Televisión, política en treinta segundos
Àngel Ferrero
Sin Permiso
Todo el mundo tiene al menos una en su comedor, y puede reunir durante treinta, cuarenta y cinco o sesenta minutos a más gente que la que compra todos los diarios de un país juntos. Ha modificado por completo la organización de los interiores de nuestras viviendas y, si aceptamos la tesis de John Hartley, ha sido el instrumento con el que se promocionó en Norteamérica y Europa occidental «una ideología de lo hogareño que pudiera retener sus placeres en casa, más que en la calle, los bares, los cines, los music-halls... o incluso en el burdel o en el consumismo» (1). A pesar de lo cual pocos reconocen verla -al menos tanto como realmente lo hacen- y en determinados cenáculos supuestamente izquierdistas su sola mención provoca el horror y el rechazo. La televisión, un instrumento de comunicación que en todo el mundo recibe calificativos tan poco amables como “caja tonta” (idiot box) y similares, es objeto de todo tipo de análisis y de debates. Por lo común dentro de los estrechos límites de lo que Robert Stam ha llamado una “pedagogía de la repugnancia” completamente contraproducente -Neil Postman y su Amusing Ourselves to Death. Public discourse in the Age of Show Business (2), Jerry Mander y su Four Arguments for the Elimination of Television, por ejemplo-, pues rechaza de plano el medio en vez de luchar «porque lo que hubiera podido convertirse en un extraordinario instrumento de democracia directa no acabe siéndolo de opresión simbólica.» (3) La centralidad de la televisión como medio principal de información para la gran mayoría de la población resulta hoy indiscutible. Incluso el diseño en prensa copia y se deja influir por la televisión: desde la aparición en 1982 en los Estados Unidos del Usa Today se habla, quizá con demasiada generosidad, de «modelos “postelevisivos”, es decir, de aquéllos que consideran que el lector mayoritario de prensa es un sujeto irremediablemente aculturizado por la televisión, y que transfiere sus hábitos de consumo televisivo a la lectura de diarios.» (4) Por todo ello no resulta extraño que la relación entre televisión y política esté constantemente en el punto de mira. De uno de los aspectos de esta compleja relación trata la exposición, comisariada por Jorge Luis Marzo, que se podrá ver en el Palau de la Virreina de Barcelona hasta el próximo 28 de septiembre y que, titulada Spots electorales: l'espectacle de la democràcia (Spots electorales: el espectáculo de la democracia), ha reunido unos 2.800 spots electorales de 70 países emitidos por televisión desde 1989 hasta el 2008.
Comunicar (y también ocultar y enmascarar) las intenciones políticas a la población no es desde luego algo nuevo. Ya Quinto Tulio Cicerón, el hermano menor del célebre orador y jurista romano Marco Tulio Cicerón, escribió en el año 64 antes de nuestra era un Breviario de campaña electoral (Commentariolum Petitionis) para su hermano, entonces aspirante al consulado (la magistratura más importante de la república romana), en el que se decía que «si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho», o que «hay tres cosas que conducen a los hombres a mostrar una buena disposición en las elecciones, a saber, los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera», entre muchos otros consejos. Como éste: «haz que salten a la vista tus esfuerzos por conocer a los ciudadanos y exagerándolos a fin de mejorar día a día estas relaciones: no hay nada, me parece, que haga a un candidato tan popular y tan grato. Después, convéncete de que es necesario simular aquellas cualidades que no posees por naturaleza, de tal manera que parezca que actúas con toda espontaneidad». O como éste: «Las promesas quedan en el aire, no tienen un plazo determinado de tiempo y afectan a un número limitado de gente; por el contrario, las negativas te granjean, indudable e inmediatamente, muchas enemistades; y es que son más las personas que piden poder disfrutar de los servicios de uno que las que, de hecho, acaban disfrutando de ellos.» (5)
Son las características formales y el alcance social de la televisión las que convierten a este medio de comunicación de masas en un altavoz electoral sin precedentes en la historia, amplificando el poder y la influencia que antes tenían sus ascendientes directos, los noticieros cinematográficos.
Pierre Bourdieu advertía muy seriamente que la televisión -por “televisión” quería decir la televisión tal y como se la entiende y usa ahora- «pone en muy serio peligro las diferentes esferas de la producción cultural: arte, literatura, ciencia, filosofía, derecho; creo incluso, al contrario de lo que piensan y dicen, sin duda con la mayor buena fe, los periodistas más conscientes de sus responsabilidades, que pone en un peligro no menor la vida política y la democracia.» (6) Bourdieu no era ningún tecnófobo apocalíptico: sabía muy bien que la limitación temporal de los programas televisivos en bloques de un número determinado de minutos -y no digamos ya las interrupciones publicitarias- sabotea cualquier intento de elaborar un discurso racional, esto es, argumentativo y demostrativo. La televisión, al decir del sociólogo francés, «no resulta muy favorable para la expresión del pensamiento», pues establece «un vínculo negativo entre la urgencia y el pensamiento. Es un tópico antiguo del discurso filosófico: es la oposición que establece Platón entre el filósofo, que dispone de tiempo, y las personas que están en el ágora, la plaza pública, las cuales son presa de las prisas. Dice, más o menos, que cuando se está atenazado por la urgencia no se puede pensar. Opinión francamente aristocrática. Es el punto de vista del privilegiado, que tiene tiempo y acepta sus privilegios sin hacerse demasiadas preguntas. Pero no es éste el lugar para debatir esta cuestión; lo que está claro es que existe un vínculo entre el pensamiento y el tiempo. Y uno de los mayores problemas que plantea la televisión es el de las relaciones entre el pensamiento y la velocidad. ¿Se puede pensar atenazado por la velocidad? ¿Acaso la televisión, al conceder la palabra a pensadores supuestamente capaces de pensar a toda velocidad, no está condenando a no contar más que con fast thinkers, con pensadores que piensan más rápido que su sombra...?» (7)
Qué opinión le hubiera merecido a Bourdieu un programa como 59 segundos, no resulta difícil de adivinar: ¿cómo exponer y argumentar una medida política en cincuenta y nueve segundos? ¿Acaso es posible? Peor aún: ¿cómo exponerlo en los escasos treinta segundos que acostumbra a durar un spot electoral? Las consecuencias de la “videopolítica” las padecemos desde hace años: los programas de los partidos políticos se han convertido en meros decálogos de buenas intenciones (y aún así, a veces ni llegan a un ciudadano absolutamente desbordado por sus obligaciones personales y laborales) y la actividad de todo el partido, por miles de afiliados que pueda tener, se ha personificado en su cara más visible: su candidato presidencial. Las campañas, tradicionalmente diseñadas por los propios partidos políticos, han pasado a manos de los publicistas, y el candidato “se vende”, como quería el conocido publicista francés Jacques Séguéla, como una mercancía cualquiera, pongamos por caso, un detergente. Como con los productos, se hacen encuestas “de mercado” para mejorar la percepción de un candidato, y los spots no apelan a la razón, sino a la emoción y a la identificación.
No conviene desdeñar el papel desempeñado por los medios de comunicación –sin caer en el mediacentrismo— en el viraje hacia el centro de los principales partidos políticos. Si la televisión «suministra una información para todos los gustos, sin asperezas, homogeneizada, cabe imaginar los efectos políticos y culturales que de ello pueden resultar. Es una ley que se conoce a la perfección: cuanto más amplio es el público que un medio de comunicación pretende alcanzar, más ha de limar sus asperezas, más ha de evitar todo lo que pueda dividir, excluir [...], más ha de intentar no “escandalizar a nadie”, como se suele decir, no plantear jamás problemas, o sólo problemas sin trascendencia. [...] Por eso se lleva a cabo toda la labor colectiva que acabo de describir, tendente a homogeneizar y banalizar, a “conformar” y a “despolitizar”, etcétera, a pesar de que, hablando con propiedad, no va destinada en concreto y de que nadie ha pensado ni pretendido nunca conseguir semejante objetivo.» (8) Los discursos se tornan tan insustanciales que son prácticamente intercambiables: “Hechos, no palabras”, uno de los lemas de campaña del candidato priísta Roberto Madrazo en México, también lo fue de José Montilla en las pasadas elecciones a la presidencia de la Generalitat de Catalunya. Es cierto que la personificación de la nación –sobre todo en figuras femeninas— viene de lejos, pero nunca antes se había igualado tanto el modelo: la “niña de Rajoy” fue antes la del candidato demócrata estadounidense John Edwards, y el mismo motivo sirvió mutatis mutandis a Cristina Fernández de Kirchner para su última campaña. En las pasadas elecciones alcanzó cierta notoriedad el descubrimiento que hizo la prensa de que el lema con el que se presentó Rajoy (“con cabeza y corazón”) había sido transplantado directamente de Guatemala, donde el ex general Otto Pérez Molina, líder del Partido Patriota (PP), concurrió a las elecciones con el eslógan "Mano dura, cabeza y corazón". La coincidencia, según parece, se debe a que uno de los asesores de la campaña, Antonio Solá (próximo a la FAES y también asesor de Felipe Calderón en México), había prestado antes sus servicios a los guatemaltecos. Hasta en un género tan menor como el spot electoral se dejan notar las consecuencias de la globalización.
Corolario: el marketing electoral -horrendo anglicismo donde los haya- toma al ciudadano como infante sobreinformado a quien hay que explicar las cosas “de manera simple”, “para que las entienda”. Como ha expuesto Antoni Domènech en El eclipse de la fraternidad (9), la familia nuclear contemporánea y la empresa capitalista posterior a la revolución industrial son herederas institucionales de la familia agnaticia (del oikos y de la domus) y comparten todavía hoy muchos de los estigmas de opresión, arbitrariedad y despotismo patriarcal-patrimonial del despotés, o del pater familias (o del “patrón”) de la antigua loi de famille. Los spots electorales recogen esta herencia y la reflejan. El ejemplo más palmario de todo ello quizá sea el spot-karaoke (sic) surcoreano que se proyecta en la entrada de la exposición animando al voto al ritmo de una canción de Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music, Robert Wise, 1965).
Consuelo y aliento: aun en este tablero de juego tan poco favorecedor, La Izquierda alemana ha presentado algunos spots electorales ingeniosos sin traicionar la esencia de su mensaje. Y eso que el equilibrio era, viendo los ejemplos, difícil. Describiré tan sólo un par de ellos que, curiosamente, no se exhiben en esta exposición. En el primero (10) –entonces Die Linke era tan sólo la PDS—, el escenario es el de un western típico. Un grupo de cowboys amenaza a una familia india: quieren expulsarla de su tierra. De repente, algo se oye en la lejanía. Los cowboys arrojan sus revólveres y huyen: un numerosísimo grupo de ciudadanos, sin más armas que unas banderas rojas, ha acudido en socorro de la familia indígena. Corte: «Wir sind die Roten» [Nosotros somos los rojos]. En poco más de treinta segundos, Die Linke se ha apoderado del discurso maniqueísta que el resto de los partidos emplea habitualmente en contra suyo –a partir de la mitología del lejano Oeste y la asignación simbólica del color rojo a los socialistas— y ha jugado inteligentemente con él. En el segundo (11), correspondiente a las elecciones al senado de Berlín en 2006, Die Linke presentó a un oso –el animal que figura en el escudo de la ciudad y la representa— que sacaba fuera de cuadro literalmente de un cabezazo a un hombre que previamente había estado enumerando los tonos de varios colores (azul, turquesa, violeta, etcétera) sin mencionar uno... Corte: «Berlin wählt rot. Richtigrot» [Berlín vota rojo. Rojo auténtico.]. No es que sea el Rote Konzern [Consorcio Rojo] de Willi Münzenberg con sus John Heartfield y sus George Grosz del siglo XXI, pero nos vamos acercando.
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7/23/2008
7/15/2008
CENSURA PANISTA: REVISTA FORUM
Impidamos que Forum desaparezca
Por: Julio Pomar
Agrego mi voz, mi firma y mi apoyo a los de más de 200 colegas periodistas, analistas, académicos y amigos, que se han pronunciado porque no desaparezca la revista Forum, encabezada por el digno y probo periodista Eduardo Ibarra Aguirre, con 17 años de dignísima existencia. Con ese fin, me permito utilizar mi propio espacio, Palenque, en difundir el texto de la carta que está en circulación desde hace dos semanas con la denuncia de acosos desde el actual poder público y la petición de solidaridad a todos los mexicanos que aprecian y propugnan la vida democrática de México.
El texto es el siguiente, con el encabezado que se muestra a continuación:
Pretende el gobierno acallar a Forum
La revista Forum, que dirige el muy respetado periodista Eduardo Ibarra Aguirre, está en la mira de los represores oficiales, con la intención de acallarla, asfixiándola económicamente. Desde diversas dependencias oficiales encargadas de administrar dineros públicos presupuestales --que son de absolutamente todos los mexicanos, pues se integran con las contribuciones fiscales de todos los que aportamos esos recursos vía impuestos-- se le está negando la publicidad con la que durante casi 17 años ha subsistido honesta y combativamente este importante foro de opiniones y noticias.
La intención de ponerlo en la “lista negra” de las publicaciones incómodas, según le han dicho discretamente a Eduardo Ibarra Aguirre, es evidente, en consonancia con el camino trazado en este sexenio: ahogarla, o que deje de ser crítica y deje de seguir ejerciendo la libertad de expresión y de prensa; o sea, que se someta al arrogante planteamiento oficial de marchar por la senda de las obediencias, o desaparecer.
Los antecedentes son categóricos: La negativa desde el gobierno de Vicente Fox a otorgarle publicidad a la revista Proceso, como práctica punitiva que continúa la actual administración. El caso de José Gutiérrez Vivó con su programa radial Monitor de más de 30 años de existencia, plural y abierto a todas las voces, está hace tiempo en la misma mira represora y lo han obligado a recortar sus espacios mediante la asfixia económica. El diario La Jornada, asimismo, ha sido permanentemente víctima de esta política de restricciones, por ejercer abiertamente la libertad de expresión y de prensa. Lo mismo la revista Contralínea, de Miguel Badillo, por sus denuncias de corrupciones en las filas oficiales, especialmente en Pemex, ahora que está abierto el debate nacional sobre el petróleo.
En otro orden de represiones, Carmen Aristegui fue castigada por Televisa Radio, con la evidente connivencia de círculos oficiales, y desaparecido su importante noticiero matutino en “La W”. A Lydia Cacho, hasta la Suprema Corte de Justicia la ha ajusticiado al absolver de toda culpa a sus poderosos agresores políticos, por denunciar la valiente periodista en su libro Los demonios del Edén una red de pederastas que operan en México.
Son muchísimos, incontables, los medios de difusión o periodismo que en todo el país han tenido que desaparecer ante la política represora del actual gobierno, y los que sobreviven lo hacen bajo el amago de las presiones económicas oficiales, que se suman a los atentados que sufren los periodistas sin que hasta la fecha haya sido castigado uno solo de los asesinos de periodistas.
Entre represiones económicas y atentados directos oscila hoy la suerte de los auténticos periodistas.
Ahora está en turno Forum. El actual régimen, con un discurso hipócrita de garantizar la libertad de prensa y de expresión, bajo la mesa le niega a la revista recursos que son de todos los mexicanos, arrogándose la propiedad y el manejo arbitrario y absoluto de los mismos. Estamos, pues, ante otro intento en marcha de atentado a la libertad de expresión.
Estas líneas son para convocar a todos los mexicanos, a todos los sectores políticos y sociales, de todas las ideologías o posiciones, y hasta a las empresas que tienen en alto los valores de nuestra vida democrática, a oponerse a este nuevo intento de acallamiento de Forum, que ni siquiera se pretendió en los peores tiempos del viejo régimen autoritario.
Suma tu voz y tu firma a esta protesta.
Forum no debe desaparecer.
Forum debe seguir siendo un medio vivo y actuante en nuestra arena social democrática.
Por: Julio Pomar
Agrego mi voz, mi firma y mi apoyo a los de más de 200 colegas periodistas, analistas, académicos y amigos, que se han pronunciado porque no desaparezca la revista Forum, encabezada por el digno y probo periodista Eduardo Ibarra Aguirre, con 17 años de dignísima existencia. Con ese fin, me permito utilizar mi propio espacio, Palenque, en difundir el texto de la carta que está en circulación desde hace dos semanas con la denuncia de acosos desde el actual poder público y la petición de solidaridad a todos los mexicanos que aprecian y propugnan la vida democrática de México.
El texto es el siguiente, con el encabezado que se muestra a continuación:
Pretende el gobierno acallar a Forum
La revista Forum, que dirige el muy respetado periodista Eduardo Ibarra Aguirre, está en la mira de los represores oficiales, con la intención de acallarla, asfixiándola económicamente. Desde diversas dependencias oficiales encargadas de administrar dineros públicos presupuestales --que son de absolutamente todos los mexicanos, pues se integran con las contribuciones fiscales de todos los que aportamos esos recursos vía impuestos-- se le está negando la publicidad con la que durante casi 17 años ha subsistido honesta y combativamente este importante foro de opiniones y noticias.
La intención de ponerlo en la “lista negra” de las publicaciones incómodas, según le han dicho discretamente a Eduardo Ibarra Aguirre, es evidente, en consonancia con el camino trazado en este sexenio: ahogarla, o que deje de ser crítica y deje de seguir ejerciendo la libertad de expresión y de prensa; o sea, que se someta al arrogante planteamiento oficial de marchar por la senda de las obediencias, o desaparecer.
Los antecedentes son categóricos: La negativa desde el gobierno de Vicente Fox a otorgarle publicidad a la revista Proceso, como práctica punitiva que continúa la actual administración. El caso de José Gutiérrez Vivó con su programa radial Monitor de más de 30 años de existencia, plural y abierto a todas las voces, está hace tiempo en la misma mira represora y lo han obligado a recortar sus espacios mediante la asfixia económica. El diario La Jornada, asimismo, ha sido permanentemente víctima de esta política de restricciones, por ejercer abiertamente la libertad de expresión y de prensa. Lo mismo la revista Contralínea, de Miguel Badillo, por sus denuncias de corrupciones en las filas oficiales, especialmente en Pemex, ahora que está abierto el debate nacional sobre el petróleo.
En otro orden de represiones, Carmen Aristegui fue castigada por Televisa Radio, con la evidente connivencia de círculos oficiales, y desaparecido su importante noticiero matutino en “La W”. A Lydia Cacho, hasta la Suprema Corte de Justicia la ha ajusticiado al absolver de toda culpa a sus poderosos agresores políticos, por denunciar la valiente periodista en su libro Los demonios del Edén una red de pederastas que operan en México.
Son muchísimos, incontables, los medios de difusión o periodismo que en todo el país han tenido que desaparecer ante la política represora del actual gobierno, y los que sobreviven lo hacen bajo el amago de las presiones económicas oficiales, que se suman a los atentados que sufren los periodistas sin que hasta la fecha haya sido castigado uno solo de los asesinos de periodistas.
Entre represiones económicas y atentados directos oscila hoy la suerte de los auténticos periodistas.
Ahora está en turno Forum. El actual régimen, con un discurso hipócrita de garantizar la libertad de prensa y de expresión, bajo la mesa le niega a la revista recursos que son de todos los mexicanos, arrogándose la propiedad y el manejo arbitrario y absoluto de los mismos. Estamos, pues, ante otro intento en marcha de atentado a la libertad de expresión.
Estas líneas son para convocar a todos los mexicanos, a todos los sectores políticos y sociales, de todas las ideologías o posiciones, y hasta a las empresas que tienen en alto los valores de nuestra vida democrática, a oponerse a este nuevo intento de acallamiento de Forum, que ni siquiera se pretendió en los peores tiempos del viejo régimen autoritario.
Suma tu voz y tu firma a esta protesta.
Forum no debe desaparecer.
Forum debe seguir siendo un medio vivo y actuante en nuestra arena social democrática.
7/14/2008
ARISTEGUI: DEMOCRACIA EN LOS MEDIOS Y CUMPLIR CON EL DEBER DE INFORMAR
Democratizar medios de comunicación y cumplir con su deber de informar
La relación entre democracia y medios de comunicación fue el tema de reflexión de la periodista Carmen Aristegui, quien a seis meses del cese de su programa en W Radio, participó en el ciclo 'Conversaciones entre Mujeres' ante un auditorio conformado casi en su totalidad por público femenino.
En el evento, organizado por la Sociedad Mexicana pro Derechos de la Mujer, Semillas, Aristegui recordó las varias efemérides que se cumplen en este mes de julio en nuestro país: dos años de las elecciones presidenciales de 2006, cuyo resultado se emitió en medio de fuertes cuestionamientos; veinte años de las elecciones presidenciales de 1988, en las que Cuauhtémoc Cárdenas enfrentó al candidato oficial, y 40 años de la masacre estudiantil de 1968, informó la agencia NotieSe.
Al hacer un breve recorrido por la historia de México recordando que en este país han sido particularmente lentos los procesos de cambio histórico: del colonialismo a la independencia, del régimen casi feudal al reparto de la tierra, del sistema autoritario y presidencialista a la democracia, señaló que en este momento histórico, donde se supone que ya triunfó la democracia, 'vale la pena preguntarnos por el tamaño de nuestras libertades'.
En la etapa previa al año 2000, en México los medios de comunicación eran parte del sistema de gobierno, 'un soldado del presidente', como en algún momento se autodefinió el dueño de una de las televisoras mexicanas, comentó.
Así llegó el parteaguas de la alternancia de poder en 2000, con el triunfo del panista Vicente Fox en medio de un sistema electoral confiable que permitió que el relevo fuera pacífico.
¿Vida democrática?
Pero, ¿qué tan democrática es hoy nuestra vida democrática?, se preguntó Aristegui durante la conferencia, si actualmente la corrupción subsiste como un asunto cultural, los medios televisivos se concentran en un duopolio, vivimos en medio de una ola de violencia criminal, el sistema de justicia está 'colapsado', con un alto índice de impunidad.
La periodista recordó el caso de la discoteca New's Divine, en la Ciudad de México, donde el pasado 20 de junio murieron nueve jóvenes y tres elementos policiacos debido a errores en la ejecución de un operativo de la policía capitalina y en el que también se obligó a desnudarse a varias adolescentes que fueron detenidas en el lugar.
'¿Qué clase de democracia hace eso con sus jóvenes?', cuestionó.
La democracia, dijo, no es sólo ir a votar el día de las elecciones, es también la libertad de expresión, el derecho a disentir, el derecho a la información.
Esta última garantía fue violada en las pasadas elecciones presidenciales, puntualizó.
Donde 'se sacrificó lo creíble del resultado' al no haberse garantizado la transparencia del proceso donde Felipe Calderón fue declarado vencedor sobre Andrés Manuel López Obrador por un escaso margen. La intromisión de Vicente Fox en la elección fue reconocida, pero no sancionada, por la autoridad. Con esto, 'Fox trastocó los ejes de la democracia que estaba construyendo'.
Lo que aún está a debate en este tema, afirmó la comunicadora, 'es la verdad histórica, que es distinta de la verdad jurídica'.
Para alcanzar a conformar esa verdad histórica Aristegui propuso hacer propio el derecho a la información y la exigencia de la información pública, no sólo de parte de periodistas sino también de las y los ciudadanos.
'En la medida en que los medios de comunicación se democraticen y cumplan con su deber de informar, podremos empezar a decir que vivimos en una democracia', concluyó.
La relación entre democracia y medios de comunicación fue el tema de reflexión de la periodista Carmen Aristegui, quien a seis meses del cese de su programa en W Radio, participó en el ciclo 'Conversaciones entre Mujeres' ante un auditorio conformado casi en su totalidad por público femenino.
En el evento, organizado por la Sociedad Mexicana pro Derechos de la Mujer, Semillas, Aristegui recordó las varias efemérides que se cumplen en este mes de julio en nuestro país: dos años de las elecciones presidenciales de 2006, cuyo resultado se emitió en medio de fuertes cuestionamientos; veinte años de las elecciones presidenciales de 1988, en las que Cuauhtémoc Cárdenas enfrentó al candidato oficial, y 40 años de la masacre estudiantil de 1968, informó la agencia NotieSe.
Al hacer un breve recorrido por la historia de México recordando que en este país han sido particularmente lentos los procesos de cambio histórico: del colonialismo a la independencia, del régimen casi feudal al reparto de la tierra, del sistema autoritario y presidencialista a la democracia, señaló que en este momento histórico, donde se supone que ya triunfó la democracia, 'vale la pena preguntarnos por el tamaño de nuestras libertades'.
En la etapa previa al año 2000, en México los medios de comunicación eran parte del sistema de gobierno, 'un soldado del presidente', como en algún momento se autodefinió el dueño de una de las televisoras mexicanas, comentó.
Así llegó el parteaguas de la alternancia de poder en 2000, con el triunfo del panista Vicente Fox en medio de un sistema electoral confiable que permitió que el relevo fuera pacífico.
¿Vida democrática?
Pero, ¿qué tan democrática es hoy nuestra vida democrática?, se preguntó Aristegui durante la conferencia, si actualmente la corrupción subsiste como un asunto cultural, los medios televisivos se concentran en un duopolio, vivimos en medio de una ola de violencia criminal, el sistema de justicia está 'colapsado', con un alto índice de impunidad.
La periodista recordó el caso de la discoteca New's Divine, en la Ciudad de México, donde el pasado 20 de junio murieron nueve jóvenes y tres elementos policiacos debido a errores en la ejecución de un operativo de la policía capitalina y en el que también se obligó a desnudarse a varias adolescentes que fueron detenidas en el lugar.
'¿Qué clase de democracia hace eso con sus jóvenes?', cuestionó.
La democracia, dijo, no es sólo ir a votar el día de las elecciones, es también la libertad de expresión, el derecho a disentir, el derecho a la información.
Esta última garantía fue violada en las pasadas elecciones presidenciales, puntualizó.
Donde 'se sacrificó lo creíble del resultado' al no haberse garantizado la transparencia del proceso donde Felipe Calderón fue declarado vencedor sobre Andrés Manuel López Obrador por un escaso margen. La intromisión de Vicente Fox en la elección fue reconocida, pero no sancionada, por la autoridad. Con esto, 'Fox trastocó los ejes de la democracia que estaba construyendo'.
Lo que aún está a debate en este tema, afirmó la comunicadora, 'es la verdad histórica, que es distinta de la verdad jurídica'.
Para alcanzar a conformar esa verdad histórica Aristegui propuso hacer propio el derecho a la información y la exigencia de la información pública, no sólo de parte de periodistas sino también de las y los ciudadanos.
'En la medida en que los medios de comunicación se democraticen y cumplan con su deber de informar, podremos empezar a decir que vivimos en una democracia', concluyó.
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