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7/07/2008

DEFENDER NUESTRO PETROLEO ES PRIMORDIAL

PEMEX: debate, consulta, temor y desastre
Por: Julio Pomar

Los hechos en torno al debate petrolero se acumulan. Con creces, siguen adelante en el foro del Senado los partidarios de que PEMEX refrende su pertenencia a la nación, mientras que sus oponentes, los que ansían con oscuro interés la enajenación de la industria petrolera hacia las manos privadas, no le están llegando ni a los tobillos a los primeros en cuanto a calidad de análisis o lógica de argumentación. Pero si bien el debate en el Senado no es vinculante, obligatorio legalmente hablando, sino que han de ser los legisladores los que, después del debate en el foro del Senado, habrán de decidir la suerte de PEMEX, se puede adelantar que en la compulsa petrolera el triunfo moral y político ya lo tienen los defensores de PEMEX como instrumento de la nación para su desarrollo.

Este triunfo político y moral debiera ser ratificado en las cámaras legislativas, si éstas en su gruesa mayoría fueran genuinamente representativas de la nación. No es automático que así sea. La conjunción entre panistas y priístas empanizados tiene cierta fuerza numérica en las dos cámaras. Los voceros panistas señalaban hace días que andaban en busca de sólo once votos senatoriales de priístas para hacer la mayoría requerida que eche adelante el proyecto calderónico de privatización petrolera. Sólo once votos, de un total de 128 escaños, son la diferencia entre la vida y la muerte del sueño nacionalista petrolero mexicano.

Si el panismo calderonista y el priísmo entreguista triunfaran en este empeño, días aciagos habrían de sobrevenirle a México, como bien lo han expresado múltiples voces adentro y afuera de los ámbitos políticos y legislativos. Desde la Expropiación Petrolera de Lázaro Cárdenas del Río en 1938 hasta hoy, México habría perdido 70 años de independencia petrolera y económica. El rezago histórico resultante sería de casi un siglo. Y sin duda esto significaría que el pueblo mexicano, que a la postre siempre se rebela contra la adversidad y la sinrazón, habría de entrar al camino abrupto y azaroso de nacionalizar la política mexicana y, por ende, de refundar al Estado, cuestión no menos azarosa y abrupta.

En otras palabras, la supuesta solución de privatizar la industria petrolera sólo sería el punto de arranque de un nuevo ciclo histórico mexicano en el que la demanda principal sería volver a hacer prevalecer los intereses nacionales sobre los intereses privados que en los hechos -y también en la teoría- navegan contra la nación y su interés. Volveríamos a empezar, debido a la rapacidad y a la miopía histórica de la derecha actualmente en el poder presidencial.

No hay vuelta de hoja. Para efectos prácticos, como se está viendo, el hecho de que Felipe Calderón Hinojosa haya asumido el poder presidencial “háiga sido como háiga sido”, esto es, por un magro y tramposo 0.5% de los votos, no parece conmover a los panistas y a la derecha cupular empresarial. Estos quieren creer, y hacernos creer, que esa infinitesimal mínima diferencia de votos fue una suerte de cheque en blanco que el pueblo mexicano les dio para que esta derecha inepta y entreguista traicionara a los dos tercios restantes de electores que no votaron por Calderón (entre obradoristas y priístas). Les importa, como a todos ellos en la elección del 2006, obtener el resultado al estilo del “háiga sido como háiga sido”. Una vez afianzados, creen que lo demás sería cuestión de propaganda, de disuasión de la protesta, de manipulación mediática mentirosa, de atole con el dedo a las mayorías mexicanas y hasta de represiones.

De lo cual resulta que si las cámaras legislativas, por la trampa de sumar votos (y ya se denunció que desde el actual gobierno están queriendo comprar cada voto necesario en varios millones de dólares, con escandalizado y gazmoño sobresalto panista) llegasen a obtener esa mayoría necesaria para poder vender la soberanía del Estado -fuese a los privados, fuese a los extranjeros también privados- el único camino que quedaría abierto a los nacionalistas sería el de las movilizaciones populares y la insurrección política democrática pacífica. Si a golpes de movilización popular fue abortado el albazo legislativo que pretendía tener aprobada la privatización en el pasado abril, a golpes de movilización popular habría de darse la resistencia contra la privatización misma, de llegar ésta.

Aún faltan las consultas populares preparadas por los nacionalistas, en medio del griterío de la derecha de que eso es tanto como atentar contra la legalidad. Pero tampoco para estas consultas, según encuestas y según las percepciones de quienes nos mantenemos atentos al pulso del pueblo, la decisión se inclina hacia los privatizantes, sino a favor de los nacionalistas. Y como tampoco este resultado anti-privatizante, que es el más esperado, habría de ser vinculante u obligatorio legalmente, los nacionalistas deberían pensar en cómo hacer valer esta decisión mayoritaria desde hoy anunciada.

Una vez más, ahí estaría el camino abierto de una mucho más intensa movilización popular democrática, lo cual abre un periodo de incertidumbres políticas y sociales como no las ha tenido México en su historia, dado que nunca como hoy en las últimas siete décadas ha estado al frente del poder presidencial un personaje más avieso que el llamado presidente Calderón, presidente de facto, presidente espurio, presidente ilegítimo. Ha constituido Calderón un gobierno tan débil que da manazos y patadas para fortalecerse en todos los ámbitos, pero que está logrando exactamente lo contrario de lo que pretende, como en el caso de la lucha contra el crimen organizado, donde camina para atrás tres, cuatro, cinco o seis pasos, y para adelante sólo uno o menos.

Eso es lo que causa temor, su incapacidad para obtener triunfos legítimos ante la nación y el pueblo, y eso empantana al país en una ola de contradicciones. Y de ahí al desastre no hay sino sólo un paso.

7/06/2008

FECAL-RON FICHERA DE EEUU

Calderón: ficha de EU

John Saxe-Fernández

El endoso de Calderón a la integración militar bajo auspicio de EU por medio del Comando Norte (CN), la ASPAN, la Iniciativa Mérida y el Proyecto Mesoamérica, arriesga la integridad territorial mexicana y le adjudica a la oficina presidencial el patético papel de “ficha” (asset) de EU en el tablero estratégico de las Américas; una capitulación de soberanía y de liderazgo latinoamericano que comparte con Álvaro Uribe, su homólogo colombiano.


Cabe recordar que la Iniciativa Mérida, gemela del Plan Colombia, es un inductor presupuestal que integra a México al CN mediante negocios: asesorías, equipo, entrenamiento, intercambio de información y movilización conjunta de tropas bajo los bastidores de empresas contratistas tipo Blackwater y DynCorp, brazos clandestinos del Pentágono al mando de ex oficiales militares y de inteligencia estadunidenses, como ya se advirtió desde estas páginas.

La construcción imperial de coaliciones de corte militar-empresarial, usando el CN y la ASPAN, se encamina, por conducto de la Iniciativa Mérida, a desvanecer la función de “defensa nacional” en las fuerzas armadas mexicanas, para sustituirla por tareas de “seguridad interna” o de corte netamente policial.

Estas instancias castrenses también se coordinan con el Comando Sur que opera del Suchiate a la Patagonia y tienen entre sus objetivos: a) el posicionamiento territorial para el control de la población y los recursos naturales de América Latina con despliegues de bases, operativos navales, aéreos y terrestres; y b) la utilización de la Iniciativa Mérida y el Plan Colombia como arietes para una ofensiva oligárquico-imperial encaminada a generar sinergias entre ambos comandos que refuerzan su dominio de América Central y el Caribe desplegando operaciones abiertas y encubiertas para socavar, por la vía de la desestabilización socioeconómica y militar, el proceso de formación de coaliciones sudamericanas en curso.

La mencionada sinergia se explicitó en el comunicado del Proyecto Mesoamericano cuando los nueve mandatarios participantes “… reiteraron su disposición a estrechar la cooperación entre sus países y con EU en el marco de la Iniciativa Mérida” (BBC-Mundo, 29/6/08).
Esos operativos se intensificaron después que Brasilia informó a la secretaria Rice de su apoyo para la formación de una estructura sudamericana de defensa que excluye a la potencia norteña.
Al poco tiempo se registraron los violentos ataques contra territorio ecuatoriano desde Colombia, haciéndose visible la acción oculta de EU actuando a través de su “ficha” colombiana.
Así se puso en práctica la doctrina de la guerra preventiva, de las “fronteras flexibles” y de lo que el Pentágono concibe como el derecho de intervenir militarmente en “espacios de precaria gobernabilidad” –dotados sin excepción de abundantes y estratégicos recursos naturales–, todo en abierto desacato del derecho internacional y de acuerdos multilaterales suscritos por EU con América Latina.

El regreso de la “diplomacia de las cañoneras” con la puesta en operación el martes pasado de la cuarta Flota –establecida durante la Segunda Guerra Mundial contra ataques submarinos alemanes y desactivada desde 1950– lo anunció el Pentágono con una gira por la región del almirante Jim Savridis, a cargo del Comando Sur, exactamente una semana antes del cónclave fundacionaaal de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), realizado en Brasilia, el 23 de mayo pasado, cuyo fundamento es la defensa conjunta de la inviolabilidad territorial de los firmantes, en contraste con las doctrinas y programas castrenses hilvanados con diseños de desincorporación territorial del Banco Mundial-BID y ONG “ambientalistas”, para una refuncionalización estadunidense del espacio nacional, como ocurrió con los ferrocarriles de México y que la iniciativa energética de Calderón llevaría a los vastos complejos económico-territoriales, involucrados en la operación diaria de. Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad.

6/16/2008

FECAL CORROBORA SU GOBIERNO ENTREGUISTA EN ESPAÑA

Felipe Calderón vende México a las trasnacionales

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada

Recibido con los honores de jefe de Estado, en medio de un paro patronal de camioneros, el presidente de México trae un mensaje diáfano a los empresarios españoles. La relación capital-trabajo es favorable para quienes deseen invertir en un espacio abierto, seguro y rentable. México está en venta. Así expone sus argumentos: lucha contra el narcotráfico, la corrupción, la inseguridad jurídica y el crimen organizado son los mejores signos de una economía saneada y de un orden político que apuesta por ser competitivo. La guinda del pastel: el proceso de desnacionalización de las riquezas básicas, así lo anuncia en un programa de televisión: Los desayunos de TVE. En definitiva, no habrá obstáculos a las inversiones de España en infraestructuras. La periodista, muy sonriente y pro Calderón, para dejar claro las distancias entre la incertidumbre del populismo y la seriedad del gobierno del PAN, pregunta de forma irónica: México privatiza, en tanto Venezuela, Argentina, Ecuador o Bolivia nacionaliza, ¿eso da seguridad a los empresarios españoles? ¿Trasladará las inversiones a su país? Calderón deja entrever cuál es el futuro: abrir el país a las trasnacionales ibéricas para llevar a cabo sus pingües negocios. Todo ello en medio de la pérdida de soberanía y autodeterminación.

Sin embargo, para ese proyecto pueril es necesario convencer a los interlocutores del grado de sumisión de las nuevas autoridades a los designios del poder económico español. Endesa, Santander, Iberdrola, Construcciones y Contratas, Repsol. En España Felipe Calderón se comporta como un cipayo. Por este motivo es bien tratado en el círculo de empresarios. Carlos Slim había preparado el terreno con anterioridad, viajando y entrevistándose con empresarios y la CEOE. Felipe González allanó igualmente el terreno con el gobierno. Mientras tanto, su séquito aprovecha para elogiar el modelo neoliberal en crisis desde hace mas de una década, atiborrándose de compras y consumiendo hasta la extenuación y relacionándose con el Partido Popular. Cada vez, la nueva derecha mexicana se parece más a la vieja oligarquía del siglo XIX, cuya única preocupación era la ostentación, el lujo y el despilfarro, además de vivir de las rentas y los beneficios obtenidos de administrar los intereses de las compañías extranjeras a las cuales vendía su alma. Ahora quieren revivir esa sociedad bajo las nuevas condiciones tecnológicas del siglo XXI. Exclusión, sobrexplotación, trabajo infantil, informalidad y maquila. Sólo así pueden extremar los beneficios y las desigualdades. Ellos, los nuevos plutócratas, sueñan con trasladar el mito del capitalismo salvaje del consumo de masas, aunque nunca han pasado hambre, ni penurias, levantan el neocolonialismo, asesinando a los pueblos indígenas. Se comportan como vendepatrias. Lo cierto es que desde hace ya tiempo no tienen concepto de país.

Aquí, construyen una lógica perversa. Presentan un México unido por las tradiciones a un pasado que los ata y los limita en su proyecto. Lo cual impide construir el mañana. Ellos, sin embargo, son los poseedores del futuro. Se consideran sus únicos representantes. Su discurso quiere hacer ver, de forma maniquea, que durante 500 años el país no participó de la economía internacional. Que vivió de espaldas al mundo. Que ha llegado la hora de soltar lastres. De ser responsables, de asumir el cambio. Son de sesera frágil. ¿Hay que recordarles que México es independiente porque fue una colonia donde se extrajo el oro, la plata y posteriormente sufrió invasiones y guerras? ¿Olvidan que exportó el henequén y el petróleo, por decir lo menos? No recuerdan su aporte a la independencia latinoamericana, Morelos Hidalgo. La lucha antimperialista y nacionalista: la Revolución Mexicana. La dignidad construida bajo el derecho de autodeterminación, la nacionalización del petróleo y las riquezas básicas. Borran la memoria y la conciencia, la voluntad colectiva de un proyecto irrenunciable a la independencia política y económica.

Sin embargo, para Calderón y el PAN sólo hay un lenguaje. El dinero y poder de los de arriba. Los dueños de México son Slim y el capital privado. A la nación y el pueblo se le trata de arrebatar su identidad construida desde los valores colectivos nacidos de la revolución. La actual se construye en función de los intereses de las trasnacionales y desde el mercado. La dignidad y la determinación soberana se esfuman del imaginario social.

En esta lógica, es vergonzoso escuchar cómo Felipe Calderón oferta ante las cámaras de televisión española médicos, ingenieros, investigadores, es decir, mano de obra cualificada, formada en sus universidades públicas, como una contrapartida si las empresas españolas deciden invertir en México. Dice, de esta guisa promover la inmigración de profesionales sin salida. Pero la realidad es otra. No tiene la intención de invertir en laboratorios, en desarrollo y en innovación. De un plumazo expulsa la cantera, opta por la dependencia tecnológica financiera y, lo que es peor, asumir formar de pensar y de actuar inadecuadas para la solución de los problemas nacionales, pagando altos costos por patentes. Así, no tiene rubor en dejar marchar generaciones de científicos y jóvenes que deseando participar en el desarrollo del país, cerrándoles las puertas por una mezquina visión de corto plazo cuyo objetivo es atraer capitales depredadores sin ningún interés en acabar con las estructuras del subdesarrollo. Nunca lo han tenido ni lo tendrán. Por ello, Calderón evidencia su mezquindad al plantear dicha estrategia. Es la llamada fuga de cerebros, hoy convertida en inmigración. Los beneficios de tal operación siempre serán un intercambio desigual. México perderá su fisonomía nacional y se convertirá en una colonia de trasnacionales. Felipe Calderón paga en este viaje los favores de Aznar en su campaña y de José Luis Rodríguez Zapatero al reconocerlo como presidente legítimo. Se vende México; tratar con Felipe Calderón.

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