas. Éstos son algunos de los factores que provocan inestabilidad en el sistema financiero del país.


Pese a que las expectativas del Banco de México (Banxico) –registradas en el documento Política económica. Informe sobre el primer semestre de 2007– anticipaban los “riesgos” económicos del país, el gobierno federal reaccionó hasta inicios de este año. Además, las políticas implantadas (la apertura total a las importaciones y la fijación de precios en 150 productos de alimentos) no otorgan ningún tipo de certidumbre a la sociedad, consideran investigadores y legisladores.
De acuerdo con el documento del banco central, desde septiembre pasado el crecimiento económico en México registró un incremento “moderado” anual del producto interno bruto (PIB) de apenas 2.7 por ciento, cifra inferior en más de dos puntos porcentuales a la registrada en 2006: 4.8 por ciento.


El “menor” dinamismo de la actividad económica en ese periodo “fue influido de manera desfavorable por varios aspectos del entorno externo”, indica el informe: la expansión de los dos componentes de la demanda –el interno y el proveniente del exterior– fue moderada; la desaceleración del gasto de consumo, iniciada en el cuarto trimestre de 2006, persistió en la primera mitad de 2007; el incremento anual de la inversión resultó menor que el año anterior, y la tasa de crecimiento anual de las exportaciones de bienes y servicios (particularmente de las correspondientes a bienes manufacturados) fue “modesta”.


Dependiente de la economía estadunidense, México resiente los efectos de la crisis hipotecaria que prevalece hasta ahora en el país vecino, pues tuvo un impacto “adverso” en el gasto interno y la producción nacional.


Banxico destaca que se “mantuvo una desaceleración de la demanda proveniente de Estados Unidos, que es el principal mercado para las exportaciones mexicanas. La variación de las exportaciones del sector automotriz resultó negativa; el ingreso de recursos por concepto de remesas familiares apenas subió el 0.6 por ciento, mientras que en años previos dicho rubro había presentado un importante dinamismo que, consecuentemente, había coadyuvado a la expansión del gasto de consumo privado, y disminuyó el saldo superficiario de la balanza comercial de productos petroleros”.


Tales resultados, dice Patricia Rodríguez López, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas (Iiec) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), son consecuencia de que en el país no hay ningún sector productivo que esté protegido por el Estado; la industria manufacturera y el sector agropecuario, otrora fuentes de producción para el consumo interno, quedaron totalmente liberalizados desde hace más de 25 años. Además falta regular el sistema bancario, el cobro de comisiones a los usuarios y el otorgamiento de créditos para fortalecer el mercado nacional.


La especialista explica que con la aplicación de políticas neoliberales puestas en marcha en 1982, durante la administración de Miguel de la Madrid, el país se ha basado en un modelo exportador que ha fracasado: “Se pretendía que este sector encadenara toda su producción y eslabonara toda la economía, pero no ha ocurrido así; por el contrario, se rompieron los lazos que había entre los sectores productivos y no se ha generado la riqueza necesaria para un mayor crecimiento del país”.


Eduardo Loria Francisco, fundador y coordinador del Centro de Modelística y Pronósticos Económicos, de la Facultad de Economía de la UNAM, explica que en México se implantó una “liberalización a ultranza, sin haber compensado con medidas microeconómicas: un país siempre debe tener sectores protegidos o apoyados con políticas industriales, subsidios o estímulos fiscales para generar empleos y divisas. En nuestro caso se desgravó todo sin políticas compensatorias”.


Aumento de precios en alimentos
El estudio El impacto en los hogares del país por el incremento en los precios de los productos alimenticios, diciembre de 2005 a mayo de 2008 –elaborado por los investigadores parlamentarios Reyes Témpach y Román Martín Aguilar, del Servicio de Investigación y Análisis de la Cámara de Diputados– indica que: “La crisis mundial de los precios de las materias primas agrícolas ha encarecido los productos alimenticios en México”.
Agrega que este incremento de los precios se está trasladando a nuestro país a través de las importaciones de cereales y granos básicos, que se están adquiriendo en el mercado mundial con precios altos. Esto se debe, dice, a que la producción interna es incapaz de cubrir la demanda local.


Los investigadores, adscritos a la dirección de economía del centro de investigación, precisan que “el encarecimiento de los artículos alimenticios fue superior al resto de los bienes y servicios que componen el consumo de los hogares en México”. Esto perjudicó a las familias con menores ingresos, pues el aumento se dio en más del 25 por ciento.


Las cifras de los analistas, basadas en los datos oficiales del Banxico, señalan que de mayo de 2007 a mayo de 2008, los precios de los alimentos se incrementaron 8.80 por ciento, que se suma al aumento del 16.46 por ciento, registrado a partir de diciembre de 2005 a mayo de este año.


El impacto se registró mayormente entre las familias que perciben hasta un salario mínimo general, es decir 52.59 pesos, pues fue de 18.27 por ciento; entre los que obtienen entre uno y tres salarios, la repercusión fue de 17.23 por ciento; los que ingresan de tres a seis salarios mínimos tuvieron una afectación del 16.51; y en aquellos que ingresan más de seis salarios mínimos fue del 15.60 por ciento, indican los cálculos de diciembre de 2006 a mayo de este año.
Entre los productos que sufrieron mayor incremento, de diciembre de 2005 a mayo de 2008, se encuentran los aceites, grasas y combustibles en 60.57 por ciento. Le siguen: pan, tortillas y cereales con el 26.65 por ciento; lácteos y huevos, 21.61 por ciento; pescados y mariscos, 11.44 por ciento; frutas y hortalizas, 11.28 por ciento; azúcares, café y refrescos envasados, 10.84, y carnes, en 10.58 por ciento.


Pablo Trejo Pérez, integrante de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, acepta que México está ante una situación “muy complicada”, porque no se han tomado medidas preventivas en la producción de alimentos para sustituir importaciones, realizar inversiones que nos lleven a un encadenamiento productivo.


De acuerdo con el Informe de la revisión y fiscalización de la cuenta pública 2006, elaborado por la Auditoría Superior de la Federación, el país tiene una dependencia alimentaria del 42.5 por ciento y dejó de ser autosuficiente en la producción de sus granos básicos: pese a la suficiencia de maíz, principal producto en la canasta básica de los mexicanos, en el sexenio foxista las importaciones de éste se incrementaron en 157 por ciento (Contralínea 104).


El legislador por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) dice que México no puede combatir el alza de los precios: “Es urgente dotar de recursos efectivos al campo, porque las políticas que tenemos aplicadas en el país son asistenciales; necesitamos, además, fortalecer la comercialización, colocar sistemas de riego, dotar de semillas mejoradas, fertilizantes, incluso, sistemas de cultivo más provechosos que nos permitan tener una mayor producción alimentaria”.


Desempleo acelerado
El desempleo, expone la investigadora Patricia Rodríguez López, es una de las principales afectaciones que sufre la sociedad mexicana. Para los 45 millones 621 mil 687 trabajadores que conforman la población económicamente activa (PEA), sólo se ofrecen trabajos mal pagados. Anualmente, 550 mil personas emigran al extranjero, principalmente a Estados Unidos, y apenas 16 millones de trabajadores cuentan con salario y prestaciones que marca la ley (Contralínea 101).


Datos de la Encuesta nacional de ocupación y empleo, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, indican que de enero a mayo de 2008 la tasa de desempleo se ubicó de 4.06 a 3.23 por ciento de la PEA.


Esta situación, prevé la especialista universitaria, podría ir en aumento, pues con un crecimiento del 2.7 del PIB no se pueden generar nuevas fuentes de empleo formal. “En esta política económica han prevalecido las negociaciones económicas, no se tienen visiones a mediano y largo plazo, como el derecho al empleo”.


El legislador del PRD, Pablo Trejo, critica que los recursos que está manejando el gobierno, con la intención de generar nuevos proyectos productivos a través de las micro, pequeñas y medianas empresas, queden en manos de asociaciones civiles, fundaciones y fideicomisos, incluso de empresas trasnacionales. “No hay ninguna política en donde el micro y pequeño empresario pueda acceder a créditos blandos para hacer más productivo su negocio. En la medida en que no tenemos empresas, no tenemos producción ni empleos ni valor agregado; sólo dependemos del recurso que genera el petróleo”.


En febrero de este año, la revista Fortuna, Negocios y Finanzas documentó que la Secretaría de Economía entregó a la trasnacional Ford Motor Company más de 1 mil millones de pesos del Fondo para las Pequeñas y Medianas Empresas, durante los ejercicios fiscales 2005 y 2006. Mientras, el 80 por ciento de pequeños comercios fracasan cada año por falta de apoyos económicos. Además de la polarización de las fuentes de empleo.


Inflación al alza, IED y remesas a la baja
Otros dos factores que han afectado la economía mexicana, consideran los especialistas, es el incontrolable aumento de la inflación y la baja en la inversión extranjera directa (IED). De la primera, el Banxico muestra un incremento de 0.31 puntos de mayo a junio de este año.
En mayo la inflación general anual aumentó a 5.26 por ciento, en contraste con los 4.95 de un mes anterior. El incremento se debió, explica Banxico, a que los precios de los alimentos han mantenido su trayectoria alcista, sobre todo en las cotizaciones de los aceites, grasas vegetales comestibles, arroz, tortilla de maíz y los productos derivados del trigo. El segundo factor fueron los incrementos registrados en los precios de vivienda propia, transporte aéreo, restaurantes y consulta médica.


Además, la IED total reportada el primer trimestre de este año, indican datos de la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras, dependiente de la Secretaría de Economía, asciende a 4 mil 194 millones de dólares, cifra 36 por ciento menor a la reportada durante el mismo periodo de 2007: 6 mil 553 millones de pesos.


De los más de 4 mil millones de dólares, apenas el 26.4 por ciento fue de nuevas inversiones, es decir, 1 mil 106 millones de dólares; el 48.1 por ciento (2 mil 19 millones de dólares) fueron de reinversión de utilidades; y 1 mil 69, 25.5 por ciento, de cuentas entre compañías, reporta la comisión.


La baja del 36 por ciento en la IED, que significó una caída de 2 mil 358 millones de dólares, se desglosa de la siguiente manera: 811.7 millones de dólares en nuevas inversiones; 402 millones de dólares en reinversiones; y 1 mil 145 millones de dólares en cuentas entre compañías.
Según la información de la Secretaría de Economía, la mayor inversión fue realizada por Estados Unidos, con el 69.7 por ciento; Alemania, 8.2 por ciento; Canadá, 6.3 por ciento; España, 5.8 por ciento; Luxemburgo, 4.4 por ciento; Holanda, 2.7 por ciento; Japón, 0.7 por ciento; y otros países, 2.2 por ciento.


Mientras, las remesas que dejan los migrantes mexicanos en Estados Unidos pasaron de 7 mil 513 millones de dólares a 7 mil 335 millones de dólares, según cálculos del Centro de Modelística y Pronósticos Económicos de la UNAM, basados en información del primer cuatrimestre de 2007 y 2008.


Enrique Serrano Escobar, secretario de la Comisión de Economía en la Cámara de Diputados, asegura que el gobierno federal no ha hecho su papel de ir a las raíces del sistema económico del país “sino que ha dado sólo aspirinas a los problemas que estamos viviendo. No ha acabado de consolidar su toma de posesión, quizá la inseguridad le agobie y bloqueé la capacidad de pensar en el crecimiento económico que necesitamos en el país”.


Serrano Escobar advierte que el panorama que afectará a México “se está complicando, principalmente, por la baja en la disponibilidad de alimentos. Los escenarios no son halagüeños: países que están en completo estado de hambruna no ven salida y eso también va a provocar problemas en el entorno político mundial.


“El gobierno tiene que abrir espacios de actuación, darle facilidades al inversionista, analizar toda la serie de trabas burocráticas de simplificación administrativa en todos los niveles de gobierno, e invertir en el campo, tenemos que ser más agresivos para enfrentar esta inestabilidad”, dice el diputado.

7/08/2008

NEOLIBERALISMO MEXICANO EN CRÍSIS: DEPENDENCIA ECONÓMICA

Las maquiladoras, un síntoma del desarrollo dependiente de México

Por: Tom Barry

No hay error alguno en buscar la aceleración del desarrollo nacional incrementando la integración a la economía global. Más que la mayoría de los países en desarrollo, México tuvo tiempo más que suficiente para desarrollar una estrategia con la que se pudieran aprovechar las oportunidades de la globalización.

A más de 40 años de que el sector de las maquiladoras nació en México con el programa de Plantas Gemelas Juárez-El Paso en 1965, la de la maquilas sigue siendo en su mayor parte una industria de enclave carente de lazos productivos con la economía nacional. En lugar de dar forma al sector de la maquila con una política de desarrollo con visión de progreso que acrecentara los insumos de la industria y empleara las plantas ensambladoras de fuera como base para un sector industrial menos dependiente, México se ha contentado con el empleo a bajos salarios que la maquila proporciona.

Las crisis del consumo en Estados Unidos reverberan directamente a través de todo el sector maquilador mexicano, el cual inició el año 2008 empleando a 2.4 millones de trabajadores. César Castro, presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora, predice ahora un crecimiento cero en las exportaciones de maquiladoras para 2008.

El pasado enero, Castro predecía que la tasa de crecimiento del 5-6% en 2007 se sostendría en 2008, pese a una economía estadounidense en estancamiento. Dados los despidos colectivos que se extienden por todo el país, es probable que a finales del año el crecimiento del sector maquilador se mida en números negativos.

De vuelta a casa

A medida que la economía estadounidense se estanca y la industria automotriz baja en picada, el sector de la maquila sufre los efectos. En Ciudad Juárez, 18,443 obreros ya perdieron sus empleos este año al haber cerrado o haberse mudado las plantas maquiladoras.

Otras decenas de miles de obreros de la maquila en esta ciudad fronteriza frente a El Paso han aceptado jornadas semanales más cortas, con salarios reducidos (llamadas 'paros técnicos') para poder conservar sus trabajos. Entre las maquilas que han recurrido a convenios de trabajo de medio tiempo se encuentran Automotive Lighting, Lear, Raychem Packaging, Philips y Autoelectrónica de Juárez.

Mientras que se incrementan las exportaciones de maquilas a la Unión Europea-hasta 15 a 20% el año pasado, debido al atractivo tipo de cambio entre peso y euro-el mercado recesivo en Estados Unidos está infligiendo graves pérdidas en todo el territorio mexicano.

Hasta ahora las más duramente golpeadas-causando del 65% al 70% de los despidos-son las plantas ensambladoras de piezas automotrices, sobre todo las que exportan piezas para las marcas que devoran gasolina como las producidas por Ford y General Motors. Se espera que los sectores productores de partes para la industria farmacéutica, electrónica y de aviación puedan capear el temporal recesivo estadounidense, pero para casi todos los demás sectores, como el de suministros para la construcción, el proceso será doloroso.

En el pasado, los obreros de las maquiladoras abandonaban a menudo sus trabajos para emigrar a Estados Unidos. Ahora las campañas antiinmigrantes y los tiempos duros en EEUU-especialmente en industrias gravemente afectadas como la construcción, que da empleo a inmigrantes-han disuadido a los mexicanos de hacer el viaje al norte. Alan Tello, director del Centro de Información Económica y Social (CIES) en Chihuahua, calcula que el 80% de los obreros de la maquila despedidos en esa ciudad están regresando a sus comunidades de origen.

Jesús José Díaz Monarrez, secretario general de la Federación de Trabajadores del Norte, afiliada a la CTM, reconoció que en estos días, los obreros de la maquila despedidos tienen sólo, esencialmente, tres opciones: 'ingresar a la economía subterránea o informal; volver a sus lugares de origen, o agravar el problema de seguridad pública.'

En lugar de admitir que es hora de dejar atrás su estrategia de desarrollo dependiente, el gobierno mexicano viene trabajando con el sector de las maquiladoras para extenderla hacia el interior de la república, vendiendo áreas rurales sumidas en la pobreza como una 'mini China'. Después de la última recesión estadounidense en 2001-2002, cuando el empleo en las maquiladoras cayó 21% al reubicarse muchas de las plantas en China, México incrementó su promoción del México rural como una opción atractiva para negocios que buscaban pagar salarios por debajo de las tarifas vigentes en las ciudades fronterizas.

Algunos dueños de maquiladoras están de acuerdo: 'No se tiene ni que llegar al sur de México para encontrarse en la 'pequeña China',' comenta Doug Donahue, socio de una empresa inversora en maquiladoras con sede en San Antonio propietaria de una planta maquiladora en Durango; 'Durango, San Luis Potosí y Zacatecas están todas a ocho horas de la frontera y todas ofrecen salarios muy competitivos que no le piden nada a China.'

México también ha otorgado facilidades y exenciones fiscales extraordinarias al sector de las maquilas. El gobierno está exentando temporalmente a la mayor parte de la industria (hasta 2012) del pago del recientemente implantado Impuesto Empresarial de Tasa Unica (IETU) mediante el llamado ' decreto maquilador'; aún así, los industriales de las maquilas advierten que las plantas abandonarán en masa el país si no se les exenta de este impuesto en forma permanente.

Asimismo, el gobierno del Partido Acción Nacional (PAN) bajo el presidente Vicente Fox, accedió a la liberalización de las 'reglas de origen' del TLCAN, permitiéndose así que un porcentaje aún mayor de insumos para las maquiladoras llegaran de fuera de América del Norte; es decir, ahora las maquiladoras pueden importar más insumos productivos de países ajenos al TLCAN, con lo que se reducen todavía más los vínculos con las economías internas de la región.

El sector de la maquila da cuenta del 84% de las manufacturas para exportación y del 49% de las importaciones del país (en forma de insumos para el producto ensamblado que se exporta). Cuando las maquiladoras sufren un duro golpe, toda la economía se estremece.

Ya desde ahora, antes de que lo peor haya sucedido, los pronósticos de crecimiento económico de México se calculan hacia abajo: han caído de 3.3% en 2007 a 1.9% en 2008.

La economía de México se tambalea ante la reversión del crecimiento, la caída en las remesas, la amenazadora crisis de tarjetas de crédito, una crisis energética cada vez más profunda, un sector maquilador extremadamente vulnerable y la violencia del narco en expansión continua.

Puede culparse a la economía estadounidense

Ciertamente puede culparse con toda razón a la economía estadounidense por la reciente caída de las remesas de inmigrantes y el mayor desempleo en las maquiladoras; e igualmente al mercado de drogas ilícitas, el lavado de dinero y el suministro ininterrumpido de armas que alimenta a las guerras del narco, todo ello problema existente en los Estados Unidos.

Pero el modelo de desarrollo mexicano-o la falta de él-debe volverse el núcleo para la reflexión acerca de los padecimientos económicos del país. México ha contado con más de cuatro décadas para construir un sector de exportaciones que fomente la industria endógena, sin embargo la industria en México se ha vuelto cada vez más una extensión de las empresas extranjeras, principalmente estadounidenses, y funciona como un enclave aislado casi carente de relaciones con otros sectores productivos.

La industria de la maquila, diseñada en un principio para dar empleo a la población migrante que se acumulaba en la frontera norte (gran parte de la cual había regresado de Estados Unidos al finalizar el programa Bracero de trabajadores huéspedes), fue en sus primeros años una aberración derivada de la economía de substitución de importaciones, de dirección estatal, de México. Pero a lo largo de los últimos 20 años las maquilas han pasado a ser el síntoma tangible de la política económica mexicana dependiente, una política implacablemente protectora de las empresas.

En todo el territorio mexicano, pero especialmente a lo largo de su frontera norte, los funcionarios gubernamentales y asociaciones empresariales se esmeran en restar importancia a los despidos de las maquiladoras. Pero tal como advierte al mismo gobierno el editorial del día 23 de junio del periódico de Ciudad Juárez El Diario: 'Si no se dota a una comunidad de empleos, y por el contrario se empieza a perder plazas laborales, cualquier crisis-como la de violencia [del narco] que enfrenta el estado-se puede agravar, pues las regiones se vuelven más sensibles cuando además de otros problemas sociales surge el desempleo.'

6/28/2008

EN CUBA NO EXISTEN LOS NIÑOS DE LA CALLE CUANDO EL NEOLIBERALISMO A LA MEXICANA LOS PROVOCA

Los niños de la calle

Por: Teodoro Rentería Arróyave

La fenología urbana ubica a las grandes ciudades en un lacerante problema llamado genéricamente como: Los Niños de la Calle, que no es otra cosa que un drama de los desheredados desde la infancia.

Seres humanos que, desde el mismo momento en que nacen, inician sus padecimientos en este valle de lágrimas, como lo apunta la Biblia, pero a ellos la sevicia los hace presas sin importar su condición de inocentes.

No sólo es el abandono de padres irresponsables, probablemente también victimas de otros progenitores igual de inconscientes, en los que los ubica el lumpen de la degradación y la marginación social.

Es el eterno drama de la lucha de clases, de los más ricos y de los más pobres; son, en una palabra, las diferencias sociales brutales que ha padecido desde siempre la humanidad.

Estos niños de la calle no solamente sufren la pobreza, sino que son víctimas de los más absurdos y desquiciantes abusos de los desequilibrados sexuales. Aquí nace y se agudizan la pornografía y la prostitución.

Ninguna nación de las llamadas del primer mundo o de las ahora conocidas como economías emergentes, se salva del preocupante problema que, además, a costa de vida inocentes, deja a las mafias explotadoras exorbitantes ganancias.

Precisamente a costa de los párvulos desheredados, se inicia la trata de blancas y el tráfico de personas. Estas víctimas de la ignominia viajan cientos de kilómetros para ser carne de cañón de las enfermizas costumbres de los que tienen y pueden pagar para satisfacer sus patológicos placeres.

México no es ajeno a este drama. Los niños de la calle viven o sobreviven entre la promiscuidad y los vicios de todo tipo hasta en los drenajes de las ciudades, sin que hasta ahora ninguna autoridad se atreva a enfrentar el fenómeno y ponerle remedio.

Y, hay que denunciarlo, no sólo son los desheredados los que sufren este martirio, también el robo de infantes tiene como propósito llevar esa mercancía humana a la explotación inhumana de estos infelices.

En la Cuba vilipendiada por una propaganda feroz de los imperios, este fenómeno no existe. Con todos sus defectos, el régimen socialista se ha mantenido firme en su labor de apoyo a la infancia, además de otros grupos vulnerables como son los incapacitados y los de la tercera edad.

El embajador de Cuba en México, Manuel Aguilera de la Paz, en sesión comida de trabajo del Club Primera Plana, y a pregunta expresa del respetado coasociado Othón Villela Larralde, resaltó esta conquista humanística del la Revolución Castrista.

6/27/2008

DEPREDADORES EMPRESARIALES: INJERENCIA TRANSNACIONAL EN LATINOAMERICA

En América Latina el pueblo es uno solo

¿CÚANTA GENTE SIGUE viviendo en el engaño finamente tejido por los poderosos de siempre? Hay quienes aseguran que el esclavo vive bien porque recibe –además de palos y miseria- una que otra migaja tirada por el amo sobre el suelo encharcado de porquerías donde se hacina a los infaustos.

Con ese prurito han vivido desde hace más de quinientos años los pueblos de América Latina, a veces no sólo castigados por la soberbia predadora del poderoso, sino también violentados por guerras fratricidas ordenadas por los intereses de aquellos que se dicen civilizados. Los pueblos colocan la sangre, y los comerciantes capitalistas reciben el premio. Eso ocurrió en Chile, Perú y Bolivia cuando ingleses y norteamericanos empujaron a las tres naciones hermanas a una guerra comercial que terminó entregando minerales y costas a un país imperialista llamado Gran Bretaña.

La ‘historia oficial’ señala que Chile ganó dos enormes provincias, pero, ¿son suyas hoy? Cobre, salitre, azufre, molibdeno, oro, plata, bordes costeros, glaciares cordilleranos, carreteras y valles pertenecen a empresas transnacionales, a esas mismas empresas cuyos parientes lejanos manejaron interesadamente el conflicto armado en 1879.

Luego de tantas disputas espurias se llega al convencimiento de que en Latinoamérica el pueblo es uno solo, el mismo en todas partes, con idénticas necesidades, y con carencias provocadas, producidas, administradas, por una sola clase social: la de los imperialistas de lenguas enrevesadas. Estos, al interior de cada nación sudamericana, han contado siempre con el eficaz y tenebroso apoyo de los propietarios de medios de producción que son, en realidad, los mismos que gobiernan nuestros países a nombre de los foráneos.

Digámoslo sin ambages. Hoy, las repúblicas de América Latina –en su mayoría- constituyen territorios ocupados por el ‘gran capital transnacional’. El asunto es, por supuesto, que en un lugar ocupado por fuerzas extranjeras, sea Iraq o Palestina o Bosnia o cualquier parte del mundo, las fuerzas de ocupación son capaces de cometer enormes barbaridades.

Esto, que parece un axioma, deviene una fuente de tristeza al comprobar que, como axioma, también se aplica a la ocupación chilena de Tacna y Arica durante 1880-1930, una vez terminada la Guerra del Pacífico y cuando las salitreras cayeron graciosamente en manos europeas. El investigador William Skuban escribió un interesante libro en el que reseña eventos, tragedias, intereses económicos y acciones totalitarias acaecidas en aquel período de ocupación chilena de Tacna y Arica. El título del libro es "Lines in the Sand: Nationalism and Identity on the Peruvian-Chilean Frontier" (Líneas en la arena: Nacionalismo e identidad en la frontera peruano-chilena). Ojalá alguna casa editorial, o alguna universidad, decida publicarlo en castellano, a objeto que miles de latinoamericanos tenga acceso a él.

En el relato de William Skuban la parte que entristece no es aquella de la feroz represión oficial, puesto que tal represión se efectuaba con igual fuerza contra los pobres en Chile también (Valparaíso, Santiago, Iquique 1903-1907, como fue lo sucedido en la escuela Santa María de Iquique), pues en sufrir similar represión se hermanarían los pobres chilenos y peruanos.

El problema más triste es otro: la represión efectuada por sectores populares chilenos (una minoría por supuesto) contra los peruanos, no solamente en Arica y Tacna sino también en Iquique. Era una parte del pueblo incentivada por los dueños del capital en la aplicación del odio xenófobo. Una parte del pueblo que luchaba y se desangraba en beneficio de los amos foráneos, castigándose a sí mismo y solidificando las políticas expoliadoras y clasistas que también le eran aplicadas en Chile a golpe de garrote y pecado de hambruna.

En efecto, todo comenzó en Iquique en 1919 cuando grupos de chilenos asaltaron el Club Peruano, destruyeron el diario "La Voz del Perú" y todos los negocios que tenían los ciudadanos de ese país en el puerto, además del Consulado del Perú, cuyo cónsul salvó el pellejo solamente por la oportuna y decidida protección brindada por el cónsul británico. Cuatro mil quinientos trabajadores peruanos se vieron obligados a emigrar de Iquique y la Pampa ante la terrible presión y persecución de las llamadas "ligas patrióticas".

Luego, esas ligas patrióticas se desplazaron a Tacna (ciudad que aún estaba bajo administración de Chile) donde cometieron similares tropelías ante la vista gorda de las autoridades chilenas y aún -para mayor tristeza- incentivadas con los discursos de Luis V. Cruz, aquel personaje que había sido elegido junto a Luis Emilio Recabarren como los primeros representantes del pueblo obrero y campesino en el Congreso.

Es bueno y necesario que recordemos a Recabarren e ignoremos a Luis V. Cruz (para aumentar la pena, Salvador Allende, aquel abogado que tuvo un hijo llamado Salvador Allende Gossens que en aquellos años infantiles vivía en Tacna, fue otro instigador de la xenofobia anti-peruana). También vivía en esos años en Tacna -puesto que era tacneño- el gran historiador peruano llamado Jorge Basadre, un admirable intelectual de izquierda que en aquel momento era sólo un mozalbete, pero tuvo el coraje de dirigir una carta abierta a Luis V. Cruz que comenzaba diciendo: "No es con la palabra "compañero" -la más hermosa que pueda pronunciar un hombre libre- con la cual te dirijo estas fervientes palabras..."

La obra de Wiliam Skuban es, además, un libro hermoso por su objetivo homenaje a la mujer. Aquella que se alza con valentía y se une a la resistencia. Así sucedió en Tacna con muchas mujeres. Menciono una, y un sentimiento de admiración me embarga al nombrarla: Doña Zoila Sabel Cáceres, profesora primaria y directora de escuela.

Cuando en 1900 las autoridades chilenas ordenaron el cierre de las escuelas primarias de Tacna, doña Zoila esperó a las fuerzas militares y policiales en la puerta de su escuela y al llegar los uniformados les dijo: "Como peruana y mujer de Tacna, mantengo y mantendré las puertas de mi escuela abiertas. Vayan a decirle a vuestro Intendente que no me inclinaré ante esta notificación y que si él quiere cerrar esta escuela entonces que venga y lo haga él mismo."

Por supuesto, las escuelas fueron cerradas. Un año mas tarde Chile cambió al intendente y nombró a otro más conciliador, quien llamó a todas las profesoras y directoras y les impuso como condición para reabrir las escuelas que se retirasen los textos de Historia y Geografía en los que Tacna y Arica apareciesen como territorios peruanos. Ante tal condición, doña Zoila de nuevo se paró en sus hilachas e impetró al nuevo intendente:

"Señor, la historia, como la verdad, es una sola..."

"¡Silencio! la interrumpió el intendente, "no le he pedido su opinión"

Doña Zoila alzó más su voz y continuó:

"... y no puede ser condicionada por la conveniencia de nadie, y menos aún sometida a los caprichos de..."

"¡Fuera de aquí!" bramó el intendente y, efectivamente, la sacaron, no solamente de la Intendencia sino también de la provincia, relegada a Arequipa.

Prometo alzar mi copa por doña Zoila en la primera oportunidad que pueda... y por cualquier ser humano que luche contra la opresión.

Hubo figuras históricas chilenas importantes que reaccionaron contra la dureza de la ocupación y eso debería enorgullecernos, aunque algunas de esas figuras tuvieron que pagar duramente las consecuencias. En los albores de las luchas de la FECH (Federación de Estudiantes de Chile) también se encuentra un germen de protesta contra la situación en Tacna y Arica, tal como ocurrió el año 1920 cuando los universitarios le salieron decididamente al paso al ministro Ladislao Errázuriz, que movilizó tropas hacia el norte para ocupar las salitreras e impedir la sindicalización de los obreros bajo el feble argumento de “poner atajo a una nueva intentona invasora de Lima”.

En ese año 1920 (gobierno de Juan Luis Sanfuentes) Chile debía dirimir con Perú el asunto Tacna-Arica para decidir a qué país pertenecería definitivamente cada una de esas ciudades. Don Ladislao Errázuriz, ministro de Defensa, inventó un conflicto bélico con Perú y logró que el gobierno conservador de Sanfuentes autorizara la movilización de las tropas hacia el norte, lo que además constituía un golpe bajo políticamente hablando, ya que la guarnición de Santiago profesaba especial simpatía por el candidato presidencial (de raigambre liberal) Arturo Alessandri Palma, y llevar a la mitad del ejército al norte significaba restarle apoyo militar a Alessandri en la próxima elección presidencial.

Los máximos dirigentes de la Federación de Estudiantes de Chile bautizaron a este episodio como ‘la guerra de don Ladislao’, pues eran conscientes que no había ni habría conflicto bélico con el país vecino y que, por el contrario, el ministro Errázuriz trasladaba efectivos militares hacia Iquique con un solo propósito: mostrar una amenaza armada a los trabajadores del salitre, cuyos sindicatos se encontraban luchando con las autoridades y con sus patrones extranjeros para obtener mejores situaciones económicas y laborales. Don Ladislao movilizó a miles de uniformados sólo para dar seguridad a los empresarios salitreros, pues el conflicto Tacna-Arica se solucionó pacíficamente y sin necesidad de disparar un tiro. Además, Arturo Alessandri, luego de haber triunfado en una dramática elección, asumió como Presidente de la República el 23 de diciembre de 1920.

Como es posible deducir de lo mencionado, las clases gobernantes de las naciones del cono sur de América (y en Chile, especialmente) siempre han trabajado en beneficio de intereses foráneos castigando a sus propias raíces, a su presente y futuro, tal como si esta ubre llamada Latinoamérica fuera inagotable fuente de recursos para satisfacer las necesidades de sociedades que no viven aquí ni les preocupa lo que ocurra en estos hermosos parajes.

Si se revisa nuestra Historia nacional sin apasionamientos ni balbuceos ideológicos, podrá observarse que los chilenos sufrimos los mismos males que estragan a los pueblos de naciones hermanas. Aquí, allá y acullá, la mano represiva de los totalitarios empresarios y gobiernos lacayos del imperialismo ha actuado de idéntica forma para ahogar las impetraciones de justicia y libertad. Ello fue sufrido y experimentado por notables chilenos, como Francisco Bilbao (1864), José Manuel Balmaceda en el año 1891, Arturo Alessandri Palma en 1925, Pedro Aguirre Cerda en 1938, Clotario Blest en 1957, Salvador Allende en 1973, Cardenal Raúl Silva Henríquez (1980), Tucapel Jiménez (1982), Manuel Bustos (1984) ….y un largo etcétera que se proyecta hasta nuestros días.

Las fuerzas opresoras y represivas no reconocen nacionalidades. El capital transnacional tampoco lo hace. Para este último no existen países ni repúblicas, tribus ni razas ni etnias. Es así que, por ejemplo, los mandantes de la economía mundial aseguran que Venezuela no es Venezuela, es petróleo; Brasil es caucho, petróleo, café y azúcar; Colombia es petróleo, gas natural, níquel y esmeraldas; Bolivia es gas natural y estaño; Chile es cobre, bosques, frutas y productos del mar; Argentina es carne, leche y trigo; Perú es recurso forestal e hídrico, fuente de minerales y de petróleo; Ecuador es petróleo y minerales; Uruguay y Paraguay son carne, leche y cueros. Pero ninguna de esas repúblicas es considerada una nación independiente y soberana por los dueños de la férula mundial. Para ella sólo existen como ‘graneros y bodegas’ a las que se debe saquear a ultranza y sin ambages.

Duele comprobar que en todos nuestros países que conforman esta hermosa Latinoamérica, existen gobiernos y enriquecidos propietarios dispuestos a coadyuvar en el saqueo de los recursos naturales y en la expoliación de sus conciudadanos. Bajo el disfraz de la globalización se ha reinstaurado la vieja política que mueve e interesa al explotador histórico, esta vez adornada con la vestimenta de los Tratados de Libre Comercio -que de ‘libre’ tienen poco- los cuales han sido estructurados por las mismas economías desarrolladas en un afán directamente apuntado a su propia sobrevivencia, aunque para tales efectos los ‘países graneros’ tengan que enfrentar un futuro desolado, árido y catastrófico.

Si América Latina está unida, desde el año 1492, a esta desgraciada realidad, ¿cuándo se unirá férreamente para mejorar su calidad de vida y obtener, por fin, la verdadera independencia? Recursos sobran, geografía sobra, en capacidad tecnológica y humana tiene lo suficiente…lo que falta es voluntad, conciencia y decisión.

6/26/2008

DOCUMENTAL:LA CUARTA GUERRA MUNDIAL

Un filme que fusiona imágenes inspiradoras con la poesía de la red mundial de luchas contra el neoliberalismo. Un sistema que depende crecientemente de la violencia que se autoproclama "guerra contra el terrorismo" para sostener su orden mundial.

Imágenes de los frentes en conflictos de México, Argentina, Sudáfrica, Israel, Palestina, Corea, Norteamérica y Europa.

· Millones de personas sin techo en Sudáfrica luchan por el derecho a una casa decente y contra la privatización del agua.

· Indígenas en Chiapas echan a la las tropas mexicanas de sus tierras por haberlas vendido al mercado global.

· Después del colapso económico de Argentina en diciembre 2001, vimos a la población en el caos intentando organizarse por sobre las estructuras de mercado y el Estado.

· Después de una drástica liberación del mercado laboral en Corea del Sur en 1997, millones de trabajadores tomaron las calles en lo que fue una de las huelgas más grandes de nuestra historia reciente.

· Desobediencia civil masiva contra las cumbres económicas en Quebec y Génova originando situaciones de batalla en el centro del poder de los países ricos.

Narrado por el activista y poeta Suheir Hannad y el cantante Michael Franti de Spearhead.

(Versión original subtitulada)


PARTE 1



PARTE 2



PARTE 3



PARTE 4



PARTE 5



PARTE 6



PARTE 7



PARTE 8

6/25/2008

NEOLIBERALISMO EN BANCAROTA

Los renegados del neoliberalismo

Julio Godoy

"Economics are the method, but the objective is to change the soul."
Margaret Thatcher



La premisa fundamental del marginal debate académico sobre el fin de la globalización neoliberal, que tuvo lugar en algunas universidades europeas en los 1990s, decía que una crisis de gran envergadura sería necesaria para convencer a los gobiernos de los países industrializados de la necesidad de reintroducir reglas y controles, tanto en las finanzas como en el comercio internacional y en las inversiones de capital. Los académicos que participaron en tal debate - economistas, sociólogos, politólogos, ninguno de ellos representantes del "main stream" universitario - argumentaban también que esta crisis llegaría, más temprano que tarde, dados los excesos de riesgo acumulados sobre todo en la ingeniería financiera y en sus creaciones, los llamados derivados.

Crisis han habido, en serie, desde entonces. La crisis mexicana en 1994, la crisis asiática, que afectó América Latina y Rusia en 1997, la quiebra en cámara lenta del fondo especulativo Long Term Capital Management (LTCM) en 1998, el estallido de la burbuja de la mal llamada nueva economía, en 2002, por ejemplo.[1] Pero ninguna tuvo las dimensiones de la presente: Nacida en el inflado mercado de hipotecas y en la especulación inmobiliaria y de crédito de los Estados Unidos, la crisis ha llevado ya a la quiebra a varios bancos, ha sumido a los Estados Unidos en la recesión, destruyendo de paso las ilusiones de riqueza de millones de gringos, y se ha extendido al mundo entero. Incluso pueblecitos en Noruega están al borde la quiebra por haber involucrado sus finanzas públicas en los derivados financieros de las hipotecas gringas; bancos en Suiza, en Alemania, en Francia, en Inglaterra, han quebrado. Y, a pesar de los esfuerzos multimillonarios de los bancos centrales de todos estos países, la crisis no parece tener fin.

La crisis es el resultado inevitable de la irresponsabilidad de gobiernos, bancos, y fondos de inversión. Tanto banqueros como operadores bursátiles creyeron en el curso de los últimos años haber descubierto el perpetuum mobile, la máquina de hacer dinero sin inversión real previa. A raíz de la crisis de la deuda latinoamericana de principios de los 1980s, los bancos dejaron de ser prestamistas, para convertirse en intermediarios del crédito. Es decir, los bancos continuaron prestando dinero, pero al mismo tiempo, a través de la creación de los llamados derivados financieros, convirtieron los títulos de deuda en nuevos instrumentos negociables, que vendieron a los fondos especulativos. Ambos hicieron dinero a través de la subvaluación del riesgo de las hipotecas concedidas a deudores insolventes, y de la sobrevaluación del colateral, de las garantías obtenidas para los créditos. A partir de estas hipotecas sin valor, los ingenierios financieros crearon "assets", es decir, "activos" financieros, ficticios, pero comercializables, que les proveyeron de nuevas fuentes de dinero. Pero esta riqueza,existente a largo plazo solo en el papel, tenía que desaparecer un día, de la misma manera que los llamados esquemas Ponzi, las famosas pirámides, solo garantizan un buen ingreso temporal al primer negociante, con el dinero de los cretinos.[2]

Los banqueros también abusaron del dinero fácil proporcionado por los bancos centrales para comprar firmas al crédito, en lo que en la jerga técnica se conoce como "leverage buy out", "racionalizarlas" después, es decir, aprovechar la automatización de la producción y las economías de escala derivadas, y despedir empleados, incrementando así su valor bursátil, otra vez ficticio, y vendiéndolas con jugosas ganancias. Resultado? Millones en las cuentas bancarias de los operadores, en los llamados paraísos fiscales, a cambio de casi ningún esfuerzo.

Pero estos malabares financieros, en otras circunstancias considerados artificios criminales, no podían durar hasta el infinito. La burbuja ha explotado, en la cara de gobiernos y bancos y operadores bursátiles y fondos especulativos, que hasta hace pocos meses afirmaban que todo iba bien en el mundo financiero. Hoy, frente a la crisis, y como bien habían predicho los académicos mencionados arriba, los gobiernos de los países industrializados han comenzado a revertir la globalización neoliberal: A mediados de febrero, el gobierno de Londres nacionalizó el banco Northern Rock, asumiendo una pérdida de entre 100 y 250 mil millones de dolares, a pagar por sus ciudadanos. El gobierno de Alemania está tratando de salvar el banco IKB de la quiebra, así como varios otros bancos estatales, todos perdidos en los recovecos de las finanzas derivadas del mercado de hipotecas en los Estados Unidos. Sin la intervención del gobierno gringo, el banco Bear Stearns, vendido por un precio casi simbólico a su concurrente JP Morgan el 16 de marzo, habría quebrado oficialmente. Y los bancos centrales de Washington y Londres están tratando de convencer a sus homólogos en Europa y Asia de comprar los títulos de deuda basados en las hipotecas, y practicamente irrecuperables, que son la fuente de la crisis, como una medida suplementaria para salvar a los bancos privados.

Incluso banqueros privados, como Joseph Ackermann, presidente del Deutsche Bank, el más importante de Alemania, imploran al estado que intervenga para controlar la crisis, pues, como él dijo hace unos días, "las fuerzas autoreguladoras del mercado" han fallado.[3]

Paralelamente, los candidatos "demócratas" a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton y Barak Obama, condenan el tratado de libre comercio con México y Canadá (TLCAN), y han prometido renegociarlo - el tratado parece haber producido solo perdedores, pues pedidos similares de su renegociación se alzan desde hace años en los tres países miembros. Y en algunas capitales del mundo industrializado, en Londres en particular, empieza a cocinarse un sistema de control de inversiones extranjeras, dirigido expresamente contra los llamados fondos soberanos de inversión, controlados por estados como India, Dubai, Arabia Saudita, Rusia, y China, o bien por grandes empresas originarias de estos países.[4]

Todas estas medidas anuncian el fin de la globalización neoliberal, y han llevado al antiguo ministro austríaco de finanzas, Ferdinand Lancina hace pocos días a decir que "el neoliberalismo ha muerto, y lo estará por mucho tiempo."[5]

Sin embargo, la muerte del neoliberalismo solo concierne aquellos aspectos que son nocivos para el mundo industrializado, para sus empresas, especialmente los bancos y los fondos de inversión, y para la protección de sus mercados. Las medidas que han afectado a los propios asalariados alemanes, franceses, gringos, o al tercer mundo, esas son, por ahora, intocables. Estas son en efecto, las que que deberían ser revertidas primero, dados sus decepcionantes resultados, no solo en lo que concierne la generación de riqueza, si no sobre todo a su distribución . El propósito de este artículo es revelar esos fallidos números del neoliberalismo.

Los renegados del neoliberalismo

Que el neoliberalismo es un proyecto político reprensible e indefendible, se demuestra facilmente preguntando en público a los sospechosos si ellos son neoliberales. Confrontados con la alternativa de una condena moral popular o de la deshonestidad consigo mismos, la mayoría de ellos prefiere mentir: "¿¿Neoliberales nosotros?? ¡¡Noooo, de ninguna manera!!," dicen entonces. Basten como pruebas las reacciones de egregios representantes de la oligarquía guatemalteca, o sus juggernautas, a un artículo de Marcela Gereda en elPeriódico hace unos meses, o la hipocresía del ex-presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien, tras haber impuesto el neoliberalismo en su país durante su espurio gobierno entre 1988 y 1994, publicó en 1999 una nueva propuesta de política económica en le que renegaba de su propia obra.[6] Al mismo tiempo, los neoliberales de provincia que todavía defienden su doctrina, repiten frases hechas y facilmente rebatibles, del tipo: "El neoliberalismo se defiende básicamente por sus buenos resultados económicos," o "Es falso afirmar que 'el modelo neoliberal empobrece a los más y enriquece a los menos.'"[7]

Este fariseísmo de los neoliberales es tan generalizado, que ha llevado al economista mexicano Enrique Dussel Peters a afirmar que "hay muy pocos ... analistas o escuelas de economía que adhieran al neoliberalismo."[8] A Dussel Peters, por lo demás un excelente economista, habría que recordarle aquello de que "por sus obras los conoceréis." Pero dejemos a dios y sus profetas al margen, y ocupémosnos de la realidad del neoliberalismo, que ella explica el fariseísmo de sus beneficiarios, y desmiente, de paso, la afirmación de Thatcher citada en el acápite: Si bien la economía es el método, el verdadero objetivo del neoliberalismo no es "cambiar el alma", como pretendía la hija de la Gran Bretaña, sino el dinero, su concentración. La acumulación de capital, para decirlo con las palabras de los ortodoxos. El resto, la verborrea neoliberal sobre la libertad y la eficiencia del mercado no es nada más que eso, palabrería hipócrita, que necesita esconder sus prosaicos propósitos detrás de nobles ideales. O, como diría David Harvey, "un programa cuyo objetivo abiertamente declarado sería el de restaurar el poder económico de una élite, no ganaría soporte popular. Pero un ensayo programático para promover libertades individuales que disfrace la campaña de restauración del poder de clase sí puede atraer a las masas."[9]

Así es: Aunque al neoliberalismo hay que verlo desde dos perspectivas, nacional la una, internacional la segunda, en ambos casos se trata de un proyecto de lucha de clases en favor de la élite económica dominante, ya sea nacional como en el primer caso, o de los centros motores del capitalismo, en Europa, pero sobre todo en Estados Unidos, en el segundo.

Nacionalmente, el neoliberalismo tiene por objetivo reinstaurar, reforzar, o revertir la distribución de la riqueza en favor de la clase dominante, y en detrimento de las clases medias y bajas, y de cimentar ad aeternum su poder político. En los Estados Unidos, el neoliberalismo fue impuesto bajo el gobierno de Ronald Reagan como reacción al retroceso de la porción de la riqueza detentada por la élite económica de ese país, ocurrida a lo largo de los años 1970s, como consecuencia de la pérdida de valor de sus propiedades, tanto en activos financieros como en bienes de capital, derivada de la crisis económica que siguió al choque petrolero de 1974.

Redistribuir la riqueza, no crearla

Los economistas franceses Gérard Dumenil y Dominique Lévy han demostrado como el programa económico de Reagan fue uno de restauración del poder de clase - y como sus secuelas, de redistribución de la riqueza en beneficio de la ínfima élite gringa, y la creciente desigualdad social, son tan persistentes y parecen tan irreversibles, y que tienen que se consideradas consustanciales al proyecto neoliberal.[10] Para dar unas pocas cifras: Entre 1978 y 2000, el 0.1 por ciento de la población gringa de más alto ingreso triplicó su porción del PIB del dos por ciento en 1978 a más del seis por ciento en 1999 - es decir, menos de 300,000 personas se apropiaron ese último año de 586 millardos de dolares; la relación entre los salarios promedios de los dirigentes ejecutivos y los de los trabajadores pasó de 30 por uno en 1970, a más de 500 por uno en el año 2000. Mientras los ingresos del diez por ciento más pobre de la población gringa aumentaron en promedio apenas unos 45 dólares al año entre 1990 y 2005, pero los del 20 por ciento más rico aumentaron 1,920 dólares por año en el mismo período.[11] Esta reconcentración de la riqueza en beneficio de una minúscula y ya riquísima élite económica se refleja en el índice de Gini: Mientras en 1969, el indicador tenía un valor de 0.39, en 2005 el mismo alcanzaba 0.47, el valor más alto jamás reportado para los Estados Unidos.[12] Resultados similares han sido confirmados por los estudios de Wolff y de Baker.[13]

Y si estas cifras no son suficientemente ilustrativas, aquí otro dato, esta vez de un reciente reporte de UNICEF: El 22 por ciento de los niños gringos menores de 17 años vive en la pobreza - éste es, junto con el de México, el peor indicador de la pobreza infantil de todos los estados miembros de la Organización para el Desarrollo Económico y la Cooperación (OCDE), que incluye a países que, cuando Reagan establecía los fundamentos de su imperio de la injusticia, recién salían del oscurantismo cuasi medieval de sus respectivas dictaduras católicas, como España y Portugal.[14] Ante estas cifras, oficiales todas ellas, la afirmación de los defensores del neoliberalismo, que el estado no debe intervenir para redistribuir la riqueza en favor de los desposeídos, pues ésta goteará (trickle down) naturalmente hacia las clases pobres, se revela como lo que es, una simple y burda mentira. Que el neoliberalismo no solo produce injusticia y pobreza, si no también represión, se ilustra con el hecho de que que los EE UU tienen la población encarcelada más numerosa entre los países industrializados - de cada 100,000 gringos, unas mil personas están en prisión, es decir, más del 1.5 por ciento de la población economicamente activa.[15]

Casi 30 años despúes del putsch neoliberal de Reagan, con los sindicatos practicamente destruídos, y con las políticas social y económica de los dos partidos políticos dominantes diferenciadas solo en matices, el programa neoliberal con todas sus secuelas sociales parecía solidamente anclado en el subsuelo institucional del país - hasta que la burbuja financiera explotó.[16]

Algo similar ocurre en Europa, donde el neoliberalismo fue introducido por Margaret Thatcher en 1979 en Inglaterra, país en el que conviven hoy los niveles más desmesurados de riqueza y los más miserables de pobreza, en todo caso para un país industrializado. Un reciente estudio del Instituto de Estudios Fiscales de Londres determinó que un poco más de 46,000 personas - el 0.1 por ciento de la población - tienen un ingreso de más de 350,000 libras - unos 686,000 dólares -, lo que corresponde a 31 veces el ingreso promedio anual per cápita de Inglaterra. Practicamente todas estas personas viven en Londres, y son mayoritariamente abogados, o economistas (o futbolistas, pero esa es otra historia), y trabajan en los bancos y fondos de inversión y especulación de la City.[17] En su estudio, Brewer et al. muestran cómo el índice de Gini inglés saltó en 1979, en el primer año del gobierno de Thatcher, de 0.25, indicando una alta equidad en la distribución del ingreso, a alrededor de 0.35 en 2005. Los autores dicen literalmente, que "este salto en la desigualdad de la distribución de la riqueza es incomparable (unparalleled) tanto historicamente, como en el contexto de los cambios ocurridos al mismo tiempo en otros países industrializados."[18] Este incremento en la desigualdad en Inglaterra se aceleró entre 2003 y 2006, precisamente durante el gobierno laborista, supuestamente de izquierda, de Anthony Blair, con altos incrementos en los ingresos del 10 por ciento de la población más rico.[19] ¿Como canta Leonard Cohen? "Everybody knows the fight was fixed: the poor stay poor, the rich get richer. That's how it goes. Everybody knows."

En Alemania, donde el programa neoliberal fue impuesto paulatinamente al final de los 1980s, pero sobre todo en los 1990s, tras la caída del muro de Berlín y la unificación, los salarios reales (es decir, los salarios nominales descontando la inflación) de los trabajadores son hoy más bajos que en 1986. En alemán es cotidiano hoy hablar de los "working poor", así, en inglés, para describir a éstos asalariados quienes, a pesar de su trabajo, no salen del atolladero de la pobreza. Mientras, el número de los billonarios permanece inmóvil - como dirían los chapines, "ellos ya están completos" - y son los herederos o propietarios de las grandes industrias, desde la de automóbiles BMW y la editorial Bertelsmann, hasta la de prensa, Springer, o de cadenas de supermercados, como Aldi y Lidl, tristemente famosos por sus despiadadas políticas contra sus empleados.

Estas tendencias han sido confirmadas por un estudio publicado en marzo, del Instituto de Investigación Macroeconómica, de Berlin. De acuerdo con el estudio, la clase media alemana se redujo en nueve por ciento entre 1986, año simbólico del principio de la aplicación del neoliberalismo, y 2006.[20] En total, la clase media alemana perdió unos seis millones de personas - asalariados quienes, a pesar de disponer de un trabajo, descendieron en la escala social, o bien desempleados, juntos los grandes perdedores de la reconversión alemana al neoliberalismo.

No muy diferente es la desigualdad en Francia, donde, practicamente desde 1983, desde que el gobierno "socialista" de François Mitterrand se inclinara ante la política monetarista del banco central alemán, y aplicara la famosa "politique de rigueur" de corte neoliberal, París se ha convertido en la "capital del malthusianismo", como lo afirmaba Le Monde hace pocas semanas, a principios de febrero.[21]

Los fatídicos números del neoliberalismo son particularmente comprobables en Nueva Zelanda, país que fuera, hasta 1984, modelo de una socialdemocracia ilustrada, socialmente igualitaria, ecológica y feminista. Pero, desde entonces, desde que el neoliberalismo fuera introducido de manera sistemática y orgánica por el entonces ministro de finanzas Roger Douglas (¡un socialdemócrata!), y bajo los aplausos de instituciones tales como la OCDE, el Banco Mundial, y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los niveles de vida de Nueva Zelanda han ido retrocediendo paulatinamente, hasta donde se encuentran hoy - con tasas de injusticia tan elevadas, que incluso la OCDE las lamenta, y que afectan sobre todo a madres solteras, a la niñez y a la juventud, y a los maoris. Esta involución la confirma la del índice de Gini, que saltó de 0.31 en 1970 a 0.40 en los 1990s, para deteriorarse aún más en los primeros años del nuevo siglo.

Tanto, que en su más reciente reporte país, la OCDE, organización estándarte del neoliberalismo, admite lo que muchos dicen desde hace años: Que a pesar del modesto crecimiento económico los niveles de vida promedio en Nueva Zelanda han descendido paulatinamente, y que probablemente lo continuarán haciendo en el porvenir. Y eso, a pesar de que ese crecimiento económico es superior al crecimiento de la población, lo que sugeriría un crecimiento del PIB per cápita. Esta aparente paradoja demuestra que el objetivo del neoliberalismo no es el de fomentar la riqueza, sino redistribuirla, a beneficio de las minorías ya ricas. Lo único que la OCDE se niega a admitir es que el neoliberalismo sea responsable del desastre - al contrario, como receta contra el mal, la OCDE actua como el matasanos que está matando a su paciente con la medicina erronea, y propone ... más neoliberalismo. Si los neozelandeces se dejan convencer, es otra historia: En todo caso, muchos de entre ellos llaman a la política social y económica inspirada en el neoliberalismo ruthanasia - un juego de palabras entre Ruth (Richardson), el nombre de la primera ministra que confirmó el neoliberalismo en los 1990s, y eutanasia, que, esperemos, no necesita explicación.[22]

Fenómenos semejantes ocurren en numerosos países de la OCDE. En España, que registra desde hace 10 años un fuerte crecimiento económico, y cuyo PIB aumenta más rápido que la media europea, y la creación de empleo prosigue a buen ritmo y la renta per cápita se acerca también a la media de la Unión Europea, no se ha reducido sin embargo el porcentaje de población que vive por debajo del umbral de pobreza relativa.[23] "Mientras los beneficios empresariales suben, el poder adquisitivo del salario medio ha bajado un 4% entre 1995 y 2005: España es el único país de la OCDE en el que se ha producido ese retroceso, en términos reales," escribió Andrea Rizzi, en el diario El País, hace poco más de seis meses. Y, oh sorpresa, la CEOE (la Confederación española de organizaciones empresariales, el CACIF de Madrid) encuentra esta situación digna de ejemplo. Juan Iranzo, economista director del Instituto de Estudios Económicos, asociado a la CEOE, cree que España no tiene que intentar converger con Europa en cuestiones de distribución del ingreso. "Es más bien Europa la que tiene que converger con España", dice Iranzo.[24]

En su estudio sobre la desigualdad en la distribución del ingreso en algunos paises de la OCDE, John Weeks confirma lo que los combatientes contra el neoliberalismo siempre supieron: Que la desigualdad es producto de las políticas impuestas por los gobiernos.[25] "Primero, no debe ser motivo de polémica constatar que los cuatro países tendiendo a una mayor desigualdad (los EE UU, Inglaterra, Australia, y Nueva Zelanda) son aquellos que aplicaron programas socioeoconómicos de corte neoliberal. Segundo, y sin excepción, la creciente desigualdad se manifestó más marcadamente en estos cuatro paises durante los años en los que estas políticas fueron aplicadas de manera más vigorosa, en los 1980s y en los 1990s. En estos cuatro países, la desigualdad promedio durante los 1980s y 1990s fue mayor que antes que la liberalización de los mercados fuese impuesta, en los 1960s y 1970s," concluye Weeks.[26]

Incremento de la desigualdad en América Latina

En América Latina, según una lectura instintiva, tanto de neoliberales como de "izquierdistas", el caso más conspicuo de la imposición del neoliberalismo como un modelo clasista de dominación, es Chile, con la dictadura de Pinochet, cuyo corrupto carácter ha sido confirmado recientemente, sin hablar de su sangrienta contabilidad de muertos y desaparecidos.[27] Le sigue México, país en el cual la crisis de la deuda en 1982 abrió las puertas al neoliberalismo quimicamente puro, impuesto en 1989 por Salinas de Gortari, y confirmado a traves del tratado de libre comercio (TLCAN) en 1994. En ambos casos, sobre todo en el mexicano, los resultados son deplorables: En el caso de Chile, baste decir que, según cifras del ministerio de planificación y cooperación, el 10 por ciento de la población chilena con el ingreso más alto, se apropia del 42 por ciento del ingreso nacional anual, tanto cómo el 80 por ciento con el ingreso más bajo. Esta injusta distribución permanece sin cambios desde los años 1980s, y se refleja en el índice de Gini, que se mantiene constante desde hace 20 años, alrededor de 0.54, uno de los más altos del mundo.[28]

En el caso mexicano, el índice de Gini ha sufrido una regresión desde el implantamiento del neoliberalismo en 1988 - después de haber descendido a partir de 1960 hasta 1982, indicando una distribución paulatinamente más equitable del ingreso, el índice ha vuelto a subir desde entonces, hasta alcanzar el 0.54 en 2007, reflejando la reconcentración de la riqueza en pocas familias, y personificada por Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. Seguramente no es necesario decir que Slim es beneficiario personal de la privatización de las empresas estatales mexicanas, decidida por el gobierno de su amigo y socio Carlos Salinas de Gortari, quien hoy, como buen renegado del neoliberalismo, clama no ser uno.

Esta injusta distribución del ingreso en Chile y México documentada por la involución de los respectivos índices de Gini, es excepcional, incluso en América Latina, un continente marcado por la desigualdad. Como lo demuestran los análisis al respecto de Samuel A. Morley, ambos países forman parte del pelotón de punta de la injusticia social en el continente.[29]

Sí, diran algunos de los renegados del neoliberalismo, pero el crecimiento económico en ambos casos es excepcional. El caso chileno seguramente permite argumentos de este tipo, pero no como los neoliberales, y algunos insensatos comentarios de "izquierda" lo quieren creer. Puesto que la discusión exhaustiva del modelo económico chileno necesitaría mucho espacio, me limito aquí a comparar la evolución del PIB real per cápita en Chile y en Corea del Sur entre 1973 y 2004: En 1973, mientras cada chileno dispuso en promedio de 2,078 dólares, cada coreano del sur solo dispuso de 1,004 dolares. En 2004, 31 años después del golpe de la C.I.A. que impuso a Pinochet, el PIB real per capita en Chile había aumentado a 15,161 dólares, contra 19,354 dólares en Corea de Sur. Es decir, mientras el modelo chileno multiplicó el PIB per cápita por 7.3, el modelo surcoreano lo multiplicó por 19.[30] Para no hablar de los fundamentos de ambos modelos - uno, el surcoreano, sustentado en una política industrial y de comercio exterior concebida y coordinada por un estado desarrollista, y que ignoró los dictados del Banco Mundial y del FMI; el otro, el chileno, aún hoy basado en la exportación de cobre, uvas, madera, y salmón - todas materias primas, con escaso nivel de elaboración industrial.[31] Ojalá no sea necesario repetir que este último modelo es, a la larga, insostenible, como lo demuestra la reciente infección masiva de salmón chileno. [32]

Además, aquellos que elogian el relativo éxito económico chileno como muestra de que el neoliberalismo funciona, olvidan o ignoran que Chile ha mantenido controles sobre los flujos de capital hacia y desde el país, que la explotación del cobre sigue estando en manos del estado chileno, y que la industria pesquera, sobre todo del salmón, también fue durante años manejada por el estado, a través de la Fundación Chile, hasta su venta a principios de los 1990s a una compañía japonesa. De la misma manera, el estado chileno es responsable del crecimiento de las exportaciones de fruta y de vino, gracias a importantes inversiones en investigación y desarrollo, así como en la creación de clusters industriales alrededor de la madera, como la industria de papel, de muebles, y similares.[33] Como bien dice Rodrik, "la diversificación productiva de la economía chilena puede dificilmente ser atribuída al funcionamiento de mercados libres."[34] Aunque la conclusión del economista de Harvard tampoco es extraordinariamente sofisticada, ésta se le escapa a nuestros neoliberales de provincia, y a comentaristas mal informados, cuyos "análisis" se basan más en sus propios mitos que en una confrontación racional con la realidad.

El caso mexicano es mucho más claro: Aparte de que los gobiernos mexicanos desde 1988 han ejecutado las recetas del neoliberalismo - el tristemente famoso consenso de Washington - al pie de la letra, las tasas anuales de crecimiento entre 1988 y 2007 - es decir, durante el período de aplicación del neoliberalismo - yacen muy por debajo de los valores nacionales históricos alcanzados antes de la crisis de la deuda. Según cifras de la CEPAl y del FMI, entre 1950 y 1980, la economía mexicana creció a un ritmo anual promedio de 3.39 por ciento, para caer a 1.3 por ciento entre entre 1990 y 1999. Especialmente entre 1995 y 1999, el crecimiento mexicano fue particularmente bajo, de solo 0.89 por ciento. Las tasas de crecimiento mexicanas desde los mediados de los 1980s están también por debajo de las alcanzados por otros países en procesos de industrialización similares, pero guíados por estados desarrollistas, como Malaysia, China, y Corea del Sur.[35]

Además, tras casi 20 años de experimento neoliberal, México no ha sido capaz de constituir clústers industriales, que encadenen la transformación de materias primas nacionales en insumos semiindustriales hasta productos terminados. Al contrario, el proceso de industrialización orientado hacia la exportación, promovido por el neoliberalismo, es un oximoron, como lo muestra el constante deficit comercial mexicano: México importa insumos industriales semielaborados para la maquiladora y para sus industrias más avanzadas por valores considerablemente mayores que el total de sus exportaciones industriales, reduciendo este proceso de "industrialización orientado hacia la exportación" al absurdo.[36]

Por si esto fuera poco, y gracias al TLCAN, México está en trance de dejar de ser un país agrícola: Sus hombres y mujeres de maiz se alimentan hoy mayoritariamente de tortillas hechas de grano importado - de los EE UU, por supuesto. Aunque la tecnocracia neoliberal de Salinas de Gortari había prometido que su programa provocaría un aumento de las inversiones de capital en la agricultura y de su eficiencia, y lanzaría un proceso sostenido de modernización y desarrollo de la producción de alimentos y materias primas agropecuarios, la realidad es completamente opuesta: En valores per cápita, la producción agrícola en 1995 era 16.5 por ciento menor que en 1981; la producción forestal 30.6 por ciento menor, y la producción pecuaria cayó en un 20.8 por ciento en el mismo período. Considerando los valores agregados, el PIB mexicano agropecuario per cápita cayó en 19.6 por ciento entre 1981 a 1995. Y en kilogramos per cápita, la producción de los ocho principales granos era en 1996 menor en 32.4 por ciento que en 1981; la producción de carnes rojas disminuyó en 35 por ciento en el mismo período, y la de leche en 21.2 por ciento.[37] Este desastre se ha agravado desde 1996: Como lo resumía el diario mexicano La Jornada en marzo de 2005: "Mientras (en México) los subsidios se han eliminado en la práctica, las importaciones de maíz proveniente de Estados Unidos se multiplicaron por 15 desde la entrada en vigor del TLCAN. En ese periodo, el valor de la compra de alimentos de aquella nación creció a una tasa superior a 100 por ciento. A la avasalladora competencia estadunidense se ha sumado una ''política más liberal'' del gobierno mexicano que, en el caso del maíz, ha liberalizado el mercado más allá de lo requerido por el propio acuerdo."[38] ... Para no hablar de la amenaza de hambruna que sacude al area rural mexicana en estos días. Todo ésto, para mayor gloria del capitalismo estadounidense - QED.

Reformistas arrepentidos - a medias

Estos irrefutables números de la bancarota del neoliberalismo han llevado hoy a algunos defensores del "reformismo" bancomundialista y fondomonetarista a olvidar su entusiasmo de hace unos años, y a imponerse a si mismos modestia y circunspección. Es el caso de Sebastián Edwards, por ejemplo, ex-economista jefe del Banco Mundial. Hace 10 años, Edwards decía: "A mediados de 1993, los analistas y medios económicos internacionales recibían las reformas hacia una política de mercado como un éxito y proclamaban que varios países latinoamericanos iban camino de convertirse en una nueva generación de 'tigres'. Los inversores extranjeros se aproximaron rápidamente a la región y los consultores y estudiosos se apresuraron a analizar las experiencias de Chile, México y Argentina con el fin de aprender de primera mano cómo unos países que, sólo unos años antes, habían parecido no tener esperanza, se habían vuelto tan atractivos para el dinero internacional."[39]

En abril de 2007, Edwards admitió que si hay algo que aprender de Chile, Mexico, y Argentina, es lo que no se debe hacer. Su entusiasmo de 1997 cedió paso a un pesimismo más acorde a la triste realidad del neoliberalismo: Además de admitir que las crisis monetarias de los últimos 20 años costaron 16 por ciento del producto interno bruto de América Latina (precisamente durante el período de aplicación de las recetas neoliberales), su conclusión principal es que es improbable que la economía de América Latina crezca en el largo plazo. "Aunque es posible que algunos países latinoamericanos progresen en comparación con las naciones industrializadas, ésta no será la norma; la mayoría de países de América Latina van a perder terreno con respecto de los países asiáticos y otras naciones emergentes."[40] Nada de "nuevos tigres", pues; en el mejor caso, gatitos mancitos y hambrientos: Sólo para absorver la gran masa de jovenes que ingresan cada año al mercado de trabajo, países como México requieren de un crecimiento económico de más del cinco por ciento - una quimera, pues, siendo el país tan dependiente de los EE UU, lo más probable es que México también se deslize en la recesión, a la cola del amo gringo.Así, el destino inmediato de la gran mayoría de los mexicanos, y como ellos, de latinoamericanos, es mayor pobreza. Esta, y no otra, es la verdad del neoliberalismo.

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6/24/2008

CON GOBIERNOS DE IZQUIERDA O DERECHA EL NEOLIBERALISMO GENERA POBREZA Y DESIGUALDAD

Desigualdad y pobreza: la urgencia de cambiar el modelo

Raúl Zibechi

La guerra global por los alimentos pone en videncia que los planes sociales son insuficientes para paliar la pobreza y que sólo la superación del actual modelo permite disminuir la desigualdad que acecha la región.

En sólo seis meses hay 10 millones de nuevos pobres en América Latina. Aunque en esta región el precio de los alimentos subió menos que en el resto del mundo (15% frente al 68%), la cantidad de pobres creció de 190 a 200 millones en sólo seis meses, según el sociólogo argentino Bernardo Kliksberg, asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)[1]. Pero esto es apenas el comienzo.

Según Amartya Sen, premio Nobel de Economía con quien Kliksberg acaba de publicar el libro “Primero la gente”, desde hace treinta años se viene previendo que puede haber hambruna en los países productores de alimentos. La crisis alimentaria en curso, hija directa del estallido de la burbuja especulativa inmobiliaria, corta en seco cualquier análisis que pretenda eludir la responsabilidad del modelo en la generación de pobreza. Sobre todo, cuando se sabe que la región produce alimentos suficientes para atender a una población tres veces superior a la que contiene.

Combatir la desigualdad

América Latina es la región con más desigualdad del mundo. Pese a que buena parte de los países de Sudamérica cuenta desde hace varios años con gobiernos progresistas y de izquierda, la desigualdad sigue creciendo, por lo menos en el Cono Sur.

Un reciente estudio del Intituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) de Brasil, revela que el 10% de la población concentra el 75,4% de la riqueza. Las políticas sociales del gobierno Lula, que se aplican desde 2003 para aliviar la pobreza, han mejorado levemente la desigualdad, pero tan poco que apenas se nota. Lo grave es que se trata de los mismos niveles de desigualdad que existían en el siglo XVIII. Marcio Pochman, miembro del PT y director del IPEA, afirmó que los datos demuestran “cómo a despecho de los cambios en el régimen político y en el padrón de desarrollo del país, la riqueza continúa pésimamente distribuida entre los brasileños”[2].

Según Pochman, en el siglo XVIII en Rio de Janeiro el 10% más rico detentaba el 68% de la riqueza, mientras hoy concentra el 63%. Sao Paulo marcha delante de otras ciudades con el 73,4% de concentración de riqueza por el 10% más rico. En opinión del director del IPEA, “ningún país del mundo consiguió acabar con las desigualdades sociales sin una reforma tributaria de verdad”. Explica que los impuestos indirectos como el IVA (valor agregado), predominantes en la región, castigan a los más pobres: el 10% más pobre en Brasil paga un 44,5% más que el 10% más rico, ya que la carga tributaria representa un 33% de la renta de los más pobres y sólo un 22% de la renta de los más ricos.

Gobernabilidad conservadora

Un estudio del economista Claudio Lozano, de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), difundido en febrero de 2008, revela que en los últimos cuatro años “de cada 100 nuevos pesos que se generaron, el 30% más rico se apropió de 62”. Por eso, estima, luego de cinco años de crecimiento económico (con un un PIB un 36% mayor que el de 2001), sigue habiendo un 30% de pobres.

Se trata de un modelo concentrador, al que denomina “gobernabilidad conservadora”, que está comenzando a bloquear la continuidad de la expansión y que impide aprovechar las buenas oportunidades como las que existieron en los últimos cinco años. Peor aún, porque el ciclo de crecimiento parece estar llegando a su fin, en medio de una espiral inflacionista especulativa. “La inflación actúa como mecanismo corrector y preservador de las ganancias extraordinarias del empresariado más concentrado”, asegura Lozano. A la vez, en el caso argentino es potenciada porque “los ricos consumen mucho e invierten poco y mal”[3].

El caso uruguayo, por completar un breve panorama de tres gobiernos surgidos como consecuencia de la oleada anti neoliberal, no es muy diferente. El de Tabaré Vázquez es el único gobierno que implementó una reforma tributaria importante, progresiva, que grava más a los que tienen mayores ingresos. Pero no grava al capital. Así, los datos avalan el crecimiento de la desigualdad aún en los tres años de gobierno progresista.

El índice Gini, con el que se mide la desigualdad, se viene deteriorando en Uruguay en los últimos 20 años, o sea desde la implantación del modelo neoliberal. Y lo hace de modo consistente, en períodos de crisis y de crecimiento, bajo gobiernos de derecha y de izquierda. En 1991 era 41,1 para pasar a 45 en 2002, en el pico de la crisis económico-financiera. En 2005, cuando asumió Tabaré Vázquez, bajó a 44,1 para situarse en 2007 en 45,7[4]. Incluso bajo el gobierno de izquierda, y en un país que presenta el menor índice de desigualdad del continente, el 20% más rico sigue concentrando cada vez más ingresos. En 2001 captaba el 46,4%, en 2002 llegó al 50,3% y en 2007, luego de la reforma tributaria, llegó al 51,1%.

Parece evidente, como señala el citado informe de las economistas Verónica Amarante y Andrea Vogorito, que “no se puede esperar que las políticas de transferencias de ingresos solucionen por, sí solas”, los problemas de pobreza e indigencia. Se refieren a los planes sociales vigentes en Uruguay, pero también en Brasil y Argentina, que aliviaron la pobreza hasta que la especulación con los alimentos comenzó a revertir los pequeños avances del último lustro.


Parece fuera de duda que lo que está en cuestión es la continuidad del modelo neoliberal en su fase de apropiación de los bienes comunes (minería, forestación, soja, caña para agrocombustibles). Hasta ahora, la exclusión y la pobreza que genera se venían suavizando con planes sociales, que en el caso de Brasil abarcan al 25% de la población. Pero la voracidad del capital impone un cambio de rumbo. Las reformas en los impuestos y los planes sociales seguirán siendo instrumentos necesarios. Pero la pobreza y la desigualdad, sólo bajarán de forma significativa cuando el actual modelo de acumulación por robo y especulación, sea archivado y se implemente otro asentado en el crecimiento endógeno.

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6/23/2008

ECONOMIA DE SHOCK PARA LAS MAYORIAS EN PELELANDIA

Una farsa, el apoyo a la economía popular

Marcos Chávez M.

El plan de Apoyo a la Economía Familiar calderonista: la mentira, la inutilidad, la vulnerabilidad y dependencia alimentaria, la condena a muerte de los productores agropecuarios tradicionales.
Dicho programa, dado a conocer por Felipe Calderón Hinojosa el pasado 25 de mayo, no constituye más que un golpe mediático para el consumo popular, de escasa trascendencia. Es inútil para contener el alza de los precios de los bienes básicos y aislar los efectos perniciosos de la inflación importada. Es ineficaz para evitar que el encarecimiento deteriore aún más los niveles de vida de las mayorías y eliminar el riesgo de hambruna en México, el descontento y el eventual estallido social. Es una propuesta que sólo busca manipular políticamente las necesidades de la población más empobrecida. Varias de las supuestas medidas “novedosas” que contiene para tratar de contrarrestar una crisis alimentaria no son más que una falacia: actualmente se encuentran en operación. Los subsidios que se darán a los pobres y los productores son irrisorios. En nada contribuirán a modificar la precaria situación de los damnificados del neoliberalismo, despejar el fantasma de la hambruna y abrir un horizonte más benigno a la actividad agropecuaria, arruinada por las contrarreformas estructurales y las políticas económicas neoliberales: el desplome de gasto público sectorial, la apertura comercial indiscriminada y las importaciones masivas de esa clase de productos, su marginación del crédito de la banca comercial y la quiebra o la sobrevaluación cambiaria, entre otras medidas.

El aumento de los precios de los bienes básicos y la dependencia externa de esos bienes es responsabilidad de las políticas neoliberales priistas-panistas, que abandonaron el objetivo estratégico de la autosuficiencia y soberanía alimentaria. El programa de Calderón y sus chicago boys no busca recuperar la independencia alimentaria. Al contrario, aplica el consejo de Milton Friedeman. Aprovechar el temor de la sociedad ante el incremento desmedido de los precios de los alimentos para imponernos una nueva, súbita y rápida “terapia de shock económico: terminar por desmantelar la estructura arancelaria agropecuaria; ampliar la entrada masiva de bienes básicos importados, que terminarán por destruir a los productores rurales tradicionales; y agudizar la dependencia a Estados Unidos y las voraces y especuladoras empresas trasnacionales que, adicionalmente, fueron premiadas con los subsidios oficiales a la distribución del maíz.

Los “ejes” del programa calderonista pueden calificarse como inservibles para sus fines perseguidos: enfrentar el alza de los precios y asegurar el abastecimiento alimentario, en un escenario donde empiezan a ser perceptibles las primeras manifestaciones de una emergencia alimentaria interna y externa que, más adelante, podría activar una crisis y una revuelta social como ha ocurrido en una veintena de países.

Calderón dijo que pretende “proteger la economía de las familias mexicanas, en especial las más pobres, frente al alza internacional en el precio de los alimentos”. Pero sus palabras son hueras, usadas para tratar de tranquilizar al coro. Nada garantiza que lo logrará, porque los calderonistas carecen de los instrumentos e instituciones adecuados para alcanzarlo. Ni tiene el interés real por hacerlo, por razones ideológicas y políticas. Los operadores económicos de Calderón, Agustín Carstens y Guillermo Ortiz, son chicago boys, alérgicos a la intervención pública, ya que, según ellos, desestimulan al empresariado y distorsionan los precios y la economía. Para los fundamentalistas el dios-mercado y su “mano invisible”, el mecanismo de los precios, tienen que actuar sin interferencias para resolver todo. Tiene que ser “libre” como el viento, mientras no lo privaticen. El mercado, es decir, los productores y los distribuidores, es el que fijará el nivel de los precios, no la mano sucia del gobierno. Nos guste o no, según los neoliberales, lo más que puede hacerse es ampliar la oferta, con mayores importaciones inmediatas, porque la mayor producción interna no se eleva automáticamente, pese a los marginales apoyos que aplicarán y el otorgamiento de subsidios a los más afectados para tratar de sostener su consumo actual. Lo único que no puede ser libre son los salarios, porque sus aumentos, que permitirían recuperar su poder de compra perdido, constituyen un crimen contra los costos de las empresas, la “competitividad”, la rentabilidad y la acumulación privada de capital. Además, su alza también le quitaría el sueño a Ortiz, porque para él mejores salarios reales impedirían bajar la inflación. Para Ortiz el ideal es un nivel de precios de “primer mundo”, no importa que existan 70 millones de pobres y miserables. Eso es problema de ellos no de Ortiz.

Asimismo, Calderón tiene que cumplir con un compromiso: velar por los intereses empresariales, que financiaron ilegalmente su campaña electoral y lo respaldaron en su robo de la corona. Un buen presidente y un buen católico es aquel que honra su palabra. Y Calderón es “bien cumplidor”, como diría la plebe. Ello explica su obsesiva campaña por reprivatizar anticonstitucionalmente la industria petrolera, pese a la oposición de las mayorías.

Nuestros fundamentalistas saben que la presión inflacionaria no se debe al consumo, dado el prematuro deterioro de los salarios reales, la reducción del crédito al consumo financiado con tarjetas bancarias, que cayó 9.1 por ciento, 12.4 por ciento en marzo y abril, según el banco central, el alto subempleo y desempleo abierto y el declinante crecimiento. La demanda cae pero los precios suben, lo que redundará en un menor poder de compra de la población, pues no habrá alza salarial de emergencia. A Calderón y sus chicago boys eso no les interesa. Sólo les preocupa que no se pueda alcanzar su meta anual de precios (3 a 3.5 por ciento), cuyo diferencial con el de Estados Unidos afectará la paridad y la competitividad económica. A los empresarios no les inquieta la inflación, pues van a ganar especulando con los precios, y el aumento de los costos de producción y distribución será trasladado a los consumidores elevándoles las cotizaciones, como se les pegue la gana y sin que nadie los moleste. Sólo se inquietarán cuando la baja del consumo afecte sus ventas y no puedan compensar sus ganancias con los precios. Los principales perdedores serán las mayorías. A ellas sólo les quedará encogerse de hombros, reducir su gasto a lo que puedan comprar, sustituir su consumo por bienes de menor calidad, padecer hambre o morirse si lo desean. Pueden hacer lo que les guste, sin transgredir la ley. Virtudes de nuestra “democracia” de “mercado libre”.

Los neoliberales calderonistas saben que el alza de precios no se reduce a los bienes básicos. Es un problema generalizado, como lo revela la estructura de precios, de los cuales destacan los de las importaciones (tasa anualizada de 7.9 por ciento a marzo) y al productor (8 por ciento a abril), que casi duplican los del consumidor (4.5 por ciento) y la canasta básica (5.2 por ciento, ver gráficas). A ello hay que sumar el efecto inflacionario del impuesto empresarial a tasa única, IETU, o los aumentos mensuales de las gasolinas, el gasoil, el gas, el agua que preludian mayores precios. La sobrevaluación cambiaria (22 por ciento, en promedio, en 2008) y la pasada desgravación arancelaria ya perdieron su eficacia para ayudar a bajar la inflación. Las expectativas se descomponen y los analistas la proyectan en su peor nivel en 28 meses: 4.39 por ciento. Seguro que Ortiz sufre pesadillas.

Los chicago boys saben que la eliminación de los impuestos a la importación de trigo, arroz, maíz blanco y amarillo, el recorte de los mismos a la mitad de su nivel actual en el caso de la leche en polvo, la fijación de cuotas a la importación de frijol exentas del pago de arancel, la exención del pago de arancel del sorgo y la pasta de soya y la eliminación del arancel a la importación de fertilizantes nitrogenados y de todos los insumos químicos, no servirá en nada para “facilitar el abasto” y “mejorar los precios al consumidor”.

Sólo fue una broma, un engaño de Calderón, porque:

1) La compra externa de alimentos ya está liberalizada casi por completo dentro del Tratado de Libre Comercio (ciento por ciento del trigo, maíz blanco, arroz y sorgo; 90 por ciento del maíz amarillo; 54 por ciento de leche en polvo, etcétera);

2) la mayor compra foránea topará con mayores precios;

3) los precios mundiales se han elevado incesantemente y lo seguirán haciendo, al menos los próximos 10 años, según la FAO y la OCDE (esos organismos pronostican que el precio del maíz, nuestro alimento básico, subirá 60 por ciento entre 2008 y 2017, respecto de su promedio de 1998-2007; las carnes de res y cerdo, 20 por ciento; el trigo y la leche en polvo entre 40 y 60 por ciento, y los aceites vegetales más de 80 por ciento);

4) la oferta interna, en el remoto caso que mejore no será inmediata;

5) la Conasupo fue eficaz para regular los precios, pero ya no existe.

Los precios no bajarán con los subsidios y la liberalización. La carestía ha sentado sus reales. El gobierno no se comprometió a controlar los precios en general. Sólo el de los señalados, que, de todos modos, no lo logrará. Lo que sí juró fue “defender los intereses de los consumidores” y no “tolerar a especuladores ni acaparadores, castigar a quienes pretendan lucrar con la necesidad y el hambre de los mexicanos”. ¿Quiénes son los terribles cancerberos que cumplirán lo anterior?

El titular de la Secretaría de Economía, Eduardo Sojo, ese pobre hombre que da pena ajena por su incompetencia y que no ha quedado desempleado porque es amigo de Calderón; la Procuraduría Federal del Consumidor y su Programa de Verificación y Vigilancia de Productos Básicos, cuyos dientes son tan feroces como los de un lactante, por lo limitado de sus atribuciones legales, y que es el hazmerreír de los empresarios que actúan impunemente en contra de los consumidores; el banco central donde medra el flemático Ortiz, corresponsable del encarecimiento, al mantener sobrevaluado el peso que ha abaratado las exportaciones y el ingreso masivo de las importaciones con tal de bajar la inflación, a costa de arruinar a los productores locales y premiar la usura financiera sobre la inversión productiva y el consumo con los altos réditos reales –el Banco de México tratará de reducir la inflación con su receta conocida e inútil: subiendo más los réditos, lo que desplomará aún más el consumo, la inversión productiva y el crecimiento–; las comercializadoras como Cargill, Archer Daniels Midland, Minsa, Maseca, Distribuidora Fortimex, Suministros de Maíz del Mayab (Sumasa), Columbia Intergranos de México y Consultoría de Mercados, entre otros oligopolios, que manipulan y especulan a su gusto con los precios, en México y otros países.

A estas últimas Calderón, por medio de otro inepto jefe de despacho, Alberto Cárdenas Jiménez, de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, les dará nuevos beneficios (subsidios): 100 pesos mensuales más por anticipado por la tonelada de maíz, desde agosto, sobre un precio de 3 mil 450 pesos, que estará vigente en junio y julio; 190 pesos por flete; 185 por almacenaje y pignoración por cada tonelada de grano, y 150 pesos más como prima de compras. En total, 625 pesos por tonelada en “apoyos federales”, que se trasladarán al comprador final en el precio del producto, que pasará de 2 mil 975 a 3 mil 450 pesos a partir de junio y que cerrará en 3 mil 950 en noviembre. Ello dizque para “contener” el alza del precio de la tortilla (8.50 pesos por kilo) que subirá un peso el próximo mes. O aún más.
¿Qué pasará con los productores que venden el grano por contrato a los oligopolios entre 2 mil 700 y 2 mil 800 pesos? Su futuro es oscuro. Lo que sí es claro es que con el subsidio de 625 pesos y el aumento mensual del grano, empresas como Cargill tendrán una modesta ganancia adicional por 1 mil 221.5 millones de pesos en seis meses, porque anticipadamente compró 900 mil toneladas con la agricultura de contrato, a menos precio. (La Jornada, 2 junio de 2008) ¿La diosa fortuna premió a Cargill, con la mano de Calderón? ¿Es un galardón a su prevención o a su virtud especuladora? Dios hizo el milagro de multiplicar el pan y repartirlo entre los menesterosos y Calderón emuló el prodigio, pero lo repartió entre los oligopolios que tendrán otro desayuno gratis.

Felipe Calderón no se comprometió a controlar toda la canasta básica. Si los precios que no están considerados en su programa suben –el pescado, la carne de res y el pollo, el agua, la electricidad, el transporte– es problema de los miserables, los pobres y la “clase media”. Será el castigo a su consumismo. Sin duda, nunca leyeron sobre la austeridad protestante de la que hablaba Max Weber. Afortunadamente hay clases sociales: los empresarios, Calderón, sus amigos de despacho (secretarios de Estado), legisladores, la Suprema Corte viven como una casta divina. En el caso de los bienes que supuestamente serán contenidos, Calderón no empeñó su palabra porque sus precios regresaran a su nivel anterior. Eso ya es cosa juzgada. Borrón y cuenta nueva. Si continúan elevándose, se deberá a un misterio ante el cual no podrá hacerse nada. Como el de la inmaculada concepción o la santísima trinidad.

A las víctimas de la inflación no les quedará más que encogerse de hombros. Reventar personal o socialmente.

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6/20/2008

CRISIS ALIMENTARIA MEXICANA: PETROLEO POR ALIMENTOS

Intercambiamos petróleo por alimentos
Por: Patricio Cortés (FORUM)

México importa 14 mil millones de dólares anuales

Lo que gana el país por el incremento del precio del petróleo lo pierde vía alimentaria * Incremento importante de los niveles de desnutrición * Para no variar: “México no se preparó para cubrir esos déficit de manera adecuada”

Aunque hay opiniones encontradas sobre las causas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha reconocido una crisis alimentaría mundial. Paralelamente, México vive una crisis de precios de los alimentos que se han disparado de manera alarmante lo cual se debe en gran medida a que tras renunciar a su soberanía alimentaría, nuestro país ha quedado a merced de los precios internacionales.

De acuerdo con el investigador Felipe Torres Torres la crisis global obedece en gran medida a la guerra de los subsidios, donde Estados Unidos presiona para que las otras potencias agrícolas los eliminen. Esto, sumado a otros aspectos, ha desatado un encarecimiento mundial de los alimentos, resultado principalmente de la lucha por el control de la importación de alimentos.

Diagnóstica: “Se supone que México está en una situación de riesgo moderado no porque haya suficientes alimentos, sino porque hay capacidad de compra. Hay un repunte de los precios porque corresponde a un ciclo de alza de precios de los principales granos en primer lugar, y en segundo lugar porque ha habido desvío de granos también para la producción de etanol, sobre todo de biocombustibles; no necesariamente por el incremento del precio del petróleo, sino porque desde hace mucho tiempo algunos de los países importantes en consumo de petróleo han estado buscando alternativas energéticas”.

Explica: “Es una lucha entre las principales potencias agrícolas, pues eliminando los subsidios a las exportaciones, Estados Unidos tiene mucho más ventaja que los países europeos, de alguna manera eso ha estado impactando también en los precios de los alimentos porque se tiene que importar de manera más cara. Esa decisión de reducir los subsidios tiene que ver con la misma recesión de Estados Unidos donde está tratando de tener un mayor control de la economía interna y eso influye”.

Acota: “Ellos están buscando eliminar los suyos también, pero siempre hay una manera de hacer trucos o trampas para canalizarlos de otra manera. Ahí inventaron la Caja Verde para poner impuestos a la importación de alimentos sin que parezcan impuestos”.

A eso suma el cambio climático, aunque reconoce que todavía no es “letal”, y el avance de poder adquisitivo de los habitantes de la República Popular China que cada vez consumen más carne y eso hace que suban insumos como el sorgo y la soya, nos comenta Felipe Torres, especialista del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El problema no tiene que ver con malas cosechas: “En algunos casos hay hasta sobreproducción, el problema es de acceso, ni siquiera de distribución porque eso ya está superado, más bien es el acceso por la vía de la distribución del ingreso”.

Dice a Forum que la situación mundial se suma a otros aspectos de la política económica interna como han sido el incremento de los precios de la gasolina que tiene impacto en el control de la producción de alimentos, lo cual ha provocado que también se incremente el costo interno del pan y de la tortilla.

Aunque la ONU no sitúa a México entre los 40 países más afectados, Felipe Torres Torres explica: “Nosotros estamos en una situación supuestamente de riesgo moderado frente a esta crisis, pero en la práctica tenemos el mismo problema que el resto de los países debido a que importamos alimentos. Se supone que estamos importando casi la tercera parte de los requerimientos de consumo de maíz, de más del 50 por ciento de las importaciones de trigo, de casi 70 por ciento de las importaciones de arroz, casi 100 por ciento de las importaciones de sorgo y de soya, y eso es de alguna manera estratégico para la alimentación de las aves y el ganado. Entonces origina casi el mismo efecto en los granos”.

Abunda: “Estamos importando un promedio de 14 mil millones de dólares anuales en alimentos, lo que estamos ganando por el incremento del precio del petróleo lo estamos perdiendo por la vía de la compra de alimentos. Eso impide que los recursos petroleros se puedan destinar para el crecimiento económico, ahora sí estamos intercambiando petróleo por alimentos”, advierte

México tiene con que comprar alimentos gracias al petróleo, pero ¿los mexicanos también?

- Eso es otra cosa. Actualmente se requiere para una canasta básica mínima recomendable 6 mil 500 pesos para cubrir su costo. El problema es que cerca del 40 por ciento de la población económicamente activa gana entre uno y dos salarios mínimos, según el INEGI. Entonces es muy complicado que una familia alcance a cubrir el costo de una canasta básica. Ya lo que tenemos es un problema de subconsumo, la gente medio come y por eso hay un incremento importante de los niveles de desnutrición en el país.

Informa Torres que independientemente de la guerra de los subsidios, estas crisis de precios altos son recurrentes y duran aproximadamente 12 años: “México no se preparó para cubrir esos déficit de manera adecuada”.

Según el integrante del IIE de la máxima casa de estudios, la apertura de las fronteras no ayudará mucho: “Abrir las fronteras no tiene mayor implicación más que tener disponible la oferta, pero la tienes que pagar. En México se le apostó a esa vía de dejar de producir y comprar fuera cuando estuvieron baratos los alimentos”, en los años 80 y 90 del siglo pasado.

Refuta que la solución sea volver al latifundio: “No es un problema de tamaño de la tierra. Holanda tiene propiedades hasta de media hectárea. Es un problema de competitividad, apoyos y mejoramiento tecnológico”.

Propone: “Hay que cambiar las reglas de la política, fomentar el empleo agrícola, invertir en el campo, recuperar la capacitación técnica para los cultivos agrícolas, mejorar los precios internos, reactivar el mercado interno, recuperar los créditos agroindustriales”.

Felipe Torres Torres concluye que “hay que trabajar más, hay que implementar, darle prioridad al campo con respecto a otros sectores de la economía. Aquí se ha abandonado. Potencialidad hay, se puede hasta triplicar la producción de maíz, pero se ha privilegiado otras áreas de la producción agrícola como a los cultivos de exportación, comerciales, y se ha abandonado la producción de básicos. Hay toda una serie de medidas erráticas que no compensan la magnitud del problema”.

En el mismo sentido el investigador de la Facultad de Economía de la UNAM, Carlos Cabrera Adame, dijo en conferencia que en 1990 se sembraban 14.3 millones de hectáreas en el territorio nacional y el año pasado apenas se utilizó el 13 por ciento de esa extensión. En 1995, México importaba nueve millones de toneladas de alimentos, el año pasado se compraron 19 millones. En pesos, las compras crecieron de 2 mil 755 millones de dólares entre 1980 y 1982, a 14 mil 309 millones de 2004 a 2006.

“Hoy día las reservas mundiales de los principales granos se encuentran en los niveles más bajos desde los 80, lo que explicó que la propia Organización de las Naciones Unidas convocara, a través de sus agencias, a foros para analizar la situación y buscar mecanismos que ayuden a mitigarla”, comenta.

Igualmente, critica que el crédito privado al sector se redujo de 40 mil 170 millones de pesos en 1995 a 20 mil 142 millones en 2006. En materia de crédito público en 1995 se otorgó financiamiento por 15 mil 338 millones de pesos, en 2006 fue de 830 millones; apenas el 5.4 por ciento de los que se concedían 11 años atrás.

Advierte: “Todos los estudios y las consultorías internacionales señalan que los precios de los productos agrícolas continuarán subiendo. Además, hay un compromiso de Estados Unidos para que en 10 años produzca con biocombustibles el 30 por ciento de la gasolina que consume. Ello provocará un aumento en la demanda de maíz y escasez de alimentos en los próximos años. De hecho ya hay fuertes problemas en Asia y Africa”.

El Banco de México calcula una inflación de 5.5 por ciento en lo que va del sexenio; sin embargo, cualquiera que vaya al supermercado o la tienda de la esquina difícilmente encontrará un producto básico que haya subido ese 5.5 por ciento o menos.

Lo cierto es que muchos pegan el grito en el cielo porque importamos el 30 por ciento de las gasolinas, lo cual es preocupante, pero más allá de todo la necesidad primaria está constituida por el agua y los alimentos. Y muy pocos pugnan por políticas de largo aliento para una más que estratégica soberanía alimentaria.

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