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7/10/2008

DEPREDADORES EMPRESARIALES: PETROLERAS TRANSNACIONALES Y CAMBIO CLIMATICO

La gran mentira de las grandes compañías petroleras

George Monbiot
The Guardian/www.globalizate.org

James Hansen tiene razón sobre los lobbys que patrocinan la basura de la ciencia climática de los negacionistas. Pero llevar a los ejecutivos de la energía a juicio no es la respuesta.
Por supuesto, no es un crimen, y es difícil comprender como en una sociedad libre, podría o debería considerarse como tal. Pero la culpabilidad a la que el científico James Hansen se refiere sobre las compañías energéticas y que dirigirá en su testimonio al Congreso es clara. Si fracasamos en nuestro intento de prevenir un cambio climático fuera de control, en gran parte será debido a las campañas que las compañías de petróleo, carbón y eléctricas y su red de lobbys, falsos expertos y think tanks han patrocinado.

La operación nació directamente de la guerra que las grandes compañías de tabaco emprendieron contra la ciencia. Han utilizado a los mismos falsos expertos, las mismas compañías de relaciones públicas y las mismas tácticas: como muestro en mi libro Heat, la campaña contra la acción sobre el cambio climático fue lanzada parcialmente por la compañía Philip Morris. Pero mientras que la campaña de los mentirosos profesionales de la tabaquera fue apagada por una masiva acción de clase en los EEUU, sus patrocinados negacionistas del cambio climático todavía tienen mucha influencia sobre la percepción pública. Una encuesta publicada ayer en The Observer muestra que 6 de cada 10 personas en Gran Bretaña están de acuerdo en que “muchos científicos todavía se cuestionan si los humanos estamos contribuyendo al cambio climático”. Esta es una percepción errónea, promovida por los lobbys de las grandes empresas energéticas.

Prácticamente sin excepción, los científicos que dicen tener dudas sobre el cambio climático antropogénico se pueden catalogar en dos categorías: o no están cualificados en la rama de la ciencia que discuten o han recibido dinero de las compañías de combustibles fósiles. De todos ellos, solo he podido encontrar uno, el Doctor John Christy de la Universidad de Alabama- que tiene títulos académicos relevantes y que no parece haber recibido dinero de los grupos de lobby o think thanks patrocinados por las compañías energéticas. Pero incluso él ha tenido que admitir que las cifras en las que basa sus ideas fueron el resultado de “errores en los… datos”.

Los otros son todo lo contrario de lo que es un escéptico. Muchos de ellos están pagados para empezar con una conclusión: el cambio climático no está ocurriendo o no es importante. Después buscan datos y argumentos que apoyen su conclusión. En la mayoría de los casos eligen descubrimientos científicos; en algunos casos, como el artículo científico falso adjuntado en la celebrada Petición de Oregon (1), se los inventan. Pero la gente que no entiende la diferencia entre un articulo contrastado por otros científicos y un panfleto caen en la trampa. La campaña de propaganda de las compañías energéticas es amplificada por pseudos-científicos en los medios de comunicación, como Melanie Phillips, Christopher Broker, Nigel Lawson, Alexander Cockburn y el productor de televisión Martin Durkin (rodó el documental The Great Global Warming Swindle para Channel 4)*.

No creo que las compañías energéticas deban ser llevadas a juicio por encargar el montón de basura que sus patrocinados expertos publican. Pero sus campañas de desinformación deben ser denunciadas una y otra vez. Como los lobbys del tabaco, no solo están retrasando la esencial acción pública: también crean la impresión de que la ciencia está en venta al mejor postor.

La terrible verdad es que algunas veces si es así.

Big oil's big lie
George Monbiot 23 Junio 2008
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2008/jun/23/climatechange.carbonemissions

Traducido por Félix Nieto para Globalízate

Notas
1 http://www.oism.org/pproject/

* El documental fue emitido por Telemadrid como El gran Timo del Calentamiento Global y está siendo utilizado por los negacionistas en muchos sitios de Internet.

6/28/2008

LOS USAMERICANOS PLANEAN COMBATIR EL NARCO EN TODO EL MUNDO MENOS EN SU TERRITORIO

El Plan Colombia y la cocaína

Por: Joaquín Rivery Tur

Desde un principio, cuando se comenzó a hablar del Plan Colombia bajo el gobierno de Andrés Pastrana (1998 y 2002), muchos apreciamos que los miles de millones de dólares que Estados Unidos aportaba a ese programa estaban destinados a la lucha contra la guerrilla y a una mayor militarización de Colombia.

La careta era la lucha contra las drogas, que en parte también estaba incluida, pero lo fundamental para Washington era convertir a las fuerzas armadas colombianas en la punta de lanza bélica contra los movimientos populares que cobraban un auge indetenible, sobre todo en la zona andina.

De paso, el gobierno de George W. Bush tenía un pretexto para hablar del combate de su régimen contra el comercio ilegal de estupefacientes. Con la aplicación de las acciones de erradicación de plantaciones de coca, por cierto, comenzaron los roces entre Colombia y Ecuador, porque las fumigaciones que hacían los aviones norteamericanos junto al territorio ecuatoriano comenzaron a afectar seriamente la salud del vecino del sur.

Y, en fin de cuentas, las cosas no han ido muy bien.

En un trabajo de 2006 del sociólogo Ricardo Vargas, director de la ONG Acción Andina, se señala que el Departamento de Estado calificaba al año precedente como el del récord en la erradicación de hojas de coca en Colombia (primer productor mundial, uno de los mayores aliados de Estados Unidos en Suramérica), con 170 mil hectáreas de la Erythroxylum coca.

Sin embargo, al tomar como indicador determinante el número de hectáreas en producción, el resultado es opuesto, pues el boletín de la Oficina de Drogas de Estados Unidos de mediados de abril de 2006, arrojó un incremento de 30 mil hectáreas de hoja de coca en 2005, es decir, un alza del 26 por ciento en relación con el año anterior. Esto pone de relieve que no se pueden tomar en serio los datos de la propaganda norteamericana.

Un cuadro sobre las áreas erradicadas por las fumigaciones indica que durante 1999 y el 2000, hubo un aumento de las extensiones sembradas de 75 mil hectáreas.

A partir del 2001, las fumigaciones repetidas (para contrarrestar la resiembra) lograron disminuir unas 55 mil hectáreas. Sin embargo, del 2003 al 2005, hubo un regreso al aumento de los terrenos sembrados, a pesar de la campaña, que provoca un daño ecológico enorme al medio ambiente colombiano, pues se emplea glisofato, sustancia muy agresiva a los plantíos de alimentos y áreas silvestres.

Como dice el sociólogo Vargas, los cultivos hicieron metástasis y se extendieron a departamentos donde no existían antes del Plan Colombia.

El pasado año, había en ese país andino 98 mil hectáreas sembradas de coca, 20 mil más que en el precedente.

Ahora Washington se enfrasca también en otro plan para luchar contra el tráfico de drogas en México; sin embargo, las autoridades norteamericanas no tienen en mente un plan de lucha dentro del territorio de Estados Unidos, el mayor consumidor de narcóticos del mundo, tanto naturales como artificiales.

Washington quiere apagar el fuego en los alrededores, cuando el foco de la candela lo tiene dentro de sus entrañas, donde la adicción a los estupefacientes es como uno de esos incendios forestales cíclicos de California. No se pueden apagar con cubos de agua.

6/27/2008

DEPREDADORES EMPRESARIALES: REPSOL YPF LA PESADILLA DE BOLIVIA

Los malabarismos de Repsol YPF

Marc Gavaldà

La multinacional Repsol YPF no atraviesa sus mejores momentos, a pesar del alto precio del crudo. Pero mucho peores son las consecuencias para los países donde opera.

A pesar de las reservas declinantes en muchos de sus campos, el presidente de Repsol YPF, Antoni Brufau, en ningún momento escondió su sonrisa en la reciente junta de accionistas. Incluso cuando dos representantes de Intermón Oxfam exigieron a Brufau que su empresa cumpla los tratados internacionales y respete el derecho de los pueblos indígenas a pronunciarse sobre los proyectos que afecten a sus tierras. El mismo Brufau también sonreía días antes, cuando en una abarrotada plaza Murillo de La Paz, el presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmaba que "Repsol es una empresa responsable". El abrazo sellaba "una noche de amanecida en las negociaciones". Ahora dos países "con sus respectivas empresas (sic) trabajarían juntas". Se había consumado el traspaso de 1% de las acciones de Andina para que Bolivia tenga el control de la filial de la empresa de capital español y norteamericano Repsol YPF. Capitulaba así la pesadilla boliviana para Repsol. Con la renovación y firma de todos los contratos por el Congreso, la compañía y su presidente pueden dormir tranquilos. Atrás quedaban, entre otros, los delitos de contrabando de millones de barriles por los que fueron apresados dos directivos de Repsol en 2006, la muerte de una familia de pescadores en el pozo Surubi o las auditorías practicadas a diez compañías, entre ellas Repsol y Andina, en las que se demuestra técnica y económicamente que estafaron a Bolivia.

¿Un buen año para Repsol?

No fue mal año de negocios. La empresa presumió en la junta de un beneficio neto de 1.212 millones de euros en el primer trimestre del año, un 36,5% más que en 2007, debido al incremento del precio del crudo y a la buena marcha de la filial argentina YPF, de la cual vienen más de la mitad de sus beneficios. La caída del dólar ha reducido estos números. Según la empresa, si presentara sus cuentas en dólares, el beneficio neto del grupo crecería un 62%.

Sobre el terreno, Repsol mantiene el control de 359 bloques con una superficie neta de 354.480 km2. De estos, 109 están en Argentina, 79 en EE UU y se adjudicó 71 bloques en las costas de Alaska asociada a Shell y ENI. A principios de año, consiguió 93 bloques más en el mar de Chukchi, beneficiado por la apertura que ha hecho Bush de la exploración petrolera en el Círculo Ártico. En cuanto a sus reservas, el último año, Repsol se anotó nuevos megayacimientos en Libia, en asociación con NOC, la compañía estatal ; en aguas profundas de Brasil, asociado con Petrobras ; y en Bolivia y en Perú. Además de la entrada en producción del megacampo Genghis Khan, en aguas profundas del golfo de México estadounidense. A pesar de estos logros, sus reservas probadas en los últimos años han pasado de 3.485.275 barriles a 1.400.000 barriles, menos de la mitad.

¿Un buen año para los países donde opera?

Las reservas mundiales describen un comportamiento declinante en la mayoría de los pozos. Repsol YPF es una de estas empresas que se ven apretadas por una demanda creciente que tiene que atender, especialmente en los países donde, a través de la privatización de sus empresas, ha capturado en el monopolio a millones de personas, reducidas a la condición de consumidores cautivos.

Argentina sufre una enquistada crisis energética que provoca cada invierno desabastecimiento y que obliga incluso a cerrar industrias en determinados períodos. El megayacimiento de Loma de la Lata -conocido por sus pasivos ambientales que han intoxicado a la población- ha registrado una acelerada declinación, como la mayoría de campos en las provincias de Neuquén y Mendoza.

El diésel también ha escaseado en Argentina y Bolivia, poniendo en juego la producción agrícola, mientras Repsol exporta el crudo y el gas de estos países para venderlo a precio internacional. La estrategia de la compañía de exportar mucho y explorar poco ha provocado la caída de las reservas en pocos años.

Algunos autores describen este comportamiento como “vampirización de la economía “ : no sólo succionan los recursos naturales trasladando a los Estados los importantes pasivos ambientales, también venden caro estos recursos a sus antiguos dueños parasitando su débil economía. Argentinos y bolivianos también han sido decepcionados por la anunciada “argentinización “ y “nacionalización “ de sus respectivas empresas estatales, privatizadas la pasada década. En el primer caso, Repsol vendió un 14% de YPF al grupo Petersen, supuestamente argentino, aunque el grupo tiene capitales españoles. En Bolivia, la “nacionalización “ de sus antiguas empresas estatales sólo ha consistido en un contrato de traspaso de acciones firmado entre YPFB, que tendrá el 51%, y Repsol YPF, que compartirá la administración de Andina. En las regiones petroleras, los anhelos de recuperación de los recursos han movilizado de nuevo a la población, tras dos años de expectativas.

En Camiri, antigua capital petrolera de Bolivia, una pueblada obligó al Gobierno a negociar el pasado marzo, después de una violenta represión, la entrega de un pequeño campo de Andina al pueblo de Camiri. Ello constituyó la primera expropiación auténtica que realiza Bolivia a una empresa petrolera desde la nacionalización de la Gulf Oil en 1969.

La indignación por sus políticas ambientales se han visibilizado este año con el vertido y ocultación de miles de barriles de crudo en el Parque Nacional Yasuní (Ecuador), el derrame de fenoles cancerígenos en el río Francolí o las denuncias de contaminación del agua de red en Añelo (Argentina).

DEPREDADORES EMPRESARIALES: MONSANTO Y SUS PRODUCTOS TRANGENICOS

Productos transgénicos, genocidio planetario

El autor denuncia la proliferación de transgénicos como un negocio que procura grandes dividendos a las empresas, pero también grandes peligros para el medio ambiente y, por supuesto, para el consumidor, lejos de solucionar los problemas alimentarios.

Si junto a tu casa dispones de un jardín o de un pequeño espacio verde que procuras mantener limpio, o dispones de un trozo de huerta donde cultivas tus hortalizas; si en tu que hacer diario te molestan las «malas hierbas», seguro que alguna vez has comprado y utilizado un herbicida para destruirlas, y ha sido Roundup, que es capaz de destruir todo tipo de planta y algo más, y también de contaminar nuestro organismo.

El herbicida Roundup de la empresa americana Monsanto es presentado por su fabricante como un producto biodegradable y ecológico; lo llaman producto fitosanitario para extremar la confusión. Pero el herbicida no es biodegradable ni ecológico, sino peligroso para la salud pública, para quien lo manipula y, a través de la cadena alimenticia, para nosotros los consumidores. Su principio activo, el glifosato, ataca a las hormonas del crecimiento de todo tipo de vegetación hasta su destrucción total.

Se han evidenciado residuos de este producto tanto en aguas subterráneas como en las superficiales -95% de los ríos bretones- e incluso en el organismo humano. Estudios de los residuos tóxicos en los agricultores que habían empleado el herbicida manifestaron su presencia en la orina de un sesenta por ciento de ellos y, lo que es más grave aún, en una parte de sus familiares, esposas e hijos. La Sociedad Americana del Cáncer manifestaba que las personas expuestas al glifosato tenían mayor riesgo de desarrollar un cáncer linfático.

Ahora bien, el Roundup es más que el glifosato, su materia activa, y más peligroso para la cadena alimenticia, pues va unido a otras sustancias como el POEA, un detergente que favorece la propagación de las diminutas gotas pulverizadas sobre las hojas de las plantas. El profesor Bellé, en Bretaña, señala que el Roundup induce las primeras etapas conducentes al cáncer. La toxicidad aguda del conjunto Roundup es concluyente para todos los investigadores. Un laboratorio de la Universidad Tech de Texas ha establecido que la exposición al Roundop de las células Leydig, alojadas en los testículos, que juegan una función capital en el funcionamiento del aparato genital masculino, reducía un 94% la producción de las hormonas sexuales.

La extensión mundial de su utilización hace que este producto incremente su potencial agresivo. El herbicida Roundup se ha convertido en el producto estrella de la agricultura, de la jardinería y de los gestores de jardines y espacios públicos. «En el área de herbicidas -afirma Monsanto en su página 3W- la compañía prevé que su negocio de glifosato, que se comercializa bajo la marca Roundup, podría generar entre 1.300 y 1.400 millones de dólares de beneficio bruto en el año fiscal 2.008».

Ha sido utilizado para la destrucción de plantaciones enteras por parte de USA en Colombia. La empresa Monsanto utilizó el Roundup Ultra, multiplicando por cuatro su propia eficacia, para pulverizaciones aéreas de la frontera colombiano-ecuatoriana. Destruyó así más de 1.500 hectáreas de cultivos alimenticios, manioca, maíz, plátanos, tomates, caña de azúcar, árboles frutales y provocó la muerte de animales. Entre los años 2000 y 2006 se estima que más de 300.000 hectáreas sufrieron pulverizaciones aéreas y más de 300.000 personas fueron intoxicadas. No se trata de bagatelas.

El libro titulado «El mundo según Monsanto», escrito por Marie Monique Robín (Ed. La Découverte, 2008) y subtitulado «De la dioxina a los OGM, una multinacional que os quiere bien», impacta y sobrecoge más allá de los límites imaginables de la realidad. Sin pretenderlo, recuerda el film «Erin Brockovich» del director Steven Soderbergh, donde investiga un caso de contaminación de agua por parte de una poderosa organización que comporta graves y mortales enfermedades a los habitantes de la zona. Es difícil no terminar asustado con la lista de escándalos que arrastra la firma americana Monsanto a lo largo y ancho del planeta.

Desgraciadamente no es todo. Al herbicida le han sucedido los OGM, los organismos genéticamente modificados.

En 1972 uno de los investigadores de Monsanto afirmó: «En lugar de investigar sobre nuevos herbicidas, ¿por qué no crear plantas selectivas -manipulando su patrimonio genético- capaces de sobrevivir a las pulverizaciones de nuestro Roundup?».

Una treintena de investigadores trabajaron en el proyecto creyéndose verdaderos revolucionarios «verdes». Tras 700.000 horas de trabajo y una inversión de 80 millones de dólares, descubrieron la bacteria insensible a su desherbante Roundup, era el conocido como 35S, el virus del mosaico de la coliflor, junto a trozos del ADN de la petunia. Era lo que debían introducir en las semillas utilizando un «cañón de genes» -común en la ingeniería genética- sin saber el punto exacto donde introducían el elemento patógeno dentro del organismo a manipular, ni sus consecuencias en la alimentación. Nació la soja Roundup Ready, la soja resistente al herbicida Roundup, que según su fabricante poseía la misma sustancia que la soja convencional.

Nada más falso, pues contiene entre 12 y 14% menos de fitoestrógenos y mantiene en su interior cantidades importantes de glifosato, el principio activo del desherbante, 20mg/kg, que naturalmente fue permitido por los poderes públicos. Es así como los fabricantes de productos transgénicos han convertido el producto activo del desherbante en alimento.

Una investigación de la universidad de Pavia sobre la alimentación de soja transgénica en animales señala que «el hígado había tenido una actividad fisiológica mucho más elevada, encontrándose modificaciones similares en las células del páncreas y de los testículos». Indicando como posible origen los residuos del desherbante en la soja transgénica.

Añadamos los problemas ligados a la producción. La soja resistente al Roundup tiene un rendimiento inferior a la soja tradicional; el que sea resistente al desherbante, hace de la soja transgénica una mala hierba que precisa la utilización de desherbantes cada vez más frecuentes y potentes; la soja transgénica debilita los suelos agrícolas y hacen al agricultor completamente dependiente de la empresa Monsanto.

La patata, el tomate, el maíz, la soja, el arroz, el trigo... ¿todos ellos transgénicos? Parece cierto si no lo detenemos.

El doctor Darío Gianfelici, médico en Cerrito, a 50 kilómetros de Paraná, en Argentina, decía: «Las autoridades sanitarias de este país son completamente irresponsables... Preparamos un verdadero desastre sanitario y desgraciadamente los poderes públicos no se han dado cuenta de lo que nos jugamos».

Las multinacionales Novartis, Sandoz, Syngenta y, más agresivamente si cabe, Monsanto, pretenden incrementos de producción agrícola a base de la contaminación genética de productos, suelos, animales y personas. Infectan el mundo sin solucionar el hambre, y cuando les hacen descubrir sus aberraciones, proponen transformar sus productos transgénicos en combustible, en una imparable marcha hacia adelante, infectando el mundo con la aquiescencia de gobernantes.

El jueves 5 de junio terminó la Cumbre de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU) que se celebró en Roma. No se mencionó la invasión de maíz transgénico que sufre México, ni se habló de la conquista de la soja resistente al desherbante en Argentina, en Brasil y Paraguay, ni de la desertización del planeta provocada por las multinacionales de la des-alimentación. Al contrario, como escribe Win Dierckysens, «la especulación creada en torno a los alimentos básicos se transforma en carburante y empuja los precios de los cereales y del azúcar hacia unos nuevos máximos inalcanzables para una inmensa masa de la población que principalmente se encuentra en Asia, África y América Latina». Como señaló un judío de Nazaret, «al que tiene se le dará más, y al que no tiene hasta lo poco que tenga se le quitará». Es el liberalismo.

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