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7/16/2008

INTOLERANCIA PANAZI A LA PROTESTA SOCIAL

Los gobiernos panistas estan asumiendo actitudes fascistas en contra de la protesta social ya que debido a sus prácticas políticas y económicas han llevasdo al país al borde una crísis que puede terminar en un levantamiento social

INTOLERANCIA CLERICAL Y HOMOFOBIA



Iglesia Católica y homosexualidad.



Entrevista al Pbro. Raúl Lugo Rodríguez

Lorena Aguilar Aguilar

1.Sabemos que en el año 2006 publicó un libro denominado Iglesia Católica y Homosexualidad ¿Cómo surge la idea de sacarlo a la luz?

El libro es el fruto de cuatro años de acompañamiento a un buen número de personas homosexuales, en su mayoría varones, a quienes que tuve el privilegio de acompañar a través de un camino de reflexión cristiana a veces doloroso, pero siempre cargado de esperanza. Primero fueron materiales de trabajo para retiros, reflexiones que me iban surgiendo e iba anotando en el camino, hasta que se convirtieron en un documento que circuló por la red electrónica. Es ahí donde fue descubierto por el teólogo claretiano Benjamín Forcano que me propuso publicarlo en la editorial que él dirige. De manera que es un libro surgido de la práctica pastoral.

2.¿Cuál es la propuesta principal de este libro?

Se trata de una revisión, desde mi experiencia pastoral de acompañamiento a personas homosexuales, de la posición de la iglesia católica al respecto. Se me ha reprochado que el título del libro sea engañoso: en efecto, el nombre “Iglesia católica y homosexualidad” puede ser interpretado como si el libro se limitara a exponer la posición oficial de la iglesia y a combatir las opiniones discordantes. Pero la expresión no es unívoca: “Iglesia católica y homosexualidad” en este caso, hace referencia a un análisis, desde dentro de la iglesia católica y dirigido a sus miembros, que trata de señalar nuevos caminos en la pastoral de atención a las personas homosexuales y, aún más, cuestiona algunas posiciones oficiales de la jerarquía católica (de la que el autor forma parte, por lo que podría considerarse como autocrítica) para proponer la superación de muchos de los prejuicios en que se basa su postura.

3.¿Cómo fue la reacción inicial de la jerarquía católica en Yucatán por la publicación del libro? Sabemos que se inició un proceso canónico o “Juicio de Doctrina” en su contra. ¿Qué nos podría contar al respecto?


Sería ocioso negar el carácter polémico del libro. Hay una serie de riesgos calculados en cada uno de sus capítulos y era de esperarse una reacción de la jerarquía eclesiástica. Pero hay cierta inexactitud en la afirmación que circula sosteniendo que estoy enfrentando un juicio eclesiástico. En la iglesia católica existe una normatividad muy precisa para el examen de doctrinas, que así se conoce al proceso judicial para investigar y sancionar, si éste fuera el caso, a quienes propaguen doctrinas que se aparten de la fe de la iglesia.

Yo he tenido solamente un diálogo con la autoridad eclesiástica de mi diócesis en la que me han manifestado su desacuerdo con el contenido del libro, pero no he recibido notificación oficial ninguna de que haya un juicio en camino. Sé que el libro ha sido presentado ante instancias del Vaticano y he escuchado rumores de que la Conferencia Episcopal Mexicana lo está examinando, pero nada más. Según las normas oficiales, un juicio no puede comenzar sin que el autor juzgado haya sido notificado, y yo no he recibido ninguna notificación en ese sentido. De suerte que mi situación es la de cualquier ministro ordenado en regla: predico, celebro los sacramentos, es decir, no tengo ninguna restricción en el desempeño de mi ministerio.

Yo trabajo con otros sacerdotes, amigos muy cercanos, con los que discuto estos temas y encontramos muchas coincidencias. Además, hay un buen grupo de laicos y, sobre todo de laicas, que están ya discutiendo asuntos que la iglesia oficial se niega a poner en la mesa de discusión: la opcionalidad del celibato en los ministros ordenados, la equidad de género y la ordenación de mujeres, los cambios necesarios en la moral sexual de la iglesia, etc. Así que no me considero un bicho raro, sino más bien parte de un movimiento mucho más amplio que abarca a grandes sectores de la iglesia de base y, para mi regocijo, hasta al Cardenal Carlo María Martini, que en días pasados se refirió a estos temas en su más reciente libro.

4.¿Qué opinión le merecen los textos bíblicos del antiguo testamento que tradicionalmente se han considerados como condenatorios a la homosexualidad?


Creo que uno de los desafíos que la cuestión homosexual le plantea a la iglesia es, precisamente, el fundamentalismo bíblico. Con cierta frecuencia se citan textos bíblicos que aparecen en el Primer o Antiguo Testamento y en algunos escritos paulinos para condenar la homosexualidad. Resulta que en el campo de la sexualidad, hasta los teólogos más liberales y de izquierdas suelen ser un tanto fundamentalistas. Pues bien, enfrentar la cuestión de la homosexualidad en la Biblia nos desafía a revisar la lectura que hacemos de ella. Quizá nadie lo plantee de manera más simple y profunda que mi amigo Jairo del Agua (de sonoro nombre, este sacerdote español es mi amigo, aunque él no lo sepa, ni sepa tampoco que los escritos suyos que me encuentro en un portal de intercambio de ideas religiosas han sido inspiración y bendición en mi vida ministerial), cuando combatiendo el fundamentalismo dice: “Es muy importante caer en la cuenta de que toda la Escritura no es Palabra. Más bien la Palabra discurre entre la Escritura, la riega como un río de agua sanadora, fecunda, orientadora, que recorre una concreta historia humana (la de los judíos y primeros cristianos), durante un concreto tiempo[i]. No podemos confundir el río con sus orillas agrestes, ni con sus monstruos, ni con la vegetación invasora. Hay que distinguir claramente entre el río y la historia que riega. En muchas ocasiones esa historia está habitada por hombres perversos, rudos, ignorantes, que tan pronto reniegan de Dios como le creen inspirador de sus propios crímenes. Algunos pasajes -totalmente secundarios que no explicitan el mensaje central del Primer Testamento- son pura bazofia y su lectura no es recomendable. Esa es la razón por la que la Biblia fue un libro prohibido o no divulgado durante muchos años. Conviene decirlo porque parece, que ahora, todo está bendecido por el hecho de estar en el Libro. Tampoco podemos pensar que la mano que escribe es sabia, incontaminada, guiada al dictado. Todo lo contrario. Está limitada por su personalidad, por su ambiente humano y material, por su nivel cultural, etc. Es decir, la Escritura no sólo está contaminada por la precariedad o bajura de la historia humana que describe, sino también por los subjetivismos y condicionamientos de quien la escribe. Esto ocurre de forma relevante en el PT (primer o antiguo testamento) porque el primitivismo era mayor y menor la evolución humana. Pero también puede afirmarse del NT. Es más, esto ocurre y ocurrirá siempre, porque los humanos somos limitados e incapaces de agotar la Palabra. Sólo podemos recoger algunos de sus destellos para iluminar nuestra humana oscuridad”[ii].

Si la reflexión sobre la diversidad sexual nos lleva de la mano a una lectura de los textos bíblicos alejada del fundamentalismo y nos hace preguntarnos sobre los fundamentos hermenéuticos de nuestra lectura, habremos respondido a este desafío. Así que yo creo que los textos a los que hace usted referencia en su pregunta, deben ser leídos, en buena lectura católica de la Escritura, enmarcándolos en su contexto cultural. Hay muchos estudiosos de la Biblia que se han dado a esta tarea y nos muestran las razones de tales prohibiciones. Yo, de una manera no tan exhaustiva, pero creo que suficiente para un lector medio, dedico dos capítulos del libro a tratar estos temas de hermenéutica bíblica.

5.También se ha manejado que Jesús condena la homosexualidad. ¿Se podría hacer una lectura diferente a lo que tradicionalmente plantea la Iglesia y porque?

Un capítulo de mi libro lleva por título, precisamente, “Jesús nunca condenó la homosexualidad”. No hay un solo pasaje en los evangelios que pueda interpretarse en ese sentido sin falsear gravemente el texto y su contexto. Por otro lado, la constancia con que los evangelios canónicos hacen referencia al hecho de que Jesús nunca rechazó a nadie, que se acercó a las personas que eran despreciadas y marginadas en su tiempo, que tenía una intención clara de reintegrar a quienes eran marginados o excluidos de sus comunidades, que lo caracterizan como una persona esencialmente misericordiosa, pero que luchaba a brazo partido contra quienes utilizaban la religión para marginar y excluir y que, precisamente por eso, recibió amenazas y fue finalmente ajusticiado, todo ello indica que el Jesús que nos transmiten los evangelios no condenó nunca la homosexualidad ni a las personas homosexuales, aunque esta afirmación pueda parecer un anacronismo, pues el concepto de “persona homosexual” es bastante reciente.

Desde luego que esto no quiere decir que el campo de la sexualidad sea un campo ajeno al seguimiento de Jesús. La dignidad de la persona, el respeto a las diversidades, la justicia y la equidad en las relaciones interpersonales, son todos valores que entran en juego en el ejercicio de la sexualidad. Cuando la iglesia recomienda relaciones humanas y no cosificantes, respetuosas y no impositivas, fieles y no mentirosas, no hace otra cosa que arrojar una luz de evangelio sobre esta realidad que es tan decisiva para la felicidad de la persona. Reconocer la homosexualidad como una señal de diversidad que no tiene por qué merecer un calificativo moral negativo, no implica que las personas homosexuales no tengan que ajustarse a los estándares morales cristianos en sus relaciones interpersonales. Todos, homosexuales y heterosexuales, están llamados a la santidad, y cada uno la alcanzará de acuerdo con su naturaleza, pero todos regidos por los valores del evangelio.

La petición de perdón con la que concluyo el libro quiere ser una manifestación de cercanía comprensiva a los sufrimientos de muchas personas homosexuales que se sienten excluidos/as de la iglesia. Pero todos tendríamos que hacer un ejercicio de este tipo si queremos combatir los prejuicios que a veces conservamos en nuestras cabezas y nuestros corazones.

Yo creo, finalmente, que ayudaría mucho no perder de vista, y cito ahora un texto de mi libro: “La invitación a seguir a Jesús solamente encuentra un obstáculo: la pretensión de vivir para sí mismos y no para los demás (Lc 9,57-62). Una vida que se encierra en sí misma es una vida que no puede pretenderse cristiana. La alteridad es el elemento fundamental del cristiano y el criterio por el que será juzgada su fidelidad a Jesús (Mt 25,31ss). No es la orientación sexual el criterio por el que se juzgará a la persona, según el Maestro de Nazaret, sino su capacidad de ponerse al servicio de la felicidad de los demás, especialmente de los más necesitados”. Tener en cuenta esto nos ayudaría a leer los textos más fielmente.

6.La propuesta de sicoterapeuta Richard Cohen acerca de que la homosexualidad es una “enfermedad” y que existe un tratamiento para “curarla” ha tomado cierta aceptación entre algunos sectores sociales. ¿Qué tan peligroso podría resultar para un individuo este estigma de la “enfermedad”?


Creo que hay dos realidades en confrontación. Por un lado, a pesar de que la discriminación a las personas homosexuales sigue estando presente en muchos países, el panorama actual marca una tendencia irreversible a su aceptación y al reconocimiento legal de la diversidad sexual como un hecho irrefutable. La cantidad de países que continúan considerando las relaciones entre personas del mismo sexo como delito a perseguir son cada vez menos. Se han establecido mecanismos, en la Unión Europea, por ejemplo, para que ningún país miembro tolere discriminación alguna por motivos de orientación sexual. Todo esto no es solamente un dato anecdótico, sino la muestra globalizada de lo que yo llamo una “mutación de conciencia”. Se va llegando cada vez con más claridad a la concepción de que la democracia, para serlo cabalmente, tiene que ser ajena a la exclusión, a la marginación y a la desigualdad, asegurando el pleno ejercicio de los derechos y de las libertades de las personas. Este cambio que se está dando en la conciencia de los individuos y las colectividades. Se va abriendo paso una nueva concepción, que muchos llaman “cambio antropológico”, en el que las personas homosexuales comienzan a ser vistas, consideradas y tratadas, como personas diferentes, pero sin que esa diferencia marque una desigualdad en la dignidad y los derechos.

Esta toma de conciencia está muy lejos de ser una moda temporal o la señal del deterioro de las condiciones morales del mundo. Se trata de un colectivo “caer en la cuenta” de que estamos frente a una realidad antropológica que sencillamente es así. Se trata de un auténtico descubrimiento humano, aunque pueda parecer banal. Nos estamos dando cuenta sencillamente de que hay gente que es así, lo cual no convierte a estas personas en algo especial ni las hace ni más ni menos capaces para realizar cualquier cosa. Para decirlo con las palabras de Alison, mi teólogo católico de cabecera en estos ámbitos de reflexión: “Sencillamente es así, como la lluvia y las mareas y la existencia de personas zurdas.”[iii].

No sé cada cuánto tiempo la humanidad vaya llegando a estos consensos antropológicos que rompen una manera determinada de ver la vida. No sé tampoco qué elementos explican esta mutación de conciencia. Es una tarea que rebasa mi competencia profesional. Hará falta reconstruir esta historia, así como se va reconstruyendo poco a poco la historia de la aceptación de la igualdad racial o de la igualdad de género. Pero el hecho es que tales consensos, y se confirma con lo que ha ocurrido con las otras dos mutaciones que he mencionado, es vuelven irreversibles. Así que seguir considerando la homosexualidad como una enfermedad solamente revela la incapacidad de superar un prejuicio ampliamente demostrado. Quizá por eso las más prestigiadas instituciones psicológicas y psiquiátricas en el mundo han desaconsejado tal tipo de terapias, señalando los daños que pueden causar. Desde mi punto de vista, tales terapias no son más que patrañas envueltas en lenguaje pseudo científico.

7.¿Cuáles consideras que son los principales “lastres” para el desarrollo de la Iglesia Católica respecto al tema de la sexualidad?


Se ve que has leído ya el libro… Hay en él un capítulo titulado, precisamente, “Las lacras que la iglesia arrastra en su consideración de la sexualidad”.

Lo primero que resalta es que, para la iglesia, todo lo que tiene que ver con sexo pareciera ser malo, sucio. La sexualidad se concibe como una tentación permanente y tiene como fin echar a perder las cosas buenas. El sexo se concibe como un mal que origina otros males y, por tanto, la vida sin el ejercicio de la sexualidad sería mucho mejor. Es cierto que esto no aparece así en los documentos oficiales, pero sí se deja ver en la práctica pastoral cotidiana. Está también la idea de que el sexo tiene como única finalidad la procreación y que cualquier uso del sexo fuera de tener hijos no es bueno y la culpabilización del placer. Finalmente, considero también un lastre la mentalidad que juzga la bondad o maldad de una persona solamente en referencia al ejercicio de su sexualidad.

8.¿Cuáles considera que son los puntos en que la Iglesia necesita revolucionar en el ámbito sexual?

Yo considero en el libro seis puntos concretos que no son demasiado largos para reproducirlos en una entrevista:

-El sexo es bueno. Fue puesto por Dios como oportunidad de realización personal y de maduración en comunidad. Es una fuerza constructiva, que equilibra, que permite alcanzar la felicidad. La sexualidad no se identifica con la genitalidad, es mucho más que eso, es una fuerza integradora de la personalidad, que permite una sana apertura al ‘otro/a’. La sexualidad es, también, un camino al misterio del Dios amor.

-La unión genital entre un hombre y una mujer tiene dos finalidades, no solamente una: se trata de crecer en el amor y de fundar una familia. Ninguno de estos fines es más importante que el otro. En el caso de las relaciones que tengan en sí mismas la imposibilidad de la procreación (relaciones entre personas estériles, relaciones homosexuales) la atención debe centrarse en el cumplimiento de la otra finalidad.

-El placer es parte importante del ejercicio de la sexualidad y, en general, de una vida sana y fecunda. No somos estoicos: somos cristianos. No amamos el dolor, aspiramos a construir una sociedad feliz en la justicia y la fraternidad.

-La vida humana es mucho más que ejercicio de sexualidad. Han de preocuparnos tanto los valores de la justicia y la igualdad, como la pureza y la castidad. La normatividad eclesiástica sobre la vida sexual no ha de tener como finalidad la represión de la libido, o la supresión de la libertad de decisión y de elección de cada persona, sino garantizar que el ejercicio de la sexualidad se mantenga en la dimensión humanizante y humanizadora.

-La combinación de libertad y responsabilidad es la clave para una vida sexual cristiana. Es un espacio que no queda al margen de nuestro seguimiento de Jesús. Esto no quiere decir, sin embargo, que la iglesia institucional tome las decisiones en la cama que solamente a las personas implicadas les corresponde asumir.

-Por último, una advertencia que no es ociosa. El sexo es muy importante para tratarlo a la ligera. Ya lo dice el dicho: ‘puede más un par de tetas, que un par de carretas’. En el ejercicio de la sexualidad es nuestra vida la que va en juego. Las decisiones en materia de sexualidad tienen el poder de transformar la vida en un cielo o en un infierno. Por eso hay que evitar a toda costa la banalización de la sexualidad. Una vida auténticamente humana y cristiana ha de integrar el ejercicio de la sexualidad en un arco amplio que supere la simple animalidad o la búsqueda desenfrenada del placer.

9.¿Qué enseñanzas te ha dejado esta cercanía con la comunidad gay?


Siempre he tenido amigos y amigas que son homosexuales, aunque no me había planteado esto como un desafío para mi reflexión cristiana y pastoral. El acercamiento a esta problemática se dio como resultado de mi involucramiento en la lucha contra la pandemia del SIDA. Conocí el Oasis de San Juan de Dios, una organización que ofrece hospedaje y comida a personas seropositivas que son rechazadas en sus hogares y que carecen de seguridad social, y desde entonces atiendo espiritualmente a los enfermos del albergue motu proprio, es decir, sin haber sido designado para ello por ninguna autoridad eclesiástica. Voy cada martes a visitar a los huéspedes del albergue y una vez al mes celebro la Misa en sus instalaciones. Este encuentro con el Oasis ha sido una bendición en mi vida personal y sacerdotal.

En el equipo de derechos humanos Indignación A.C. al que pertenezco desde hace más de quince años, abrimos en ese entonces un área de trabajo al que llamamos “atención a grupos vulnerables”. Eso me permitió trabajar de manera más sistemática con personas afectadas por el VIH/SIDA y que habían sufrido problemas de discriminación. Comenzamos a luchar porque hubiera una modificación en las leyes de nuestro Estado y la discriminación comience a ser reconocida y castigada como delito y porque se vean respetados los derechos humanos de las personas infectadas. En la revista mensual que publica el equipo y que se llama “El Varejón”, procuramos que siempre haya un espacio para la información sobre VIH/SIDA (www.indignacion.org)

El trabajo de combate contra el VIH/SIDA me hizo descubrir, casi como una exigencia inesperada, la necesidad de luchar contra todo tipo de discriminación, incluida la discriminación debida a la orientación sexual. Este descubrimiento me llevó a entrar en contacto con personas homosexuales y grupos que trabajan a favor de la diversidad sexual. Con respeto y honestidad, he tratado de acompañar a algunos de ellos en sus procesos y trabajos y a aportarles mi visión del evangelio. Me gusta estar disponible para este tipo de trabajo, porque estoy conciente de que hay muy pocos sacerdotes que se dediquen a ello y que manejen el tema sin prejuicios discriminatorios.

En realidad, recibo mucho más que de lo que soy capaz de aportar. La comunidad gay, en mi experiencia, tiene claroscuros, como toda comunidad humana. No estoy de acuerdo en la visión maniquea que ve a gays y lesbianas solamente como víctimas inocentes, aunque en ocasiones lo sean. Ocurre lo mismo con el trabajo que desarrollo en el área del pueblo maya: la mistificación de los mayas nos ha hecho mucho daño y ha sesgado mucho nuestro discurso. Hay una distancia muy grande entre la comprensión de la situación de vulnerabilidad del pueblo maya y la falta de respeto a sus derechos fundamentales, con esa tendencia a sacralizar todo lo que tenga que ver con los indígenas. Tal visión, desde mi punto de vista, no ayuda a la comprensión de la realidad, sino que la estorba. Así que en la comunidad gay, como en toda comunidad humana, hay gente buena y mala, generosa y egoísta. Pero mi contacto con ellos y ellas ha sido muy enriquecedor: he recibido grandes lecciones de entrega y de valentía de muchos de ellos.

7/07/2008

DICTADURAS FASCISTAS LATINOAMERICANAS ENGENDROS DE LA IGNORANCIA Y EL ATRASO

El fascismo rústico
Por: Jorge Gómez Barata

En un debate acerca de si el fascismo era o no repetible sostuve que no, aunque admití que podían surgir otras corrientes reaccionarias. Entonces acoté que ello ocurriría únicamente si, como sucedió en la década del treinta en Europa, tales aberraciones ideológicas fueran adoptadas por grandes potencias. Me equivoque, el atraso y la ignorancia pueden engendrar un fascismo rústico.

En América Latina tal engendro resulta del trasvase del poder de las metrópolis coloniales a las oligarquías criollas, fenómeno que consagró las deformaciones estructurales ligadas al régimen de tenencia y explotación de la tierra y del modelo agroexportador que, en conjunto, dieron lugar a un modo de producción arcaico e ineficaz, conocido como subdesarrollo.

Para la opinión pública internacional, manipulada por las transnacionales de la información, las actuales tensiones políticas en Bolivia, son parte de las pugnas por el poder que caracterizan la historia latinoamericana. Esta vez no es así. Se trata de un proyecto reaccionario que, con un enfoque racista y oportunista, cuestiona medio milenio de historia e intenta deshacer lo hecho, no para rectificar y mejorar, sino para hacer: “Borrón y cuenta nueva”.

No se trata ahora de la critica de los liberales, los nacionalistas y los socialistas que desde hace siglo y medio denuncian el carácter injusto, arbitrario y arcaico del sistema político encabezado por las oligarquías nativas, sino de un enfoque ideológico que cuestiona el derecho a la igualdad e incluso a la existencia de los pueblos originarios sobrevivientes. La idea de que Bolivia es un Estado inviable que no tiene derecho a existir es fascista y primitiva.

Los primeros gobiernos de la oligarquía latinoamericana estuvieron formados por criollos sobrevivientes de las luchas por la independencia, en las que adquirieron formación militar y dotes para el mando, aunque no experiencia política, educación republicana ni habilidades diplomáticas. Los primeros gobernantes, que recibieron las republicas como un botín, no aprendieron a lidiar con la oposición ni trabajar con ella en el diseño de políticas, opciones y modelos apropiados a nuestras realidades. Para aquellos caudillos la tolerancia era un defecto.

Dado su origen, la coyuntura y su formación, no resulta extraño que los líderes de nuestras primeras republicas sucumbieran a la tentación de abusar del poder, a los efectos corruptores del dinero, a la influencia del capital externo, a los empréstitos, las dadivas y las manipulaciones de las potencias para enfrentarlos unos a otros. Sin instituciones apropiadas, aliados honestos ni consejos de buena fe, optaron por las prácticas autoritarias, la violencia y la represión política.

Para los dictadores latinoamericanos de primera generación: de Santa Ana a Strossner, los críticos eran opositores y los opositores enemigos, no sólo del Estado y de la Patria, sino también de la familia y de Dios. Naturalmente, hubo excepciones y matices: déspotas ilustrados, genuinos populistas que apostaron por una especie de autoritarismo compasivo, llamado también paternalismo y no faltaron los demagogos.

En aquellos procesos que no fueron simples ni lineales, en todas las épocas y países, del seno de la intelectualidad liberal, la juventud ilustrada, los claustros académicos, los liderazgos obreros, incluso desde la oficialidad joven y el clero de base, se gestaron y florecieron ideas patrióticas, se preservó el pensamiento de los próceres y se acogieron las ideas más avanzadas, entre ellas el liberalismo, el marxismo y la socialdemocracia.

Como parte de aquella confusa historia, todavía presente en ciertos países, en la excepcional coyuntura histórica en que confluyeron el derrumbe del sistema colonial, el triunfo de la Revolución Cubana, la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos y la insurgencia latinoamericana, con la asesoría y bajo la influencia ideológica del imperialismo, en los grandes países de Sudamérica que habían librado frecuentes guerras y en los que se incubaron fuertes tendencias militaristas como Chile, Argentina, Brasil y Uruguay, surgió una segunda generación de dictadores.

Las dictaduras de segunda generación se diferenciaban de las primeras, no por su salvajismo y criminalidad, sino por la perspectiva ideológica y la justificación doctrinaria que dieron a sus actos, fundados ahora en criterios geopolíticos, doctrinas de seguridad nacional, fronteras ideológicas y sobre todo, un anticomunismo visceral y un odio infinito a la Revolución Cubana, argumentos con los que justificaban sus acciones concertadas y sus modos primitivos y salvajes de ejercer el poder político que, de hecho, constituían un fascismo rustico.

Las dictaduras del cono sur convirtieron la represión en razón de Estado y estilo de gobierno, se colocaron por encima de la sociedad y de la ley y, para evadir todo escrutinio, introdujeron la figura de los desaparecidos. No se trataba de confrontar la oposición, sino de erradicarla. En algo más de dos décadas, bajo las dictaduras, Sudamérica perdió a toda una generación de luchadores y reformadores sociales.

A la suma bicentenaria de represión, prisiones, torturas, asesinatos y exilios, se suma ahora el racismo y la xenofobia que. Lo que ocurre hoy en Bolivia es una continuación de las peores tendencias del fascismo criollo, que recién acaba de descubrir que no vale la pena perder el tiempo tratando de enmendar la historia ni cambiar realidades, sino que es preferible comenzar desde cero, pero esta vez sin indios ni negros. Los pies de cría son los retoños de la oligarquía y los infaltables europeos y gringos.

El fascismo de ahora
Por: Jorge Gómez Barata

El fascismo no es una ideología sino una degeneración ideológica, sostenida no por una clase social sino mediante alianzas entre fuerzas que operan en los márgenes del sistema y que, lejos de ser portadoras de propuestas democráticas, aspiran a instalar su dictadura. El fascismo es tan refractario y hostil al marxismo como al liberalismo, incluso al cristianismo. El fascismo es sólo eso.

Sostener que Bolivia es “un país inviable” califica como el exabrupto más reaccionario del pensamiento político latinoamericano. Un absurdo históricamente insostenible porque alude a exitosas civilizaciones precolombinas, una expresión de la incapacidad de los operadores del sistema político para encontrar modelos de desarrollo que den respuesta a las realidades presentes.

Semejante bazofia, formada por una mezcla de geopolítica fascista con sociología al estilo nazi y oportunismo de la peor factura, propone que la indiada, es decir los pueblos originarios, no tienen derecho a existir ni a convivir con la civilización y deben ser excluidos.

Esas ideas que, desde hace algunos años circulan en Sudamérica, si bien son repudiadas, también son acogidas en calidad de respetables experticias por diarios y revistas que, además de a Bolivia, incluyen a Perú y Guatemala, países con fuerte presencia indígena a los que consideran: “Espacios geográficos…en los que se han formado conglomerados localistas, recelosos y resistentes a la integración con las culturas occidental…”El postulado admite que se trata de países y de repúblicas, “aunque no de naciones”.

“... ¿Qué opción de desarrollo tienen los 10 millones de habitantes de los Andes sobre los 3,500 metros de altitud? -Se pregunta uno de los ponentes de semejantes tesis -El mismo responde: “Muy pocas. En la Era Postindustrial o del Conocimiento, la razón, el juicio crítico, el debate y la proclividad al cambio no son precisamente atributos de los cuales se hayan nutrido los pueblos originarios, educados para obedecer, no para pensar...”

Hay todavía mentalidades más retrógradas que por razones más o menos parecidas y por la fatalista creencia de que las deformaciones estructurales gestadas en más de 500 años de ocupación y saqueo se han enquistado de tal modo que resultan inamovibles, hacen extensivo semejante criterio a más de 100 países subdesarrollados. Según este punto de vista, la aspiración al desarrollo es una esquiva e inalcanzable quimera.

En una repugnante analogía, hay autores que se refieren a estos países como entidades que saltaron edades, comparándolas con la inexistente e imposible condición de seres humanos que hubieran pasado de la niñez a la decrepitud, para los cuales no existen opciones. Semejante punto de vista no escatima los meritos de las culturas originales de América y Africa, aunque asume que el azar les hizo perder sus oportunidades. En la historia natural, a una especie sin capacidad de evolucionar y adaptarse, le espera únicamente la muerte. Así de sencillo.

Esta lógica se afirma en el hecho de que en 500 años ningún país de Iberoamerica, ni siquiera los súper dotados como Brasil, México y Argentina lograron salir del subdesarrollo y que tampoco lo lograron India y China. En cualquier caso se estima que estas naciones jamás podrán alcanzar los niveles de consumo logrados por los países desarrollados.

Según se afirma, los países tercermundistas, incapaces de detener el crecimiento de la población, al intentar avanzar hacia la intensidad tecnológica, tampoco pueden generar empleos en cantidades suficientes. La opción de que con altos niveles de productividad, una parte de la sociedad produzca bienes materiales para el resto, les parece impracticable porque se trata de unos 5000 millones de personas.

Lo que estos “pensadores” y los políticos reaccionarios que asumen como validas sus degeneradas elucubraciones, no pueden evitar es que, a pesar de la ignorancia y la exclusión, la pobreza y la marginación, como por ósmosis, esos pueblos absorban elementos de la cultura, se desarrollen políticamente, destaquen a sus lideres y se rebelen, volviéndose ingobernables, tal como ocurre en la Bolivia preterida.

El peligro, de un racismo inverso, idea echada a rodar por los mismos que sostienen tales preceptos y la advertencia de que los pueblos originarios traman una venganza étnica que consumarían cuando tomaran el poder y en Africa y América Latina reconstruyeran los imperios precolombinos, forman parte del mismo paquete ideológico y, más que infantil, es criminal.

Todavía la izquierda latinoamericana tradicional que no logra desprenderse de las prótesis ideológicas suministradas por el occidente desarrollado, no ha adquirido conciencia del alcance del desafío y suele asumir el fascismo como una referencia histórica relacionada con Hitler, los judíos y el holocausto, exactamente como algo que les ocurrió a otros hace mucho tiempo y que por demencial, jamás volverá a ocurrir. Estamos advertidos.

6/28/2008

DOCUMENTAL: AMENAZA EN LA CALLE

Un documental que retrata la intolerancia, xenofobia, intolerancia religiosa y racismo herencias del fascismo en España.

No te lo pierdas



www.Tu.tv

6/20/2008

TODOS CONTRA EL RACISMO Y LA DISCRIMINACIÓN

Desafíos para el combate el racismo y la discriminación

Epsy Campbell Barr
Alai-amlatina

El próximo año, del 20 al 24 de abril, en Ginebra, se llevará a cabo la Conferencia de Naciones Unidas sobre Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia, para evaluar el cumplimiento de la Declaración y Plan de Acción de Durban 2001. En el marco del proceso preparatorio, en Brasilia, del 17 al 19 de este mes de junio, se está realizando una Conferencia intergubernamental de América Latina y el Caribe, y en los días previos tuvo lugar un foro de la sociedad civil. En el acto inaugural, la lideresa afrocostarricense Epsy Campbell Barr dirigió las siguientes palabras a nombre de la sociedad civil.

Saludo a las y los representantes de los gobiernos y demás delegados que se han hecho presentes a esta Conferencia Latinoamericana y Caribeña de revisión de Durban y muy especialmente al Gobierno Brasileño en nombre de la SEPPIR por su compromiso demostrado nacional y regionalmente tanto con la realización de esta Conferencia Gubernamental como por el apoyo a nuestra recién concluida Conferencia de las Américas de la Sociedad Civil. Saludo también a mis compañeros y compañeras de las organizaciones sociales que le han dado vida y sentido a los acuerdos y compromisos de Durban.

Como mujer afrodescendiente que forma parte de los más de 150 millones de afrodescendientes de la región, que históricamente han sido víctimas del racismo y la discriminación, es una oportunidad y una responsabilidad dirigirme a ustedes en esta inauguración.

Durban permitió que los Estados reconocieran que el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia son realidades en todos los países de la región que afectan a decenas de millones de personas, pueblos y comunidades enteras, convirtiéndolas en víctimas, con una ciudadanía limitada y sin derechos plenos: indígenas, afrodescendientes, migrantes, gitanos, mujeres, jóvenes, LGBT, personas con discapacidad, personas viviendo con VIH-SIDA, privadas de libertad, por su condición racial, étnica y de género enfrentan condiciones inaceptables.

En siete años se ha avanzado, pero la realidad de exclusión, pobreza y negación de derechos persiste para la mayoría de víctimas del racismo, discriminación racial y xenofobia. Aplaudimos las acciones afirmativas promovidas en diferentes países, como el caso de Brasil con sus acciones a favor de jóvenes afrodescendientes en las universidades. Celebramos que muchos países hayan avanzado en diferentes grados con institucionalidades que hagan frente a los compromisos de Durban. Reconocemos no obstante, que los recursos presupuestarios y financieros han sido en general absolutamente insuficientes para hacer frente al problema. Y que el desafío mayor es implementar acciones afirmativas con políticas universales que transversalicen la realidad de las víctimas en todos los programas y acciones de los gobiernos. Reconocemos las acciones dentro del Sistema de Naciones Unidas, pero las consideramos insuficiente, excesivamente focalizadas y sin los recursos presupuestarios necesarios.

Lamentamos, que algunos gobiernos que suscribieron Durban vuelvan a plantear internamente que no existe el racismo y alertamos de sectores que encubiertos bajo el perfil del progresismo entorpecen las acciones a favor de las víctimas del racismo, para mantener sociedades desiguales y a millones de personas sumidas en la exclusión.

Más que nuevos acuerdos, esta revisión de Durban debe plantear desafíos con plazos, recursos financieros en los presupuestos ordinarios y un fondo significativo especial así como mecanismos de rendición de cuentas, que garanticen la participación activa de las víctimas.

Algunas de las acciones deberían de enmarcase en: censos basados en indicadores concretos desagregados por género, raza y etnia, programas y políticas dirigidos a la población joven afrodescendiente e indígena; abordar la violencia racial existente con políticas que enfrenten la criminalización de jóvenes afro y el genocidio justicado en lucha contra la delincuencia; acciones concretas a favor de los migrantes internos, políticas para las mujeres que enfrenten el sexismo y el racismo; incorporar la realidad del racismo en todas las agendas: democracia, crisis alimentaria, crisis energética y ambiental, acuerdos comerciales; derecho a la tierra y territorios indígenas y afrodescendientes y generar un plan de acción de emergencia para la niñez y adolescencia indígena y afrodescendiente. Los Objetivos del Milenio deben de ser cumplidos a cabalidad en todas las comunidades y pueblos indígenas y afrodescendientes y no conformarse con el cumplimiento de las metas nacionales que encubren las desigualdades internas.

La calidad de la democracia y desarrollo de la región están directamente relacionados con la inclusión de las víctimas del racismo y la discriminación. Celebramos esta Conferencia y el proceso de revisión de Durban y nos comprometemos una vez más a ser actores y actoras protagonistas en el proceso contribuyendo con propuestas y haciendo el control social que nos corresponde.

Ver también la Declaración de la Sociedad Civil: http://alainet.org/active/24730

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