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7/05/2008

ANTIGLOBALIZACION: GLOBALIZANDO LA RESISTENCIA

La Humanidad más allá del capital

Daniel Bensaid
Herramienta.com.ar

"La Humanidad más allá del Capital": el tema propuesto sin signos de interrogación por los organizadores de este III Congreso Marx Internacional para esta sesión de clausura implica tres pre-conceptos optimistas: primero, que ya existe una Humanidad singular y mayúscula; segundo, que habrá una más allá del Capital; tercero, que este más allá no será también un más allá de la humanidad, contrariamente a lo que las tendencias a la autodestrucción de la especie pueden hacer temer.

Estos pre-conceptos están puestos a prueba por el malestar creciente con la mundialización y la barbarie del mundo, de lo que los atentados del 11 de septiembre y la guerra ilimitada al terrorismo decretada por G. W. Bush en su discurso del 20 de septiembre constituyen el último desarrollo.

Mediática y simbólicamente, el ataque suicida contra el Pentágono y el World Trade Center aparece como el "día D" del nuevo siglo, un acontecimiento puro que desafía toda interpretación. Ahora bien, el acontecimiento absoluto no existe más que en la teología, bajo la forma del milagro. En la historia y en la política, "los acontecimientos no son nunca absolutos". Así, escribía Balzac en César Birotteau, "los accidentes que pueden superar las cabezas fuertes, pasan a ser irremediables catástrofes para los pequeños espíritus." Si las bombas voladoras que chocaron contra las Torres Gemelas vinieron del cielo, ello no significa que surgieran de la nada. Desde el fin de la "guerra fría", el mundo, contrariamente a las promesas de Georges Bush senior, sólo ha conocido una larga década de guerras calientes, del Golfo a Afganistán, pasando por los Balcanes y por el África de los grandes lagos. Desde el 2 de agosto de 1990, antes de la crisis de Kuwait, los dirigentes estadounidenses intentaban sacar las consecuencias de la nueva situación anunciando en Aspen una reorientación de su dispositivo estratégico: el control aéreo se volvía prioritario con relación a la marina; la prioridad pasaba de la carrera atómica con el campo denominado "socialista" a las fuerzas de despliegue rápido y a las misiones de mantenimiento del orden en las turbulencias del Sur.

Esta mundialización armada es el reverso lógico de la privatización generalizada del mundo impuesta por la contra-reforma liberal. No se trata solamente de la privatización de las empresas o incluso de los servicios, sino, más ampliamente, de la privatización de la información, del derecho (con el avance del poder en la relación contractual en detrimento de la ley), del espacio urbano, del agua, del aire, de lo viviente. Su secuela es una desintegración social que toma formas diferentes en los países ricos y en los Estados frágiles resultantes de la descolonización. También ha tenido como consecuencia una atrofia del espacio público y una anemia inquietante de la vida democrática: se invoca tanto el término de ciudadanía que su contenido se vuelve imperceptible. El retroceso del Estado social tiene entonces como contrapartida la potenciación del Estado penal y de seguridad, del que las medidas liberticidas adoptadas desde el 11 de septiembre en los Estados Unidos y Europa constituyen una prolongación.


La demencia del fetiche

En este principio de siglo tenebroso, no sólo las vacas pueden volverse locas. El sentimiento de sinrazón que se apodera de la época abreva en los delirios del propio Capital. Enfrentado a la recesión americana de 1857, Marx había sentido soplar este viento de locura nacido de las tendencias esquizoides del capital:

"El propio dinero, en su máxima fijeza, es de nuevo mercancía, y en cuanto tal sólo se diferencia de las demás porque expresa más perfectamente el valor de cambio; pero precisamente por eso, como moneda pierde su valor de cambio en cuanto determinación inmanente y se convierte en mero valor de uso, aunque también en valor de uso para la fijación de precios, etc., de las mercancías. Las determinaciones aún coinciden directamente, pero, a la par, divergen. Cuando una y otra se relacionan entre sí de manera autónoma, positiva, como en el caso de la mercancía que se vuelve objeto del consumo, ésta deja de ser un momento del proceso económico; si la relación es negativa, como en el dinero, se llega a la incoherencia; a la incoherencia, ciertamente, en cuanto momento de la economía y determinante de la vida práctica de los pueblos."[1]

Esta incoherencia o locura que determina más que nunca la vida del pueblo se arraiga en el divorcio entre el valor de uso y el valor de cambio, entre trabajo concreto y trabajo abstracto, entre producción y reproducción, entre mayor socialización del trabajo y privatización de la propiedad. El "accionariado asalariado" reproduce este desdoblamiento generalizado: ¿el trabajador deberá actuar como accionista hasta el punto de despedirse a sí mismo como asalariado, para satisfacerse como hombre egoísta privado?

La doble vida de la mercancía, como la del hombre moderno, lleva entonces en sí misma el riesgo permanente de la escisión:

"esta doble y distinta existencia debe pasar a ser diferencia, y la diferencia debe pasar a ser oposición y contradicción . La propia contradicción entre la naturaleza particular de la mercancía en tanto que producto y su naturaleza universal como valor de cambio"[2]

En cuanto la producción y la circulación, la compra y la venta, adquirieron las formas de existencia "indiferente la una respecto a la otra, existen desconectadas en el tiempo y en el espacio, son formas y fases del proceso independientes, separables y separadas entre sí […] la posibilidad de que las dos fases que se complementan entre sí sustancialmente se desgarren y se disocien."

Y la crisis saca a plena luz ese malestar identitario. Manifiesta "la imposición violenta de la unidad entre las fases que forman el proceso de producción y que se han disociado y sustantivado la una frente a la otra."[3]

La unidad es restablecida, así, por la violencia. Es éste el secreto de las "violencias estructurales" que devastan al mejor de los mundos comercial, de las que las violencias armadas son expresión extrema y espectacular.

Inscrita en esta perspectiva, la crisis actual no es solamente una crisis económica del ciclo industrial, es una crisis "política y moral" (habría dicho Renan), una crisis de civilización inherente a las contradicciones de la ley de valor. Como Marx lo había previsto, la reducción de todo e incluso de la misma relación social a los tiempos del trabajo abstracto, pasó a ser, cada vez más, la medida miserable e irracional de una mayor socialización del trabajo y de la incorporación de una parte creciente de trabajo intelectual en el proceso de trabajo. Esta crisis se traduce también en los fenómenos de exclusión y desempleo masivos, por la incapacidad del mercado para organizarse en la larga duración de las relaciones de la especie humana con sus condiciones naturales de reproducción.

Esta miserable medida social se combina con el desajuste de los espacios y ritmos de la política, bajo el efecto de la mundialización mercantil, de la reproducción ampliada del Capital y la aceleración endiablada de sus rotaciones. El tiempo de la democracia es desbordado también por los tiempos cortos de la urgencia y el arbitraje instantáneo de los mercados, así como también por los tiempos largos de la ecología. Los espacios económicos, políticos, jurídicos ecológicos son discordantes. Las costuras del Estado-nación se desgarran, las soberanías territoriales se desfondan. El propio derecho interno cede bajo la presión de un derecho externo dudoso, sin que aparezcan las nuevas escalas de la soberanía popular y los nuevos procedimientos de decisión democrática.

En este peligroso pasaje entre el "ya-no-más" y el "todavía-no", la injusticia prospera. La economía mundializada, lejos de conseguir una homogeneización del planeta, más que nunca es regida por la ley del desarrollo desigual y mal combinado. Las dominaciones imperialistas, que algunos pretendían solubles en el espacio comunicacional y en la universalidad de los derechos humanos, son más despiadados y más brutales que nunca. El doble movimiento, de extrema concentración de los medios militares y de diseminación de las violencias no estatales, desemboca en una situación de guerra crónica, abierta o larvada, de guerra civil de contornos inciertos, de la que los "cosmo-piratas" anunciados por Carl Schmitt son a la vez vector y síntoma.


Globalización de las resistencias

Después de las manifestaciones de Génova, cuando todavía no se empezaba a criminalizar al movimiento de resistencia a la mundialización capitalista como lo habría querido Berlusconi, la retórica liberal se dedicó a descalificarlo, ironizando sobre estos nuevos militantes pasados de moda que se opondrían a un mundo sin frontera y querrían dar marcha atrás a la rueda de la historia. Así se hizo habitual que los medios de comunicación designaran a los manifestantes como "antimundialistas", o incluso como "soberanistas". Nosotros no nos reconocemos en ningunos de esos dos epítetos.

Si se entiende por "soberanismo" una crispación nacionalista sobre los Estados y las fronteras, no tenemos nada que ver con él. Basta recordar que la gran mayoría de los manifestantes de Praga, Génova o Niza estaban en la primera línea de apoyo a las personas sin papeles contra las leyes discriminatorias y el acoso policial. En cambio, el "soberanismo" de los poderosos es aceptable cuando se trata de dictar la ley al comercio mundial, de rechazar la ratificación de los acuerdos de Kyoto, de hacer crujir la puerta de Durban. Las crónicas ya no hablan entonces de "soberanismo" sino, púdicamente, de unilateralismo.

En cuanto a la mundialización, no nos oponemos a todo tipo de mundialización, sino a la mundialización realmente existente, comercial, financiera, capitalista, de los paraísos fiscales, del endeudamiento del tercer mundo, de los planes de ajuste dictados por el FMI (que condujeron Argentina a la ruina), de la privatización de los servicios o del GATT (Acuerdo multilateral de inversión). Se trata en realidad de una lucha entre dos mundializaciones contrarias: su mundialización y la nuestra. Es en efecto sorprendente constatar que los campesinos, a menudo presentados como espontáneamente corporativistas y limitados en el horizonte de su pueblo, están hoy, a través de una organización internacional como Vía Campesina, al frente del renacimiento internacionalista. Más en general, así como la mundialización de la época victoriana contribuyó al nacimiento de la Primera Internacional, las cumbres alternativas de Porto Alegre, de Génova, de Seattle, lejos de expresar un repliegue sobre las fronteras nacionales, tejen vínculos planetarios entre los movimientos sociales y las nuevas izquierdas radicales.

Con la extensión planetaria del ámbito de lucha, una nueva etapa comienza. Una gran transformación se dibuja, donde las formas del dominio del Capital cambian sin borrarse. Las caras posibles de la humanidad futura se resumen ya no solamente a una posición de dominio frente a las condiciones naturales de reproducción, sino en el establecimiento sistémico de las relaciones sociales complejas, donde el concepto de metabolismo utilizado por Marx toma todo su sentido. La mayor socialización del conocimiento y la incorporación masiva del trabajo intelectual a la producción exigen una metamorfosis del trabajo y una revolución radical de la medida social que permita evaluar las riquezas, organizar los intercambios, determinar y cubrir las necesidades. Las biotecnologías y la genética permiten por primera vez determinar, no solamente el mundo en el cual deseamos vivir, sino la humanidad que queremos pasar a ser. Tal elección es demasiado importante como para ser delegada al arbitraje ciego de los mercados y a la selva de los intereses privados.

El más allá del Capital es completamente pensable. No cae del cielo de la arbitrariedad utópica, sino que se deja entrever en las contradicciones lógicas del propio Capital. ¿Pero este más allá es aún posible según la categoría clásica del "Progreso"? El siglo oscuro sobre el cual volvemos la página ya puso de relieve la temible dialéctica del progreso y la catástrofe, de la civilización y la barbarie, tan bien percibida ya por Flaubert en Salammbô, y muy bien expuesta por Michaël Löwy en su comentario de las tesis de Benjamin sobre el concepto de historia.[4]

No somos nostálgicos del sílex y la lámpara de aceite. No cuestionamos, por supuesto, el potencial emancipador de las ciencias y técnicas. Lo que tememos y combatimos es, muy precisamente, las bodas crueles de la técnica y el mercado, de la OGM y de Novartis, de la República positivista y del Medef.[5]


Decidir lo indecidible

Nos corresponde decidir no solamente si habrá una humanidad más allá del Capital, y más concretamente si el proceso histórico de humanización puede conseguir que la humanidad como especie cultural se una a la humanidad como especie biológica, sino también lo que deseamos pasar a ser. Esta decisión no está incluida en el capricho o en un golpe de fuerza decisionista. Está históricamente determinada y condicionada. Se trata, efectivamente, de una decisión política. Ahora bien, como lo había previsto Hannah Arendt, estamos en el momento en que la política corre el riesgo de desaparecer completamente del mundo, laminada entre los automatismos mercantiles y los consuelos de un moralismo compasivo. Es este riesgo el que deberemos con urgencia conjurar. De ahora en adelante, después de las derrotas y las desilusiones de un siglo ensombrecido, se plantean dos grandes cuestiones.

La primera es saber si existe una lógica oponible a la lógica catastrófica de los mercados. Ya que, antes de soñar sus formas líricas e institucionales, la revolución es en primer lugar asunto de contenido: de cambio de lógica social. ¡Cambiar el mundo! Estamos siempre en eso. Algunos piensan que la bancarrota de los regímenes burocráticos nos dejó huérfanos de un modelo. Se nos quitó más bien un anti-modelo y, enriquecidos de esas experiencias desastrosas, hay la posibilidad inestimable de reiniciar e inventar. No imaginándose otras ciudades perfectas con sus departamentos testimoniales y llave en mano, sino partiendo de la lógica de la cosa: de la lógica del Capital, de sus contratiempos íntimos, de eso que es en sí mismo su propia barrera.

"¡El mundo no es una mercancía! ¡El mundo no debe venderse! " Estos gritos proclamados en Seattle, en Porto Alegre, o en Génova, dieron la vuelta al mundo. Es una buena salida. Por medio de la negación, como siempre. ¿Pero qué quiere decir exactamente que el mundo no es una mercancía?: ¿que la tierra, el agua, el aire no son mercancías? ¿Ni la salud entonces, ni la educación, ni la vivienda? ¿Ni lo vivo, ni el conocimiento social? Se ve que la excepción al despotismo comercial no se refiere sólo a los bienes culturales. Es toda la concepción de las necesidades, del individuo y del vínculo social, lo que se cuestiona.

Si no queremos que el mundo sea una mercancía, será necesario pasar a la negación de la negación, y decir lo que deseamos que sea. No en detalle, no regulando el lugar de sus protagonistas en la marcha de la emancipación. Pero sí desarrollando, en la lógica de la lucha, una pedagogía del bien público, que opone las necesidades sociales al interés privado, la apropiación social a la confiscación social, el derecho de los desamparados del que hablaba Hegel al derecho del beneficio.

La segunda gran cuestión es la de la escala política del mundo, de la disposición de los espacios y tiempo en que puede ejercerse un control democrático sobre los procesos de producción y reproducción social. Aunque se exagera a veces la impotencia a que serían reducidos los Estados-nacionales (el derecho internacional permanece para lo esencial del orden de los tratados interestatales y son los gobiernos los que se sientan en el Consejo de la Unión Europea), no obstante la constelación conceptual de la política moderna (soberanías, pueblo, naciones, fronteras) se esfuma y declina. Esta crisis implica una tendencia inquietante a la etnización y a la confesionalización de la política. El hecho es que la nación ciudadana no se deshace en favor de las solidaridades de clase y los vínculos internacionalistas, sino que la mayor parte del tiempo lo hace con regresiones genealógicas hacia una legitimidad de los orígenes, o de nuevas construcciones imperiales.

La nueva retórica de la guerra sin fin responde a este desterritorialización-reterritorialización de los conflictos. En la guerra sin fin supuesto, según G. Bush y sus aliados, se administra al mundo una justicia ilimitada, el derecho se disuelve en la moral, el enemigo es miniaturizado, bestializado, reducido al rango de insecto y de daño colateral. En esta situación de guerra permanente, no hay ya ni objetivo de guerra definible, ni de proporción razonada entre el fin y los medios. Si como lo decía Hegel el arma es la esencia de los combatientes, ¿de qué combatientes es esencia la "segadora de margaritas"o la bomba de neutrones? ¿Y de qué mundo futuro son heraldos los ciber-guerreros? Estas cuestiones imponen poner signos de interrogación, e incluso varias, a la idea de una humanidad después del Capital: la barbarie, desgraciadamente, está muy avanzada.

Una última palabra frente a "este malestar interno a todo lo que existe".[6] Menos que nunca el pensamiento puede renunciar a ir más allá del comentario contemplativo del desorden realmente existente. Más que nunca, es importante volver a entablar el vínculo entre la teoría y la práctica. Podemos alegrarnos del derrumbamiento de las ortodoxias del Estado y del partido, de la aparición de lo que André Tosel llama "los miles de marxismos". Podemos aprovechar plenamente de este momento de libertad heterodoxa. Pero a condición de no detenernos allí. De no permanecer en una agradable coexistencia académica y pacífica entre estos marxismos. De aprovechar para preparar las nuevas armas de la crítica.

6/27/2008

ANTIGLOBALIZACION: PROTESTAS CONTRA EL G8 EN JAPON

Segundo día de movilización en Kyoto


200 manifestantes y 400 policías marchan por las calles de Kyoto.

Ayer día 26 Junio dio comienzo oficialmente la reunión de los ministros de asuntos exteriores de los países miembros del G8 en la ciudad de Kyoto. Al igual que el día anterior, los diferentes grupos y colectivos anticapitalistas de la ciudad se movilizaron en contra de dicho evento.


Así, la jornada arrancó a las diez de la mañana con un meeting organizado por la plataforma compuesta por la red de sindicatos de Kyoto, colectivos internacionalistas, ONGs, grupos antimilitaristas y otros de carácter internacional como Attac Japón. En las diferentes intervenciones del meeting se ha apuntado sobretodo al carácter destructor de las posiciones del G8 en materia medioambiental y de políticas sociales así como el papel que juega este ente antidemocrático en materia de relaciones internacionales y militarismo.

Más tarde, a las dos del mediodía dio inicio una segunda manifestación después de la del día anterior. De nuevo, una de las consignas mas escuchadas fue “no a la cumbre que ataca el medio ambiente y genera pobreza” y se vieron camisetas donde se leía “tirar el G8 a la basura es ecologismo”. Esta vez, la presencia policial prácticamente doblaba en número a los manifestantes. Estaríamos hablando de unos doscientos manifestantes frente a cerca de medio millar de agentes. Éstos agentes estaban, de nuevo, divididos en cuatro grupos distintos. Por un lado, agentes uniformados encargados de mantener la manifestación dentro de su recorrido y dentro de un único carril de la calzada, lo que la convertía en una columna muy estrecha; por otro, agentes antidisturbios que permanecían en las esquinas de las calles por donde se iba desplazando la manifestación; un tercer grupo compuesto por agentes que, aunque vestidos de paisano, llevaban un gorro que les identificaba como policía, según nos han explicado se trata de lo que aquí llaman la policía política; y por último, un numeroso grupo de policías sociales camuflados bajo gorras deportivas, gafas de sol y mascarillas en la boca. Estos dos últimos grupos se dedicaban a andar junto a la manifestación apuntando en libretas sin ningún disimulo todo lo que iba pasando y haciendo fotos a veces a escaso palmo de las caras de los participantes en la marcha.

A pesar de la gran presencia policial, la manifestación transcurrió en un ambiente tranquilo pero combativo, e incluso, en algún momento hasta festivo, cuando un pequeño grupo de percusión se unió a la marcha. No deja de sorprendernos la media de edad de los manifestantes que estaría sobre los cuarenta y cinco o cincuenta años de edad echando así de menos la presencia de activistas más jóvenes. De igual manera nos sorprende la forma de movilización muy cercana a las formas utilizadas en los años setenta y ochenta: manifestaciones que transcurren sin prisa pero sin pausa, con cánticos monótonos y de puño en alto. También la gran cobertura mediática, hecho que nos hace pensar que una manifestación, por pequeña que sea, se trata de un evento poco habitual en la ciudad.

Por otro lado, en la propia ciudad se respira un ambiente tenso a causa de la ocupación policial que está sufriendo. Vuelo de helicópteros, policía en muchas esquinas, secretas, identificaciones en la calle… y es que la zona roja aquí no se trata de una zona amurallada, sino de una zona que comprende a media ciudad y que está tomada por las fuerzas policiales.

Después de la dos jornadas de movilización en Kyoto las siguientes citas serán en Tokyo a partir del día 28 de junio.




DEPREDADORES EMPRESARIALES: WALMART Y OTROS MINORISTAS

Supermercados, voracidad sin límites

Esther Vivas
Illacrua

La gran distribución comercial (supermercados, hipermercados, cadenas de descuento ...) ha experimentado en los últimos años un proceso, sin precedentes, de expansión, crecimiento y concentración industrial. Las principales compañías de venta al detalle han entrado a formar parte del ranking de las mayores multinacionales a nivel mundial y se han convertido en uno de los actores más significativos del proceso de globalización capitalista. El año 2005, por ejemplo, la empresa más grande del mundo en volumen de ventas y en mano de obra contratada fue Wal-Mart, el "monstruo" de la distribución al detalle. Otras multinacionales como Carrefour, Tesco o Royald Ahold forman parte de la lista de las cincuenta mayores empresas del mundo.

Un monopolio sin precedentes En el Estado español, el primer supermercado se inauguró en el año 1957 y desde entonces este modelo de distribución y venta se ha ido generalizando, hasta llegar a ejercer a día de hoy un monopolio absoluto en la distribución de alimentos. En la actualidad, cinco grandes cadenas controlan más de la mitad de la distribución de los alimentos en el Estado español: Carrefour, Mercadona, Eroski, Alcampo y el Corte Inglés. Aparte, si sumamos la distribución que llevan a cabo las dos principales centrales de compra (Euromadi e IFA), estas siete empresas cuentan con el dominio del 75% de la distribución de alimentos. En consecuencia, las puertas de acceso del productor o del campesino al consumidor son muy pocas.

Desde la perspectiva del consumidor, en el Estado español, más del 80% de las compras de alimentos se llevan a cabo en los canales de la gran distribución y de éstas un 55% se realizan en tan sólo cinco grandes cadenas: Mercadona, Carrefour (que incluye Día y Champion), Alcampo, Eroski y el Corte Inglés (que incluye Open Cor). Por lo tanto, como consumidores cada vez tenemos menos puertas de acceso a los alimentos y al productor.

Esta situación nos lleva a describir la cadena de distribución de alimentos como un embudo donde la gran distribución ejerce de cuello de botella en la relación comercial entre campesinos/productores y consumidores. Este monopolio tiene graves consecuencias para los diferentes actores que participan en la cadena comercial. Por poner un ejemplo: el diferencial entre el precio en origen de un producto (lo que la gran distribución paga al campesino) y el precio en destino (lo que nosotros pagamos al 'súper') es de un 390%, siendo la gran distribución quien se lleva este beneficio. Por lo tanto, el campesino cada vez recibe menos dinero por aquello que vende, el consumidor paga más por lo que compra y la gran distribución es quien sale ganando.

Impactos en diferentes ámbitos La expansión de estos gigantes de la venta al detalle ha tenido un impacto muy negativo tanto en agricultores como en consumidores, en proveedores, en el ámbito laboral, en el medio ambiente, en las comunidades locales, en el pequeño comercio, etc.

Los proveedores (campesinos, productores ...) de las grandes cadenas de distribución se ven obligados a aceptar unas condiciones comerciales, con respecto a los plazos de suministro, a los precios y a las condiciones de pago, muy exigentes y que tan sólo benefician a la gran distribución. Pero el monopolio que ésta ejerce en la cadena comercial obliga a los proveedores a aceptar estos condicionantes.

Así, pues, en los últimos diez años han desaparecido en el Estado español diez explotaciones agrarias al día y la población campesina activa se ha visto reducida a un 5,6% del total. En Cataluña, por ejemplo, la población campesina suma uno escaso 1,2%. Aparte, la renta agraria disminuye paulatinamente y se produce un constante empobrecimiento de la población en el campo. En la actualidad, la renta agraria se sitúa tan sólo en un 58% de la renta general. Con estas cifras en los próximos quince años el Estado español tendrá que importar el 80% de los alimentos necesarios para alimentar a su población.

El impacto de la gran distribución comercial se deja oír también en el ámbito local donde se implanta, acabando con el pequeño comercio preexistente, con la pérdida de puestos de trabajo, con la destrucción de espacios de encuentro y de sociabilidad como los mercados o zonas comerciales de barrio, generando problemas de tráfico, contaminación ambiental y acústica, etc. Desde los años 80, el comercio tradicional de alimentos ha sufrido una erosión constante. Si el año 1998 existían, en el Estado español, 95 mil tiendas, en el 2004 éstas se habían reducido a 25 mil. Según indican diferentes estudios, por cada puesto de trabajo creado por una gran superficie como Wal-Mart, se destruyen 1,5 en los establecimientos preexistentes.

La explotación de la mano de obra es otra de las consecuencias de este modelo de distribución que afecta a tres tipos de trabajadores. En primer lugar a los empleados de supermercados, hipermercados ... quienes están sometidos a una estricta organización laboral con ritmos de trabajo intensos, tareas repetitivas y rutinarias. En segundo lugar, a los trabajadores del mismo sector que sufren las presiones a la baja en sus condiciones laborales con la excusa de la competencia de la gran distribución. En último lugar a los trabajadores de las empresas proveedoras que tienen que reducir costes laborales para satisfacer las condiciones impuestas por las grandes cadenas.

Aumentan las resistencias El creciente impacto económico, social, laboral, medioambiental de las grandes cadenas de distribución ha generado un aumento de las resistencias y de las luchas en su contra. Estas campañas se pueden clasificar, principalmente, en tres grupos.

Las campañas contra la apertura de nuevos supermercados. Se trata de campañas promovidas, generalmente, por amplias coaliciones locales integradas por todo tipo de organizaciones que se ven afectadas por la apertura de una gran superficie, como pueden ser grupos ecologistas, pequeños comerciantes, asociaciones de vecinos, etc. Es un modelo de campaña muy extendido en el mundo anglosajón, con campañas contra Wal-Mart y Tesco en Estados Unidos y Gran Bretaña respectivamente, donde estas grandes superficies son las líderes del sector. En el Estado español, hay que destacar las movilizaciones en Euskadi contra Eroski y, en concreto, las protestas contra la construcción de un gran centro comercial en Rentería impulsadas por una amplia plataforma.

Las luchas sindicales en defensa de los derechos de los trabajadores. En los Estados Unidos las luchas contra la explotación de la mano de obra en Wal-Mart han sido de las más significativas. En Cataluña, una de las protestas más destacadas ha sido la de los trabajadores de Mercadona en el Centro Logístico de Sant Sadurní d'Anoia donde el 23 de marzo del 2006 empezó una larga huelga raíz del despido de tres trabajadores que habían promovido un proceso de auto-organización de la plantilla para hacer frente a los abusos laborales de la empresa.

Las campañas de denuncia contra las prácticas abusivas de la gran distribución en los proveedores y campesinos, ya sea en países del Sur o en los países de origen de la cadena. En el Estado español, una de las iniciativas más importantes ha sido la realizada por el sindicato campesino COAG y las uniones de consumidores UCE y CEACCU con el lema: “¿Quién se queda lo que tú pagas?”, donde denunciaban beneficios de la gran distribución a expensas del campesinado y de los consumidores.

Campaña anti-súpers El 17 de abril del 2007, coincidiendo con la jornada internacional de lucha campesina, se presentó públicamente la primera campaña en el Estado español contra la gran distribución bajo el nombre de "Grandes cadenas de distribución, no gracias". Una iniciativa promovida por Plataforma Rural, la COAG, la campaña No te comas el mundo, Ecologistas en acción, entre otros, y que tiene por objetivo denunciar los impactos de la distribución moderna en diferentes ámbitos y plantear alternativas como la defensa del paradigma de la soberanía alimentaria y la promoción de los circuitos locales de comercialización, entre otros.

La campaña cuenta con grupos promotores en Cataluña, País Valencià y Madrid y se empieza a trabajar en la extensión de la iniciativa en Galicia y Euskadi. Una de las acciones más importantes que se ha llevado a cabo fue el 17 de noviembre (17N) del 2007 en el marco del día de acción global contra las grandes superficies. En Barcelona, se organizó una jornada de formación y debate, con un centenar de personas, que concluyó con una acción sorpresa en un supermercado consistente en una visita guiada donde se explicó el origen y las características de los alimentos que allí se podían encontrar: salmón venido de Chile, plátanos de Honduras, peras de Sudáfrica, residuos químicos, transgénicos ... En Valencia, el mismo 17N, la Plataforma Rural y la Red Valenciana de Consumo Responsable organizaron una acción simbólica en una gran superficie.

Las resistencias a las cadenas de la gran distribución han aumentado por todo el mundo en los últimos años, pero la mayoría son iniciativas de carácter local y defensivo. Avanzar en el fortalecimiento y la coordinación de las diferentes campañas y luchas locales, tejer alianzas entre la diversidad de actores afectados y enmarcar la crítica a la gran distribución en el combate contra la globalización capitalista aparecen como tareas centrales para el movimiento contra los 'súpers'.

6/26/2008

DOCUMENTAL: LOS AMOS DEL MUNDO

Nueva serie documental de producción propia en la que TVE da voz a quienes cuestionan la globalización. Es un caleidoscopio ya que afronta los temas desde muchos puntos de vista y al final aporta una información exhaustiva. Más de 50 voces cualificadas permitirá que se escuche a expertos como el economista Jeremy Rifkin (EE.UU.); el ecologista Ramón Fernández Durán (España); el relator de las Naciones Unidas para la alimentación, Jean Ziegler (Suiza); el analista de la globalización David Held (Gran Bretaña); el director del Centro Tridimensional, Francois Hautart (Bélgica); el ex portavoz del Foro Social de Génova, Vittorio Agnolletto (Italia); el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Giovanni Sartori (Italia); el escritor Eduardo Galeano (Uruguay); el especialista en Química Atmosférica James Lovelock (Gran Bretaña); el etnólogo Jean Malaury (Francia); el coordinador de previsiones medioambientales de España Juan Manuel Moreno; la ensayista Fatema Mernissi (Marruecos); el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel; el premio Nobel de Literatura, Jose Saramago (Portugal); el analista social José Vidal Beneyto; el politólogo Sami Nair (Francia); el activista francés José Bové; la vicepresidenta de Attac, Susan George; el presidente de la Fundación Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragoza; el profesor de Ciencia Política Carlos Taibo y el historiador Jaume Botey. Este primer capítulo, "Los amos del mundo", analiza el poder real de los políticos y la posibilidad de otro mundo más justo. En esta entrega se ha utilizado material gráfico de los documentales "La Toma", de Avi Lewis, que retrata el movimiento de fábricas recuperadas y autogestinonadas por sus trabajadores en Argentina, y "Memorias del saqueo", de "Pino" Solanas, sobre las diferentes etapas de Argentina desde 1976 a 2001, en el que se muestra la decadencia económica, social, política y cultural del país.

PARTE 1



PARTE 2