Las maquiladoras, un síntoma del desarrollo dependiente de México
Por: Tom Barry
No hay error alguno en buscar la aceleración del desarrollo nacional incrementando la integración a la economía global. Más que la mayoría de los países en desarrollo, México tuvo tiempo más que suficiente para desarrollar una estrategia con la que se pudieran aprovechar las oportunidades de la globalización.
A más de 40 años de que el sector de las maquiladoras nació en México con el programa de Plantas Gemelas Juárez-El Paso en 1965, la de la maquilas sigue siendo en su mayor parte una industria de enclave carente de lazos productivos con la economía nacional. En lugar de dar forma al sector de la maquila con una política de desarrollo con visión de progreso que acrecentara los insumos de la industria y empleara las plantas ensambladoras de fuera como base para un sector industrial menos dependiente, México se ha contentado con el empleo a bajos salarios que la maquila proporciona.
Las crisis del consumo en Estados Unidos reverberan directamente a través de todo el sector maquilador mexicano, el cual inició el año 2008 empleando a 2.4 millones de trabajadores. César Castro, presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora, predice ahora un crecimiento cero en las exportaciones de maquiladoras para 2008.
El pasado enero, Castro predecía que la tasa de crecimiento del 5-6% en 2007 se sostendría en 2008, pese a una economía estadounidense en estancamiento. Dados los despidos colectivos que se extienden por todo el país, es probable que a finales del año el crecimiento del sector maquilador se mida en números negativos.
De vuelta a casa
A medida que la economía estadounidense se estanca y la industria automotriz baja en picada, el sector de la maquila sufre los efectos. En Ciudad Juárez, 18,443 obreros ya perdieron sus empleos este año al haber cerrado o haberse mudado las plantas maquiladoras.
Otras decenas de miles de obreros de la maquila en esta ciudad fronteriza frente a El Paso han aceptado jornadas semanales más cortas, con salarios reducidos (llamadas 'paros técnicos') para poder conservar sus trabajos. Entre las maquilas que han recurrido a convenios de trabajo de medio tiempo se encuentran Automotive Lighting, Lear, Raychem Packaging, Philips y Autoelectrónica de Juárez.
Mientras que se incrementan las exportaciones de maquilas a la Unión Europea-hasta 15 a 20% el año pasado, debido al atractivo tipo de cambio entre peso y euro-el mercado recesivo en Estados Unidos está infligiendo graves pérdidas en todo el territorio mexicano.
Hasta ahora las más duramente golpeadas-causando del 65% al 70% de los despidos-son las plantas ensambladoras de piezas automotrices, sobre todo las que exportan piezas para las marcas que devoran gasolina como las producidas por Ford y General Motors. Se espera que los sectores productores de partes para la industria farmacéutica, electrónica y de aviación puedan capear el temporal recesivo estadounidense, pero para casi todos los demás sectores, como el de suministros para la construcción, el proceso será doloroso.
En el pasado, los obreros de las maquiladoras abandonaban a menudo sus trabajos para emigrar a Estados Unidos. Ahora las campañas antiinmigrantes y los tiempos duros en EEUU-especialmente en industrias gravemente afectadas como la construcción, que da empleo a inmigrantes-han disuadido a los mexicanos de hacer el viaje al norte. Alan Tello, director del Centro de Información Económica y Social (CIES) en Chihuahua, calcula que el 80% de los obreros de la maquila despedidos en esa ciudad están regresando a sus comunidades de origen.
Jesús José Díaz Monarrez, secretario general de la Federación de Trabajadores del Norte, afiliada a la CTM, reconoció que en estos días, los obreros de la maquila despedidos tienen sólo, esencialmente, tres opciones: 'ingresar a la economía subterránea o informal; volver a sus lugares de origen, o agravar el problema de seguridad pública.'
En lugar de admitir que es hora de dejar atrás su estrategia de desarrollo dependiente, el gobierno mexicano viene trabajando con el sector de las maquiladoras para extenderla hacia el interior de la república, vendiendo áreas rurales sumidas en la pobreza como una 'mini China'. Después de la última recesión estadounidense en 2001-2002, cuando el empleo en las maquiladoras cayó 21% al reubicarse muchas de las plantas en China, México incrementó su promoción del México rural como una opción atractiva para negocios que buscaban pagar salarios por debajo de las tarifas vigentes en las ciudades fronterizas.
Algunos dueños de maquiladoras están de acuerdo: 'No se tiene ni que llegar al sur de México para encontrarse en la 'pequeña China',' comenta Doug Donahue, socio de una empresa inversora en maquiladoras con sede en San Antonio propietaria de una planta maquiladora en Durango; 'Durango, San Luis Potosí y Zacatecas están todas a ocho horas de la frontera y todas ofrecen salarios muy competitivos que no le piden nada a China.'
México también ha otorgado facilidades y exenciones fiscales extraordinarias al sector de las maquilas. El gobierno está exentando temporalmente a la mayor parte de la industria (hasta 2012) del pago del recientemente implantado Impuesto Empresarial de Tasa Unica (IETU) mediante el llamado ' decreto maquilador'; aún así, los industriales de las maquilas advierten que las plantas abandonarán en masa el país si no se les exenta de este impuesto en forma permanente.
Asimismo, el gobierno del Partido Acción Nacional (PAN) bajo el presidente Vicente Fox, accedió a la liberalización de las 'reglas de origen' del TLCAN, permitiéndose así que un porcentaje aún mayor de insumos para las maquiladoras llegaran de fuera de América del Norte; es decir, ahora las maquiladoras pueden importar más insumos productivos de países ajenos al TLCAN, con lo que se reducen todavía más los vínculos con las economías internas de la región.
El sector de la maquila da cuenta del 84% de las manufacturas para exportación y del 49% de las importaciones del país (en forma de insumos para el producto ensamblado que se exporta). Cuando las maquiladoras sufren un duro golpe, toda la economía se estremece.
Ya desde ahora, antes de que lo peor haya sucedido, los pronósticos de crecimiento económico de México se calculan hacia abajo: han caído de 3.3% en 2007 a 1.9% en 2008.
La economía de México se tambalea ante la reversión del crecimiento, la caída en las remesas, la amenazadora crisis de tarjetas de crédito, una crisis energética cada vez más profunda, un sector maquilador extremadamente vulnerable y la violencia del narco en expansión continua.
Puede culparse a la economía estadounidense
Ciertamente puede culparse con toda razón a la economía estadounidense por la reciente caída de las remesas de inmigrantes y el mayor desempleo en las maquiladoras; e igualmente al mercado de drogas ilícitas, el lavado de dinero y el suministro ininterrumpido de armas que alimenta a las guerras del narco, todo ello problema existente en los Estados Unidos.
Pero el modelo de desarrollo mexicano-o la falta de él-debe volverse el núcleo para la reflexión acerca de los padecimientos económicos del país. México ha contado con más de cuatro décadas para construir un sector de exportaciones que fomente la industria endógena, sin embargo la industria en México se ha vuelto cada vez más una extensión de las empresas extranjeras, principalmente estadounidenses, y funciona como un enclave aislado casi carente de relaciones con otros sectores productivos.
La industria de la maquila, diseñada en un principio para dar empleo a la población migrante que se acumulaba en la frontera norte (gran parte de la cual había regresado de Estados Unidos al finalizar el programa Bracero de trabajadores huéspedes), fue en sus primeros años una aberración derivada de la economía de substitución de importaciones, de dirección estatal, de México. Pero a lo largo de los últimos 20 años las maquilas han pasado a ser el síntoma tangible de la política económica mexicana dependiente, una política implacablemente protectora de las empresas.
En todo el territorio mexicano, pero especialmente a lo largo de su frontera norte, los funcionarios gubernamentales y asociaciones empresariales se esmeran en restar importancia a los despidos de las maquiladoras. Pero tal como advierte al mismo gobierno el editorial del día 23 de junio del periódico de Ciudad Juárez El Diario: 'Si no se dota a una comunidad de empleos, y por el contrario se empieza a perder plazas laborales, cualquier crisis-como la de violencia [del narco] que enfrenta el estado-se puede agravar, pues las regiones se vuelven más sensibles cuando además de otros problemas sociales surge el desempleo.'
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6/24/2008
MAREA NEGRA VS ORO NEGRO
Una marea negra humana recorre el centro de Madrid contra las petroleras
Medio centenar de personas vestidas de negro para simular una "marea de petróleo" se han manifestado el domingo 22 de junio por el centro de Madrid en protesta por lo que consideran el "expolio" que realizan las grandes compañías petroleras de los recursos naturales de los países.
La movilización, una acción sorpresa no violenta y que ha tenido un carácter festivo, ha sido convocada por la plataforma Encuentro Social Alternativo al Petróleo (ESAP) que agrupa a diferentes movimientos sociales y colectivos.
Se trata del primer acto de esta plataforma ante la proximidad del 19 Congreso Mundial del Petróleo que se celebrará en Madrid entre el 29 de junio y el 3 de julio, y que reunirá a los principales agentes del sector bajo el tema de la Sostenibilidad medioambiental.
Los manifestantes han recorrido la calle peatonal del Arenal, en el centro de Madrid, con pancartas en las que se leía: "Marea negra por petróleo", "No más sangre por petróleo" o "Las petroleras destruyen todo". Ante el asombro de los transeúntes, portaban pañuelos negros que iban aireando para simular una "marea humana" al tiempo que gritaban lemas en contra del Congreso petrolero de Madrid y coreaban frases como "Nuestro orgullo no está en venta".
El portavoz de ESAP, Ricardo García, acusó a empresas como Repsol, Exxon, Cepsa, Petrobás o BP, de obtener enormes beneficios "expoliando los recursos de los países" pobres y dijo que son responsables de desencadenar guerras, agresiones a pueblos y desastres naturales "con la complicidad de gobiernos y organismos internacionales".
Además, apuntó a EFE que la globalización está golpeando de manera "nefasta a los países más pobres" y que la gestión que hacen las empresas petroleras es "nefasta" ya que sólo la extracción del crudo en las regiones donde se produce tiene una "enorme impacto" medioambiental. Abogó por cambiar el modelo de consumo actual y dijo que el "petróleo se acabará" y habrá que apostar por otras energías.
García explicó que el próximo viernes 27 de junio el Encuentro Social Alternativo del Petróleo inicia un plan de actuaciones paralelo al 19 Congreso Mundial del Petróleo que incluye la celebración durante cuatro días de talleres, manifestaciones en bici o bloqueos de los principales hoteles donde se congregarán los comisarios del Congreso.
ENLACE A NOTA
Medio centenar de personas vestidas de negro para simular una "marea de petróleo" se han manifestado el domingo 22 de junio por el centro de Madrid en protesta por lo que consideran el "expolio" que realizan las grandes compañías petroleras de los recursos naturales de los países.
La movilización, una acción sorpresa no violenta y que ha tenido un carácter festivo, ha sido convocada por la plataforma Encuentro Social Alternativo al Petróleo (ESAP) que agrupa a diferentes movimientos sociales y colectivos.
Se trata del primer acto de esta plataforma ante la proximidad del 19 Congreso Mundial del Petróleo que se celebrará en Madrid entre el 29 de junio y el 3 de julio, y que reunirá a los principales agentes del sector bajo el tema de la Sostenibilidad medioambiental.
Los manifestantes han recorrido la calle peatonal del Arenal, en el centro de Madrid, con pancartas en las que se leía: "Marea negra por petróleo", "No más sangre por petróleo" o "Las petroleras destruyen todo". Ante el asombro de los transeúntes, portaban pañuelos negros que iban aireando para simular una "marea humana" al tiempo que gritaban lemas en contra del Congreso petrolero de Madrid y coreaban frases como "Nuestro orgullo no está en venta".
El portavoz de ESAP, Ricardo García, acusó a empresas como Repsol, Exxon, Cepsa, Petrobás o BP, de obtener enormes beneficios "expoliando los recursos de los países" pobres y dijo que son responsables de desencadenar guerras, agresiones a pueblos y desastres naturales "con la complicidad de gobiernos y organismos internacionales".
Además, apuntó a EFE que la globalización está golpeando de manera "nefasta a los países más pobres" y que la gestión que hacen las empresas petroleras es "nefasta" ya que sólo la extracción del crudo en las regiones donde se produce tiene una "enorme impacto" medioambiental. Abogó por cambiar el modelo de consumo actual y dijo que el "petróleo se acabará" y habrá que apostar por otras energías.
García explicó que el próximo viernes 27 de junio el Encuentro Social Alternativo del Petróleo inicia un plan de actuaciones paralelo al 19 Congreso Mundial del Petróleo que incluye la celebración durante cuatro días de talleres, manifestaciones en bici o bloqueos de los principales hoteles donde se congregarán los comisarios del Congreso.
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transnacionales petroleras
6/23/2008
ECONOMIA DE SHOCK PARA LAS MAYORIAS EN PELELANDIA
Una farsa, el apoyo a la economía popular
Marcos Chávez M.
El plan de Apoyo a la Economía Familiar calderonista: la mentira, la inutilidad, la vulnerabilidad y dependencia alimentaria, la condena a muerte de los productores agropecuarios tradicionales.
Dicho programa, dado a conocer por Felipe Calderón Hinojosa el pasado 25 de mayo, no constituye más que un golpe mediático para el consumo popular, de escasa trascendencia. Es inútil para contener el alza de los precios de los bienes básicos y aislar los efectos perniciosos de la inflación importada. Es ineficaz para evitar que el encarecimiento deteriore aún más los niveles de vida de las mayorías y eliminar el riesgo de hambruna en México, el descontento y el eventual estallido social. Es una propuesta que sólo busca manipular políticamente las necesidades de la población más empobrecida. Varias de las supuestas medidas “novedosas” que contiene para tratar de contrarrestar una crisis alimentaria no son más que una falacia: actualmente se encuentran en operación. Los subsidios que se darán a los pobres y los productores son irrisorios. En nada contribuirán a modificar la precaria situación de los damnificados del neoliberalismo, despejar el fantasma de la hambruna y abrir un horizonte más benigno a la actividad agropecuaria, arruinada por las contrarreformas estructurales y las políticas económicas neoliberales: el desplome de gasto público sectorial, la apertura comercial indiscriminada y las importaciones masivas de esa clase de productos, su marginación del crédito de la banca comercial y la quiebra o la sobrevaluación cambiaria, entre otras medidas.
El aumento de los precios de los bienes básicos y la dependencia externa de esos bienes es responsabilidad de las políticas neoliberales priistas-panistas, que abandonaron el objetivo estratégico de la autosuficiencia y soberanía alimentaria. El programa de Calderón y sus chicago boys no busca recuperar la independencia alimentaria. Al contrario, aplica el consejo de Milton Friedeman. Aprovechar el temor de la sociedad ante el incremento desmedido de los precios de los alimentos para imponernos una nueva, súbita y rápida “terapia de shock económico: terminar por desmantelar la estructura arancelaria agropecuaria; ampliar la entrada masiva de bienes básicos importados, que terminarán por destruir a los productores rurales tradicionales; y agudizar la dependencia a Estados Unidos y las voraces y especuladoras empresas trasnacionales que, adicionalmente, fueron premiadas con los subsidios oficiales a la distribución del maíz.
Los “ejes” del programa calderonista pueden calificarse como inservibles para sus fines perseguidos: enfrentar el alza de los precios y asegurar el abastecimiento alimentario, en un escenario donde empiezan a ser perceptibles las primeras manifestaciones de una emergencia alimentaria interna y externa que, más adelante, podría activar una crisis y una revuelta social como ha ocurrido en una veintena de países.
Calderón dijo que pretende “proteger la economía de las familias mexicanas, en especial las más pobres, frente al alza internacional en el precio de los alimentos”. Pero sus palabras son hueras, usadas para tratar de tranquilizar al coro. Nada garantiza que lo logrará, porque los calderonistas carecen de los instrumentos e instituciones adecuados para alcanzarlo. Ni tiene el interés real por hacerlo, por razones ideológicas y políticas. Los operadores económicos de Calderón, Agustín Carstens y Guillermo Ortiz, son chicago boys, alérgicos a la intervención pública, ya que, según ellos, desestimulan al empresariado y distorsionan los precios y la economía. Para los fundamentalistas el dios-mercado y su “mano invisible”, el mecanismo de los precios, tienen que actuar sin interferencias para resolver todo. Tiene que ser “libre” como el viento, mientras no lo privaticen. El mercado, es decir, los productores y los distribuidores, es el que fijará el nivel de los precios, no la mano sucia del gobierno. Nos guste o no, según los neoliberales, lo más que puede hacerse es ampliar la oferta, con mayores importaciones inmediatas, porque la mayor producción interna no se eleva automáticamente, pese a los marginales apoyos que aplicarán y el otorgamiento de subsidios a los más afectados para tratar de sostener su consumo actual. Lo único que no puede ser libre son los salarios, porque sus aumentos, que permitirían recuperar su poder de compra perdido, constituyen un crimen contra los costos de las empresas, la “competitividad”, la rentabilidad y la acumulación privada de capital. Además, su alza también le quitaría el sueño a Ortiz, porque para él mejores salarios reales impedirían bajar la inflación. Para Ortiz el ideal es un nivel de precios de “primer mundo”, no importa que existan 70 millones de pobres y miserables. Eso es problema de ellos no de Ortiz.
Asimismo, Calderón tiene que cumplir con un compromiso: velar por los intereses empresariales, que financiaron ilegalmente su campaña electoral y lo respaldaron en su robo de la corona. Un buen presidente y un buen católico es aquel que honra su palabra. Y Calderón es “bien cumplidor”, como diría la plebe. Ello explica su obsesiva campaña por reprivatizar anticonstitucionalmente la industria petrolera, pese a la oposición de las mayorías.
Nuestros fundamentalistas saben que la presión inflacionaria no se debe al consumo, dado el prematuro deterioro de los salarios reales, la reducción del crédito al consumo financiado con tarjetas bancarias, que cayó 9.1 por ciento, 12.4 por ciento en marzo y abril, según el banco central, el alto subempleo y desempleo abierto y el declinante crecimiento. La demanda cae pero los precios suben, lo que redundará en un menor poder de compra de la población, pues no habrá alza salarial de emergencia. A Calderón y sus chicago boys eso no les interesa. Sólo les preocupa que no se pueda alcanzar su meta anual de precios (3 a 3.5 por ciento), cuyo diferencial con el de Estados Unidos afectará la paridad y la competitividad económica. A los empresarios no les inquieta la inflación, pues van a ganar especulando con los precios, y el aumento de los costos de producción y distribución será trasladado a los consumidores elevándoles las cotizaciones, como se les pegue la gana y sin que nadie los moleste. Sólo se inquietarán cuando la baja del consumo afecte sus ventas y no puedan compensar sus ganancias con los precios. Los principales perdedores serán las mayorías. A ellas sólo les quedará encogerse de hombros, reducir su gasto a lo que puedan comprar, sustituir su consumo por bienes de menor calidad, padecer hambre o morirse si lo desean. Pueden hacer lo que les guste, sin transgredir la ley. Virtudes de nuestra “democracia” de “mercado libre”.
Los neoliberales calderonistas saben que el alza de precios no se reduce a los bienes básicos. Es un problema generalizado, como lo revela la estructura de precios, de los cuales destacan los de las importaciones (tasa anualizada de 7.9 por ciento a marzo) y al productor (8 por ciento a abril), que casi duplican los del consumidor (4.5 por ciento) y la canasta básica (5.2 por ciento, ver gráficas). A ello hay que sumar el efecto inflacionario del impuesto empresarial a tasa única, IETU, o los aumentos mensuales de las gasolinas, el gasoil, el gas, el agua que preludian mayores precios. La sobrevaluación cambiaria (22 por ciento, en promedio, en 2008) y la pasada desgravación arancelaria ya perdieron su eficacia para ayudar a bajar la inflación. Las expectativas se descomponen y los analistas la proyectan en su peor nivel en 28 meses: 4.39 por ciento. Seguro que Ortiz sufre pesadillas.
Los chicago boys saben que la eliminación de los impuestos a la importación de trigo, arroz, maíz blanco y amarillo, el recorte de los mismos a la mitad de su nivel actual en el caso de la leche en polvo, la fijación de cuotas a la importación de frijol exentas del pago de arancel, la exención del pago de arancel del sorgo y la pasta de soya y la eliminación del arancel a la importación de fertilizantes nitrogenados y de todos los insumos químicos, no servirá en nada para “facilitar el abasto” y “mejorar los precios al consumidor”.
Sólo fue una broma, un engaño de Calderón, porque:
1) La compra externa de alimentos ya está liberalizada casi por completo dentro del Tratado de Libre Comercio (ciento por ciento del trigo, maíz blanco, arroz y sorgo; 90 por ciento del maíz amarillo; 54 por ciento de leche en polvo, etcétera);
2) la mayor compra foránea topará con mayores precios;
3) los precios mundiales se han elevado incesantemente y lo seguirán haciendo, al menos los próximos 10 años, según la FAO y la OCDE (esos organismos pronostican que el precio del maíz, nuestro alimento básico, subirá 60 por ciento entre 2008 y 2017, respecto de su promedio de 1998-2007; las carnes de res y cerdo, 20 por ciento; el trigo y la leche en polvo entre 40 y 60 por ciento, y los aceites vegetales más de 80 por ciento);
4) la oferta interna, en el remoto caso que mejore no será inmediata;
5) la Conasupo fue eficaz para regular los precios, pero ya no existe.
Los precios no bajarán con los subsidios y la liberalización. La carestía ha sentado sus reales. El gobierno no se comprometió a controlar los precios en general. Sólo el de los señalados, que, de todos modos, no lo logrará. Lo que sí juró fue “defender los intereses de los consumidores” y no “tolerar a especuladores ni acaparadores, castigar a quienes pretendan lucrar con la necesidad y el hambre de los mexicanos”. ¿Quiénes son los terribles cancerberos que cumplirán lo anterior?
El titular de la Secretaría de Economía, Eduardo Sojo, ese pobre hombre que da pena ajena por su incompetencia y que no ha quedado desempleado porque es amigo de Calderón; la Procuraduría Federal del Consumidor y su Programa de Verificación y Vigilancia de Productos Básicos, cuyos dientes son tan feroces como los de un lactante, por lo limitado de sus atribuciones legales, y que es el hazmerreír de los empresarios que actúan impunemente en contra de los consumidores; el banco central donde medra el flemático Ortiz, corresponsable del encarecimiento, al mantener sobrevaluado el peso que ha abaratado las exportaciones y el ingreso masivo de las importaciones con tal de bajar la inflación, a costa de arruinar a los productores locales y premiar la usura financiera sobre la inversión productiva y el consumo con los altos réditos reales –el Banco de México tratará de reducir la inflación con su receta conocida e inútil: subiendo más los réditos, lo que desplomará aún más el consumo, la inversión productiva y el crecimiento–; las comercializadoras como Cargill, Archer Daniels Midland, Minsa, Maseca, Distribuidora Fortimex, Suministros de Maíz del Mayab (Sumasa), Columbia Intergranos de México y Consultoría de Mercados, entre otros oligopolios, que manipulan y especulan a su gusto con los precios, en México y otros países.
A estas últimas Calderón, por medio de otro inepto jefe de despacho, Alberto Cárdenas Jiménez, de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, les dará nuevos beneficios (subsidios): 100 pesos mensuales más por anticipado por la tonelada de maíz, desde agosto, sobre un precio de 3 mil 450 pesos, que estará vigente en junio y julio; 190 pesos por flete; 185 por almacenaje y pignoración por cada tonelada de grano, y 150 pesos más como prima de compras. En total, 625 pesos por tonelada en “apoyos federales”, que se trasladarán al comprador final en el precio del producto, que pasará de 2 mil 975 a 3 mil 450 pesos a partir de junio y que cerrará en 3 mil 950 en noviembre. Ello dizque para “contener” el alza del precio de la tortilla (8.50 pesos por kilo) que subirá un peso el próximo mes. O aún más.
¿Qué pasará con los productores que venden el grano por contrato a los oligopolios entre 2 mil 700 y 2 mil 800 pesos? Su futuro es oscuro. Lo que sí es claro es que con el subsidio de 625 pesos y el aumento mensual del grano, empresas como Cargill tendrán una modesta ganancia adicional por 1 mil 221.5 millones de pesos en seis meses, porque anticipadamente compró 900 mil toneladas con la agricultura de contrato, a menos precio. (La Jornada, 2 junio de 2008) ¿La diosa fortuna premió a Cargill, con la mano de Calderón? ¿Es un galardón a su prevención o a su virtud especuladora? Dios hizo el milagro de multiplicar el pan y repartirlo entre los menesterosos y Calderón emuló el prodigio, pero lo repartió entre los oligopolios que tendrán otro desayuno gratis.
Felipe Calderón no se comprometió a controlar toda la canasta básica. Si los precios que no están considerados en su programa suben –el pescado, la carne de res y el pollo, el agua, la electricidad, el transporte– es problema de los miserables, los pobres y la “clase media”. Será el castigo a su consumismo. Sin duda, nunca leyeron sobre la austeridad protestante de la que hablaba Max Weber. Afortunadamente hay clases sociales: los empresarios, Calderón, sus amigos de despacho (secretarios de Estado), legisladores, la Suprema Corte viven como una casta divina. En el caso de los bienes que supuestamente serán contenidos, Calderón no empeñó su palabra porque sus precios regresaran a su nivel anterior. Eso ya es cosa juzgada. Borrón y cuenta nueva. Si continúan elevándose, se deberá a un misterio ante el cual no podrá hacerse nada. Como el de la inmaculada concepción o la santísima trinidad.
A las víctimas de la inflación no les quedará más que encogerse de hombros. Reventar personal o socialmente.
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Marcos Chávez M.
El plan de Apoyo a la Economía Familiar calderonista: la mentira, la inutilidad, la vulnerabilidad y dependencia alimentaria, la condena a muerte de los productores agropecuarios tradicionales.
Dicho programa, dado a conocer por Felipe Calderón Hinojosa el pasado 25 de mayo, no constituye más que un golpe mediático para el consumo popular, de escasa trascendencia. Es inútil para contener el alza de los precios de los bienes básicos y aislar los efectos perniciosos de la inflación importada. Es ineficaz para evitar que el encarecimiento deteriore aún más los niveles de vida de las mayorías y eliminar el riesgo de hambruna en México, el descontento y el eventual estallido social. Es una propuesta que sólo busca manipular políticamente las necesidades de la población más empobrecida. Varias de las supuestas medidas “novedosas” que contiene para tratar de contrarrestar una crisis alimentaria no son más que una falacia: actualmente se encuentran en operación. Los subsidios que se darán a los pobres y los productores son irrisorios. En nada contribuirán a modificar la precaria situación de los damnificados del neoliberalismo, despejar el fantasma de la hambruna y abrir un horizonte más benigno a la actividad agropecuaria, arruinada por las contrarreformas estructurales y las políticas económicas neoliberales: el desplome de gasto público sectorial, la apertura comercial indiscriminada y las importaciones masivas de esa clase de productos, su marginación del crédito de la banca comercial y la quiebra o la sobrevaluación cambiaria, entre otras medidas.
El aumento de los precios de los bienes básicos y la dependencia externa de esos bienes es responsabilidad de las políticas neoliberales priistas-panistas, que abandonaron el objetivo estratégico de la autosuficiencia y soberanía alimentaria. El programa de Calderón y sus chicago boys no busca recuperar la independencia alimentaria. Al contrario, aplica el consejo de Milton Friedeman. Aprovechar el temor de la sociedad ante el incremento desmedido de los precios de los alimentos para imponernos una nueva, súbita y rápida “terapia de shock económico: terminar por desmantelar la estructura arancelaria agropecuaria; ampliar la entrada masiva de bienes básicos importados, que terminarán por destruir a los productores rurales tradicionales; y agudizar la dependencia a Estados Unidos y las voraces y especuladoras empresas trasnacionales que, adicionalmente, fueron premiadas con los subsidios oficiales a la distribución del maíz.
Los “ejes” del programa calderonista pueden calificarse como inservibles para sus fines perseguidos: enfrentar el alza de los precios y asegurar el abastecimiento alimentario, en un escenario donde empiezan a ser perceptibles las primeras manifestaciones de una emergencia alimentaria interna y externa que, más adelante, podría activar una crisis y una revuelta social como ha ocurrido en una veintena de países.
Calderón dijo que pretende “proteger la economía de las familias mexicanas, en especial las más pobres, frente al alza internacional en el precio de los alimentos”. Pero sus palabras son hueras, usadas para tratar de tranquilizar al coro. Nada garantiza que lo logrará, porque los calderonistas carecen de los instrumentos e instituciones adecuados para alcanzarlo. Ni tiene el interés real por hacerlo, por razones ideológicas y políticas. Los operadores económicos de Calderón, Agustín Carstens y Guillermo Ortiz, son chicago boys, alérgicos a la intervención pública, ya que, según ellos, desestimulan al empresariado y distorsionan los precios y la economía. Para los fundamentalistas el dios-mercado y su “mano invisible”, el mecanismo de los precios, tienen que actuar sin interferencias para resolver todo. Tiene que ser “libre” como el viento, mientras no lo privaticen. El mercado, es decir, los productores y los distribuidores, es el que fijará el nivel de los precios, no la mano sucia del gobierno. Nos guste o no, según los neoliberales, lo más que puede hacerse es ampliar la oferta, con mayores importaciones inmediatas, porque la mayor producción interna no se eleva automáticamente, pese a los marginales apoyos que aplicarán y el otorgamiento de subsidios a los más afectados para tratar de sostener su consumo actual. Lo único que no puede ser libre son los salarios, porque sus aumentos, que permitirían recuperar su poder de compra perdido, constituyen un crimen contra los costos de las empresas, la “competitividad”, la rentabilidad y la acumulación privada de capital. Además, su alza también le quitaría el sueño a Ortiz, porque para él mejores salarios reales impedirían bajar la inflación. Para Ortiz el ideal es un nivel de precios de “primer mundo”, no importa que existan 70 millones de pobres y miserables. Eso es problema de ellos no de Ortiz.
Asimismo, Calderón tiene que cumplir con un compromiso: velar por los intereses empresariales, que financiaron ilegalmente su campaña electoral y lo respaldaron en su robo de la corona. Un buen presidente y un buen católico es aquel que honra su palabra. Y Calderón es “bien cumplidor”, como diría la plebe. Ello explica su obsesiva campaña por reprivatizar anticonstitucionalmente la industria petrolera, pese a la oposición de las mayorías.
Nuestros fundamentalistas saben que la presión inflacionaria no se debe al consumo, dado el prematuro deterioro de los salarios reales, la reducción del crédito al consumo financiado con tarjetas bancarias, que cayó 9.1 por ciento, 12.4 por ciento en marzo y abril, según el banco central, el alto subempleo y desempleo abierto y el declinante crecimiento. La demanda cae pero los precios suben, lo que redundará en un menor poder de compra de la población, pues no habrá alza salarial de emergencia. A Calderón y sus chicago boys eso no les interesa. Sólo les preocupa que no se pueda alcanzar su meta anual de precios (3 a 3.5 por ciento), cuyo diferencial con el de Estados Unidos afectará la paridad y la competitividad económica. A los empresarios no les inquieta la inflación, pues van a ganar especulando con los precios, y el aumento de los costos de producción y distribución será trasladado a los consumidores elevándoles las cotizaciones, como se les pegue la gana y sin que nadie los moleste. Sólo se inquietarán cuando la baja del consumo afecte sus ventas y no puedan compensar sus ganancias con los precios. Los principales perdedores serán las mayorías. A ellas sólo les quedará encogerse de hombros, reducir su gasto a lo que puedan comprar, sustituir su consumo por bienes de menor calidad, padecer hambre o morirse si lo desean. Pueden hacer lo que les guste, sin transgredir la ley. Virtudes de nuestra “democracia” de “mercado libre”.
Los neoliberales calderonistas saben que el alza de precios no se reduce a los bienes básicos. Es un problema generalizado, como lo revela la estructura de precios, de los cuales destacan los de las importaciones (tasa anualizada de 7.9 por ciento a marzo) y al productor (8 por ciento a abril), que casi duplican los del consumidor (4.5 por ciento) y la canasta básica (5.2 por ciento, ver gráficas). A ello hay que sumar el efecto inflacionario del impuesto empresarial a tasa única, IETU, o los aumentos mensuales de las gasolinas, el gasoil, el gas, el agua que preludian mayores precios. La sobrevaluación cambiaria (22 por ciento, en promedio, en 2008) y la pasada desgravación arancelaria ya perdieron su eficacia para ayudar a bajar la inflación. Las expectativas se descomponen y los analistas la proyectan en su peor nivel en 28 meses: 4.39 por ciento. Seguro que Ortiz sufre pesadillas.
Los chicago boys saben que la eliminación de los impuestos a la importación de trigo, arroz, maíz blanco y amarillo, el recorte de los mismos a la mitad de su nivel actual en el caso de la leche en polvo, la fijación de cuotas a la importación de frijol exentas del pago de arancel, la exención del pago de arancel del sorgo y la pasta de soya y la eliminación del arancel a la importación de fertilizantes nitrogenados y de todos los insumos químicos, no servirá en nada para “facilitar el abasto” y “mejorar los precios al consumidor”.
Sólo fue una broma, un engaño de Calderón, porque:
1) La compra externa de alimentos ya está liberalizada casi por completo dentro del Tratado de Libre Comercio (ciento por ciento del trigo, maíz blanco, arroz y sorgo; 90 por ciento del maíz amarillo; 54 por ciento de leche en polvo, etcétera);
2) la mayor compra foránea topará con mayores precios;
3) los precios mundiales se han elevado incesantemente y lo seguirán haciendo, al menos los próximos 10 años, según la FAO y la OCDE (esos organismos pronostican que el precio del maíz, nuestro alimento básico, subirá 60 por ciento entre 2008 y 2017, respecto de su promedio de 1998-2007; las carnes de res y cerdo, 20 por ciento; el trigo y la leche en polvo entre 40 y 60 por ciento, y los aceites vegetales más de 80 por ciento);
4) la oferta interna, en el remoto caso que mejore no será inmediata;
5) la Conasupo fue eficaz para regular los precios, pero ya no existe.
Los precios no bajarán con los subsidios y la liberalización. La carestía ha sentado sus reales. El gobierno no se comprometió a controlar los precios en general. Sólo el de los señalados, que, de todos modos, no lo logrará. Lo que sí juró fue “defender los intereses de los consumidores” y no “tolerar a especuladores ni acaparadores, castigar a quienes pretendan lucrar con la necesidad y el hambre de los mexicanos”. ¿Quiénes son los terribles cancerberos que cumplirán lo anterior?
El titular de la Secretaría de Economía, Eduardo Sojo, ese pobre hombre que da pena ajena por su incompetencia y que no ha quedado desempleado porque es amigo de Calderón; la Procuraduría Federal del Consumidor y su Programa de Verificación y Vigilancia de Productos Básicos, cuyos dientes son tan feroces como los de un lactante, por lo limitado de sus atribuciones legales, y que es el hazmerreír de los empresarios que actúan impunemente en contra de los consumidores; el banco central donde medra el flemático Ortiz, corresponsable del encarecimiento, al mantener sobrevaluado el peso que ha abaratado las exportaciones y el ingreso masivo de las importaciones con tal de bajar la inflación, a costa de arruinar a los productores locales y premiar la usura financiera sobre la inversión productiva y el consumo con los altos réditos reales –el Banco de México tratará de reducir la inflación con su receta conocida e inútil: subiendo más los réditos, lo que desplomará aún más el consumo, la inversión productiva y el crecimiento–; las comercializadoras como Cargill, Archer Daniels Midland, Minsa, Maseca, Distribuidora Fortimex, Suministros de Maíz del Mayab (Sumasa), Columbia Intergranos de México y Consultoría de Mercados, entre otros oligopolios, que manipulan y especulan a su gusto con los precios, en México y otros países.
A estas últimas Calderón, por medio de otro inepto jefe de despacho, Alberto Cárdenas Jiménez, de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, les dará nuevos beneficios (subsidios): 100 pesos mensuales más por anticipado por la tonelada de maíz, desde agosto, sobre un precio de 3 mil 450 pesos, que estará vigente en junio y julio; 190 pesos por flete; 185 por almacenaje y pignoración por cada tonelada de grano, y 150 pesos más como prima de compras. En total, 625 pesos por tonelada en “apoyos federales”, que se trasladarán al comprador final en el precio del producto, que pasará de 2 mil 975 a 3 mil 450 pesos a partir de junio y que cerrará en 3 mil 950 en noviembre. Ello dizque para “contener” el alza del precio de la tortilla (8.50 pesos por kilo) que subirá un peso el próximo mes. O aún más.
¿Qué pasará con los productores que venden el grano por contrato a los oligopolios entre 2 mil 700 y 2 mil 800 pesos? Su futuro es oscuro. Lo que sí es claro es que con el subsidio de 625 pesos y el aumento mensual del grano, empresas como Cargill tendrán una modesta ganancia adicional por 1 mil 221.5 millones de pesos en seis meses, porque anticipadamente compró 900 mil toneladas con la agricultura de contrato, a menos precio. (La Jornada, 2 junio de 2008) ¿La diosa fortuna premió a Cargill, con la mano de Calderón? ¿Es un galardón a su prevención o a su virtud especuladora? Dios hizo el milagro de multiplicar el pan y repartirlo entre los menesterosos y Calderón emuló el prodigio, pero lo repartió entre los oligopolios que tendrán otro desayuno gratis.
Felipe Calderón no se comprometió a controlar toda la canasta básica. Si los precios que no están considerados en su programa suben –el pescado, la carne de res y el pollo, el agua, la electricidad, el transporte– es problema de los miserables, los pobres y la “clase media”. Será el castigo a su consumismo. Sin duda, nunca leyeron sobre la austeridad protestante de la que hablaba Max Weber. Afortunadamente hay clases sociales: los empresarios, Calderón, sus amigos de despacho (secretarios de Estado), legisladores, la Suprema Corte viven como una casta divina. En el caso de los bienes que supuestamente serán contenidos, Calderón no empeñó su palabra porque sus precios regresaran a su nivel anterior. Eso ya es cosa juzgada. Borrón y cuenta nueva. Si continúan elevándose, se deberá a un misterio ante el cual no podrá hacerse nada. Como el de la inmaculada concepción o la santísima trinidad.
A las víctimas de la inflación no les quedará más que encogerse de hombros. Reventar personal o socialmente.
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6/16/2008
VERDADES DEL PELELATO
La notoria baja de Calderón
Jorge Meléndez Preciado
En las dos últimas semanas, la insistencia de Felipe Calderón en decir ¡ya basta! a las acciones del narcotráfico, exigirle a diversos sectores que colaboren incondicionalmente en su cruzada y el envío de más tropas al norte del país ha sido lo destacado en los medios.
Felipe ha vuelto a concentrarse en su proyecto inicial: afirmar que en nuestro país hay seguridad. Ello porque la inversión extranjera ha bajado, el turismo no ha crecido y las visitas de mexicanos que trabajan en Estados Unidos a nuestro país son menores a lo habitual, algo que incluso ha traído que las remesas que llegan del vecino norteño disminuyan.
Otra de sus preocupaciones es la reforma petrolera. Asunto que posiblemente no salga adelante y si logra aprobarse será con modificaciones sustanciales, pues en su intervención la líder del PRI, Beatriz Paredes Rangel, dijo que no aceptaría modificaciones a la Constitución.
La empresa del encuestador Ulises Beltrán, BGC, señaló, el 11 de mayo, que únicamente 6 por ciento de la población tenía mucha confianza en Calderón (aunque luego corrigió y dio cerca de 30 por ciento de aceptación). La cifra es terrible, ya que dos meses atrás los que mostraban esa preferencia eran el 35 por ciento de los entrevistados. Aquellos que dicen tener aceptación regular a Felipe, bajaron de 32 a 22 por ciento. Y quienes dicen que no le dan mucho crédito se elevaron de 10 a 35 por ciento.
Estamos, pues, ante el desbarrancamiento grave de un personaje que en sus primeros meses en Los Pinos llegó a tener alta aceptación. Pero ya se ve que la ola de crímenes imparable, no obstante los decomisos de droga, la captura de algunos criminales y la incautación de armas son insuficientes para tener conforme a la población.
Por ello, una encuesta de Reforma (1 de junio de 2008) señala que en la guerra entre el crimen organizado y Felipe, el primero va ganando (53 por ciento), mientras el segundo sólo obtiene 24 por ciento.
La realidad es que lejos de paliarse los enfrentamientos criminales, éstos crecen. Hace pocos días, en una jornada asesinaron a 34 personas. Ya sobrepasamos los 1 mil 300 ajusticiados. Por lo que a finales de año, de seguir las cosas así, habrá más de 3 mil homicidios. Un número inusitado y espantoso.
Para algunos comentaristas, estamos como en el primer año de Ernesto Zedillo –1995–, cuando la gente desconfiaba terriblemente del gobierno por el famoso error de diciembre. Esa calamidad trajo como resultado el apoyo del gobierno de Estados Unidos, que por medio de Bill Clinton dio un préstamo de 50 mil millones de dólares para sanear la economía. México, entonces, puso el petróleo como garantía para salvaguardar ese dinero.
Que la situación es complicada en extremo, lo muestra que algunos columnistas, incluso uno dedicado a la empresa, escriben que Juan Camilo Mouriño será removido de su puesto en la Secretaría de Gobernación. Y es que en dicha oficina se requiere a alguien más ejecutivo y con un conocimiento amplio del país. Además, las acusaciones por el tráfico de influencias de Juan Camilo y su familia siguen causando problemas, no obstante que una comisión de legisladores lo exoneró de cualquier responsabilidad.
Así como hay bajas en la confianza de Felipe, también la PGR en dos meses, de marzo a mayo, descendió en su aprobación de 18 a 10 por ciento. Y la policía judicial tiene un 7 por ciento de aceptación, sólo un poco más que los diputados y senadores que están en 5 y los partidos políticos en 3 por ciento. Números en verdad alarmantes, máxime en un momento donde hay serios problemas económicos, sociales y políticos.
¿Hasta cuándo realizará un movimiento importante Calderón? ¿O tendrá necesidad de un sacudimiento enérgico en su gris y torpe gabinete? Sólo él y su círculo íntimo lo saben. Pero de no ser pronto, los diferentes fierros en la lumbre que tiene lo podrán quemar. Cuidado.
jamelendez@prodigy.net.mx//jamelendez44@gmail.com
Revista Contralínea / México
Jorge Meléndez Preciado
En las dos últimas semanas, la insistencia de Felipe Calderón en decir ¡ya basta! a las acciones del narcotráfico, exigirle a diversos sectores que colaboren incondicionalmente en su cruzada y el envío de más tropas al norte del país ha sido lo destacado en los medios.
Felipe ha vuelto a concentrarse en su proyecto inicial: afirmar que en nuestro país hay seguridad. Ello porque la inversión extranjera ha bajado, el turismo no ha crecido y las visitas de mexicanos que trabajan en Estados Unidos a nuestro país son menores a lo habitual, algo que incluso ha traído que las remesas que llegan del vecino norteño disminuyan.
Otra de sus preocupaciones es la reforma petrolera. Asunto que posiblemente no salga adelante y si logra aprobarse será con modificaciones sustanciales, pues en su intervención la líder del PRI, Beatriz Paredes Rangel, dijo que no aceptaría modificaciones a la Constitución.
La empresa del encuestador Ulises Beltrán, BGC, señaló, el 11 de mayo, que únicamente 6 por ciento de la población tenía mucha confianza en Calderón (aunque luego corrigió y dio cerca de 30 por ciento de aceptación). La cifra es terrible, ya que dos meses atrás los que mostraban esa preferencia eran el 35 por ciento de los entrevistados. Aquellos que dicen tener aceptación regular a Felipe, bajaron de 32 a 22 por ciento. Y quienes dicen que no le dan mucho crédito se elevaron de 10 a 35 por ciento.
Estamos, pues, ante el desbarrancamiento grave de un personaje que en sus primeros meses en Los Pinos llegó a tener alta aceptación. Pero ya se ve que la ola de crímenes imparable, no obstante los decomisos de droga, la captura de algunos criminales y la incautación de armas son insuficientes para tener conforme a la población.
Por ello, una encuesta de Reforma (1 de junio de 2008) señala que en la guerra entre el crimen organizado y Felipe, el primero va ganando (53 por ciento), mientras el segundo sólo obtiene 24 por ciento.
La realidad es que lejos de paliarse los enfrentamientos criminales, éstos crecen. Hace pocos días, en una jornada asesinaron a 34 personas. Ya sobrepasamos los 1 mil 300 ajusticiados. Por lo que a finales de año, de seguir las cosas así, habrá más de 3 mil homicidios. Un número inusitado y espantoso.
Para algunos comentaristas, estamos como en el primer año de Ernesto Zedillo –1995–, cuando la gente desconfiaba terriblemente del gobierno por el famoso error de diciembre. Esa calamidad trajo como resultado el apoyo del gobierno de Estados Unidos, que por medio de Bill Clinton dio un préstamo de 50 mil millones de dólares para sanear la economía. México, entonces, puso el petróleo como garantía para salvaguardar ese dinero.
Que la situación es complicada en extremo, lo muestra que algunos columnistas, incluso uno dedicado a la empresa, escriben que Juan Camilo Mouriño será removido de su puesto en la Secretaría de Gobernación. Y es que en dicha oficina se requiere a alguien más ejecutivo y con un conocimiento amplio del país. Además, las acusaciones por el tráfico de influencias de Juan Camilo y su familia siguen causando problemas, no obstante que una comisión de legisladores lo exoneró de cualquier responsabilidad.
Así como hay bajas en la confianza de Felipe, también la PGR en dos meses, de marzo a mayo, descendió en su aprobación de 18 a 10 por ciento. Y la policía judicial tiene un 7 por ciento de aceptación, sólo un poco más que los diputados y senadores que están en 5 y los partidos políticos en 3 por ciento. Números en verdad alarmantes, máxime en un momento donde hay serios problemas económicos, sociales y políticos.
¿Hasta cuándo realizará un movimiento importante Calderón? ¿O tendrá necesidad de un sacudimiento enérgico en su gris y torpe gabinete? Sólo él y su círculo íntimo lo saben. Pero de no ser pronto, los diferentes fierros en la lumbre que tiene lo podrán quemar. Cuidado.
jamelendez@prodigy.net.mx//jamelendez44@gmail.com
Revista Contralínea / México
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corrupción panista,
dependencia económica,
desgobierno,
fecal,
fraude electoral
FECAL CORROBORA SU GOBIERNO ENTREGUISTA EN ESPAÑA
Felipe Calderón vende México a las trasnacionales
Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada
Recibido con los honores de jefe de Estado, en medio de un paro patronal de camioneros, el presidente de México trae un mensaje diáfano a los empresarios españoles. La relación capital-trabajo es favorable para quienes deseen invertir en un espacio abierto, seguro y rentable. México está en venta. Así expone sus argumentos: lucha contra el narcotráfico, la corrupción, la inseguridad jurídica y el crimen organizado son los mejores signos de una economía saneada y de un orden político que apuesta por ser competitivo. La guinda del pastel: el proceso de desnacionalización de las riquezas básicas, así lo anuncia en un programa de televisión: Los desayunos de TVE. En definitiva, no habrá obstáculos a las inversiones de España en infraestructuras. La periodista, muy sonriente y pro Calderón, para dejar claro las distancias entre la incertidumbre del populismo y la seriedad del gobierno del PAN, pregunta de forma irónica: México privatiza, en tanto Venezuela, Argentina, Ecuador o Bolivia nacionaliza, ¿eso da seguridad a los empresarios españoles? ¿Trasladará las inversiones a su país? Calderón deja entrever cuál es el futuro: abrir el país a las trasnacionales ibéricas para llevar a cabo sus pingües negocios. Todo ello en medio de la pérdida de soberanía y autodeterminación.
Sin embargo, para ese proyecto pueril es necesario convencer a los interlocutores del grado de sumisión de las nuevas autoridades a los designios del poder económico español. Endesa, Santander, Iberdrola, Construcciones y Contratas, Repsol. En España Felipe Calderón se comporta como un cipayo. Por este motivo es bien tratado en el círculo de empresarios. Carlos Slim había preparado el terreno con anterioridad, viajando y entrevistándose con empresarios y la CEOE. Felipe González allanó igualmente el terreno con el gobierno. Mientras tanto, su séquito aprovecha para elogiar el modelo neoliberal en crisis desde hace mas de una década, atiborrándose de compras y consumiendo hasta la extenuación y relacionándose con el Partido Popular. Cada vez, la nueva derecha mexicana se parece más a la vieja oligarquía del siglo XIX, cuya única preocupación era la ostentación, el lujo y el despilfarro, además de vivir de las rentas y los beneficios obtenidos de administrar los intereses de las compañías extranjeras a las cuales vendía su alma. Ahora quieren revivir esa sociedad bajo las nuevas condiciones tecnológicas del siglo XXI. Exclusión, sobrexplotación, trabajo infantil, informalidad y maquila. Sólo así pueden extremar los beneficios y las desigualdades. Ellos, los nuevos plutócratas, sueñan con trasladar el mito del capitalismo salvaje del consumo de masas, aunque nunca han pasado hambre, ni penurias, levantan el neocolonialismo, asesinando a los pueblos indígenas. Se comportan como vendepatrias. Lo cierto es que desde hace ya tiempo no tienen concepto de país.
Aquí, construyen una lógica perversa. Presentan un México unido por las tradiciones a un pasado que los ata y los limita en su proyecto. Lo cual impide construir el mañana. Ellos, sin embargo, son los poseedores del futuro. Se consideran sus únicos representantes. Su discurso quiere hacer ver, de forma maniquea, que durante 500 años el país no participó de la economía internacional. Que vivió de espaldas al mundo. Que ha llegado la hora de soltar lastres. De ser responsables, de asumir el cambio. Son de sesera frágil. ¿Hay que recordarles que México es independiente porque fue una colonia donde se extrajo el oro, la plata y posteriormente sufrió invasiones y guerras? ¿Olvidan que exportó el henequén y el petróleo, por decir lo menos? No recuerdan su aporte a la independencia latinoamericana, Morelos Hidalgo. La lucha antimperialista y nacionalista: la Revolución Mexicana. La dignidad construida bajo el derecho de autodeterminación, la nacionalización del petróleo y las riquezas básicas. Borran la memoria y la conciencia, la voluntad colectiva de un proyecto irrenunciable a la independencia política y económica.
Sin embargo, para Calderón y el PAN sólo hay un lenguaje. El dinero y poder de los de arriba. Los dueños de México son Slim y el capital privado. A la nación y el pueblo se le trata de arrebatar su identidad construida desde los valores colectivos nacidos de la revolución. La actual se construye en función de los intereses de las trasnacionales y desde el mercado. La dignidad y la determinación soberana se esfuman del imaginario social.
En esta lógica, es vergonzoso escuchar cómo Felipe Calderón oferta ante las cámaras de televisión española médicos, ingenieros, investigadores, es decir, mano de obra cualificada, formada en sus universidades públicas, como una contrapartida si las empresas españolas deciden invertir en México. Dice, de esta guisa promover la inmigración de profesionales sin salida. Pero la realidad es otra. No tiene la intención de invertir en laboratorios, en desarrollo y en innovación. De un plumazo expulsa la cantera, opta por la dependencia tecnológica financiera y, lo que es peor, asumir formar de pensar y de actuar inadecuadas para la solución de los problemas nacionales, pagando altos costos por patentes. Así, no tiene rubor en dejar marchar generaciones de científicos y jóvenes que deseando participar en el desarrollo del país, cerrándoles las puertas por una mezquina visión de corto plazo cuyo objetivo es atraer capitales depredadores sin ningún interés en acabar con las estructuras del subdesarrollo. Nunca lo han tenido ni lo tendrán. Por ello, Calderón evidencia su mezquindad al plantear dicha estrategia. Es la llamada fuga de cerebros, hoy convertida en inmigración. Los beneficios de tal operación siempre serán un intercambio desigual. México perderá su fisonomía nacional y se convertirá en una colonia de trasnacionales. Felipe Calderón paga en este viaje los favores de Aznar en su campaña y de José Luis Rodríguez Zapatero al reconocerlo como presidente legítimo. Se vende México; tratar con Felipe Calderón.
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Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada
Recibido con los honores de jefe de Estado, en medio de un paro patronal de camioneros, el presidente de México trae un mensaje diáfano a los empresarios españoles. La relación capital-trabajo es favorable para quienes deseen invertir en un espacio abierto, seguro y rentable. México está en venta. Así expone sus argumentos: lucha contra el narcotráfico, la corrupción, la inseguridad jurídica y el crimen organizado son los mejores signos de una economía saneada y de un orden político que apuesta por ser competitivo. La guinda del pastel: el proceso de desnacionalización de las riquezas básicas, así lo anuncia en un programa de televisión: Los desayunos de TVE. En definitiva, no habrá obstáculos a las inversiones de España en infraestructuras. La periodista, muy sonriente y pro Calderón, para dejar claro las distancias entre la incertidumbre del populismo y la seriedad del gobierno del PAN, pregunta de forma irónica: México privatiza, en tanto Venezuela, Argentina, Ecuador o Bolivia nacionaliza, ¿eso da seguridad a los empresarios españoles? ¿Trasladará las inversiones a su país? Calderón deja entrever cuál es el futuro: abrir el país a las trasnacionales ibéricas para llevar a cabo sus pingües negocios. Todo ello en medio de la pérdida de soberanía y autodeterminación.
Sin embargo, para ese proyecto pueril es necesario convencer a los interlocutores del grado de sumisión de las nuevas autoridades a los designios del poder económico español. Endesa, Santander, Iberdrola, Construcciones y Contratas, Repsol. En España Felipe Calderón se comporta como un cipayo. Por este motivo es bien tratado en el círculo de empresarios. Carlos Slim había preparado el terreno con anterioridad, viajando y entrevistándose con empresarios y la CEOE. Felipe González allanó igualmente el terreno con el gobierno. Mientras tanto, su séquito aprovecha para elogiar el modelo neoliberal en crisis desde hace mas de una década, atiborrándose de compras y consumiendo hasta la extenuación y relacionándose con el Partido Popular. Cada vez, la nueva derecha mexicana se parece más a la vieja oligarquía del siglo XIX, cuya única preocupación era la ostentación, el lujo y el despilfarro, además de vivir de las rentas y los beneficios obtenidos de administrar los intereses de las compañías extranjeras a las cuales vendía su alma. Ahora quieren revivir esa sociedad bajo las nuevas condiciones tecnológicas del siglo XXI. Exclusión, sobrexplotación, trabajo infantil, informalidad y maquila. Sólo así pueden extremar los beneficios y las desigualdades. Ellos, los nuevos plutócratas, sueñan con trasladar el mito del capitalismo salvaje del consumo de masas, aunque nunca han pasado hambre, ni penurias, levantan el neocolonialismo, asesinando a los pueblos indígenas. Se comportan como vendepatrias. Lo cierto es que desde hace ya tiempo no tienen concepto de país.
Aquí, construyen una lógica perversa. Presentan un México unido por las tradiciones a un pasado que los ata y los limita en su proyecto. Lo cual impide construir el mañana. Ellos, sin embargo, son los poseedores del futuro. Se consideran sus únicos representantes. Su discurso quiere hacer ver, de forma maniquea, que durante 500 años el país no participó de la economía internacional. Que vivió de espaldas al mundo. Que ha llegado la hora de soltar lastres. De ser responsables, de asumir el cambio. Son de sesera frágil. ¿Hay que recordarles que México es independiente porque fue una colonia donde se extrajo el oro, la plata y posteriormente sufrió invasiones y guerras? ¿Olvidan que exportó el henequén y el petróleo, por decir lo menos? No recuerdan su aporte a la independencia latinoamericana, Morelos Hidalgo. La lucha antimperialista y nacionalista: la Revolución Mexicana. La dignidad construida bajo el derecho de autodeterminación, la nacionalización del petróleo y las riquezas básicas. Borran la memoria y la conciencia, la voluntad colectiva de un proyecto irrenunciable a la independencia política y económica.
Sin embargo, para Calderón y el PAN sólo hay un lenguaje. El dinero y poder de los de arriba. Los dueños de México son Slim y el capital privado. A la nación y el pueblo se le trata de arrebatar su identidad construida desde los valores colectivos nacidos de la revolución. La actual se construye en función de los intereses de las trasnacionales y desde el mercado. La dignidad y la determinación soberana se esfuman del imaginario social.
En esta lógica, es vergonzoso escuchar cómo Felipe Calderón oferta ante las cámaras de televisión española médicos, ingenieros, investigadores, es decir, mano de obra cualificada, formada en sus universidades públicas, como una contrapartida si las empresas españolas deciden invertir en México. Dice, de esta guisa promover la inmigración de profesionales sin salida. Pero la realidad es otra. No tiene la intención de invertir en laboratorios, en desarrollo y en innovación. De un plumazo expulsa la cantera, opta por la dependencia tecnológica financiera y, lo que es peor, asumir formar de pensar y de actuar inadecuadas para la solución de los problemas nacionales, pagando altos costos por patentes. Así, no tiene rubor en dejar marchar generaciones de científicos y jóvenes que deseando participar en el desarrollo del país, cerrándoles las puertas por una mezquina visión de corto plazo cuyo objetivo es atraer capitales depredadores sin ningún interés en acabar con las estructuras del subdesarrollo. Nunca lo han tenido ni lo tendrán. Por ello, Calderón evidencia su mezquindad al plantear dicha estrategia. Es la llamada fuga de cerebros, hoy convertida en inmigración. Los beneficios de tal operación siempre serán un intercambio desigual. México perderá su fisonomía nacional y se convertirá en una colonia de trasnacionales. Felipe Calderón paga en este viaje los favores de Aznar en su campaña y de José Luis Rodríguez Zapatero al reconocerlo como presidente legítimo. Se vende México; tratar con Felipe Calderón.
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