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10/08/2008

LECCIONES PARA LA BANCA Y DESGOBIERNO PANISTA

Lecciones del colapso de Wall Street

James Petras
Global Research


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


El actual colapso del mercado bursátil y la pérdida de cientos de miles de millones de dólares, gestados por los bancos inversores de Wall Street, ilustran las trampas y peligros del capitalismo de libre mercado a que se enfrenta toda la población trabajadora de los Estados Unidos.

1.- La bancarrota inminente de la Seguridad Social: El intento de hace tres años de la Casa Blanca y de destacados congresistas republicanos y demócratas de “privatizar” la Seguridad Social –volcando esencialmente en Wall Street la administración e inversión de miles de millones de dólares de fondos de la Seguridad Social-, con el argumento de que los inversores privados obtendrían mayores ganancias, habría llevado a la bancarrota de toda la financiación de la Seguridad Social. La privatización habría permitido que los bancos de inversiones privadas más importantes apalancaran y especularan incluso con los instrumentos financieros de más alto riesgo, con los desastrosos resultados que estamos presenciando en estos momentos. Aunque los fondos privados de pensiones se han ido a pique, la Seguridad Social sigue en pie. Son las pensiones privadas las que están en bancarrota, no los fondos de la Seguridad social administrados públicamente, contrariamente a las opiniones de expertos y críticos de la Seguridad Social. La actual debacle privada sirve, claramente, para defender el control y la administración públicos de los programas de pensiones.

2.- Todos los fondos privados importantes de pensiones para empleados públicos y privados, incluyendo TIAA CREF, CALPERS y las pensiones de los sindicatos han registrado pérdidas de entre el 23 al 30% desde el mes de enero y han venido mostrando un crecimiento negativo a lo largo de los últimos cinco años. Se ha puesto de manifiesto que vincular los fondos de pensiones con los mercados de valores no ha servido más que para reducir gravemente los niveles de vida de los jubilados, obligando a muchos de ellos a seguir como fuerza laboral hasta los setenta o más años si no quieren hundirse en la pobreza. Las pensiones vinculadas con actividades productivas financiadas públicamente habrían evitado las pérdidas y riesgos implícitos en las inversiones en el mercado bursátil.

3.- Las decisiones estratégicas bipartidistas de convertir EEUU en una economía de “servicios” en oposición a una economía manufacturera diversificada es la causa-raíz del colapso del sistema financiero estadounidense y de la aparición de una recesión a largo plazo. Desde los años sesenta en adelante, la elite política ha venido adoptando una serie de políticas que promovieron las finanzas, las compañías inmobiliarias y de seguros, lo que se conoce como sectores FIRE, que se dedicaron a aumentar los alquileres, desviar subsidios, proporcionar concesiones fiscales y subsidios, destruyendo y desplazando a la industria. La reconversión de una economía FIRE en una economía manufacturera equilibrada y la recuperación del estado del bienestar, esenciales para revertir el colapso de la economía estadounidense, requerirán de una importante convulsión política.

4.- La huida masiva de capital de los sectores productivos a los sectores FIRE fue acompañada de un inmenso crecimiento del capital exterior, haciendo que la economía interna, especialmente volátil y basada en "servicios financieros” de riesgo y consumidores tremendamente endeudados, pasara totalmente a depender de los “servicios”.
La conversión de EEUU de una economía diversificada en una de monocultura “FIRE” aumentó las probabilidades de un colapso general cuando el mercado financiero/inmobiliario se fuera a pique. La recuperación y el crecimiento sostenido sólo pueden producirse con el retorno a una economía diversificada, con la retención del capital huido al extranjero, la inversión a gran escala y largo plazo y los incentivos para los sectores productivos y de servicios sociales.

5.- La búsqueda de la construcción del imperio dirigida por el ejército a expensas de las empresas mixtas y de los acuerdos de comercio recíproco con países con mercados en expansión, fuentes energéticas estratégicas y grandes poblaciones y mercados, crearon enormes déficit presupuestarios y comerciales y alienaron fuentes potenciales de mercados y materias primas estratégicas.

Mil billones de gastos militares en pos de guerras coloniales prolongadas y de altísimo coste (infinito), desviaron los fondos de su aplicación en avances tecnológicos y manufacturas caras y de gran calidad, que habrían abaratado costes y aumentado la competición mercantil. Igual importancia tuvo que, al sustituir la expansión interior dirigida por el mercado por la conquista exterior dirigida por el ejército, todo el eje del poder económico se trasladara del capital industrial al capital financiero. Así, el capital financiero necesario para financiar el déficit presupuestario del gobierno, originado por los gastos militares, fue cada vez adquiriendo más peso: Wall Street sustituyó la correa de acero como eje de poder en Washington.

6.-El ascendiente del militarismo y del capital financiero facilitaron que incrementara su influencia una configuración virulenta del poder que promovía específicamente los intereses hegemónicos regionales de un estado militarista-colonial que hasta entonces había sido un lobby político marginal: la configuración del poder sionista a favor de Israel (ZPC, por sus siglas en inglés).

Los constructores del imperio dirigido por el ejército vieron en la ZPC un aliado estratégico en su búsqueda de conquistas globales, la ZPC vio una puerta abierta hacia los altos despachos y múltiples oportunidades para promover la agenda expansionista de Israel a través de su influencia en los comités del Congreso, en las campañas electorales y en los nombramiento directos para la Casa Blanca. El incremento de influencia de la ZPC en los escalones más altos del poder vino instigado por el aumento de apoyo financiero que recibieron de miembros situados en posiciones estratégicas en las instituciones financieras más lucrativas. La ZPC fue un beneficiario económico de la burbuja especulativa: fue la infusión masiva de aportaciones financieras lo que permitió que la ZPC ampliara inmensamente el número de funcionarios con dedicación completa, de traficantes de influencias y de contribuyentes a las elecciones que magnificaron su poder, especialmente a la hora de promover las guerras estadounidenses en Oriente Medio, en escorados acuerdos de libre comercio (a favor de Israel) y en el incuestionable apoyo a la agresión israelí contra Líbano, Siria y Palestina. La recuperación económica va a depender de que se ponga fin al presupuesto dedicado al imperialismo militar. Eso no va a suceder a menos que se produzca el reemplazo sistemático de la elite política alimentada a partir de la metafísica del poder global basado en el ejército.

Ninguna recuperación económica es posible ahora o en un previsible futuro mientras el Congreso estadounidense y sus ejecutivos proporcionen rescates financieros por valor de mil billones de dólares a los insolventes especuladores de Wall Street, financien presupuestos de 700.000 millones de dólares para los gastos de una guerra siempre en expansión y los broker del poder sionista sigan dictando las políticas estadounidenses en Oriente Medio.

Las lecciones del pasado nos dicen mucho sobre qué caminos debemos y no debemos tomar.

La Seguridad Social existe aún precisamente porque el pueblo estadounidense se rebeló y desertó de la propuesta de traspasarla a Wall Street y quiso que siguiera siendo un programa dirigido públicamente. El sistema financiero se colapsó porque la economía estadounidense está “especializada” en una única cosecha: la financiera, a expensas de una economía productiva diversificada. El sistema político está totalmente desacreditado porque está dirigido por una elite política fracasada que representa y actúa desvergonzadamente en nombre de unos pocos miles de oligarcas financieros, un par de cientos de oligarcas militaristas y unas cuantas docenas de celosas organizaciones sionistas.

La “elite en el poder” sólo es tan poderosa como parece porque puede manipular, intimidar y engañar a más de 300 millones de ciudadanos estadounidenses haciéndoles pensar que son indispensables para sus vidas. El abrumador rechazo popular a la privatización de la Seguridad Social y al rescate financiero de Wall Street sugiere que la oligarquía reinante no es invencible.

Enlace con texto original: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=10446

6/23/2008

ECONOMIA DE SHOCK PARA LAS MAYORIAS EN PELELANDIA

Una farsa, el apoyo a la economía popular

Marcos Chávez M.

El plan de Apoyo a la Economía Familiar calderonista: la mentira, la inutilidad, la vulnerabilidad y dependencia alimentaria, la condena a muerte de los productores agropecuarios tradicionales.
Dicho programa, dado a conocer por Felipe Calderón Hinojosa el pasado 25 de mayo, no constituye más que un golpe mediático para el consumo popular, de escasa trascendencia. Es inútil para contener el alza de los precios de los bienes básicos y aislar los efectos perniciosos de la inflación importada. Es ineficaz para evitar que el encarecimiento deteriore aún más los niveles de vida de las mayorías y eliminar el riesgo de hambruna en México, el descontento y el eventual estallido social. Es una propuesta que sólo busca manipular políticamente las necesidades de la población más empobrecida. Varias de las supuestas medidas “novedosas” que contiene para tratar de contrarrestar una crisis alimentaria no son más que una falacia: actualmente se encuentran en operación. Los subsidios que se darán a los pobres y los productores son irrisorios. En nada contribuirán a modificar la precaria situación de los damnificados del neoliberalismo, despejar el fantasma de la hambruna y abrir un horizonte más benigno a la actividad agropecuaria, arruinada por las contrarreformas estructurales y las políticas económicas neoliberales: el desplome de gasto público sectorial, la apertura comercial indiscriminada y las importaciones masivas de esa clase de productos, su marginación del crédito de la banca comercial y la quiebra o la sobrevaluación cambiaria, entre otras medidas.

El aumento de los precios de los bienes básicos y la dependencia externa de esos bienes es responsabilidad de las políticas neoliberales priistas-panistas, que abandonaron el objetivo estratégico de la autosuficiencia y soberanía alimentaria. El programa de Calderón y sus chicago boys no busca recuperar la independencia alimentaria. Al contrario, aplica el consejo de Milton Friedeman. Aprovechar el temor de la sociedad ante el incremento desmedido de los precios de los alimentos para imponernos una nueva, súbita y rápida “terapia de shock económico: terminar por desmantelar la estructura arancelaria agropecuaria; ampliar la entrada masiva de bienes básicos importados, que terminarán por destruir a los productores rurales tradicionales; y agudizar la dependencia a Estados Unidos y las voraces y especuladoras empresas trasnacionales que, adicionalmente, fueron premiadas con los subsidios oficiales a la distribución del maíz.

Los “ejes” del programa calderonista pueden calificarse como inservibles para sus fines perseguidos: enfrentar el alza de los precios y asegurar el abastecimiento alimentario, en un escenario donde empiezan a ser perceptibles las primeras manifestaciones de una emergencia alimentaria interna y externa que, más adelante, podría activar una crisis y una revuelta social como ha ocurrido en una veintena de países.

Calderón dijo que pretende “proteger la economía de las familias mexicanas, en especial las más pobres, frente al alza internacional en el precio de los alimentos”. Pero sus palabras son hueras, usadas para tratar de tranquilizar al coro. Nada garantiza que lo logrará, porque los calderonistas carecen de los instrumentos e instituciones adecuados para alcanzarlo. Ni tiene el interés real por hacerlo, por razones ideológicas y políticas. Los operadores económicos de Calderón, Agustín Carstens y Guillermo Ortiz, son chicago boys, alérgicos a la intervención pública, ya que, según ellos, desestimulan al empresariado y distorsionan los precios y la economía. Para los fundamentalistas el dios-mercado y su “mano invisible”, el mecanismo de los precios, tienen que actuar sin interferencias para resolver todo. Tiene que ser “libre” como el viento, mientras no lo privaticen. El mercado, es decir, los productores y los distribuidores, es el que fijará el nivel de los precios, no la mano sucia del gobierno. Nos guste o no, según los neoliberales, lo más que puede hacerse es ampliar la oferta, con mayores importaciones inmediatas, porque la mayor producción interna no se eleva automáticamente, pese a los marginales apoyos que aplicarán y el otorgamiento de subsidios a los más afectados para tratar de sostener su consumo actual. Lo único que no puede ser libre son los salarios, porque sus aumentos, que permitirían recuperar su poder de compra perdido, constituyen un crimen contra los costos de las empresas, la “competitividad”, la rentabilidad y la acumulación privada de capital. Además, su alza también le quitaría el sueño a Ortiz, porque para él mejores salarios reales impedirían bajar la inflación. Para Ortiz el ideal es un nivel de precios de “primer mundo”, no importa que existan 70 millones de pobres y miserables. Eso es problema de ellos no de Ortiz.

Asimismo, Calderón tiene que cumplir con un compromiso: velar por los intereses empresariales, que financiaron ilegalmente su campaña electoral y lo respaldaron en su robo de la corona. Un buen presidente y un buen católico es aquel que honra su palabra. Y Calderón es “bien cumplidor”, como diría la plebe. Ello explica su obsesiva campaña por reprivatizar anticonstitucionalmente la industria petrolera, pese a la oposición de las mayorías.

Nuestros fundamentalistas saben que la presión inflacionaria no se debe al consumo, dado el prematuro deterioro de los salarios reales, la reducción del crédito al consumo financiado con tarjetas bancarias, que cayó 9.1 por ciento, 12.4 por ciento en marzo y abril, según el banco central, el alto subempleo y desempleo abierto y el declinante crecimiento. La demanda cae pero los precios suben, lo que redundará en un menor poder de compra de la población, pues no habrá alza salarial de emergencia. A Calderón y sus chicago boys eso no les interesa. Sólo les preocupa que no se pueda alcanzar su meta anual de precios (3 a 3.5 por ciento), cuyo diferencial con el de Estados Unidos afectará la paridad y la competitividad económica. A los empresarios no les inquieta la inflación, pues van a ganar especulando con los precios, y el aumento de los costos de producción y distribución será trasladado a los consumidores elevándoles las cotizaciones, como se les pegue la gana y sin que nadie los moleste. Sólo se inquietarán cuando la baja del consumo afecte sus ventas y no puedan compensar sus ganancias con los precios. Los principales perdedores serán las mayorías. A ellas sólo les quedará encogerse de hombros, reducir su gasto a lo que puedan comprar, sustituir su consumo por bienes de menor calidad, padecer hambre o morirse si lo desean. Pueden hacer lo que les guste, sin transgredir la ley. Virtudes de nuestra “democracia” de “mercado libre”.

Los neoliberales calderonistas saben que el alza de precios no se reduce a los bienes básicos. Es un problema generalizado, como lo revela la estructura de precios, de los cuales destacan los de las importaciones (tasa anualizada de 7.9 por ciento a marzo) y al productor (8 por ciento a abril), que casi duplican los del consumidor (4.5 por ciento) y la canasta básica (5.2 por ciento, ver gráficas). A ello hay que sumar el efecto inflacionario del impuesto empresarial a tasa única, IETU, o los aumentos mensuales de las gasolinas, el gasoil, el gas, el agua que preludian mayores precios. La sobrevaluación cambiaria (22 por ciento, en promedio, en 2008) y la pasada desgravación arancelaria ya perdieron su eficacia para ayudar a bajar la inflación. Las expectativas se descomponen y los analistas la proyectan en su peor nivel en 28 meses: 4.39 por ciento. Seguro que Ortiz sufre pesadillas.

Los chicago boys saben que la eliminación de los impuestos a la importación de trigo, arroz, maíz blanco y amarillo, el recorte de los mismos a la mitad de su nivel actual en el caso de la leche en polvo, la fijación de cuotas a la importación de frijol exentas del pago de arancel, la exención del pago de arancel del sorgo y la pasta de soya y la eliminación del arancel a la importación de fertilizantes nitrogenados y de todos los insumos químicos, no servirá en nada para “facilitar el abasto” y “mejorar los precios al consumidor”.

Sólo fue una broma, un engaño de Calderón, porque:

1) La compra externa de alimentos ya está liberalizada casi por completo dentro del Tratado de Libre Comercio (ciento por ciento del trigo, maíz blanco, arroz y sorgo; 90 por ciento del maíz amarillo; 54 por ciento de leche en polvo, etcétera);

2) la mayor compra foránea topará con mayores precios;

3) los precios mundiales se han elevado incesantemente y lo seguirán haciendo, al menos los próximos 10 años, según la FAO y la OCDE (esos organismos pronostican que el precio del maíz, nuestro alimento básico, subirá 60 por ciento entre 2008 y 2017, respecto de su promedio de 1998-2007; las carnes de res y cerdo, 20 por ciento; el trigo y la leche en polvo entre 40 y 60 por ciento, y los aceites vegetales más de 80 por ciento);

4) la oferta interna, en el remoto caso que mejore no será inmediata;

5) la Conasupo fue eficaz para regular los precios, pero ya no existe.

Los precios no bajarán con los subsidios y la liberalización. La carestía ha sentado sus reales. El gobierno no se comprometió a controlar los precios en general. Sólo el de los señalados, que, de todos modos, no lo logrará. Lo que sí juró fue “defender los intereses de los consumidores” y no “tolerar a especuladores ni acaparadores, castigar a quienes pretendan lucrar con la necesidad y el hambre de los mexicanos”. ¿Quiénes son los terribles cancerberos que cumplirán lo anterior?

El titular de la Secretaría de Economía, Eduardo Sojo, ese pobre hombre que da pena ajena por su incompetencia y que no ha quedado desempleado porque es amigo de Calderón; la Procuraduría Federal del Consumidor y su Programa de Verificación y Vigilancia de Productos Básicos, cuyos dientes son tan feroces como los de un lactante, por lo limitado de sus atribuciones legales, y que es el hazmerreír de los empresarios que actúan impunemente en contra de los consumidores; el banco central donde medra el flemático Ortiz, corresponsable del encarecimiento, al mantener sobrevaluado el peso que ha abaratado las exportaciones y el ingreso masivo de las importaciones con tal de bajar la inflación, a costa de arruinar a los productores locales y premiar la usura financiera sobre la inversión productiva y el consumo con los altos réditos reales –el Banco de México tratará de reducir la inflación con su receta conocida e inútil: subiendo más los réditos, lo que desplomará aún más el consumo, la inversión productiva y el crecimiento–; las comercializadoras como Cargill, Archer Daniels Midland, Minsa, Maseca, Distribuidora Fortimex, Suministros de Maíz del Mayab (Sumasa), Columbia Intergranos de México y Consultoría de Mercados, entre otros oligopolios, que manipulan y especulan a su gusto con los precios, en México y otros países.

A estas últimas Calderón, por medio de otro inepto jefe de despacho, Alberto Cárdenas Jiménez, de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, les dará nuevos beneficios (subsidios): 100 pesos mensuales más por anticipado por la tonelada de maíz, desde agosto, sobre un precio de 3 mil 450 pesos, que estará vigente en junio y julio; 190 pesos por flete; 185 por almacenaje y pignoración por cada tonelada de grano, y 150 pesos más como prima de compras. En total, 625 pesos por tonelada en “apoyos federales”, que se trasladarán al comprador final en el precio del producto, que pasará de 2 mil 975 a 3 mil 450 pesos a partir de junio y que cerrará en 3 mil 950 en noviembre. Ello dizque para “contener” el alza del precio de la tortilla (8.50 pesos por kilo) que subirá un peso el próximo mes. O aún más.
¿Qué pasará con los productores que venden el grano por contrato a los oligopolios entre 2 mil 700 y 2 mil 800 pesos? Su futuro es oscuro. Lo que sí es claro es que con el subsidio de 625 pesos y el aumento mensual del grano, empresas como Cargill tendrán una modesta ganancia adicional por 1 mil 221.5 millones de pesos en seis meses, porque anticipadamente compró 900 mil toneladas con la agricultura de contrato, a menos precio. (La Jornada, 2 junio de 2008) ¿La diosa fortuna premió a Cargill, con la mano de Calderón? ¿Es un galardón a su prevención o a su virtud especuladora? Dios hizo el milagro de multiplicar el pan y repartirlo entre los menesterosos y Calderón emuló el prodigio, pero lo repartió entre los oligopolios que tendrán otro desayuno gratis.

Felipe Calderón no se comprometió a controlar toda la canasta básica. Si los precios que no están considerados en su programa suben –el pescado, la carne de res y el pollo, el agua, la electricidad, el transporte– es problema de los miserables, los pobres y la “clase media”. Será el castigo a su consumismo. Sin duda, nunca leyeron sobre la austeridad protestante de la que hablaba Max Weber. Afortunadamente hay clases sociales: los empresarios, Calderón, sus amigos de despacho (secretarios de Estado), legisladores, la Suprema Corte viven como una casta divina. En el caso de los bienes que supuestamente serán contenidos, Calderón no empeñó su palabra porque sus precios regresaran a su nivel anterior. Eso ya es cosa juzgada. Borrón y cuenta nueva. Si continúan elevándose, se deberá a un misterio ante el cual no podrá hacerse nada. Como el de la inmaculada concepción o la santísima trinidad.

A las víctimas de la inflación no les quedará más que encogerse de hombros. Reventar personal o socialmente.

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6/19/2008

OBAMA Y SUS CHICAGO´S BOYS

Los Chicago Boys de Obama

Naomi Klein
The Nation

Barack Obama esperó sólo tres días después del retiro de Hillary Clinton de la contienda para declarar, en CNBC, “Miren, soy un tipo favorable al crecimiento, de libre mercado. Adoro el mercado.”

Para demostrar que no se trata de un simple rapto primaveral, nombró a Jason Furman, de 37 años, para que dirija su equipo de política económica. Furman es uno de los defensores más destacados de Wal-Mart, que consagra la “historia de éxito progresista” de la compañía. En la campaña, Obama atacó severamente a Clinton por estar en el consejo de Wal-Mart y prometió: “No voy a comprar allí.” Para Furman, sin embargo, los críticos de Wal-Mart constituyen la verdadera amenaza: los “esfuerzos para hacer que Wal-Mart aumente sus salarios y prestaciones” están creando “daño colateral” que “es de lejos demasiado enorme y dañino de manera más amplia para los trabajadores y la economía como para que yo me siente tranquilo y cante ‘Kum-Ba-Ya' [canción tradicional afro-estadounidense, N. del T.] en función de los intereses de la armonía progresista.”

El amor de Obama por los mercados y su deseo de “cambio” no son inherentemente compatibles. “El mercado ha perdido su equilibrio,” dice, y ciertamente es así. Muchos rastrean ese profundo desequilibrio hasta las ideas de Milton Friedman, quien lanzó una contrarrevolución contra el Nuevo Trato desde su posición privilegiada en el departamento de economía de la Universidad de Chicago. Y aquí hay más problemas, porque Obama – quien enseñó derecho durante una década en la Universidad de Chicago – está compenetrado a fondo en la mentalidad conocida como la Escuela de Chicago.

Escogió como su principal asesor económico a Austan Goolsbee, economista de la Universidad de Chicago al lado izquierdo de un espectro que termina en la centroderecha. Goolsbee, a diferencia de sus colegas más friedmanistas, considera que la desigualdad es un problema. Su solución primordial, sin embargo, es más educación – una línea que también se puede recibir de Alan Greenspan. En su ciudad natal, Goolsbee ha mostrado empeño por vincular a Obama con la Escuela de Chicago. “Si se considera su plataforma, sus asesores, su temperamento, el sujeto tiene un respeto saludable por los mercados,” dijo a la revista Chicago. “Se sitúa en la cultura de los tiempos, lo que es algo diferente que decir que sea laissez-faire."

Otro de los admiradores de Obama en Chicago es el multimillonario Kenneth Griffin, de 39 años, director ejecutivo del fondo de cobertura Citadel Investment Group. Griffin, quien hizo la máxima donación permisible a Obama, es una especie de anuncio para una economía desequilibrada. Se casó en Versailles y realizó la fiesta correspondiente en el sitio de vacaciones de María Antonieta (con la actuación del Cirque du Soleil) – y es uno de los oponentes más decididos al cierre de las lagunas de la ley tributaria para los fondos de cobertura. Mientras Obama habla de reforzar las reglas comerciales con China, Griffin ha estado torciendo las pocas barreras que existen. A pesar de sanciones que prohíben la venta de equipos policiales a China, Citadel ha estado metiendo dinero en controvertidas compañías de seguridad basadas en China que colocan a la población local bajo niveles de vigilancia sin precedentes.

Es hora de preocuparse por los Chicago Boys de Obama y por su compromiso con la defensa contra intentos serios de regulación. En los dos meses y medio entre su victoria en la elección de 1992 y su toma del poder, Bill Clinton hizo un giro de 180 grados respecto a la economía. Había hecho campaña prometiendo reformar el NAFTA, agregando provisiones laborales y medioambientales, e invertir en programas sociales. Pero dos semanas antes de su toma de posesión, se reunió con el jefe de Goldman Sachs en aquel entonces, Robert Rubin, quien lo convenció sobre la urgencia de abrazar la austeridad y más liberalización. Rubin declaró a PBS: “El presidente Clinton tomó en realidad la decisión antes de entrar al Despacho Oval, durante la transición, sobre lo que constituía un cambio dramático en la política económica.”

Furman, destacado discípulo de Rubin, fue escogido para dirigir el Proyecto Hamilton de Brookings Institution, el think-tank que Rubin ayudó a fundar para argüir por la reforma de la agenda de libre comercio, en lugar de abandonarla. Si se agrega a eso la reunión en febrero de Goolsbee con funcionarios consulares canadienses, que partieron con la clara impresión de que se les había instruido para que no tomaran en serio la campaña contra el NAFTA de Obama, y tendremos todos los motivos para preocuparnos por una repetición de 1993.

La ironía es que no hay absolutamente ninguna razón para esta vuelta a lo mismo. El movimiento lanzado por Friedman, introducido por Ronald Reagan y afianzado bajo Clinton, encara una profunda crisis de legitimidad en todo el mundo. En ninguna parte es más evidente que en la propia Universidad de Chicago. A mediados de mayo, cuando el presidente de la universidad, Robert Zimmer, anunció la creación de un Instituto Milton Friedman por 200 millones de dólares, un centro de investigación económica dedicado a continuar y aumentar el legado de Friedman, estalló una controversia. Más de 100 profesores académicos firmaron una carta de protesta. “Los efectos del orden neoliberal global que ha sido introducido en las últimas décadas, fuertemente respaldado por la Escuela de Economía de Chicago, de ninguna manera han sido inequívocamente positivos,” señala la carta. “Mucha gente argumentaría que han sido negativos para gran parte de la población del mundo.”

Cuando Friedman murió en 2006, semejantes críticas atrevidas de su legado brillaron en general por su ausencia. Los glorificadores homenajes póstumos hablaron sólo de los grandiosos logros, y una de las valorizaciones más destacadas apareció en el New York Times – escrita por Austan Goolsbee. Pero ahora, sólo dos años después, el nombre de Friedman es visto como algo inconveniente, incluso en su propia alma máter. ¿Por qué entonces, ha escogido Obama este momento, cuando todas las ilusiones de un consenso han desaparecido, para ir en retro a Chicago?

La noticia no es enteramente mala. Furman afirma que aprovechará la experiencia de dos economistas keynesianos: Jared Bernstein del Instituto de Política Económica y James Galbraith, hijo de la Némesis de Friedman, John Kenneth Galbraith. Nuestra “actual crisis económica,” dijo Obama recientemente, no llegó de la nada. Es “la conclusión lógica de una filosofía cansada y descaminada que ha dominado Washington desde hace demasiado tiempo.”

Así sea. Pero antes de que Obama pueda purgar Washington del azote del friedmanismo, tendrá que comenzar por su propia limpieza ideológica en casa.

Este artículo fue publicado primero en The Nation.

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3/19/2008

ZEITGEIST LA PELICULA

Zeitgeist es un documental sin ánimo de lucro del año 2007 producido por Peter Joseph con difusión por Internet (mediante Google Video). Aunque grabado originalmente en inglés es posible encontrarlo con subtítulos en español. Es un documental a manera de intrahistoria, intenta partir de un análisis racionalista e histórico de la estrategia y cálculo político, de varias creencias religiosas e instituciones políticas y económicas, en especial el cristianismo, los ataques del 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo, y la Reserva Federal y el sistema financiero internacional. El propio título, Zeitgeist, quiere decir "espíritu guardián del siglo", es decir, la experiencia del clima cultural dominante.

Plantea la existencia de mecanismos de dominación absoluta dentro a las instituciones de control social convencionales, más que enfocarse en que si las intenciones son ocultas o manifiestas explora los métodos de convencimiento individual y asentimiento social de la sociedad civil ante sus dominadores. Los eventos fueron simplificados para las masas, con la intención de generar la conciencia general y discusión en cuanto a un tema que bajo la deitificación se considera tabú discutir.




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