Congreso Nacional Indígena
“Para detener la siembra de tanta muerte”
Gloria Muñoz Ramírez
La Jornada
Representantes de los pueblos wixárika, nahua, purhépecha, zoque, cuicateco, mixteco, triqui, yaqui y yoreme, reunidos en la combativa Sierra Huichola del norte de Jalisco, hicieron un llamado al resto de los pueblos indios “a no creerse del mal gobierno y a continuar su lucha por el ejercicio de la autonomía y sus derechos por la vía de los hechos”.
En el marco de la vigésimo primera reunión ampliada de la Región Centro Pacífico del Congreso Nacional Indígena ( cni ), los 94 delegados advirtieron que en los últimos meses y días el gobierno “ha recrudecido la guerra de exterminio en contra de nuestros pueblos, tribus y naciones a través de la aplicación de diversos proyectos y políticas neoliberales que tienen como finalidad despojar nuestras tierras y territorios, robar y destruir nuestra cultura y provocar la migración y explotación despiadadas de nuestras comunidades”.
El CNI es un espacio de reflexión creado por los pueblos indios de México en octubre de 1996, durante la visita de la comandanta Ramona, representante del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), a la ciudad de México. En noviembre de ese mismo año, durante su primera asamblea nacional, los pueblos indígenas acordaron no “reproducir las formas de dominación o de control con que durante tantos años nos han oprimido los grupos de poder en el país, sino por el contrario, establecer nuevas formas de vivir la democracia”, basados en los siguientes principios: servir y no servirse; construir y no destruir; obedecer y no mandar; proponer y no imponer; convencer y no vencer; bajar y no subir; y enlazar y no aislar. Siete lineamientos que fueron recordados durante esta reunión celebrada en la comunidad wixárika de Mesa del Tirador.
Las aulas de la escuela primaria de la comunidad abrieron sus puertas a las cuatro mesas de trabajo en las que se vertieron demandas, propuestas, luchas y resistencias de los pueblos indios de México, quienes advirtieron que en contra de la salvaje destrucción que el capitalismo neoliberal impone a toda la humanidad, ellos, los pueblos, tribus y naciones “sueñan, proponen y construyen un mundo distinto sobre las bases del respeto y la protección de la madre tierra y la continuidad de la vida, la preservación de nuestra identidad y el fortalecimiento de nuestra organización comunal opuesta a la organización capitalista de la sociedad que mercantiliza la vida”. Nuestra lucha, señalaron, “es para detener la siembra de tanta muerte”.
Las reflexiones de los días 5 y 6 de julio giraron alrededor de cuatro ejes temáticos: el impacto de las políticas gubernamentales en los pueblos indígenas, el fortalecimiento de la autonomía indígena por la vía de los hechos, la resistencia de la identidad indígena frente a la dominación de la cultura occidental y, al final de la jornada, el fortalecimiento del CNI. Se habló también de las actuales embestidas neoliberales dirigidas a despojar de sus recursos a las comunidades indígenas del país, de las resistencias concretas que hay como respuesta y de la represión ejercida por el Estado.
En concreto se habló del proyecto de la carretera Amatitán-Huejuquilla el Alto, actualmente paralizado por la lucha y la movilización de la comunidad wixárika de Tuapurie. Este proyecto, afirmaron, tiene como finalidad “fragmentar y privatizar el territorio wixárika con el propósito de propiciar el despojo de la madre tierra en la región occidental del país”. Los delegados apoyaron las demandas de la comunidad de Tuapurie, “en el sentido de cancelar la ejecución del proyecto carretero”.
El CNI se solidarizó también con la demanda wixárika de recuperar el territorio de la comunidad de Waut+a (San Sebastián Teponahuaxtlán), actualmente invadida por ganaderos de los ejidos Puente de Camotlán y Huajimic, ambos del municipio de la Yesca, Nayarit. Se demandó también la salida de los ganaderos del paraje Cañón de Tlaxcala y se pronunciaron contra la contaminación del río Camotlán, que atraviesa su territorio. En el mismo sentido, se exigió “el reconocimiento legal a favor de la comunidad autónoma wixárika de Bancos de San Hipólito, Durango, sobre la superficie de 10 720 hectáreas correspondientes a las tierras comunales de su propiedad y posesión inmemorial, mismas que fueron ilegalmente tituladas a favor de la comunidad mestiza de San Lucas de Jalpa”.
Con la presencia de representantes yaquis y yoreme, de Sonora, el cni rechazó los megaproyectos conocidos como Mar de Cortés o Escalera Náutica, Fiderco y Plan Puebla Panamá, y exigió la restitución de los derechos territoriales y de agua de la tribu yaqui, la cancelación de los proyectos carreteros en el territorio de las tribus yaqui y mayo, en el estado de Sonora, en los territorios wixárika, cora y tepehuano de Jalisco, Durango y Nayarit, y en los territorios nahua y purhépecha de Michoacán. Se rechazó también el nuevo intento gubernamental de construir el aeropuerto internacional de la ciudad de México en la región de San Salvador Atenco; se pronunciaron por la cancelación de las concesiones mineras otorgadas en las regiones indígenas del sur de Jalisco, Costa de Michoacán, Guerrero y Oaxaca.
Nacido como fruto del Foro Nacional Indígena convocado por el EZLN en enero de 1996, en esta XXI reunión el CNI, como siempre, mantuvo presente a las comunidades indígenas zapatistas, actualmente asediadas por el ejército y grupos paramilitares: “Condenamos las provocaciones y amenazas en contra de la comunidad zapatista de La Garrucha y la reserva comunitaria zapatista El Huitepec, en Chiapas, por parte del gobierno de Felipe Calderón, el gobierno estatal de Juan Sabines y los gobiernos municipales involucrados, a quienes responsabilizamos de cualquier agresión o inicio de violencia en contra de nuestros hermanos zapatistas, haciendo nuestra su palabra y su denuncia y exigiendo la desmilitarización inmediata de los territorios zapatistas”.
Además de exigir la liberación inmediata de todos los presos políticos, indígenas y no indígenas, el CNI ratificó su carácter anticapitalista y su adhesión a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, así como su participación en La Otra Campaña.
Voces de la resistencia
Los partidos políticos cuando llegan a nuestras comunidades llegan partidos y también nos parten a nosotros, se van y nos dejan divididos. Cada día que pasa, los diputados y senadores tienen una ley lista que irá contra nuestras comunidades y la naturaleza, y por el lado de la comercialización. (Salvador Campanur, purhépecha de Cherán, Michoacán)
El turismo se está apoderando hasta de las zonas federales, las está reduciendo y privatizando, sólo a los extranjeros permiten entrar, a quienes tienen dólares. Donde yo vivo hay tres lagunas y el empresario extranjero las tiene privatizadas. Toda la agricultura se ha ido abajo. (Antonio Altamirano, comunidad en resistencia La Yerbabuena, Colima)
La resistencia no sólo debe ser por los hidrocarburos, sino además defender a todo México, en especial a nuestros pueblos indígenas. (Ztlalxochitzin, nahua de la Mixteca poblana)
La propiedad es un robo, es un invento legal. La propiedad verdadera es nuestro pensamiento, el mar, el aire y las plantas. Así como el cuerpo, sus obligaciones son tomar el aire o el néctar, sus derechos son el oír, hablar y testificar la palabra. Existe un solar, el cual es México, y es nuestro. No nos tienen que dar un escrito, nosotros somos los legítimos, y está escrito con la sangre de nuestros padres. Mi legitimidad está en mi sangre, desde la creación del primer indio, repito, nosotros como tribus somos las letras, no necesitamos de papel. El que se dice presidente de México, sólo recibe órdenes de otros organismos. Cuando llegan al poder, quieren con armas y fuego moldear el país, y cuando no pueden, siguen con el dinero, tratando de comprar voluntades. Cada tribu tiene su derecho de gobernarse por sí misma. (Alfredo Osuna Valenzuela, tribu yoreme, Sonora)
Las grandes estructuras del gobierno nos engañan con los certificados sobre la tierra, lo que provoca que se pueda vender como mercancía. También pasa con el agua, la quieren privatizar, quieren caer en ese error. Hasta la fecha nosotros tenemos el modo de vida comunal (Crisológo Calleja Hernández, cuicateco del Consejo Indígena Popular de Oaxaca, cipo )
Mientras que los pueblos, naciones y tribus no pierdan su autonomía, su territorio, su libre determinación, sus culturas sus derechos, conocimientos, recursos y su identidad como sujetos de derecho, seguiremos existiendo. La tierra es la madre y no se vende. La tierra de la comunidad es de la comunidad. (Juan Chávez, purhépecha de Nurío, Michoacán)
Allá en nuestro pueblo tenemos graves problemas de integración, ahora tenemos la división en dos pueblos que ha originado una dualidad de poderes. La tribu yaqui esta conformada por ocho pueblos, pero actualmente tenemos problemas en Vícam y en Pótam. Esta problemática tiene mas de diez años, ha originando confusión en lo político y rebota en otros sectores como en los culturales, sociales y hasta en lo económico. (Juan Domingo Molina Valencia, tribu yaqui de Vícam, Sonora)
Ahora también sabemos que se atenta contra nuestra tierra, rentándola para su explotación con productos ajenos, como el caso del aguacate que en un plazo de veinte años deja la tierra pobre y deja de ser productiva. Ésta es la estrategia que hace el gobierno federal, estatal y municipal, para que las comunidades dejen sus tierras y con esto provocar la división para luego poder vender la tierra. Esta política es clara, así como la del Procede, la cual divide mucho a cambio de unos cuantos pesos que ofrece, pero los resultados del despojo no se pueden ocultar. (María de Jesús Patricio, nahua, Tuxpan, región Sur, Jalisco)
Con el levantamiento zapatista, en 1994, en Nurío se aceptan sus preceptos y desde entonces no se reconoce al municipio de Paracho y ahora ya no votamos más. Ellos dijeron que estamos locos y que el municipio no nos iba a dar nada, pero aún así impedimos las elecciones, y al siguiente año reclamamos nuestro derecho como pueblo y comunidad. Nosotros vemos que esto es un logro, aquí es el pueblo el que decide y no sólo unos dirigentes. Nosotros fuimos apoyados por otras comunidades, pero hoy ellos nos han traicionado y hoy sus dirigentes son parte del gobierno. (Agustín González, purhépecha, Nurío, Michoacán)
Espero que los que estamos aquí hagamos el análisis necesario sobre lo que hacen los partidos políticos contra nuestras comunidades y que aquí mismo debatamos las resoluciones para luchar en contra de estas acciones. (José Guadalupe Taizan Hernández, wixárika, Mesa del Tirador, Jalisco)
Oaxaca es el estado donde no ha entrado tan fuerte el Procede, es por ello que han aplicado estas acciones de represión. Nosotros no pedimos limosnas, sino justicia y que nos respeten como pueblo indígena, pero el gobierno se ha hecho de oídos sordos. (Pedro Bautista Rojas, mixteco del Consejo Indígena Popular de Oaxaca, CIPO)
Nosotros desconfiamos del comisariato ejidal de nuestro ejido, pues él fue designado por el presidente municipal para que haga lo que él le ordene. Esto es muy malo, pues ellos sólo ven cómo sacar dinero y a nosotros nos tienen olvidados. (Ynocencio Jacobo, nahua, Lagunillas, Ayotitlán, Jalisco)
Con los yaquis nosotros nombramos a un comité, pero no es de ningún partido y ellos gestionan lo que se necesita. En todos lados se cuecen habas y allá también hemos detectado irregularidades, pero los sancionamos cuando descubrimos que se quieren meter cosas de partidos. (Fernando Jiménez, tribu yaqui, Sonora)
Recopilación: Gloria Muñoz Ramírez
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7/23/2008
7/16/2008
DESGOBIERNO PANISTA: CRIMINALIZANDO LA PROTESTA

Tolerancia social en el límite
Se avecina una movilización social que no podrá ser contenida por la administración calderonista, consideran sociólogos, politólogos, historiadores y luchadores sociales. Pobreza, despojo, desempleo y crisis de legitimidad del actual régimen, las causas. La respuesta de los gobiernos federal y estatales ha sido la criminalización de más de 60 movimientos sociales en los dos años recientes
Paulina Monroy
La crisis alimentaria, el deterioro económico, la violencia institucionalizada, la fragmentación social y las reformas estructurales son “caldo de cultivo” para una escalada de movilizaciones que cuestionará la estabilidad de Felipe Calderón en el poder. Especialistas advierten que, como sucedió en Argentina, Bolivia y Ecuador, en México el estallido social se avecina.
Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en México el 42 por ciento de la población vive en la pobreza y casi el 14 por ciento, en pobreza extrema. El Banco Mundial asegura que el 50 por ciento de mexicanos está en condiciones de miseria.
En tanto que Carlos Slim –considerado el segundo hombre más rico del mundo– concentra el 8 por ciento del producto interno del país (PIB) y las 38 familias más ricas, el 14.4 por ciento, el capital del 10 por ciento de los más pobres representa sólo 1.6 por ciento del PIB.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, desde que Calderón asumió la Presidencia y hasta septiembre de 2007, la tasa de desocupación se incrementó de 4.6 a 4.9 por ciento. Para ese año se contaban 1 millón 616 mil mexicanos desempleados y el 50 por ciento de los trabajadores ganaban de uno a tres salarios mínimos, el cual perdió casi 24 por ciento de su poder adquisitivo (Contralínea 101).
Según los especialistas, el gasto social es deficitario, no hay política económica que revierta la crisis en el campo y tampoco una visión de desarrollo. Diputados, especialistas y defensores de derechos humanos coinciden en que la tolerancia de los mexicanos está en el límite.
Carlos Antonio Aguirre Rojas, historiador e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), observa que el país camina, como en la última etapa del Porfiriato, hacia un estallido social similar al ocurrido en la Revolución de 1910. Advierte que las condiciones de vida de los mexicanos se deterioran y pierden referentes de cohesión: “Hay un país que ve la administración de Felipe Calderón y el que existe”.
Politólogo y sociólogo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Carlos Lozano Ángeles considera que el cierre de 2008 será conflictivo. Anuncia que las condiciones serán tan deplorables que proyecten un posible estallido social, pues se avecina una crisis económica aguda.
Descontento social
Edgar Cortez Morales –secretario ejecutivo de la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todos (Red TDT)– dice que las pequeñas movilizaciones en la vía pública son expresión de un enorme y diverso descontento social en el país, que puede aumentar.
La Secretaría de Gobierno del Distrito Federal apunta que en 2007 12.5 millones de personas realizaron 2 mil 93 movilizaciones en la vía pública: 892 en el ámbito local y 1 mil 582 en el federal, a las que asistieron 882 mil 525 personas. Durante ese año se contaron 1 mil 58 concentraciones, 466 bloqueos, 368 marchas, 336 mítines, 48 caravanas, 37 reuniones agendadas, 35 plantones, 22 tomas de instalaciones, tres huelgas de hambre y una protesta individual.
Sólo en enero de 2008 se registraron 194 movilizaciones: 91 concentraciones, 18 marchas, cinco mítines, 10 plantones, 48 bloqueos viales, 10 bloqueos de acceso a instalaciones y 12 caravanas. Del total de movilizaciones, 107 fueron manifestaciones contra el gobierno federal y 87, contra el local. Del 31 de diciembre al 3 de febrero, las dependencias federales atendieron a los inconformes en un promedio de 10 horas, mientras que el gobierno capitalino lo hizo en tres horas.
En su Primer informe de labores 2007, la secretaría enuncia que del 5 de diciembre de 2006 al 31 de julio de 2007 protestaron 14 millones 892 mil 300 personas en 1 mil 779 actos; 931 de ellos fueron de carácter federal con la participación de 643 mil 50 personas, y 513 de carácter local con la intervención de 66 mil 191 ciudadanos. Agrega que de los 1 mil 444 actos políticos realizados, 516 fueron concentraciones, 251 marchas, 303 bloqueos, 262 mítines, 26 plantones y 86 en el rubro de otros.
Represión, la respuesta
del Estado
Sesenta protestas sociales han sido criminalizadas desde 2005 hasta la fecha. Según la Red TDT, en 17 entidades federativas se registraron 32 proyectos económicos impuestos y a 28 expresiones de inconformidad se les imputó carácter delictivo. De éstas, 14 tenían como objetivo exigir el respeto a derechos, y el resto, la defensa y acceso a recursos naturales.
Organizaciones y ciudadanos en resistencia –apunta la Red TDT en el documento Sistematización de casos de criminalización de la protesta social– se defienden y protestan mediante el diálogo, la negociación y la realización de denuncias públicas, plantones, misas, tomas de instalaciones, campañas de difusión, foros, mítines, bloqueos y acciones jurídicas.
“Como respuesta –indica la Red TDT, compuesta por 58 organizaciones civiles– encuentran represión, militarización y criminalización de la protesta social”. Advierte que en la intención de imponer proyectos –que implican despojo de tierras y recursos naturales en su mayoría a pueblos indígenas– se recurre a la violencia policiaca, detenciones arbitrarias, asesinatos, enfrentamientos, amenazas y hostigamientos.
De 2005 a la fecha, se documentó el uso de la represión en dos casos: en los retenes para acceder a la zona wixárica en Jalisco y en el conflicto en la mina Pasta de Conchos, en Coahuila.
Once se criminalizaron: el arresto de migrantes en Chiapas; las protestas contra el proyecto de desarrollo social en Chihuahua; la disputa sindical en la empresa La Estrella en Coahuila; la construcción de una regasificadora y la ampliación del puerto de Manzanillo en Colima; la detención de Pedro Alvarado Delgado como observador del conflicto de San Salvador Atenco en el Estado de México; la titularidad del contrato colectivo de trabajo en el DIF y el despido de trabajadores del Sistema Avanzado de Videobachillerato y Educación en Guanajuato; la exigencia de una educación en lengua me’phaa batá y la aprehensión del nan’cue o amuzgo David Valtierra, coordinador de la radio La Palabra de Agua en Guerrero; la protestas contra Minera San Xavier en San Luis Potosí, y la detención de cuatro indígenas otomíes en Veracruz.
Además, se reprimieron y criminalizaron otros 11: el operativo policiaco de Bochil en Chiapas; la intervención policial en San Salvador Atenco, en el Estado de México; la oposición a un desarrollo habitacional en Morelos; la represión a miembros de la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca, del Movimiento Ciudadano Juquileño y el desalojo de los miembros de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en Oaxaca; la inconformidad al Plan de Desarrollo Municipal en Puebla; la manifestación en contra del presidente estadunidense George Bush y las detenciones arbitrarias en Ciudad Caucel en Yucatán.
En el marco de su campaña “La protesta es un derecho, la represión, un delito”, la Red TDT anota que, pese a la alternancia en el poder, se siguen cometiendo casos graves de represión contra los movimientos y la protesta social.
Expone que con Felipe Calderón ha continuado esta política represiva, que tiende a institucionalizarse mediante el incremento de la militarización y las reformas a la seguridad pública que originan un estado policial.
Así, en la Agenda de Inteligencia para la Seguridad Nacional en México, publicada por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional en su página electrónica, se incluye a los movimientos sociales como uno de los componentes sobre los que se recopila, procesa y difunde información junto con grupos armados, delincuencia organizada y terrorismo.
El artículo 139 del nuevo Código Penal Federal, respecto al delito de terrorismo, establece penas de seis a 40 años y hasta 1 mil 200 días de multa a “todo aquel que utilice medios violentos y realice actos en contra de personas o servicios públicos, que produzcan alarma y terror en la población, atenten contra la seguridad nacional o presionen a la autoridad para que tome una determinación”.
La Red TDT señala que es tan ambiguo que puede ser utilizado contra los movimientos sociales. Para la Unidad Obrera Socialista (Unios) con estas modificaciones se condena cualquier intento de coacción para que el gobierno cumpla las demandas de la población: “El régimen reafirma su carácter autoritario y adopta medidas de corte fascista, pues quiere contener todo el descontento popular acumulado en más de 30 años de despojo neoliberal”.
Cortez Morales, secretario ejecutivo de la Red TDT, explica que las realidades de necesidad y lucha se tratan como hechos criminales y no como realidades originadas por el modelo económico de empobrecimiento y devastación.
“Los conflictos sociales –observa– son sacados del ámbito político y llevados al jurídico, se les somete a toda la complejidad que supone nuestro sistema de justicia para desgastarlos”.
Aunado al uso de la fuerza, las autoridades recurren a la detención y acusación a líderes sociales en delitos como robo, portación de armas, daño a propiedad ajena, obstrucción de las vías de comunicación o incitación a la violencia. También se les imputan delitos agravados, como los relacionados con la seguridad nacional, o se equiparan figuras delictivas para penalizarlos, como la retención de funcionarios con el secuestro.
El activista anota que así se determinan penas desproporcionadas y se imposibilita que continúen su proceso en libertad, además de ser encarcelados en prisiones de alta seguridad y obstruir su derecho al debido proceso: “La justicia en México se usa como un instrumento para castigar y presionar a la movilización social”.
Al ser criminalizadas, las organizaciones postergan sus demandas principales: su prioridad es la libertad de sus presos. A su parecer las instancias en procuración de justicia no garantizan imparcialidad en dichos procesos judiciales, pues son ellas mismas quienes están involucradas en las acciones represivas.
“El estado de derecho al que alude el gobierno federal –opina– es faccioso y selectivo. Se usa el derecho mafioso que se ensaña con quienes debería proteger y favorece a quienes debería vigilar, es decir, daña y ataca a los más débiles y se alía a los más poderosos”.
Para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, restringir el ejercicio de reunión y libertad de asociación son graves obstáculos a la posibilidad que tienen las personas de reivindicar sus derechos. Cortez Morales observa que los derechos a la libertad de expresión, de manifestación y de asociación, contenidos en la Constitución, contribuyen a la calidad de la democracia.
Se difama la lucha social, agrega, cuando se dice que afecta derechos de terceros, como el intento de la fracción panista para regular las marchas en el Distrito Federal: “Los espacios públicos no sólo son vías de tránsito, también son foros donde se debaten los asuntos de interés de la sociedad y son importantes, sobre todo, en una sociedad tan inequitativa donde los más pobres tienen menos posibilidades de ser escuchados”.
Guerra contra La Otra Campaña
El 19 de enero de 2008, Felipe Calderón se anunció como un presidente cercano a las fuerzas armadas y advirtió que no toleraría los desafíos a la autoridad del Estado.
El subcomandante insurgente Marcos ya advertía que tambores de guerra seguían sonando. Y es que, calificado por especialistas como el movimiento nacional más relevante, La Otra Campaña también sufre una guerra frontal con el Ejército. Su presencia en las 32 entidades de la República, con sus alrededor de 15 mil organizaciones e individuos adherentes, representa un reto para el gobierno federal, consideran los especialistas.
Lozano Ángeles explica: “La posibilidad del cambio ya no se ve en los partidos políticos, sino en la movilización organizada desde abajo”. Asegura que es por la vía de la organización y la participación donde habrá un cambio y es en las calles donde se ganará. “A eso le apuesta La Otra Campaña”.
Nacido a iniciativa del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1 de enero de 2006, es el “movimiento civil y pacífico de los de abajo y a la izquierda”, dice. Ese año, el subcomandante Marcos, como “delegado zero” de los zapatistas, recorrió 50 mil kilómetros por el país escuchando y recogiendo demandas. Contraria al paternalismo del gobierno, la visión del movimiento es que la gente del pueblo sea responsable de su futuro, explica Alejandro Varas, dirigente de Unios, organización adherente a La Otra.
Para Varas, el sistema explota, reprime y criminaliza a las víctimas: “No soportan el debate de ideas, no dialogan y engañan a la gente. Los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional, de la Revolución Democrática (PRD), cualquier partido en el poder lleva al país al declive por su desmesura y ambición”.
Aguirre Rojas señala que un movimiento con claridad en sus demandas puede derrocar a un presidente de una manera totalmente pacífica. Por ello, el cerco militar ceñido sobre Chiapas y el silencio respecto a esa militarización. El historiador indica que entre 6 y 7 de cada 10 militares están en territorio chiapaneco.
El 4 de junio, la Junta de Buen Gobierno (JBG) El Camino al Futuro denunció la incursión de 200 militares y elementos de la policía judicial y municipal a los pueblos zapatistas de Hermenegildo Galeana y San Alejandro del Caracol de La Garrucha. El gobierno autónomo advirtió que rodearon La Garrucha tres convoyes, nueve vehículos militares y de seguridad pública. Las bases de apoyo zapatista apuntan que fueron intimidados y acusados de tener sembradíos de marihuana.
Guiados por la policía municipal de Ocosingo, policías y militares se internaron a Galeana, donde la población se armó con machetes, piedras y hondas para impedirles el paso. Lo situación se repitió en San Alejandro, con soldados de Toniná, Patiwitz y San Quintín. Los castrenses advirtieron que regresarían en 15 días.
“Toda la zona zapatista de Garrucha –aclaran– y sus autoridades autónomas somos testigos que no existe plantíos, sólo hay zapatistas y hay trabajador de milpa y platanar. Estamos dispuestos a luchar por libertad, justicia y democracia y rechazamos cualquier provocación”.
Además de la irrupción del Ejército, los zapatistas en Chiapas también sufren otros embates. Casi un mes antes, el 26 de mayo, también la JBG de Oventic denunció el secuestro de Manuel Hilario Gómez, base de apoyo zapatista, por perredistas de la comunidad de Chactoj, en el municipio de Zinacantán. Después de ser privado de su libertad por 34 horas, se le dijo que de no pagar una multa por 2 mil pesos sería nuevamente detenido.
Señala que desde 2002 en la comunidad de Sok’on los caciques perredistas privan de agua a familias base de apoyo zapatista. Además anota que en Zinacantán se hostiga a zapatistas para que se unan al PRD y así asegurar votos a favor de la presidencia municipal.
El 27 de mayo de 2008 el cuerpo policial Grupo Lobo golpeó y trasladó a miembros de la Voz del Amate –grupo de reclusos que se definen como presos políticos por apoyar al ELZN y a La Otra Campaña–, del Centro de Rehabilitación Social número 14, a diferentes reclusorios en el estado.
Desde que el grupo comenzó su protesta –alude el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria en una acción urgente emitida el 24 de julio de 2006– las autoridades carcelarias animan a otros presos para que hostiguen y amenacen al grupo. Según Enlace Zapatista –la bitácora en línea de la Comisión Sexta del EZLN– se les tiene prohibido ayunar y realizar huelgas de hambre o protestar de cualquier forma.
Debido al despliegue de las fuerzas armadas en Chiapas, La Otra Campaña interrumpió su segunda etapa en septiembre del año pasado. El cierre estaba previsto para junio, cuando se cumplieran tres años de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.
Aún así se trabaja en la estructuración del Programa Nacional de Lucha, del que ha dicho el subcomandante Marcos se pasará entonces a la agitación y la difusión. El dirigente de Unios advierte que el gobierno federal está jugando con una bomba de tiempo y habrá respuestas más concluyentes. “El movimiento será explosivo, pero pacífico”.
El lopezobradorismo
Autodenominado presidente legítimo, Andrés Manuel López Obrador llamó a la resistencia civil y a la movilización social para oponerse al fraude electoral y defender el petróleo. El sociólogo y politólogo Carlos Lozano Ángeles sostiene que el PRD, si quisiera encabezar el cambio social, tendría que olvidarse de las confrontaciones electorales. Además, las disputas internas desgastan la institucionalidad del partido y la figura de López Obrador.
Observa que de unirse a otros movimientos sociales, se podría generar un pacto social novedoso que obligara al gobierno de Calderón a llegar a un acuerdo nacional para impulsar temas desde una reforma política. Advierte que tendría que ser una movilización que rebase la influencia partidista.
Sin embargo, Aguirre Rojas encuentra como limitante que de origen dichas movilizaciones hubiesen nacido para defender a López Obrador, luego de los comicios de 2006.
La diputada perredista y secretaria de la Comisión de Gobernación, Valentina Batres, asegura que el “gobierno legítimo” de López Obrador tendrá como sostén “al pueblo organizado”. Señala que 2 millones y medio de personas manifestaron su oposición al fraude electoral. Además de que 2 millones de ciudadanos se mueven en defensa del petróleo. Agrega que como parte del Frente Amplio Progresista, el PRD sumará esfuerzos con la iniciativa civil para defender los temas nacionales.
Falta de gobernanza, el otro factor
Para Alberto Amador Leal, secretario de la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados, la polarización política –agravada tras las elecciones del 2 de julio de 2006– es también factor para que aumente la movilización social.
En la administración calderonista observa que no hay gobernanza, que –según la Real Academia Española– es el arte de gobernar para lograr el desarrollo económico, social e institucional promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado.
Agrega que la relación entre el gobierno federal con los poderes de la Unión no alcanza a ser institucional, como tampoco lo es el trato con legisladores ni con gobiernos locales. Apunta que también la administración de Felipe Calderón está desvinculada de sectores sociales, sindicales y campesinos, a los que ha excluido y desconoce su papel de intermediarios sociales.
Considera que otro factor de riesgo es la pugna electoral de 2009, en la que se renovará la Cámara de Diputados.
En opinión del diputado priísta, Calderón debe asumir su papel de jefe del Ejecutivo y no de partido.
Valentina Batres, secretaria de la Comisión de Gobernación en la Cámara de Diputados, considera que el costo de tener un presidente ilegítimo es mayor que el de haber repetido las elecciones. “Al frente está un partido con visión pequeña de lo que significa gobernar y está ausente de su obligación de escuchar las demandas populares”. Advierte que el ciudadano está desamparado porque “prevalece la ley de la selva, donde gobierna el más fuerte”.
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6/28/2008
EN CUBA NO EXISTEN LOS NIÑOS DE LA CALLE CUANDO EL NEOLIBERALISMO A LA MEXICANA LOS PROVOCA
Los niños de la calle
Por: Teodoro Rentería Arróyave
La fenología urbana ubica a las grandes ciudades en un lacerante problema llamado genéricamente como: Los Niños de la Calle, que no es otra cosa que un drama de los desheredados desde la infancia.
Seres humanos que, desde el mismo momento en que nacen, inician sus padecimientos en este valle de lágrimas, como lo apunta la Biblia, pero a ellos la sevicia los hace presas sin importar su condición de inocentes.
No sólo es el abandono de padres irresponsables, probablemente también victimas de otros progenitores igual de inconscientes, en los que los ubica el lumpen de la degradación y la marginación social.
Es el eterno drama de la lucha de clases, de los más ricos y de los más pobres; son, en una palabra, las diferencias sociales brutales que ha padecido desde siempre la humanidad.
Estos niños de la calle no solamente sufren la pobreza, sino que son víctimas de los más absurdos y desquiciantes abusos de los desequilibrados sexuales. Aquí nace y se agudizan la pornografía y la prostitución.
Ninguna nación de las llamadas del primer mundo o de las ahora conocidas como economías emergentes, se salva del preocupante problema que, además, a costa de vida inocentes, deja a las mafias explotadoras exorbitantes ganancias.
Precisamente a costa de los párvulos desheredados, se inicia la trata de blancas y el tráfico de personas. Estas víctimas de la ignominia viajan cientos de kilómetros para ser carne de cañón de las enfermizas costumbres de los que tienen y pueden pagar para satisfacer sus patológicos placeres.
México no es ajeno a este drama. Los niños de la calle viven o sobreviven entre la promiscuidad y los vicios de todo tipo hasta en los drenajes de las ciudades, sin que hasta ahora ninguna autoridad se atreva a enfrentar el fenómeno y ponerle remedio.
Y, hay que denunciarlo, no sólo son los desheredados los que sufren este martirio, también el robo de infantes tiene como propósito llevar esa mercancía humana a la explotación inhumana de estos infelices.
En la Cuba vilipendiada por una propaganda feroz de los imperios, este fenómeno no existe. Con todos sus defectos, el régimen socialista se ha mantenido firme en su labor de apoyo a la infancia, además de otros grupos vulnerables como son los incapacitados y los de la tercera edad.
El embajador de Cuba en México, Manuel Aguilera de la Paz, en sesión comida de trabajo del Club Primera Plana, y a pregunta expresa del respetado coasociado Othón Villela Larralde, resaltó esta conquista humanística del la Revolución Castrista.
Por: Teodoro Rentería Arróyave
La fenología urbana ubica a las grandes ciudades en un lacerante problema llamado genéricamente como: Los Niños de la Calle, que no es otra cosa que un drama de los desheredados desde la infancia.
Seres humanos que, desde el mismo momento en que nacen, inician sus padecimientos en este valle de lágrimas, como lo apunta la Biblia, pero a ellos la sevicia los hace presas sin importar su condición de inocentes.
No sólo es el abandono de padres irresponsables, probablemente también victimas de otros progenitores igual de inconscientes, en los que los ubica el lumpen de la degradación y la marginación social.
Es el eterno drama de la lucha de clases, de los más ricos y de los más pobres; son, en una palabra, las diferencias sociales brutales que ha padecido desde siempre la humanidad.
Estos niños de la calle no solamente sufren la pobreza, sino que son víctimas de los más absurdos y desquiciantes abusos de los desequilibrados sexuales. Aquí nace y se agudizan la pornografía y la prostitución.
Ninguna nación de las llamadas del primer mundo o de las ahora conocidas como economías emergentes, se salva del preocupante problema que, además, a costa de vida inocentes, deja a las mafias explotadoras exorbitantes ganancias.
Precisamente a costa de los párvulos desheredados, se inicia la trata de blancas y el tráfico de personas. Estas víctimas de la ignominia viajan cientos de kilómetros para ser carne de cañón de las enfermizas costumbres de los que tienen y pueden pagar para satisfacer sus patológicos placeres.
México no es ajeno a este drama. Los niños de la calle viven o sobreviven entre la promiscuidad y los vicios de todo tipo hasta en los drenajes de las ciudades, sin que hasta ahora ninguna autoridad se atreva a enfrentar el fenómeno y ponerle remedio.
Y, hay que denunciarlo, no sólo son los desheredados los que sufren este martirio, también el robo de infantes tiene como propósito llevar esa mercancía humana a la explotación inhumana de estos infelices.
En la Cuba vilipendiada por una propaganda feroz de los imperios, este fenómeno no existe. Con todos sus defectos, el régimen socialista se ha mantenido firme en su labor de apoyo a la infancia, además de otros grupos vulnerables como son los incapacitados y los de la tercera edad.
El embajador de Cuba en México, Manuel Aguilera de la Paz, en sesión comida de trabajo del Club Primera Plana, y a pregunta expresa del respetado coasociado Othón Villela Larralde, resaltó esta conquista humanística del la Revolución Castrista.
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6/25/2008
NEOLIBERALISMO EN BANCAROTA
Los renegados del neoliberalismo
Julio Godoy
"Economics are the method, but the objective is to change the soul."
Margaret Thatcher
La premisa fundamental del marginal debate académico sobre el fin de la globalización neoliberal, que tuvo lugar en algunas universidades europeas en los 1990s, decía que una crisis de gran envergadura sería necesaria para convencer a los gobiernos de los países industrializados de la necesidad de reintroducir reglas y controles, tanto en las finanzas como en el comercio internacional y en las inversiones de capital. Los académicos que participaron en tal debate - economistas, sociólogos, politólogos, ninguno de ellos representantes del "main stream" universitario - argumentaban también que esta crisis llegaría, más temprano que tarde, dados los excesos de riesgo acumulados sobre todo en la ingeniería financiera y en sus creaciones, los llamados derivados.
Crisis han habido, en serie, desde entonces. La crisis mexicana en 1994, la crisis asiática, que afectó América Latina y Rusia en 1997, la quiebra en cámara lenta del fondo especulativo Long Term Capital Management (LTCM) en 1998, el estallido de la burbuja de la mal llamada nueva economía, en 2002, por ejemplo.[1] Pero ninguna tuvo las dimensiones de la presente: Nacida en el inflado mercado de hipotecas y en la especulación inmobiliaria y de crédito de los Estados Unidos, la crisis ha llevado ya a la quiebra a varios bancos, ha sumido a los Estados Unidos en la recesión, destruyendo de paso las ilusiones de riqueza de millones de gringos, y se ha extendido al mundo entero. Incluso pueblecitos en Noruega están al borde la quiebra por haber involucrado sus finanzas públicas en los derivados financieros de las hipotecas gringas; bancos en Suiza, en Alemania, en Francia, en Inglaterra, han quebrado. Y, a pesar de los esfuerzos multimillonarios de los bancos centrales de todos estos países, la crisis no parece tener fin.
La crisis es el resultado inevitable de la irresponsabilidad de gobiernos, bancos, y fondos de inversión. Tanto banqueros como operadores bursátiles creyeron en el curso de los últimos años haber descubierto el perpetuum mobile, la máquina de hacer dinero sin inversión real previa. A raíz de la crisis de la deuda latinoamericana de principios de los 1980s, los bancos dejaron de ser prestamistas, para convertirse en intermediarios del crédito. Es decir, los bancos continuaron prestando dinero, pero al mismo tiempo, a través de la creación de los llamados derivados financieros, convirtieron los títulos de deuda en nuevos instrumentos negociables, que vendieron a los fondos especulativos. Ambos hicieron dinero a través de la subvaluación del riesgo de las hipotecas concedidas a deudores insolventes, y de la sobrevaluación del colateral, de las garantías obtenidas para los créditos. A partir de estas hipotecas sin valor, los ingenierios financieros crearon "assets", es decir, "activos" financieros, ficticios, pero comercializables, que les proveyeron de nuevas fuentes de dinero. Pero esta riqueza,existente a largo plazo solo en el papel, tenía que desaparecer un día, de la misma manera que los llamados esquemas Ponzi, las famosas pirámides, solo garantizan un buen ingreso temporal al primer negociante, con el dinero de los cretinos.[2]
Los banqueros también abusaron del dinero fácil proporcionado por los bancos centrales para comprar firmas al crédito, en lo que en la jerga técnica se conoce como "leverage buy out", "racionalizarlas" después, es decir, aprovechar la automatización de la producción y las economías de escala derivadas, y despedir empleados, incrementando así su valor bursátil, otra vez ficticio, y vendiéndolas con jugosas ganancias. Resultado? Millones en las cuentas bancarias de los operadores, en los llamados paraísos fiscales, a cambio de casi ningún esfuerzo.
Pero estos malabares financieros, en otras circunstancias considerados artificios criminales, no podían durar hasta el infinito. La burbuja ha explotado, en la cara de gobiernos y bancos y operadores bursátiles y fondos especulativos, que hasta hace pocos meses afirmaban que todo iba bien en el mundo financiero. Hoy, frente a la crisis, y como bien habían predicho los académicos mencionados arriba, los gobiernos de los países industrializados han comenzado a revertir la globalización neoliberal: A mediados de febrero, el gobierno de Londres nacionalizó el banco Northern Rock, asumiendo una pérdida de entre 100 y 250 mil millones de dolares, a pagar por sus ciudadanos. El gobierno de Alemania está tratando de salvar el banco IKB de la quiebra, así como varios otros bancos estatales, todos perdidos en los recovecos de las finanzas derivadas del mercado de hipotecas en los Estados Unidos. Sin la intervención del gobierno gringo, el banco Bear Stearns, vendido por un precio casi simbólico a su concurrente JP Morgan el 16 de marzo, habría quebrado oficialmente. Y los bancos centrales de Washington y Londres están tratando de convencer a sus homólogos en Europa y Asia de comprar los títulos de deuda basados en las hipotecas, y practicamente irrecuperables, que son la fuente de la crisis, como una medida suplementaria para salvar a los bancos privados.
Incluso banqueros privados, como Joseph Ackermann, presidente del Deutsche Bank, el más importante de Alemania, imploran al estado que intervenga para controlar la crisis, pues, como él dijo hace unos días, "las fuerzas autoreguladoras del mercado" han fallado.[3]
Paralelamente, los candidatos "demócratas" a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton y Barak Obama, condenan el tratado de libre comercio con México y Canadá (TLCAN), y han prometido renegociarlo - el tratado parece haber producido solo perdedores, pues pedidos similares de su renegociación se alzan desde hace años en los tres países miembros. Y en algunas capitales del mundo industrializado, en Londres en particular, empieza a cocinarse un sistema de control de inversiones extranjeras, dirigido expresamente contra los llamados fondos soberanos de inversión, controlados por estados como India, Dubai, Arabia Saudita, Rusia, y China, o bien por grandes empresas originarias de estos países.[4]
Todas estas medidas anuncian el fin de la globalización neoliberal, y han llevado al antiguo ministro austríaco de finanzas, Ferdinand Lancina hace pocos días a decir que "el neoliberalismo ha muerto, y lo estará por mucho tiempo."[5]
Sin embargo, la muerte del neoliberalismo solo concierne aquellos aspectos que son nocivos para el mundo industrializado, para sus empresas, especialmente los bancos y los fondos de inversión, y para la protección de sus mercados. Las medidas que han afectado a los propios asalariados alemanes, franceses, gringos, o al tercer mundo, esas son, por ahora, intocables. Estas son en efecto, las que que deberían ser revertidas primero, dados sus decepcionantes resultados, no solo en lo que concierne la generación de riqueza, si no sobre todo a su distribución . El propósito de este artículo es revelar esos fallidos números del neoliberalismo.
Los renegados del neoliberalismo
Que el neoliberalismo es un proyecto político reprensible e indefendible, se demuestra facilmente preguntando en público a los sospechosos si ellos son neoliberales. Confrontados con la alternativa de una condena moral popular o de la deshonestidad consigo mismos, la mayoría de ellos prefiere mentir: "¿¿Neoliberales nosotros?? ¡¡Noooo, de ninguna manera!!," dicen entonces. Basten como pruebas las reacciones de egregios representantes de la oligarquía guatemalteca, o sus juggernautas, a un artículo de Marcela Gereda en elPeriódico hace unos meses, o la hipocresía del ex-presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien, tras haber impuesto el neoliberalismo en su país durante su espurio gobierno entre 1988 y 1994, publicó en 1999 una nueva propuesta de política económica en le que renegaba de su propia obra.[6] Al mismo tiempo, los neoliberales de provincia que todavía defienden su doctrina, repiten frases hechas y facilmente rebatibles, del tipo: "El neoliberalismo se defiende básicamente por sus buenos resultados económicos," o "Es falso afirmar que 'el modelo neoliberal empobrece a los más y enriquece a los menos.'"[7]
Este fariseísmo de los neoliberales es tan generalizado, que ha llevado al economista mexicano Enrique Dussel Peters a afirmar que "hay muy pocos ... analistas o escuelas de economía que adhieran al neoliberalismo."[8] A Dussel Peters, por lo demás un excelente economista, habría que recordarle aquello de que "por sus obras los conoceréis." Pero dejemos a dios y sus profetas al margen, y ocupémosnos de la realidad del neoliberalismo, que ella explica el fariseísmo de sus beneficiarios, y desmiente, de paso, la afirmación de Thatcher citada en el acápite: Si bien la economía es el método, el verdadero objetivo del neoliberalismo no es "cambiar el alma", como pretendía la hija de la Gran Bretaña, sino el dinero, su concentración. La acumulación de capital, para decirlo con las palabras de los ortodoxos. El resto, la verborrea neoliberal sobre la libertad y la eficiencia del mercado no es nada más que eso, palabrería hipócrita, que necesita esconder sus prosaicos propósitos detrás de nobles ideales. O, como diría David Harvey, "un programa cuyo objetivo abiertamente declarado sería el de restaurar el poder económico de una élite, no ganaría soporte popular. Pero un ensayo programático para promover libertades individuales que disfrace la campaña de restauración del poder de clase sí puede atraer a las masas."[9]
Así es: Aunque al neoliberalismo hay que verlo desde dos perspectivas, nacional la una, internacional la segunda, en ambos casos se trata de un proyecto de lucha de clases en favor de la élite económica dominante, ya sea nacional como en el primer caso, o de los centros motores del capitalismo, en Europa, pero sobre todo en Estados Unidos, en el segundo.
Nacionalmente, el neoliberalismo tiene por objetivo reinstaurar, reforzar, o revertir la distribución de la riqueza en favor de la clase dominante, y en detrimento de las clases medias y bajas, y de cimentar ad aeternum su poder político. En los Estados Unidos, el neoliberalismo fue impuesto bajo el gobierno de Ronald Reagan como reacción al retroceso de la porción de la riqueza detentada por la élite económica de ese país, ocurrida a lo largo de los años 1970s, como consecuencia de la pérdida de valor de sus propiedades, tanto en activos financieros como en bienes de capital, derivada de la crisis económica que siguió al choque petrolero de 1974.
Redistribuir la riqueza, no crearla
Los economistas franceses Gérard Dumenil y Dominique Lévy han demostrado como el programa económico de Reagan fue uno de restauración del poder de clase - y como sus secuelas, de redistribución de la riqueza en beneficio de la ínfima élite gringa, y la creciente desigualdad social, son tan persistentes y parecen tan irreversibles, y que tienen que se consideradas consustanciales al proyecto neoliberal.[10] Para dar unas pocas cifras: Entre 1978 y 2000, el 0.1 por ciento de la población gringa de más alto ingreso triplicó su porción del PIB del dos por ciento en 1978 a más del seis por ciento en 1999 - es decir, menos de 300,000 personas se apropiaron ese último año de 586 millardos de dolares; la relación entre los salarios promedios de los dirigentes ejecutivos y los de los trabajadores pasó de 30 por uno en 1970, a más de 500 por uno en el año 2000. Mientras los ingresos del diez por ciento más pobre de la población gringa aumentaron en promedio apenas unos 45 dólares al año entre 1990 y 2005, pero los del 20 por ciento más rico aumentaron 1,920 dólares por año en el mismo período.[11] Esta reconcentración de la riqueza en beneficio de una minúscula y ya riquísima élite económica se refleja en el índice de Gini: Mientras en 1969, el indicador tenía un valor de 0.39, en 2005 el mismo alcanzaba 0.47, el valor más alto jamás reportado para los Estados Unidos.[12] Resultados similares han sido confirmados por los estudios de Wolff y de Baker.[13]
Y si estas cifras no son suficientemente ilustrativas, aquí otro dato, esta vez de un reciente reporte de UNICEF: El 22 por ciento de los niños gringos menores de 17 años vive en la pobreza - éste es, junto con el de México, el peor indicador de la pobreza infantil de todos los estados miembros de la Organización para el Desarrollo Económico y la Cooperación (OCDE), que incluye a países que, cuando Reagan establecía los fundamentos de su imperio de la injusticia, recién salían del oscurantismo cuasi medieval de sus respectivas dictaduras católicas, como España y Portugal.[14] Ante estas cifras, oficiales todas ellas, la afirmación de los defensores del neoliberalismo, que el estado no debe intervenir para redistribuir la riqueza en favor de los desposeídos, pues ésta goteará (trickle down) naturalmente hacia las clases pobres, se revela como lo que es, una simple y burda mentira. Que el neoliberalismo no solo produce injusticia y pobreza, si no también represión, se ilustra con el hecho de que que los EE UU tienen la población encarcelada más numerosa entre los países industrializados - de cada 100,000 gringos, unas mil personas están en prisión, es decir, más del 1.5 por ciento de la población economicamente activa.[15]
Casi 30 años despúes del putsch neoliberal de Reagan, con los sindicatos practicamente destruídos, y con las políticas social y económica de los dos partidos políticos dominantes diferenciadas solo en matices, el programa neoliberal con todas sus secuelas sociales parecía solidamente anclado en el subsuelo institucional del país - hasta que la burbuja financiera explotó.[16]
Algo similar ocurre en Europa, donde el neoliberalismo fue introducido por Margaret Thatcher en 1979 en Inglaterra, país en el que conviven hoy los niveles más desmesurados de riqueza y los más miserables de pobreza, en todo caso para un país industrializado. Un reciente estudio del Instituto de Estudios Fiscales de Londres determinó que un poco más de 46,000 personas - el 0.1 por ciento de la población - tienen un ingreso de más de 350,000 libras - unos 686,000 dólares -, lo que corresponde a 31 veces el ingreso promedio anual per cápita de Inglaterra. Practicamente todas estas personas viven en Londres, y son mayoritariamente abogados, o economistas (o futbolistas, pero esa es otra historia), y trabajan en los bancos y fondos de inversión y especulación de la City.[17] En su estudio, Brewer et al. muestran cómo el índice de Gini inglés saltó en 1979, en el primer año del gobierno de Thatcher, de 0.25, indicando una alta equidad en la distribución del ingreso, a alrededor de 0.35 en 2005. Los autores dicen literalmente, que "este salto en la desigualdad de la distribución de la riqueza es incomparable (unparalleled) tanto historicamente, como en el contexto de los cambios ocurridos al mismo tiempo en otros países industrializados."[18] Este incremento en la desigualdad en Inglaterra se aceleró entre 2003 y 2006, precisamente durante el gobierno laborista, supuestamente de izquierda, de Anthony Blair, con altos incrementos en los ingresos del 10 por ciento de la población más rico.[19] ¿Como canta Leonard Cohen? "Everybody knows the fight was fixed: the poor stay poor, the rich get richer. That's how it goes. Everybody knows."
En Alemania, donde el programa neoliberal fue impuesto paulatinamente al final de los 1980s, pero sobre todo en los 1990s, tras la caída del muro de Berlín y la unificación, los salarios reales (es decir, los salarios nominales descontando la inflación) de los trabajadores son hoy más bajos que en 1986. En alemán es cotidiano hoy hablar de los "working poor", así, en inglés, para describir a éstos asalariados quienes, a pesar de su trabajo, no salen del atolladero de la pobreza. Mientras, el número de los billonarios permanece inmóvil - como dirían los chapines, "ellos ya están completos" - y son los herederos o propietarios de las grandes industrias, desde la de automóbiles BMW y la editorial Bertelsmann, hasta la de prensa, Springer, o de cadenas de supermercados, como Aldi y Lidl, tristemente famosos por sus despiadadas políticas contra sus empleados.
Estas tendencias han sido confirmadas por un estudio publicado en marzo, del Instituto de Investigación Macroeconómica, de Berlin. De acuerdo con el estudio, la clase media alemana se redujo en nueve por ciento entre 1986, año simbólico del principio de la aplicación del neoliberalismo, y 2006.[20] En total, la clase media alemana perdió unos seis millones de personas - asalariados quienes, a pesar de disponer de un trabajo, descendieron en la escala social, o bien desempleados, juntos los grandes perdedores de la reconversión alemana al neoliberalismo.
No muy diferente es la desigualdad en Francia, donde, practicamente desde 1983, desde que el gobierno "socialista" de François Mitterrand se inclinara ante la política monetarista del banco central alemán, y aplicara la famosa "politique de rigueur" de corte neoliberal, París se ha convertido en la "capital del malthusianismo", como lo afirmaba Le Monde hace pocas semanas, a principios de febrero.[21]
Los fatídicos números del neoliberalismo son particularmente comprobables en Nueva Zelanda, país que fuera, hasta 1984, modelo de una socialdemocracia ilustrada, socialmente igualitaria, ecológica y feminista. Pero, desde entonces, desde que el neoliberalismo fuera introducido de manera sistemática y orgánica por el entonces ministro de finanzas Roger Douglas (¡un socialdemócrata!), y bajo los aplausos de instituciones tales como la OCDE, el Banco Mundial, y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los niveles de vida de Nueva Zelanda han ido retrocediendo paulatinamente, hasta donde se encuentran hoy - con tasas de injusticia tan elevadas, que incluso la OCDE las lamenta, y que afectan sobre todo a madres solteras, a la niñez y a la juventud, y a los maoris. Esta involución la confirma la del índice de Gini, que saltó de 0.31 en 1970 a 0.40 en los 1990s, para deteriorarse aún más en los primeros años del nuevo siglo.
Tanto, que en su más reciente reporte país, la OCDE, organización estándarte del neoliberalismo, admite lo que muchos dicen desde hace años: Que a pesar del modesto crecimiento económico los niveles de vida promedio en Nueva Zelanda han descendido paulatinamente, y que probablemente lo continuarán haciendo en el porvenir. Y eso, a pesar de que ese crecimiento económico es superior al crecimiento de la población, lo que sugeriría un crecimiento del PIB per cápita. Esta aparente paradoja demuestra que el objetivo del neoliberalismo no es el de fomentar la riqueza, sino redistribuirla, a beneficio de las minorías ya ricas. Lo único que la OCDE se niega a admitir es que el neoliberalismo sea responsable del desastre - al contrario, como receta contra el mal, la OCDE actua como el matasanos que está matando a su paciente con la medicina erronea, y propone ... más neoliberalismo. Si los neozelandeces se dejan convencer, es otra historia: En todo caso, muchos de entre ellos llaman a la política social y económica inspirada en el neoliberalismo ruthanasia - un juego de palabras entre Ruth (Richardson), el nombre de la primera ministra que confirmó el neoliberalismo en los 1990s, y eutanasia, que, esperemos, no necesita explicación.[22]
Fenómenos semejantes ocurren en numerosos países de la OCDE. En España, que registra desde hace 10 años un fuerte crecimiento económico, y cuyo PIB aumenta más rápido que la media europea, y la creación de empleo prosigue a buen ritmo y la renta per cápita se acerca también a la media de la Unión Europea, no se ha reducido sin embargo el porcentaje de población que vive por debajo del umbral de pobreza relativa.[23] "Mientras los beneficios empresariales suben, el poder adquisitivo del salario medio ha bajado un 4% entre 1995 y 2005: España es el único país de la OCDE en el que se ha producido ese retroceso, en términos reales," escribió Andrea Rizzi, en el diario El País, hace poco más de seis meses. Y, oh sorpresa, la CEOE (la Confederación española de organizaciones empresariales, el CACIF de Madrid) encuentra esta situación digna de ejemplo. Juan Iranzo, economista director del Instituto de Estudios Económicos, asociado a la CEOE, cree que España no tiene que intentar converger con Europa en cuestiones de distribución del ingreso. "Es más bien Europa la que tiene que converger con España", dice Iranzo.[24]
En su estudio sobre la desigualdad en la distribución del ingreso en algunos paises de la OCDE, John Weeks confirma lo que los combatientes contra el neoliberalismo siempre supieron: Que la desigualdad es producto de las políticas impuestas por los gobiernos.[25] "Primero, no debe ser motivo de polémica constatar que los cuatro países tendiendo a una mayor desigualdad (los EE UU, Inglaterra, Australia, y Nueva Zelanda) son aquellos que aplicaron programas socioeoconómicos de corte neoliberal. Segundo, y sin excepción, la creciente desigualdad se manifestó más marcadamente en estos cuatro paises durante los años en los que estas políticas fueron aplicadas de manera más vigorosa, en los 1980s y en los 1990s. En estos cuatro países, la desigualdad promedio durante los 1980s y 1990s fue mayor que antes que la liberalización de los mercados fuese impuesta, en los 1960s y 1970s," concluye Weeks.[26]
Incremento de la desigualdad en América Latina
En América Latina, según una lectura instintiva, tanto de neoliberales como de "izquierdistas", el caso más conspicuo de la imposición del neoliberalismo como un modelo clasista de dominación, es Chile, con la dictadura de Pinochet, cuyo corrupto carácter ha sido confirmado recientemente, sin hablar de su sangrienta contabilidad de muertos y desaparecidos.[27] Le sigue México, país en el cual la crisis de la deuda en 1982 abrió las puertas al neoliberalismo quimicamente puro, impuesto en 1989 por Salinas de Gortari, y confirmado a traves del tratado de libre comercio (TLCAN) en 1994. En ambos casos, sobre todo en el mexicano, los resultados son deplorables: En el caso de Chile, baste decir que, según cifras del ministerio de planificación y cooperación, el 10 por ciento de la población chilena con el ingreso más alto, se apropia del 42 por ciento del ingreso nacional anual, tanto cómo el 80 por ciento con el ingreso más bajo. Esta injusta distribución permanece sin cambios desde los años 1980s, y se refleja en el índice de Gini, que se mantiene constante desde hace 20 años, alrededor de 0.54, uno de los más altos del mundo.[28]
En el caso mexicano, el índice de Gini ha sufrido una regresión desde el implantamiento del neoliberalismo en 1988 - después de haber descendido a partir de 1960 hasta 1982, indicando una distribución paulatinamente más equitable del ingreso, el índice ha vuelto a subir desde entonces, hasta alcanzar el 0.54 en 2007, reflejando la reconcentración de la riqueza en pocas familias, y personificada por Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. Seguramente no es necesario decir que Slim es beneficiario personal de la privatización de las empresas estatales mexicanas, decidida por el gobierno de su amigo y socio Carlos Salinas de Gortari, quien hoy, como buen renegado del neoliberalismo, clama no ser uno.
Esta injusta distribución del ingreso en Chile y México documentada por la involución de los respectivos índices de Gini, es excepcional, incluso en América Latina, un continente marcado por la desigualdad. Como lo demuestran los análisis al respecto de Samuel A. Morley, ambos países forman parte del pelotón de punta de la injusticia social en el continente.[29]
Sí, diran algunos de los renegados del neoliberalismo, pero el crecimiento económico en ambos casos es excepcional. El caso chileno seguramente permite argumentos de este tipo, pero no como los neoliberales, y algunos insensatos comentarios de "izquierda" lo quieren creer. Puesto que la discusión exhaustiva del modelo económico chileno necesitaría mucho espacio, me limito aquí a comparar la evolución del PIB real per cápita en Chile y en Corea del Sur entre 1973 y 2004: En 1973, mientras cada chileno dispuso en promedio de 2,078 dólares, cada coreano del sur solo dispuso de 1,004 dolares. En 2004, 31 años después del golpe de la C.I.A. que impuso a Pinochet, el PIB real per capita en Chile había aumentado a 15,161 dólares, contra 19,354 dólares en Corea de Sur. Es decir, mientras el modelo chileno multiplicó el PIB per cápita por 7.3, el modelo surcoreano lo multiplicó por 19.[30] Para no hablar de los fundamentos de ambos modelos - uno, el surcoreano, sustentado en una política industrial y de comercio exterior concebida y coordinada por un estado desarrollista, y que ignoró los dictados del Banco Mundial y del FMI; el otro, el chileno, aún hoy basado en la exportación de cobre, uvas, madera, y salmón - todas materias primas, con escaso nivel de elaboración industrial.[31] Ojalá no sea necesario repetir que este último modelo es, a la larga, insostenible, como lo demuestra la reciente infección masiva de salmón chileno. [32]
Además, aquellos que elogian el relativo éxito económico chileno como muestra de que el neoliberalismo funciona, olvidan o ignoran que Chile ha mantenido controles sobre los flujos de capital hacia y desde el país, que la explotación del cobre sigue estando en manos del estado chileno, y que la industria pesquera, sobre todo del salmón, también fue durante años manejada por el estado, a través de la Fundación Chile, hasta su venta a principios de los 1990s a una compañía japonesa. De la misma manera, el estado chileno es responsable del crecimiento de las exportaciones de fruta y de vino, gracias a importantes inversiones en investigación y desarrollo, así como en la creación de clusters industriales alrededor de la madera, como la industria de papel, de muebles, y similares.[33] Como bien dice Rodrik, "la diversificación productiva de la economía chilena puede dificilmente ser atribuída al funcionamiento de mercados libres."[34] Aunque la conclusión del economista de Harvard tampoco es extraordinariamente sofisticada, ésta se le escapa a nuestros neoliberales de provincia, y a comentaristas mal informados, cuyos "análisis" se basan más en sus propios mitos que en una confrontación racional con la realidad.
El caso mexicano es mucho más claro: Aparte de que los gobiernos mexicanos desde 1988 han ejecutado las recetas del neoliberalismo - el tristemente famoso consenso de Washington - al pie de la letra, las tasas anuales de crecimiento entre 1988 y 2007 - es decir, durante el período de aplicación del neoliberalismo - yacen muy por debajo de los valores nacionales históricos alcanzados antes de la crisis de la deuda. Según cifras de la CEPAl y del FMI, entre 1950 y 1980, la economía mexicana creció a un ritmo anual promedio de 3.39 por ciento, para caer a 1.3 por ciento entre entre 1990 y 1999. Especialmente entre 1995 y 1999, el crecimiento mexicano fue particularmente bajo, de solo 0.89 por ciento. Las tasas de crecimiento mexicanas desde los mediados de los 1980s están también por debajo de las alcanzados por otros países en procesos de industrialización similares, pero guíados por estados desarrollistas, como Malaysia, China, y Corea del Sur.[35]
Además, tras casi 20 años de experimento neoliberal, México no ha sido capaz de constituir clústers industriales, que encadenen la transformación de materias primas nacionales en insumos semiindustriales hasta productos terminados. Al contrario, el proceso de industrialización orientado hacia la exportación, promovido por el neoliberalismo, es un oximoron, como lo muestra el constante deficit comercial mexicano: México importa insumos industriales semielaborados para la maquiladora y para sus industrias más avanzadas por valores considerablemente mayores que el total de sus exportaciones industriales, reduciendo este proceso de "industrialización orientado hacia la exportación" al absurdo.[36]
Por si esto fuera poco, y gracias al TLCAN, México está en trance de dejar de ser un país agrícola: Sus hombres y mujeres de maiz se alimentan hoy mayoritariamente de tortillas hechas de grano importado - de los EE UU, por supuesto. Aunque la tecnocracia neoliberal de Salinas de Gortari había prometido que su programa provocaría un aumento de las inversiones de capital en la agricultura y de su eficiencia, y lanzaría un proceso sostenido de modernización y desarrollo de la producción de alimentos y materias primas agropecuarios, la realidad es completamente opuesta: En valores per cápita, la producción agrícola en 1995 era 16.5 por ciento menor que en 1981; la producción forestal 30.6 por ciento menor, y la producción pecuaria cayó en un 20.8 por ciento en el mismo período. Considerando los valores agregados, el PIB mexicano agropecuario per cápita cayó en 19.6 por ciento entre 1981 a 1995. Y en kilogramos per cápita, la producción de los ocho principales granos era en 1996 menor en 32.4 por ciento que en 1981; la producción de carnes rojas disminuyó en 35 por ciento en el mismo período, y la de leche en 21.2 por ciento.[37] Este desastre se ha agravado desde 1996: Como lo resumía el diario mexicano La Jornada en marzo de 2005: "Mientras (en México) los subsidios se han eliminado en la práctica, las importaciones de maíz proveniente de Estados Unidos se multiplicaron por 15 desde la entrada en vigor del TLCAN. En ese periodo, el valor de la compra de alimentos de aquella nación creció a una tasa superior a 100 por ciento. A la avasalladora competencia estadunidense se ha sumado una ''política más liberal'' del gobierno mexicano que, en el caso del maíz, ha liberalizado el mercado más allá de lo requerido por el propio acuerdo."[38] ... Para no hablar de la amenaza de hambruna que sacude al area rural mexicana en estos días. Todo ésto, para mayor gloria del capitalismo estadounidense - QED.
Reformistas arrepentidos - a medias
Estos irrefutables números de la bancarota del neoliberalismo han llevado hoy a algunos defensores del "reformismo" bancomundialista y fondomonetarista a olvidar su entusiasmo de hace unos años, y a imponerse a si mismos modestia y circunspección. Es el caso de Sebastián Edwards, por ejemplo, ex-economista jefe del Banco Mundial. Hace 10 años, Edwards decía: "A mediados de 1993, los analistas y medios económicos internacionales recibían las reformas hacia una política de mercado como un éxito y proclamaban que varios países latinoamericanos iban camino de convertirse en una nueva generación de 'tigres'. Los inversores extranjeros se aproximaron rápidamente a la región y los consultores y estudiosos se apresuraron a analizar las experiencias de Chile, México y Argentina con el fin de aprender de primera mano cómo unos países que, sólo unos años antes, habían parecido no tener esperanza, se habían vuelto tan atractivos para el dinero internacional."[39]
En abril de 2007, Edwards admitió que si hay algo que aprender de Chile, Mexico, y Argentina, es lo que no se debe hacer. Su entusiasmo de 1997 cedió paso a un pesimismo más acorde a la triste realidad del neoliberalismo: Además de admitir que las crisis monetarias de los últimos 20 años costaron 16 por ciento del producto interno bruto de América Latina (precisamente durante el período de aplicación de las recetas neoliberales), su conclusión principal es que es improbable que la economía de América Latina crezca en el largo plazo. "Aunque es posible que algunos países latinoamericanos progresen en comparación con las naciones industrializadas, ésta no será la norma; la mayoría de países de América Latina van a perder terreno con respecto de los países asiáticos y otras naciones emergentes."[40] Nada de "nuevos tigres", pues; en el mejor caso, gatitos mancitos y hambrientos: Sólo para absorver la gran masa de jovenes que ingresan cada año al mercado de trabajo, países como México requieren de un crecimiento económico de más del cinco por ciento - una quimera, pues, siendo el país tan dependiente de los EE UU, lo más probable es que México también se deslize en la recesión, a la cola del amo gringo.Así, el destino inmediato de la gran mayoría de los mexicanos, y como ellos, de latinoamericanos, es mayor pobreza. Esta, y no otra, es la verdad del neoliberalismo.
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"Economics are the method, but the objective is to change the soul."
Margaret Thatcher
La premisa fundamental del marginal debate académico sobre el fin de la globalización neoliberal, que tuvo lugar en algunas universidades europeas en los 1990s, decía que una crisis de gran envergadura sería necesaria para convencer a los gobiernos de los países industrializados de la necesidad de reintroducir reglas y controles, tanto en las finanzas como en el comercio internacional y en las inversiones de capital. Los académicos que participaron en tal debate - economistas, sociólogos, politólogos, ninguno de ellos representantes del "main stream" universitario - argumentaban también que esta crisis llegaría, más temprano que tarde, dados los excesos de riesgo acumulados sobre todo en la ingeniería financiera y en sus creaciones, los llamados derivados.
Crisis han habido, en serie, desde entonces. La crisis mexicana en 1994, la crisis asiática, que afectó América Latina y Rusia en 1997, la quiebra en cámara lenta del fondo especulativo Long Term Capital Management (LTCM) en 1998, el estallido de la burbuja de la mal llamada nueva economía, en 2002, por ejemplo.[1] Pero ninguna tuvo las dimensiones de la presente: Nacida en el inflado mercado de hipotecas y en la especulación inmobiliaria y de crédito de los Estados Unidos, la crisis ha llevado ya a la quiebra a varios bancos, ha sumido a los Estados Unidos en la recesión, destruyendo de paso las ilusiones de riqueza de millones de gringos, y se ha extendido al mundo entero. Incluso pueblecitos en Noruega están al borde la quiebra por haber involucrado sus finanzas públicas en los derivados financieros de las hipotecas gringas; bancos en Suiza, en Alemania, en Francia, en Inglaterra, han quebrado. Y, a pesar de los esfuerzos multimillonarios de los bancos centrales de todos estos países, la crisis no parece tener fin.
La crisis es el resultado inevitable de la irresponsabilidad de gobiernos, bancos, y fondos de inversión. Tanto banqueros como operadores bursátiles creyeron en el curso de los últimos años haber descubierto el perpetuum mobile, la máquina de hacer dinero sin inversión real previa. A raíz de la crisis de la deuda latinoamericana de principios de los 1980s, los bancos dejaron de ser prestamistas, para convertirse en intermediarios del crédito. Es decir, los bancos continuaron prestando dinero, pero al mismo tiempo, a través de la creación de los llamados derivados financieros, convirtieron los títulos de deuda en nuevos instrumentos negociables, que vendieron a los fondos especulativos. Ambos hicieron dinero a través de la subvaluación del riesgo de las hipotecas concedidas a deudores insolventes, y de la sobrevaluación del colateral, de las garantías obtenidas para los créditos. A partir de estas hipotecas sin valor, los ingenierios financieros crearon "assets", es decir, "activos" financieros, ficticios, pero comercializables, que les proveyeron de nuevas fuentes de dinero. Pero esta riqueza,existente a largo plazo solo en el papel, tenía que desaparecer un día, de la misma manera que los llamados esquemas Ponzi, las famosas pirámides, solo garantizan un buen ingreso temporal al primer negociante, con el dinero de los cretinos.[2]
Los banqueros también abusaron del dinero fácil proporcionado por los bancos centrales para comprar firmas al crédito, en lo que en la jerga técnica se conoce como "leverage buy out", "racionalizarlas" después, es decir, aprovechar la automatización de la producción y las economías de escala derivadas, y despedir empleados, incrementando así su valor bursátil, otra vez ficticio, y vendiéndolas con jugosas ganancias. Resultado? Millones en las cuentas bancarias de los operadores, en los llamados paraísos fiscales, a cambio de casi ningún esfuerzo.
Pero estos malabares financieros, en otras circunstancias considerados artificios criminales, no podían durar hasta el infinito. La burbuja ha explotado, en la cara de gobiernos y bancos y operadores bursátiles y fondos especulativos, que hasta hace pocos meses afirmaban que todo iba bien en el mundo financiero. Hoy, frente a la crisis, y como bien habían predicho los académicos mencionados arriba, los gobiernos de los países industrializados han comenzado a revertir la globalización neoliberal: A mediados de febrero, el gobierno de Londres nacionalizó el banco Northern Rock, asumiendo una pérdida de entre 100 y 250 mil millones de dolares, a pagar por sus ciudadanos. El gobierno de Alemania está tratando de salvar el banco IKB de la quiebra, así como varios otros bancos estatales, todos perdidos en los recovecos de las finanzas derivadas del mercado de hipotecas en los Estados Unidos. Sin la intervención del gobierno gringo, el banco Bear Stearns, vendido por un precio casi simbólico a su concurrente JP Morgan el 16 de marzo, habría quebrado oficialmente. Y los bancos centrales de Washington y Londres están tratando de convencer a sus homólogos en Europa y Asia de comprar los títulos de deuda basados en las hipotecas, y practicamente irrecuperables, que son la fuente de la crisis, como una medida suplementaria para salvar a los bancos privados.
Incluso banqueros privados, como Joseph Ackermann, presidente del Deutsche Bank, el más importante de Alemania, imploran al estado que intervenga para controlar la crisis, pues, como él dijo hace unos días, "las fuerzas autoreguladoras del mercado" han fallado.[3]
Paralelamente, los candidatos "demócratas" a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton y Barak Obama, condenan el tratado de libre comercio con México y Canadá (TLCAN), y han prometido renegociarlo - el tratado parece haber producido solo perdedores, pues pedidos similares de su renegociación se alzan desde hace años en los tres países miembros. Y en algunas capitales del mundo industrializado, en Londres en particular, empieza a cocinarse un sistema de control de inversiones extranjeras, dirigido expresamente contra los llamados fondos soberanos de inversión, controlados por estados como India, Dubai, Arabia Saudita, Rusia, y China, o bien por grandes empresas originarias de estos países.[4]
Todas estas medidas anuncian el fin de la globalización neoliberal, y han llevado al antiguo ministro austríaco de finanzas, Ferdinand Lancina hace pocos días a decir que "el neoliberalismo ha muerto, y lo estará por mucho tiempo."[5]
Sin embargo, la muerte del neoliberalismo solo concierne aquellos aspectos que son nocivos para el mundo industrializado, para sus empresas, especialmente los bancos y los fondos de inversión, y para la protección de sus mercados. Las medidas que han afectado a los propios asalariados alemanes, franceses, gringos, o al tercer mundo, esas son, por ahora, intocables. Estas son en efecto, las que que deberían ser revertidas primero, dados sus decepcionantes resultados, no solo en lo que concierne la generación de riqueza, si no sobre todo a su distribución . El propósito de este artículo es revelar esos fallidos números del neoliberalismo.
Los renegados del neoliberalismo
Que el neoliberalismo es un proyecto político reprensible e indefendible, se demuestra facilmente preguntando en público a los sospechosos si ellos son neoliberales. Confrontados con la alternativa de una condena moral popular o de la deshonestidad consigo mismos, la mayoría de ellos prefiere mentir: "¿¿Neoliberales nosotros?? ¡¡Noooo, de ninguna manera!!," dicen entonces. Basten como pruebas las reacciones de egregios representantes de la oligarquía guatemalteca, o sus juggernautas, a un artículo de Marcela Gereda en elPeriódico hace unos meses, o la hipocresía del ex-presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien, tras haber impuesto el neoliberalismo en su país durante su espurio gobierno entre 1988 y 1994, publicó en 1999 una nueva propuesta de política económica en le que renegaba de su propia obra.[6] Al mismo tiempo, los neoliberales de provincia que todavía defienden su doctrina, repiten frases hechas y facilmente rebatibles, del tipo: "El neoliberalismo se defiende básicamente por sus buenos resultados económicos," o "Es falso afirmar que 'el modelo neoliberal empobrece a los más y enriquece a los menos.'"[7]
Este fariseísmo de los neoliberales es tan generalizado, que ha llevado al economista mexicano Enrique Dussel Peters a afirmar que "hay muy pocos ... analistas o escuelas de economía que adhieran al neoliberalismo."[8] A Dussel Peters, por lo demás un excelente economista, habría que recordarle aquello de que "por sus obras los conoceréis." Pero dejemos a dios y sus profetas al margen, y ocupémosnos de la realidad del neoliberalismo, que ella explica el fariseísmo de sus beneficiarios, y desmiente, de paso, la afirmación de Thatcher citada en el acápite: Si bien la economía es el método, el verdadero objetivo del neoliberalismo no es "cambiar el alma", como pretendía la hija de la Gran Bretaña, sino el dinero, su concentración. La acumulación de capital, para decirlo con las palabras de los ortodoxos. El resto, la verborrea neoliberal sobre la libertad y la eficiencia del mercado no es nada más que eso, palabrería hipócrita, que necesita esconder sus prosaicos propósitos detrás de nobles ideales. O, como diría David Harvey, "un programa cuyo objetivo abiertamente declarado sería el de restaurar el poder económico de una élite, no ganaría soporte popular. Pero un ensayo programático para promover libertades individuales que disfrace la campaña de restauración del poder de clase sí puede atraer a las masas."[9]
Así es: Aunque al neoliberalismo hay que verlo desde dos perspectivas, nacional la una, internacional la segunda, en ambos casos se trata de un proyecto de lucha de clases en favor de la élite económica dominante, ya sea nacional como en el primer caso, o de los centros motores del capitalismo, en Europa, pero sobre todo en Estados Unidos, en el segundo.
Nacionalmente, el neoliberalismo tiene por objetivo reinstaurar, reforzar, o revertir la distribución de la riqueza en favor de la clase dominante, y en detrimento de las clases medias y bajas, y de cimentar ad aeternum su poder político. En los Estados Unidos, el neoliberalismo fue impuesto bajo el gobierno de Ronald Reagan como reacción al retroceso de la porción de la riqueza detentada por la élite económica de ese país, ocurrida a lo largo de los años 1970s, como consecuencia de la pérdida de valor de sus propiedades, tanto en activos financieros como en bienes de capital, derivada de la crisis económica que siguió al choque petrolero de 1974.
Redistribuir la riqueza, no crearla
Los economistas franceses Gérard Dumenil y Dominique Lévy han demostrado como el programa económico de Reagan fue uno de restauración del poder de clase - y como sus secuelas, de redistribución de la riqueza en beneficio de la ínfima élite gringa, y la creciente desigualdad social, son tan persistentes y parecen tan irreversibles, y que tienen que se consideradas consustanciales al proyecto neoliberal.[10] Para dar unas pocas cifras: Entre 1978 y 2000, el 0.1 por ciento de la población gringa de más alto ingreso triplicó su porción del PIB del dos por ciento en 1978 a más del seis por ciento en 1999 - es decir, menos de 300,000 personas se apropiaron ese último año de 586 millardos de dolares; la relación entre los salarios promedios de los dirigentes ejecutivos y los de los trabajadores pasó de 30 por uno en 1970, a más de 500 por uno en el año 2000. Mientras los ingresos del diez por ciento más pobre de la población gringa aumentaron en promedio apenas unos 45 dólares al año entre 1990 y 2005, pero los del 20 por ciento más rico aumentaron 1,920 dólares por año en el mismo período.[11] Esta reconcentración de la riqueza en beneficio de una minúscula y ya riquísima élite económica se refleja en el índice de Gini: Mientras en 1969, el indicador tenía un valor de 0.39, en 2005 el mismo alcanzaba 0.47, el valor más alto jamás reportado para los Estados Unidos.[12] Resultados similares han sido confirmados por los estudios de Wolff y de Baker.[13]
Y si estas cifras no son suficientemente ilustrativas, aquí otro dato, esta vez de un reciente reporte de UNICEF: El 22 por ciento de los niños gringos menores de 17 años vive en la pobreza - éste es, junto con el de México, el peor indicador de la pobreza infantil de todos los estados miembros de la Organización para el Desarrollo Económico y la Cooperación (OCDE), que incluye a países que, cuando Reagan establecía los fundamentos de su imperio de la injusticia, recién salían del oscurantismo cuasi medieval de sus respectivas dictaduras católicas, como España y Portugal.[14] Ante estas cifras, oficiales todas ellas, la afirmación de los defensores del neoliberalismo, que el estado no debe intervenir para redistribuir la riqueza en favor de los desposeídos, pues ésta goteará (trickle down) naturalmente hacia las clases pobres, se revela como lo que es, una simple y burda mentira. Que el neoliberalismo no solo produce injusticia y pobreza, si no también represión, se ilustra con el hecho de que que los EE UU tienen la población encarcelada más numerosa entre los países industrializados - de cada 100,000 gringos, unas mil personas están en prisión, es decir, más del 1.5 por ciento de la población economicamente activa.[15]
Casi 30 años despúes del putsch neoliberal de Reagan, con los sindicatos practicamente destruídos, y con las políticas social y económica de los dos partidos políticos dominantes diferenciadas solo en matices, el programa neoliberal con todas sus secuelas sociales parecía solidamente anclado en el subsuelo institucional del país - hasta que la burbuja financiera explotó.[16]
Algo similar ocurre en Europa, donde el neoliberalismo fue introducido por Margaret Thatcher en 1979 en Inglaterra, país en el que conviven hoy los niveles más desmesurados de riqueza y los más miserables de pobreza, en todo caso para un país industrializado. Un reciente estudio del Instituto de Estudios Fiscales de Londres determinó que un poco más de 46,000 personas - el 0.1 por ciento de la población - tienen un ingreso de más de 350,000 libras - unos 686,000 dólares -, lo que corresponde a 31 veces el ingreso promedio anual per cápita de Inglaterra. Practicamente todas estas personas viven en Londres, y son mayoritariamente abogados, o economistas (o futbolistas, pero esa es otra historia), y trabajan en los bancos y fondos de inversión y especulación de la City.[17] En su estudio, Brewer et al. muestran cómo el índice de Gini inglés saltó en 1979, en el primer año del gobierno de Thatcher, de 0.25, indicando una alta equidad en la distribución del ingreso, a alrededor de 0.35 en 2005. Los autores dicen literalmente, que "este salto en la desigualdad de la distribución de la riqueza es incomparable (unparalleled) tanto historicamente, como en el contexto de los cambios ocurridos al mismo tiempo en otros países industrializados."[18] Este incremento en la desigualdad en Inglaterra se aceleró entre 2003 y 2006, precisamente durante el gobierno laborista, supuestamente de izquierda, de Anthony Blair, con altos incrementos en los ingresos del 10 por ciento de la población más rico.[19] ¿Como canta Leonard Cohen? "Everybody knows the fight was fixed: the poor stay poor, the rich get richer. That's how it goes. Everybody knows."
En Alemania, donde el programa neoliberal fue impuesto paulatinamente al final de los 1980s, pero sobre todo en los 1990s, tras la caída del muro de Berlín y la unificación, los salarios reales (es decir, los salarios nominales descontando la inflación) de los trabajadores son hoy más bajos que en 1986. En alemán es cotidiano hoy hablar de los "working poor", así, en inglés, para describir a éstos asalariados quienes, a pesar de su trabajo, no salen del atolladero de la pobreza. Mientras, el número de los billonarios permanece inmóvil - como dirían los chapines, "ellos ya están completos" - y son los herederos o propietarios de las grandes industrias, desde la de automóbiles BMW y la editorial Bertelsmann, hasta la de prensa, Springer, o de cadenas de supermercados, como Aldi y Lidl, tristemente famosos por sus despiadadas políticas contra sus empleados.
Estas tendencias han sido confirmadas por un estudio publicado en marzo, del Instituto de Investigación Macroeconómica, de Berlin. De acuerdo con el estudio, la clase media alemana se redujo en nueve por ciento entre 1986, año simbólico del principio de la aplicación del neoliberalismo, y 2006.[20] En total, la clase media alemana perdió unos seis millones de personas - asalariados quienes, a pesar de disponer de un trabajo, descendieron en la escala social, o bien desempleados, juntos los grandes perdedores de la reconversión alemana al neoliberalismo.
No muy diferente es la desigualdad en Francia, donde, practicamente desde 1983, desde que el gobierno "socialista" de François Mitterrand se inclinara ante la política monetarista del banco central alemán, y aplicara la famosa "politique de rigueur" de corte neoliberal, París se ha convertido en la "capital del malthusianismo", como lo afirmaba Le Monde hace pocas semanas, a principios de febrero.[21]
Los fatídicos números del neoliberalismo son particularmente comprobables en Nueva Zelanda, país que fuera, hasta 1984, modelo de una socialdemocracia ilustrada, socialmente igualitaria, ecológica y feminista. Pero, desde entonces, desde que el neoliberalismo fuera introducido de manera sistemática y orgánica por el entonces ministro de finanzas Roger Douglas (¡un socialdemócrata!), y bajo los aplausos de instituciones tales como la OCDE, el Banco Mundial, y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los niveles de vida de Nueva Zelanda han ido retrocediendo paulatinamente, hasta donde se encuentran hoy - con tasas de injusticia tan elevadas, que incluso la OCDE las lamenta, y que afectan sobre todo a madres solteras, a la niñez y a la juventud, y a los maoris. Esta involución la confirma la del índice de Gini, que saltó de 0.31 en 1970 a 0.40 en los 1990s, para deteriorarse aún más en los primeros años del nuevo siglo.
Tanto, que en su más reciente reporte país, la OCDE, organización estándarte del neoliberalismo, admite lo que muchos dicen desde hace años: Que a pesar del modesto crecimiento económico los niveles de vida promedio en Nueva Zelanda han descendido paulatinamente, y que probablemente lo continuarán haciendo en el porvenir. Y eso, a pesar de que ese crecimiento económico es superior al crecimiento de la población, lo que sugeriría un crecimiento del PIB per cápita. Esta aparente paradoja demuestra que el objetivo del neoliberalismo no es el de fomentar la riqueza, sino redistribuirla, a beneficio de las minorías ya ricas. Lo único que la OCDE se niega a admitir es que el neoliberalismo sea responsable del desastre - al contrario, como receta contra el mal, la OCDE actua como el matasanos que está matando a su paciente con la medicina erronea, y propone ... más neoliberalismo. Si los neozelandeces se dejan convencer, es otra historia: En todo caso, muchos de entre ellos llaman a la política social y económica inspirada en el neoliberalismo ruthanasia - un juego de palabras entre Ruth (Richardson), el nombre de la primera ministra que confirmó el neoliberalismo en los 1990s, y eutanasia, que, esperemos, no necesita explicación.[22]
Fenómenos semejantes ocurren en numerosos países de la OCDE. En España, que registra desde hace 10 años un fuerte crecimiento económico, y cuyo PIB aumenta más rápido que la media europea, y la creación de empleo prosigue a buen ritmo y la renta per cápita se acerca también a la media de la Unión Europea, no se ha reducido sin embargo el porcentaje de población que vive por debajo del umbral de pobreza relativa.[23] "Mientras los beneficios empresariales suben, el poder adquisitivo del salario medio ha bajado un 4% entre 1995 y 2005: España es el único país de la OCDE en el que se ha producido ese retroceso, en términos reales," escribió Andrea Rizzi, en el diario El País, hace poco más de seis meses. Y, oh sorpresa, la CEOE (la Confederación española de organizaciones empresariales, el CACIF de Madrid) encuentra esta situación digna de ejemplo. Juan Iranzo, economista director del Instituto de Estudios Económicos, asociado a la CEOE, cree que España no tiene que intentar converger con Europa en cuestiones de distribución del ingreso. "Es más bien Europa la que tiene que converger con España", dice Iranzo.[24]
En su estudio sobre la desigualdad en la distribución del ingreso en algunos paises de la OCDE, John Weeks confirma lo que los combatientes contra el neoliberalismo siempre supieron: Que la desigualdad es producto de las políticas impuestas por los gobiernos.[25] "Primero, no debe ser motivo de polémica constatar que los cuatro países tendiendo a una mayor desigualdad (los EE UU, Inglaterra, Australia, y Nueva Zelanda) son aquellos que aplicaron programas socioeoconómicos de corte neoliberal. Segundo, y sin excepción, la creciente desigualdad se manifestó más marcadamente en estos cuatro paises durante los años en los que estas políticas fueron aplicadas de manera más vigorosa, en los 1980s y en los 1990s. En estos cuatro países, la desigualdad promedio durante los 1980s y 1990s fue mayor que antes que la liberalización de los mercados fuese impuesta, en los 1960s y 1970s," concluye Weeks.[26]
Incremento de la desigualdad en América Latina
En América Latina, según una lectura instintiva, tanto de neoliberales como de "izquierdistas", el caso más conspicuo de la imposición del neoliberalismo como un modelo clasista de dominación, es Chile, con la dictadura de Pinochet, cuyo corrupto carácter ha sido confirmado recientemente, sin hablar de su sangrienta contabilidad de muertos y desaparecidos.[27] Le sigue México, país en el cual la crisis de la deuda en 1982 abrió las puertas al neoliberalismo quimicamente puro, impuesto en 1989 por Salinas de Gortari, y confirmado a traves del tratado de libre comercio (TLCAN) en 1994. En ambos casos, sobre todo en el mexicano, los resultados son deplorables: En el caso de Chile, baste decir que, según cifras del ministerio de planificación y cooperación, el 10 por ciento de la población chilena con el ingreso más alto, se apropia del 42 por ciento del ingreso nacional anual, tanto cómo el 80 por ciento con el ingreso más bajo. Esta injusta distribución permanece sin cambios desde los años 1980s, y se refleja en el índice de Gini, que se mantiene constante desde hace 20 años, alrededor de 0.54, uno de los más altos del mundo.[28]
En el caso mexicano, el índice de Gini ha sufrido una regresión desde el implantamiento del neoliberalismo en 1988 - después de haber descendido a partir de 1960 hasta 1982, indicando una distribución paulatinamente más equitable del ingreso, el índice ha vuelto a subir desde entonces, hasta alcanzar el 0.54 en 2007, reflejando la reconcentración de la riqueza en pocas familias, y personificada por Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. Seguramente no es necesario decir que Slim es beneficiario personal de la privatización de las empresas estatales mexicanas, decidida por el gobierno de su amigo y socio Carlos Salinas de Gortari, quien hoy, como buen renegado del neoliberalismo, clama no ser uno.
Esta injusta distribución del ingreso en Chile y México documentada por la involución de los respectivos índices de Gini, es excepcional, incluso en América Latina, un continente marcado por la desigualdad. Como lo demuestran los análisis al respecto de Samuel A. Morley, ambos países forman parte del pelotón de punta de la injusticia social en el continente.[29]
Sí, diran algunos de los renegados del neoliberalismo, pero el crecimiento económico en ambos casos es excepcional. El caso chileno seguramente permite argumentos de este tipo, pero no como los neoliberales, y algunos insensatos comentarios de "izquierda" lo quieren creer. Puesto que la discusión exhaustiva del modelo económico chileno necesitaría mucho espacio, me limito aquí a comparar la evolución del PIB real per cápita en Chile y en Corea del Sur entre 1973 y 2004: En 1973, mientras cada chileno dispuso en promedio de 2,078 dólares, cada coreano del sur solo dispuso de 1,004 dolares. En 2004, 31 años después del golpe de la C.I.A. que impuso a Pinochet, el PIB real per capita en Chile había aumentado a 15,161 dólares, contra 19,354 dólares en Corea de Sur. Es decir, mientras el modelo chileno multiplicó el PIB per cápita por 7.3, el modelo surcoreano lo multiplicó por 19.[30] Para no hablar de los fundamentos de ambos modelos - uno, el surcoreano, sustentado en una política industrial y de comercio exterior concebida y coordinada por un estado desarrollista, y que ignoró los dictados del Banco Mundial y del FMI; el otro, el chileno, aún hoy basado en la exportación de cobre, uvas, madera, y salmón - todas materias primas, con escaso nivel de elaboración industrial.[31] Ojalá no sea necesario repetir que este último modelo es, a la larga, insostenible, como lo demuestra la reciente infección masiva de salmón chileno. [32]
Además, aquellos que elogian el relativo éxito económico chileno como muestra de que el neoliberalismo funciona, olvidan o ignoran que Chile ha mantenido controles sobre los flujos de capital hacia y desde el país, que la explotación del cobre sigue estando en manos del estado chileno, y que la industria pesquera, sobre todo del salmón, también fue durante años manejada por el estado, a través de la Fundación Chile, hasta su venta a principios de los 1990s a una compañía japonesa. De la misma manera, el estado chileno es responsable del crecimiento de las exportaciones de fruta y de vino, gracias a importantes inversiones en investigación y desarrollo, así como en la creación de clusters industriales alrededor de la madera, como la industria de papel, de muebles, y similares.[33] Como bien dice Rodrik, "la diversificación productiva de la economía chilena puede dificilmente ser atribuída al funcionamiento de mercados libres."[34] Aunque la conclusión del economista de Harvard tampoco es extraordinariamente sofisticada, ésta se le escapa a nuestros neoliberales de provincia, y a comentaristas mal informados, cuyos "análisis" se basan más en sus propios mitos que en una confrontación racional con la realidad.
El caso mexicano es mucho más claro: Aparte de que los gobiernos mexicanos desde 1988 han ejecutado las recetas del neoliberalismo - el tristemente famoso consenso de Washington - al pie de la letra, las tasas anuales de crecimiento entre 1988 y 2007 - es decir, durante el período de aplicación del neoliberalismo - yacen muy por debajo de los valores nacionales históricos alcanzados antes de la crisis de la deuda. Según cifras de la CEPAl y del FMI, entre 1950 y 1980, la economía mexicana creció a un ritmo anual promedio de 3.39 por ciento, para caer a 1.3 por ciento entre entre 1990 y 1999. Especialmente entre 1995 y 1999, el crecimiento mexicano fue particularmente bajo, de solo 0.89 por ciento. Las tasas de crecimiento mexicanas desde los mediados de los 1980s están también por debajo de las alcanzados por otros países en procesos de industrialización similares, pero guíados por estados desarrollistas, como Malaysia, China, y Corea del Sur.[35]
Además, tras casi 20 años de experimento neoliberal, México no ha sido capaz de constituir clústers industriales, que encadenen la transformación de materias primas nacionales en insumos semiindustriales hasta productos terminados. Al contrario, el proceso de industrialización orientado hacia la exportación, promovido por el neoliberalismo, es un oximoron, como lo muestra el constante deficit comercial mexicano: México importa insumos industriales semielaborados para la maquiladora y para sus industrias más avanzadas por valores considerablemente mayores que el total de sus exportaciones industriales, reduciendo este proceso de "industrialización orientado hacia la exportación" al absurdo.[36]
Por si esto fuera poco, y gracias al TLCAN, México está en trance de dejar de ser un país agrícola: Sus hombres y mujeres de maiz se alimentan hoy mayoritariamente de tortillas hechas de grano importado - de los EE UU, por supuesto. Aunque la tecnocracia neoliberal de Salinas de Gortari había prometido que su programa provocaría un aumento de las inversiones de capital en la agricultura y de su eficiencia, y lanzaría un proceso sostenido de modernización y desarrollo de la producción de alimentos y materias primas agropecuarios, la realidad es completamente opuesta: En valores per cápita, la producción agrícola en 1995 era 16.5 por ciento menor que en 1981; la producción forestal 30.6 por ciento menor, y la producción pecuaria cayó en un 20.8 por ciento en el mismo período. Considerando los valores agregados, el PIB mexicano agropecuario per cápita cayó en 19.6 por ciento entre 1981 a 1995. Y en kilogramos per cápita, la producción de los ocho principales granos era en 1996 menor en 32.4 por ciento que en 1981; la producción de carnes rojas disminuyó en 35 por ciento en el mismo período, y la de leche en 21.2 por ciento.[37] Este desastre se ha agravado desde 1996: Como lo resumía el diario mexicano La Jornada en marzo de 2005: "Mientras (en México) los subsidios se han eliminado en la práctica, las importaciones de maíz proveniente de Estados Unidos se multiplicaron por 15 desde la entrada en vigor del TLCAN. En ese periodo, el valor de la compra de alimentos de aquella nación creció a una tasa superior a 100 por ciento. A la avasalladora competencia estadunidense se ha sumado una ''política más liberal'' del gobierno mexicano que, en el caso del maíz, ha liberalizado el mercado más allá de lo requerido por el propio acuerdo."[38] ... Para no hablar de la amenaza de hambruna que sacude al area rural mexicana en estos días. Todo ésto, para mayor gloria del capitalismo estadounidense - QED.
Reformistas arrepentidos - a medias
Estos irrefutables números de la bancarota del neoliberalismo han llevado hoy a algunos defensores del "reformismo" bancomundialista y fondomonetarista a olvidar su entusiasmo de hace unos años, y a imponerse a si mismos modestia y circunspección. Es el caso de Sebastián Edwards, por ejemplo, ex-economista jefe del Banco Mundial. Hace 10 años, Edwards decía: "A mediados de 1993, los analistas y medios económicos internacionales recibían las reformas hacia una política de mercado como un éxito y proclamaban que varios países latinoamericanos iban camino de convertirse en una nueva generación de 'tigres'. Los inversores extranjeros se aproximaron rápidamente a la región y los consultores y estudiosos se apresuraron a analizar las experiencias de Chile, México y Argentina con el fin de aprender de primera mano cómo unos países que, sólo unos años antes, habían parecido no tener esperanza, se habían vuelto tan atractivos para el dinero internacional."[39]
En abril de 2007, Edwards admitió que si hay algo que aprender de Chile, Mexico, y Argentina, es lo que no se debe hacer. Su entusiasmo de 1997 cedió paso a un pesimismo más acorde a la triste realidad del neoliberalismo: Además de admitir que las crisis monetarias de los últimos 20 años costaron 16 por ciento del producto interno bruto de América Latina (precisamente durante el período de aplicación de las recetas neoliberales), su conclusión principal es que es improbable que la economía de América Latina crezca en el largo plazo. "Aunque es posible que algunos países latinoamericanos progresen en comparación con las naciones industrializadas, ésta no será la norma; la mayoría de países de América Latina van a perder terreno con respecto de los países asiáticos y otras naciones emergentes."[40] Nada de "nuevos tigres", pues; en el mejor caso, gatitos mancitos y hambrientos: Sólo para absorver la gran masa de jovenes que ingresan cada año al mercado de trabajo, países como México requieren de un crecimiento económico de más del cinco por ciento - una quimera, pues, siendo el país tan dependiente de los EE UU, lo más probable es que México también se deslize en la recesión, a la cola del amo gringo.Así, el destino inmediato de la gran mayoría de los mexicanos, y como ellos, de latinoamericanos, es mayor pobreza. Esta, y no otra, es la verdad del neoliberalismo.
ENLACE A NOTA
6/24/2008
CON GOBIERNOS DE IZQUIERDA O DERECHA EL NEOLIBERALISMO GENERA POBREZA Y DESIGUALDAD
Desigualdad y pobreza: la urgencia de cambiar el modelo
Raúl Zibechi
La guerra global por los alimentos pone en videncia que los planes sociales son insuficientes para paliar la pobreza y que sólo la superación del actual modelo permite disminuir la desigualdad que acecha la región.
En sólo seis meses hay 10 millones de nuevos pobres en América Latina. Aunque en esta región el precio de los alimentos subió menos que en el resto del mundo (15% frente al 68%), la cantidad de pobres creció de 190 a 200 millones en sólo seis meses, según el sociólogo argentino Bernardo Kliksberg, asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)[1]. Pero esto es apenas el comienzo.
Según Amartya Sen, premio Nobel de Economía con quien Kliksberg acaba de publicar el libro “Primero la gente”, desde hace treinta años se viene previendo que puede haber hambruna en los países productores de alimentos. La crisis alimentaria en curso, hija directa del estallido de la burbuja especulativa inmobiliaria, corta en seco cualquier análisis que pretenda eludir la responsabilidad del modelo en la generación de pobreza. Sobre todo, cuando se sabe que la región produce alimentos suficientes para atender a una población tres veces superior a la que contiene.
Combatir la desigualdad
América Latina es la región con más desigualdad del mundo. Pese a que buena parte de los países de Sudamérica cuenta desde hace varios años con gobiernos progresistas y de izquierda, la desigualdad sigue creciendo, por lo menos en el Cono Sur.
Un reciente estudio del Intituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) de Brasil, revela que el 10% de la población concentra el 75,4% de la riqueza. Las políticas sociales del gobierno Lula, que se aplican desde 2003 para aliviar la pobreza, han mejorado levemente la desigualdad, pero tan poco que apenas se nota. Lo grave es que se trata de los mismos niveles de desigualdad que existían en el siglo XVIII. Marcio Pochman, miembro del PT y director del IPEA, afirmó que los datos demuestran “cómo a despecho de los cambios en el régimen político y en el padrón de desarrollo del país, la riqueza continúa pésimamente distribuida entre los brasileños”[2].
Según Pochman, en el siglo XVIII en Rio de Janeiro el 10% más rico detentaba el 68% de la riqueza, mientras hoy concentra el 63%. Sao Paulo marcha delante de otras ciudades con el 73,4% de concentración de riqueza por el 10% más rico. En opinión del director del IPEA, “ningún país del mundo consiguió acabar con las desigualdades sociales sin una reforma tributaria de verdad”. Explica que los impuestos indirectos como el IVA (valor agregado), predominantes en la región, castigan a los más pobres: el 10% más pobre en Brasil paga un 44,5% más que el 10% más rico, ya que la carga tributaria representa un 33% de la renta de los más pobres y sólo un 22% de la renta de los más ricos.
Gobernabilidad conservadora
Un estudio del economista Claudio Lozano, de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), difundido en febrero de 2008, revela que en los últimos cuatro años “de cada 100 nuevos pesos que se generaron, el 30% más rico se apropió de 62”. Por eso, estima, luego de cinco años de crecimiento económico (con un un PIB un 36% mayor que el de 2001), sigue habiendo un 30% de pobres.
Se trata de un modelo concentrador, al que denomina “gobernabilidad conservadora”, que está comenzando a bloquear la continuidad de la expansión y que impide aprovechar las buenas oportunidades como las que existieron en los últimos cinco años. Peor aún, porque el ciclo de crecimiento parece estar llegando a su fin, en medio de una espiral inflacionista especulativa. “La inflación actúa como mecanismo corrector y preservador de las ganancias extraordinarias del empresariado más concentrado”, asegura Lozano. A la vez, en el caso argentino es potenciada porque “los ricos consumen mucho e invierten poco y mal”[3].
El caso uruguayo, por completar un breve panorama de tres gobiernos surgidos como consecuencia de la oleada anti neoliberal, no es muy diferente. El de Tabaré Vázquez es el único gobierno que implementó una reforma tributaria importante, progresiva, que grava más a los que tienen mayores ingresos. Pero no grava al capital. Así, los datos avalan el crecimiento de la desigualdad aún en los tres años de gobierno progresista.
El índice Gini, con el que se mide la desigualdad, se viene deteriorando en Uruguay en los últimos 20 años, o sea desde la implantación del modelo neoliberal. Y lo hace de modo consistente, en períodos de crisis y de crecimiento, bajo gobiernos de derecha y de izquierda. En 1991 era 41,1 para pasar a 45 en 2002, en el pico de la crisis económico-financiera. En 2005, cuando asumió Tabaré Vázquez, bajó a 44,1 para situarse en 2007 en 45,7[4]. Incluso bajo el gobierno de izquierda, y en un país que presenta el menor índice de desigualdad del continente, el 20% más rico sigue concentrando cada vez más ingresos. En 2001 captaba el 46,4%, en 2002 llegó al 50,3% y en 2007, luego de la reforma tributaria, llegó al 51,1%.
Parece evidente, como señala el citado informe de las economistas Verónica Amarante y Andrea Vogorito, que “no se puede esperar que las políticas de transferencias de ingresos solucionen por, sí solas”, los problemas de pobreza e indigencia. Se refieren a los planes sociales vigentes en Uruguay, pero también en Brasil y Argentina, que aliviaron la pobreza hasta que la especulación con los alimentos comenzó a revertir los pequeños avances del último lustro.
Parece fuera de duda que lo que está en cuestión es la continuidad del modelo neoliberal en su fase de apropiación de los bienes comunes (minería, forestación, soja, caña para agrocombustibles). Hasta ahora, la exclusión y la pobreza que genera se venían suavizando con planes sociales, que en el caso de Brasil abarcan al 25% de la población. Pero la voracidad del capital impone un cambio de rumbo. Las reformas en los impuestos y los planes sociales seguirán siendo instrumentos necesarios. Pero la pobreza y la desigualdad, sólo bajarán de forma significativa cuando el actual modelo de acumulación por robo y especulación, sea archivado y se implemente otro asentado en el crecimiento endógeno.
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Raúl Zibechi
La guerra global por los alimentos pone en videncia que los planes sociales son insuficientes para paliar la pobreza y que sólo la superación del actual modelo permite disminuir la desigualdad que acecha la región.
En sólo seis meses hay 10 millones de nuevos pobres en América Latina. Aunque en esta región el precio de los alimentos subió menos que en el resto del mundo (15% frente al 68%), la cantidad de pobres creció de 190 a 200 millones en sólo seis meses, según el sociólogo argentino Bernardo Kliksberg, asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)[1]. Pero esto es apenas el comienzo.
Según Amartya Sen, premio Nobel de Economía con quien Kliksberg acaba de publicar el libro “Primero la gente”, desde hace treinta años se viene previendo que puede haber hambruna en los países productores de alimentos. La crisis alimentaria en curso, hija directa del estallido de la burbuja especulativa inmobiliaria, corta en seco cualquier análisis que pretenda eludir la responsabilidad del modelo en la generación de pobreza. Sobre todo, cuando se sabe que la región produce alimentos suficientes para atender a una población tres veces superior a la que contiene.
Combatir la desigualdad
América Latina es la región con más desigualdad del mundo. Pese a que buena parte de los países de Sudamérica cuenta desde hace varios años con gobiernos progresistas y de izquierda, la desigualdad sigue creciendo, por lo menos en el Cono Sur.
Un reciente estudio del Intituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) de Brasil, revela que el 10% de la población concentra el 75,4% de la riqueza. Las políticas sociales del gobierno Lula, que se aplican desde 2003 para aliviar la pobreza, han mejorado levemente la desigualdad, pero tan poco que apenas se nota. Lo grave es que se trata de los mismos niveles de desigualdad que existían en el siglo XVIII. Marcio Pochman, miembro del PT y director del IPEA, afirmó que los datos demuestran “cómo a despecho de los cambios en el régimen político y en el padrón de desarrollo del país, la riqueza continúa pésimamente distribuida entre los brasileños”[2].
Según Pochman, en el siglo XVIII en Rio de Janeiro el 10% más rico detentaba el 68% de la riqueza, mientras hoy concentra el 63%. Sao Paulo marcha delante de otras ciudades con el 73,4% de concentración de riqueza por el 10% más rico. En opinión del director del IPEA, “ningún país del mundo consiguió acabar con las desigualdades sociales sin una reforma tributaria de verdad”. Explica que los impuestos indirectos como el IVA (valor agregado), predominantes en la región, castigan a los más pobres: el 10% más pobre en Brasil paga un 44,5% más que el 10% más rico, ya que la carga tributaria representa un 33% de la renta de los más pobres y sólo un 22% de la renta de los más ricos.
Gobernabilidad conservadora
Un estudio del economista Claudio Lozano, de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), difundido en febrero de 2008, revela que en los últimos cuatro años “de cada 100 nuevos pesos que se generaron, el 30% más rico se apropió de 62”. Por eso, estima, luego de cinco años de crecimiento económico (con un un PIB un 36% mayor que el de 2001), sigue habiendo un 30% de pobres.
Se trata de un modelo concentrador, al que denomina “gobernabilidad conservadora”, que está comenzando a bloquear la continuidad de la expansión y que impide aprovechar las buenas oportunidades como las que existieron en los últimos cinco años. Peor aún, porque el ciclo de crecimiento parece estar llegando a su fin, en medio de una espiral inflacionista especulativa. “La inflación actúa como mecanismo corrector y preservador de las ganancias extraordinarias del empresariado más concentrado”, asegura Lozano. A la vez, en el caso argentino es potenciada porque “los ricos consumen mucho e invierten poco y mal”[3].
El caso uruguayo, por completar un breve panorama de tres gobiernos surgidos como consecuencia de la oleada anti neoliberal, no es muy diferente. El de Tabaré Vázquez es el único gobierno que implementó una reforma tributaria importante, progresiva, que grava más a los que tienen mayores ingresos. Pero no grava al capital. Así, los datos avalan el crecimiento de la desigualdad aún en los tres años de gobierno progresista.
El índice Gini, con el que se mide la desigualdad, se viene deteriorando en Uruguay en los últimos 20 años, o sea desde la implantación del modelo neoliberal. Y lo hace de modo consistente, en períodos de crisis y de crecimiento, bajo gobiernos de derecha y de izquierda. En 1991 era 41,1 para pasar a 45 en 2002, en el pico de la crisis económico-financiera. En 2005, cuando asumió Tabaré Vázquez, bajó a 44,1 para situarse en 2007 en 45,7[4]. Incluso bajo el gobierno de izquierda, y en un país que presenta el menor índice de desigualdad del continente, el 20% más rico sigue concentrando cada vez más ingresos. En 2001 captaba el 46,4%, en 2002 llegó al 50,3% y en 2007, luego de la reforma tributaria, llegó al 51,1%.
Parece evidente, como señala el citado informe de las economistas Verónica Amarante y Andrea Vogorito, que “no se puede esperar que las políticas de transferencias de ingresos solucionen por, sí solas”, los problemas de pobreza e indigencia. Se refieren a los planes sociales vigentes en Uruguay, pero también en Brasil y Argentina, que aliviaron la pobreza hasta que la especulación con los alimentos comenzó a revertir los pequeños avances del último lustro.
Parece fuera de duda que lo que está en cuestión es la continuidad del modelo neoliberal en su fase de apropiación de los bienes comunes (minería, forestación, soja, caña para agrocombustibles). Hasta ahora, la exclusión y la pobreza que genera se venían suavizando con planes sociales, que en el caso de Brasil abarcan al 25% de la población. Pero la voracidad del capital impone un cambio de rumbo. Las reformas en los impuestos y los planes sociales seguirán siendo instrumentos necesarios. Pero la pobreza y la desigualdad, sólo bajarán de forma significativa cuando el actual modelo de acumulación por robo y especulación, sea archivado y se implemente otro asentado en el crecimiento endógeno.
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desigualdad,
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