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7/08/2008

EL YUNQUISTA ESPINO BARRIENTOS LA PIEDRA DE FECAL Y APUNTALA A BELTRONES

Fuego amigo

Por: Teodoro Rentería Arróyave

El fuego amigo se recrudece al interior del Partido Acción Nacional, PAN, y en contra, precisamente, del presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.

En una información exclusiva del diario El Universal, que ya le dio la vuelta al mundo, se da la primicia del libro “Señal de Alerta”, en el cual su autor, Manuel Espino Barrientos, ex presidente nacional del PAN, hace una acusación de una gravedad inusitada: que los “capos” del calderonismo han usado agentes de la inteligencia mexicana desplazados en Europa para espiarlo.

Según explica, para entorpecerle su llegada a la presidencia de la Organización Demócrata Cristiana de América, ODCA, plan que desde luego fracasó, pues a pesar de no contar con el beneplácito del Gobierno de México, pintado de azul, lo logró, y de ello se ufana.

El yunquista acusa en su libro, pronto a la venta, que estas prácticas representan una regresión política de México y criticó acremente la amistad de Calderón Hinojosa con el senador priísta Manlio Fabio Beltrones, puesto que, asegura, puede poner en riesgo la permanencia de Acción Nacional en Los Pinos.

Según el relato que recoge El Universal, al estilo James Bond, los “capos del calderonismo” -este epíteto sólo se había aplicado a los líderes de los cárteles de las drogas- han usado a agentes de la inteligencia mexicana desplazados en Europa para seguirlo, de acuerdo con las galeras del libro Señal de alerta, cuya copia tiene El Universal.

Además señala nombres: “Arturo Sarukhán, actual embajador de México en Washington, propuso intervenir mi teléfono y Andrés Chao, ex empleado del controvertido Centro de Investigación y Seguridad Nacional, CISEN, en Europa, se encargó de contratar los servicios para armar una cueva y desde ahí rastrear mis movimientos”, narra el autor.

Menciona, también, al ex agente de la Procuraduría General de la República, Carlos Nava, como el responsable de ejecutar la operación, y señala que los procuradores Daniel Cabeza de Vaca y Eduardo Medina Mora confirmaron las acciones de seguimiento.

El actual presidente de la Organización Demócrata Cristina de América (ODCA) sostiene que el primer círculo de colaboradores del presidente Felipe Calderón manipuló a los medios de comunicación para posicionarlo como detractor del Ejecutivo federal.

Espino afirma que el PAN aprendió rápido las mañas del PRI. Advierte que la cercanía de Calderón con el senador Manlio Fabio Beltrones -de quien dice es “un peligro para México”- puede poner en riesgo la permanencia de Acción Nacional en Los Pinos.

Sobre este último, habría que comentar que antes del Yunquista Espino Barrientos, fue el propio líder de la bancada del PRI en el Senado de la República el que denunció actos de espionaje en su contra y cercanos colaboradores, por parte del Gobierno calderonista.

De aquí se desprenden dos análisis: el propio Manuel Espino apuntala políticamente, con su afirmaciones, a Manlio Fabio Beltrones, al avalar el supuesto de que el Gobierno de Calderón se conduce como espía y desde luego, que el fuego amigo blanquiazul es una realidad que se va a reflejar en las elecciones del 2009 y 2012; si no, al tiempo.

6/27/2008

EMPRESARIOS ESPIAN A LOS CIUDADANOS JUNTO CON EL FBI

Empresarios 007

InfraGard al estilo de James Bond

Pertenecen a 26.188 empresas estadounidenses (al 23 de junio), forman parte de InfraGard, una entidad civil aliada del FBI, con el que mantienen contactos casi diarios, y su función declarada es proteger del terrorismo a infraestructuras electrónicas, bancarias, servicios de emergencia, hospitales, transporte, sistemas hidráulicos, cadenas alimentarias, en fin, todo el costado crítico indispensable para la marcha normal de una nación. Agrupa a 84 organismos o sucursales en todo el país en contacto permanente que adoctrinan agentes del FBI designados en cada caso. “La esencia de esta asociación es compartir información e inteligencia”, se reitera en su web (www.infragard.net). Es una organización casi tan capilar como la Iglesia y su tarea no se diferencia de la que lleva a cabo su socio, el FBI: espiar a la sociedad civil norteamericana.

InfraGard se jacta de reunir en sus filas a empresas que operan el 85 por ciento de la infraestructura crítica del país y se enorgullece de contar, a nivel nacional, con representantes de 350 de las 500 empresas con mayor capital que la revista Fortune elenca.

Para ser aceptado como miembro, cada candidato a ingresar especifica a qué rama crítica pertenece y el FBI da, o no da, su visto bueno. Robert Mueller, director del FBI, explicó en una convención de InfraGard que tuvo lugar en el 2005: “Ustedes, los del sector privado, están en la primera línea de defensa”. Contra el terrorismo, desde luego. Instó a los presentes a comunicarse con el FBI si notaban “alguna actividad sospechosa o un hecho inusual”, definición que incluía –dijo– “a los empleados descontentos que emplearán la competencia adquirida en el trabajo contra sus empleadores” (//gov.tech.com, 16-8-05). Sic.

Las declaraciones de Mr. Mueller recuerdan hechos que padecieron bajo la dictadura militar argentina (1976-1983) los operarios de grandes empresas como Mercedes Benz. Se ha probado que sus ejecutivos se sacaban de encima a las comisiones internas, dirigentes sindicales de base y a los obreros que protestaban por los bajos salarios y las duras condiciones de trabajo mediante una práctica fatídica: pasaban a los militares la lista de esos “empleados descontentos” y éstos “desaparecían”. Centenares de miles de trabajadores se desempeñan en las empresas de InfraGard.

La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) ha manifestado su preocupación por semejante clase de espionaje: “Hay evidencias –dice en su informe titulado ‘The Surveillance-Industrial Complex’– de que InfraGard podría formar parte de los servicios de información y prevención del terrorismo, convirtiendo a las corporaciones del sector privado –algunas de las cuales están en condiciones de observar las actividades de millones de clientes– en ojos y oídos vicarios del FBI” (www.aclu.org, agosto del 2004). Es notorio en qué consiste realmente la cruzada “antiterrorista” de W. Bush (léase Guantánamo o Abu Ghraib). Una directiva presidencial de mayo del 2007, en la que se subraya la necesidad de que el sector privado actúe en los casos de emergencia, confirió estatus legal a InfraGard. Agentes del FBI y del Departamento de Seguridad Interior adiestran a los ejecutivos, en grupos de hasta cien, en cómo actuar en esas situaciones. Tienen permiso para tirar a matar.

Los espías expertos dicen a los ejecutivos que “cuando (no si) se declare la ley marcial, nuestra responsabilidad es proteger nuestra parte de la infraestructura y si usamos para ello una fuerza letal no podrán procesarnos”, confesó un miembro de InfraGard al periodista Matthew Rotschild (www.progressive.org, 7-2-08). InfraGard, por supuesto, desmintió la información. Pero cuando el periodista preguntó si era o no cierta a Curt Haugen, director ejecutivo del S’Curo Group, ex agente de la CIA y miembro de InfraGard desde hace años, éste contestó: “No puedo hacer comentarios sobre el tema. Pero como ciudadano privado, uno tiene derecho a usar la fuerza si se siente amenazado”. La respuesta no es precisamente oscura.

“Hay que proteger los intereses de InfraGard cuando se habla con quienes no son miembros”, se precisa en el web de la organización. “En entrevistas con miembros de la prensa –añade–, puede ser difícil presentar la imagen de InfraGard. Una preparación adecuada para esas entrevistas puede minimizar el riesgo de la confusión... La conducción de InfraGard y el representante local del FBI deben revisar el cuestionario propuesto, acordar el tenor de las respuestas y designar al más apropiado para responderlas... Hay que eludir las preguntas sobre cuestiones delicadas.” Por ejemplo, la del derecho de los empresarios a matar a quien juzguen necesario si hay estado de sitio. A más de uno le encantaría ser James Bond.

6/20/2008

TECNOFASCISMO: TOTALITARISMO + TECNOLOGIA

Los mecanismos de control del totalitarismo inverso
Tecnofascismo


Chellis Glendenning
CounterPunch

Vigilancia de llamados telefónicos y correos electrónicos privados. Cámaras que registran cada paso que das. No hay recurso de amparo. Ingreso ilimitado a tus antecedentes financieros. Máquinas electorales que alteran los resultados de elecciones con sólo pulsar un botón. Protestas definidas como terrorismo, Mucha gente espera que la pérdida de derechos civiles que los estadounidenses han sufrido desde los ataques montados por el gobierno de Bush II sea una realidad política que pueda ser invertida mediante la voluntad electoral.

Mecanismos establecidos de poder político son, desde luego, los medios inmediatamente disponibles para intentar el cambio. Nociones de derechos ciudadanos, libertad, y participación democrática son paradigmas convincentes que han apasionado regularmente la bravura de ciudadanos de EE.UU. – y sin embargo el politólogo Sheldon Wolin, quien enseñó la filosofía de la democracia durante cinco décadas, ve el actual predicamento de la hegemonía corporativa-gubernamental como algo más endémico.

“Totalitarismo inverso,” lo llama en su reciente “Democracy Incorporated”: “Mentiras al blandir el poder total sin mostrar lo que está haciendo, sin establecer campos de concentración, o imponer uniformidad ideológica, o reprimir por la fuerza a elementos disidentes mientras sigan siendo ineficaces.” Para Wolin, una forma semejante de poder político convierte a EE.UU. “en el escaparate que muestra como la democracia puede ser dirigida sin mostrar que está siendo eliminada.”

Wolin señala correctamente que los orígenes del sistema de gobierno de EE.UU. “nacieron con un prejuicio contra la democracia,” y sin embargo el sistema ha arremetido rápidamente más allá de sus raíces agrarias menos que democráticas para convertirse en una sociedad urbana de masas que, con evidente sabor a 1984, podría ser llamada tecnofascismo. El papel de la tecnología es la parte pasada por alto del acertijo del enigma político contemporáneo.

¿Cuáles son sus mecanismos de control?

El uso de tecnologías de telecomunicación para la vigilancia es obvio. También lo son la alteración intencional de datos informáticos para reportajes públicos, la manipulación de noticias en la televisión para conformar la opinión, y el uso de armas emisoras de microondas para el control de multitudes.

Menos obvias son las que podrían ser llamadas “mecanización inversa” mediante las cuales los ciudadanos aceptan ciegamente la marcha del desarrollo tecnológico como expresión de un concepto muy inexacto, algunos dirían erróneo, de “progreso.” Un mecanismo que propaga una ceguera semejante es el papel invisible del gobierno de EE.UU. como criada reguladora de la industria, ofreciendo pocos o ningún medio para la determinación por parte del ciudadano de cuáles tecnologías son diseminadas: en su lugar recibimos cualesquiera organismos genéticamente modificados y plantas nucleares que presenten las corporaciones. Un ejemplo manifiesto es la Ley de Telecomunicaciones de 1996 que, tratando de no repetir los “errores” de la industria nuclear, ofrece nula participación del público en cuando a los impactos a la salud o al medioambiente de sus antenas, torres, y satélites – y el resultado es que el público no tiene ni la menor idea sobre los efectos biológicos muy reales de la radiación electromagnética. La mecanización inversa es también impulsada por el acceso desigual a los recursos: las corporaciones moldean suntuosamente la opinión pública y montan ilimitadas defensas legales contra grupos de ciudadanos que pueden estar muriendo por la exposición a una tecnología peligrosa, pero cuyos fondos sólo llegan a gotas como resultado de rifas. En su “Autonomous Technology: Technics-Out-Of-Control as a Theme in Political Thought” [Tecnología autónoma: técnicas fuera de control como tema en el pensamiento político], el politógo Langdon Winner señala que, además, los artefactos mismos han crecido a una magnitud y complejidad tales que definen la concepción popular de la necesidad. Basta con considerar la “necesidad” de llegar a sitios distantes en unas pocas horas o de gozar de comunicación instantánea.

Aún menos obvio como mecanismo de control público es la inversión tecnológica que resulta del hecho de que, como lo describe el cineasta Godfrey Reggio “no utilizamos la tecnología, la vivimos.” Como peces en el agua, no consideramos a los artefactos modernos como separados de nosotros, y por lo tanto no podemos admitir que existan.

El crítico social Lewis Mumford fue de los primeros en discernir la naturaleza sistémica de la tecnología. En “The Pentagon of Power,” identificó la metáfora subyacente de las civilizaciones de masas como megamáquina. La línea de montaje – de la fábrica, la casa, la educación, la agricultura, la medicina, el consumismo, el entretenimiento. La máquina – centralizando la toma de decisiones y el control. Lo mecánico – fragmentando cada acto hasta que se pierde la relación con el todo; insistiendo en el papel predeterminado de cada región, cada comunidad, cada individuo.

Mumford despeja hábilmente la falsa realidad de una realidad social basada en principios de centralización, control, y eficiencia. En 1962 miró hacia el futuro y vio el pentágono del poder encarnado: “una productividad más voluminosa, aumentada por computadores casi omniscientes y por una gama más amplia de antibióticos e inoculaciones, con un mayor control sobre nuestro patrimonio genético, con operaciones quirúrgicas y trasplantes más complejos, con una extensión de la automatización a todas las formas de actividad humana.”

El totalitarismo inverso es al mismo tiempo inverso y totalitario debido al poder de los sistemas modernos de tecnología de masas para conformar y controlar realidades sociales, tal como conforman y controlan los entendimientos individuales de esas realidades. Su existencia contemporánea es sin duda el resultado de los esfuerzos de un grupo de fundamentalistas de derechas que se lanzaron al poder mediante medios tortuosos – pero las actuales desigualdades sociales desesperadas, un predicamento ecológico calamitoso, y una política fascista son vástagos de una centralización y también un control tecnológicos que se desarrollan desde hace tiempo.

El desafío es ver el todo y todas sus partes, no sólo el brillante nuevo artefacto que pretende hacer que la vida individual de cada cual sea más fácil o más sexy – que es en sí un colaborador para que se produzca la desvinculación política. Todo es una megamáquina, contigo y tu televisión de pantalla líquida, tu Blackberry [organizador electrónico, N. del T.] y tu Prius [coche híbrido, N. del. T.] como eslabones indispensables.

La forja de un mundo superviviente requerirá ciertamente un cambio de gobierno – para comenzar. La aterradora realidad que es la sociedad tecnológica de masas sugiere más: una reorganización radical tecno-socio-económica, y con ese fin presentar visiones informadas por los mundos indígenas de los que todos procedemos, el regionalismo de los días de Mumford, y el actual biorregionalismo. O visiones de la localización forzada que proponen el Pico del Petróleo, el colapso económico, el cambio climático, y la devastación ecológica.

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